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Zundel

May 2008 - Posts

  • 01 06 2008 "Hay hombres que por su injusticia esconden la verdad"

     

    No se trata de hacer de Zundel un nuevo Mesías. Antes, o al mismo tiempo que él, otros pudieron hablar en el mismo sentido pero él fue quien habló más claramente desarrolló más sus ideas. Para continuar lo que comenzamos ayer, creo que se puede ir hasta afirmar que el hombre realmente inteligente, que lee al interior de "las cosas", si es verdaderamente hombre, no puede sino abrazar la fe cristiana, y en cierto sentido ya no es libre de hacerlo. Su inteligencia de las cosas lo obliga.

    Hay que transcribir aquí una vez más las palabras de Pablo en la carta a los romanos en el primer capítulo (traducción de Schökel): "Desde el cielo se revela la ira de Dios contra toda clase de hombres impíos e injustos que por su injusticia esconden la verdad porque lo que se puede conocer de Dios lo tienen a la vista, ya que él mismo se lo ha dado a conocer. Lo invisible de Dios, su poder eterno y su divinidad, se hacen reconocibles a la razón, desde la creación del mundo por medio de sus obras. Por tanto no tienen excusa, ya que, aunque conocieron a Dios, no le dieron gloria ni gracias, sino que se extraviaron con sus razonamientos, y su mente ignorante quedó a oscuras. Alardeaban de sabios, resultaron necios, cambiaron la gloria del Dios incorruptible por imágenes de hombres corruptibles, de aves, de cuadrúpedos y reptiles.

    Por eso Dios dejó que fueran dominados por sus malos deseos, que degradaban sus propios cuerpos. Como cambiaron la verdad de Dios por la mentira, veneraron y adoraron la criatura en vez del Creador - bendito por siempre, amén - por eso los entregó Dios a pasiones vergonzosas... (homosexualidad)..." (Rm 1,18-25)

    Es entonces posible que los hombres aprisionen la verdad, y eso es muy grave, gravedad significada por la ira de Dios. Se perdieron en sus razonamientos, y su inteligencia del corazón, la que descubre a Dios como Amor, quedó a oscuras, y se volvieron locos.

    No hay razón de pensar que eso ya no es de actualidad hoy; quizás lo es mucho más que en tiempos de Pablo. En el Evangelio de hoy (9° domingo) el Señor habla de hombres que arrojaron demonios e hicieron milagros y a pesar de todo el Señor los desconoce (1).

    Para todo hombre inteligente, las obras de Dios son más visibles hoy que en tiempos de Pablo. Los desarrollos inauditos de la ciencia y de sus aplicaciones técnicas parecen prodigiosos desde algunos decenios. Una verdadera explosión cuyo fin estamos probablemente muy lejos de ver. Pensemos solamente en que todo lo que se publica en cualquier sitio de la Web puede ser conocido inmediatamente al otro extremo del mundo, cosa inimaginable hace apenas unos decenios.

     

    (1) El Evangelio del 9° domingo nos sorprende. Hay de qué inquietare y sin embargo el Señor no lo dice para inquietarnos sino para ordenarnos en cierto modo huir del mal bajo todas sus formas, y la mejor manera de evitarlo es... haciendo el bien sin cesar.

     

  • 31 de Mayo 2008: Dios, para pensar de otro modo. Un remedio necesario ante el debilitamiento espiritual contemporáneo.

    En el número de « La Croix », del miércoles 7 jueves 8 de mayo de 2008, página 15, encontramos la recensión de 2 libros recientes que le habrían seguramente interesado mucho a Mauricio Zundel. Hoy más todavía que en otras épocas, mucha personas se imaginan que el mero hecho de hablar de Dios implica un acto, un proceso de fe, y eso en su mente eso hace que no se puede tener certeza en todo lo que nos enseña la religión. Abrazar la fe implica siempre para ellos una opción que estamos libres de tomar o no, y, quizá cuando hayamos leído este libro o simplemente esta recensión veremos que ésa no es toda la verdad.

    Hay razones de creer que son simplemente del orden de la mera inteligencia y razón, y que pueden obligar... San Pablo mismo, desde el comienzo del cristianismo, habla de un conocimiento de Dios que no proviene de la fe: "Desde la creación del mundo, los atributos invisibles de Dios son visibles a la inteligencia mediante sus obras" (Rm 1,20). Y más adelante: "Son pues inexcusables, pues conociendo a Dios,... algunos de ellos se perdieron en vanos pensamientos y su corazón sin inteligencia se entenebreció..."

    ... Ciertos conceptos teológicos no están fundados en la fe sino en la simple razón, pero preparan a abrazar la fe y a apropiársela. Me parece que de eso quiere tratar el imponente libro cuya recensión acabo de leer. Y esto parece sumamente importante hoy que, como lo siente el Padre de Lubac hace ya más de 50 años, se puede hablar de un debilitamiento espiritual y de una crisis de la fe, particularmente entre los jóvenes. Después se extendió este mal a todas las edades. (1)

    El libro de la primera recensión se intitula: Dieu, pour penser autrement (Dios, para penar de otro modo).

    Las tierras ricas de la teología engloban bienes demasiado desconocidos de los filósofos.

    "Dios, la carne y el Otro", de Emmanuel Falque, PUF, Coll. «Epiméthée», 494 p., 39 €

    Durante demasiado tiempo los filósofos han hecho impase a los siglos cristianos, so pretexto de que la razón estaba en ellos sometida a la fe. ¡Pasen! No hay nada que ver: (todas las verdades que tienen la fe como fundamento están necesariamente sometidas a dudas). Pero recientemente nos hemos rendido a la evidencia: bajo el vestido teológico, padres de la Iglesia y teólogos medievales esconden verdades que no son extrañas al orden de la razón. No se les puede entonces rehusar que figuren entre los filósofos... a condición de que hayan sido sometidos antes a una des-teologización. No se les acogía por su teología, sino a pesar de ella.

    La brillante tesis de Emmanuel Talque, profesor en el Instituto Católico de París, se levanta contra esta práctica. Lo que le parece fecundo, no es la filosofía escondida bajo la teología, sino la teología como tal. Se trata pues de escuchar la teología, pensamiento que se formó en otras fuentes y que el filósofo - en la ocurrencia el fenomenólogo - debe escrutar como tal, sin renunciar a ser él mismo. Se compromete pues a leer los Padres de la Iglesia y los medievales "filosóficamente", "hasta en los objetos de la teología".

    Los conceptos que estos autores han forjado para pensar a Dios (relación, teofanía, reducción ...) se revelan más sólidos y más luminosos que los de la filosofía.

    Eso vale para los tres "objetos": Dios, la carne y el otro. ¿Cómo entró Dios en la filosofía? Se preguntaba Heidegger, antes de juzgar ilegítima su entrada. Si el lenguaje metafísico sobre Dios es un impase, no es ilegítimo ponerse a buscar "otro lenguaje", disponible justamente en Agustín, en Juan Escoto Erígena o en el Maestro Eckhard (1). Con estos autores vemos "cómo entró Dios en teología". Los conceptos que forjaron ellos para pensar a Dios (relación, teofanía, reducción...), se revelan más sólidos y más luminosos que los de la filosofía.

    Igualmente para la carne y para el otro. Falque estima que en este punto los filósofos actuales están atrasados respecto a los teólogos más antiguos. Así, en lenguaje cristiano, "es propio de lo divino expresarse mediante lo carnal, y revelar también por la carne lo referente a lo humano". No solamente la noción de un "Dios Hombre" no es un imposible en el cristianismo, sino que "porque Dios se hace hombre también hay que pasar por el hombre para ir a Dios". Como la carne, la alteridad recibe de lo divino su verdadero fundamento y su consistencia.

    Los tres términos - Dios, la carne, el otro - forman las etapas de un movimiento, marcado por las grandes figuras de la teología, que puede además leerse en los dos sentidos: a partir de Dios, a partir del otro. El autor sigue el primero de estos movimientos, mostrando el aporte específico del cristianismo al nivel de estos conceptos cuando la teología los utiliza. Habiendo descrito la manifestación de Dios, y sondeado la espesura de la carne, y constituido en fin la alteridad bajo del modo de la intersubjetividad, indica, como experiencia intelectual y espiritual, la posibilidad Ofrecida de hacer el camino de regreso remontando del otro a la carne y de la carne a Dios.

    Este libro se puede leer de dos maneras: siguiendo el itinerario propuesto, a veces arduo, o seleccionando pedazos escogidos. La segunda, más accesible, seducirá por el comentario lleno de fineza de escenas del Evangelio, como Marta y María, o la visión de Pablo. La primera manera, más difícil, exige seguir el orden de la argumentación: hará descubrir un filósofo de alta clase, elaborando una verdadera obra. Una y otra manera de leer trae su recompensa. Lo que es claro es que en la escuela de los Padres de la Iglesia y de los teólogos medievales, el filósofo aprende - a pensar de otro modo, pero no a pensar menos.(Marcel Neusch)

    (1) Zundel puede parecer como verdadero especialista de ese otro lenguaje, quizá necesario ante el debilitamiento espiritual masivo de las nuevas generaciones, más pronunciado hoy, necesitamos urgentemente ese otro lenguaje

    La foi chrétienne, essai sur la structure du symbole des Apôtres (La fe cristiana, ensayo sobre la estructura del símbolo de los Apóstoles) de Henri de Lubac, Cerf, 610 p., 39 euros

    Este libro, cuya primera edición data de 1969, quería ser una "especie de introducción a la catequesis", escrita ante todo "para uso de todos los que, ya en la preparación al bautismo, ya en la instrucción de los niños, ya en la predicación corriente dirigida al pueblo cristiano, tienen que cumplir el papel más hermoso de todos: transmitir la fe recibida de los Apóstoles..."

    El P. de Lubac sentía la necesidad de reaccionar contra "el debilitamiento espiritual" y "la crisis de la fe" que observaba sobre todo entre los jóvenes. Acompañada de una serie de textos menores, la nueva edición, 5° tomo de las Obras completas de ese inmenso teólogo jesuita, permite seguir el origen de la obra. Guarda, más que nunca, su razón de ser.

     

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