No se trata de hacer de Zundel un nuevo Mesías. Antes, o al mismo tiempo que él, otros pudieron hablar en el mismo sentido pero él fue quien habló más claramente desarrolló más sus ideas. Para continuar lo que comenzamos ayer, creo que se puede ir hasta afirmar que el hombre realmente inteligente, que lee al interior de "las cosas", si es verdaderamente hombre, no puede sino abrazar la fe cristiana, y en cierto sentido ya no es libre de hacerlo. Su inteligencia de las cosas lo obliga.
Hay que transcribir aquí una vez más las palabras de Pablo en la carta a los romanos en el primer capítulo (traducción de Schökel): "Desde el cielo se revela la ira de Dios contra toda clase de hombres impíos e injustos que por su injusticia esconden la verdad porque lo que se puede conocer de Dios lo tienen a la vista, ya que él mismo se lo ha dado a conocer. Lo invisible de Dios, su poder eterno y su divinidad, se hacen reconocibles a la razón, desde la creación del mundo por medio de sus obras. Por tanto no tienen excusa, ya que, aunque conocieron a Dios, no le dieron gloria ni gracias, sino que se extraviaron con sus razonamientos, y su mente ignorante quedó a oscuras. Alardeaban de sabios, resultaron necios, cambiaron la gloria del Dios incorruptible por imágenes de hombres corruptibles, de aves, de cuadrúpedos y reptiles.
Por eso Dios dejó que fueran dominados por sus malos deseos, que degradaban sus propios cuerpos. Como cambiaron la verdad de Dios por la mentira, veneraron y adoraron la criatura en vez del Creador - bendito por siempre, amén - por eso los entregó Dios a pasiones vergonzosas... (homosexualidad)..." (Rm 1,18-25)
Es entonces posible que los hombres aprisionen la verdad, y eso es muy grave, gravedad significada por la ira de Dios. Se perdieron en sus razonamientos, y su inteligencia del corazón, la que descubre a Dios como Amor, quedó a oscuras, y se volvieron locos.
No hay razón de pensar que eso ya no es de actualidad hoy; quizás lo es mucho más que en tiempos de Pablo. En el Evangelio de hoy (9° domingo) el Señor habla de hombres que arrojaron demonios e hicieron milagros y a pesar de todo el Señor los desconoce (1).
Para todo hombre inteligente, las obras de Dios son más visibles hoy que en tiempos de Pablo. Los desarrollos inauditos de la ciencia y de sus aplicaciones técnicas parecen prodigiosos desde algunos decenios. Una verdadera explosión cuyo fin estamos probablemente muy lejos de ver. Pensemos solamente en que todo lo que se publica en cualquier sitio de la Web puede ser conocido inmediatamente al otro extremo del mundo, cosa inimaginable hace apenas unos decenios.
(1) El Evangelio del 9° domingo nos sorprende. Hay de qué inquietare y sin embargo el Señor no lo dice para inquietarnos sino para ordenarnos en cierto modo huir del mal bajo todas sus formas, y la mejor manera de evitarlo es... haciendo el bien sin cesar.