Final de la 3ª conferencia de M. Zundel en el Cenáculo de Ginebra el 4 de febrero de 1973. Cada uno de nosotros compromete finalmente toda la historia, toda la humanidad, todo el Universo y todo Dios… Retoma: “La humanidad finalmente está llamada toda entera a ser la Iglesia, pues la Iglesia no está encerrada en fronteras, la Iglesia asume toda la humanidad, la Iglesia ofrece a Cristo a todas las criaturas, finalmente nadie queda afuera, nadie puede además estar afuera del Amor de Cristo que es el corazón mismo del misterio de la Iglesia.”Continuación: “Es pues esencial que no nos dejemos enredar por nociones informes, por conceptos mal definidos: queremos la paz, pero queremos “gozar” (palabra inaudible), queremos impedir la guerra, ¡pero se mata a los niños en el seno de la madre!, ¡eso no tiene importancia! Hay que saber justamente cuál es el criterio: si queremos la paz, si queremos que los hombres se entiendan, si queremos evitar la efusión de sangre porque la vida es sagrada, porque es infinita, porque cada vida puede ser origen de un mundo nuevo, porque cada vida es el centro del mundo, entonces no se puede decidir así no más que el niño no es todavía verdaderamente un ser humano en el seno de la madre ¡y que mientras no haya nacido se lo puede suprimir sin ningún perjuicio!Hay que saber pues sobre qué fundamentos se afirman los derechos que se promulgan, y no hay otro precisamente que el Universo contenido en cada conciencia personal, que el Universo que cada uno de nosotros tiene que crear en lo más íntimo de su ser, y ¡eso es lo único que da sabor a nuestra aventura!¿Qué sería nuestra vida si fuera solamente un medio de subsistir, de arrastrar la carcasa hasta la muerte asegurándonos una jubilación suficiente para estar al abrigo de las necesidades materiales? Si la vida tiene sabor, si es una aventura digna de nosotros, es precisamente porque cada uno compromete toda la historia, toda la humanidad, todo el universo, más aún: ¡todo Dios! Eso es lo único que puede interesarnos, lo único digno de nosotros.Ustedes recuerdan las grandes palabras de San Juan de la Cruz: “¡Un pensamiento humano es más grande que todo el Universo! ¡Sólo Dios es digno de llenarlo!” Es necesario que volvamos a encontrar ese sentido de la grandeza, de la grandeza humana que hace parte de la fe en el hombre sin la cual no hay fe en Dios. Y para comenzar, es naturalmente necesario que llevemos a los demás esa forma de respeto que les hará tomar conciencia de la aventura infinita en que están comprometidos.Si pudiéramos cada día devolver a las palabras, devolver a los conceptos un sabor de nuevos, si pudiéramos volver a descubrirlos en el corazón de la vida, el diálogo entre los humanos sería considerablemente transformado porque morimos de ese equívoco. ¡Y además están de buena fe!No es que la gente sea culpable de manipular un lenguaje informe, lo recibieron como tal y los medios no hacen sino acumular las ambigüedades, pero sería necesario que los cristianos que viven en la luz del Verbo de Dios nos alejen de una Palabra en la que todo está dicho, sería necesario que los cristianos aprendan a hablar un lenguaje riguroso, puro, en que las palabras reflejen al Verbo, un lenguaje que lleve la vida y suscite la libertad.Nada puede honrar más al hombre, nada podría equilibrar todas las corrientes de justicia sino esa vista clara, profunda, admirable que es la cumbre de la generosidad: ¡en cada uno, en cada uno hay un Infinito que hay que liberar! Y si hay que aportar a cada uno, dar a cada uno las condiciones de su desarrollo, ¡eso no es para que sea canalla! ¡para que sea un animal de placer! sino para que surja como creador y sea el origen de un mundo nuevo que él es el único que lo puede crear, porque cada uno aporta justamente mediante su mirada, un punto de vista nuevo, aporta una dimensión que no puede existir sin él, una obra indispensable al equilibrio del mundo!Todo ser, por haber nacido capaz de libertad, de espíritu y de amor, por existir, se hace necesariamente factor indispensable del equilibrio del mundo.Habría que volver a encontrar ese sentido, el sentido de la grandeza, a la vez divina y humana, y justamente para los que han identificado el Infinito con el Dios Vivo, que saben que hay Alguien en lo más profundo de ellos mismos, Alguien frágil y constantemente amenazado, la aventura les da un aspecto aún más infinitamente emocionante. Entonces lo que rehusamos a la grandeza del hombre se lo rehusamos a la revelación de Dios: Dios no puede revelarse finalmente sino a través de un hombre que alcanza todo su tamaño, o que trata al menos de alcanzarlo.Hay que volver con Pasternack al diálogo entre María y el Ángel, al diálogo que va a decidir del porvenir del mundo, al diálogo donde comienza una nueva generación, en que el “sí” de María va a decidir de la venida de Dios que será la suprema comunicación del Eterno al Tiempo. Eso es lo que nos solicita esta noche, a eso estamos llamados, eso constituye el gozo de este encuentro: que la Vida es inmensa, y que no hay un solo impulso de nuestro corazón que no tenga significación, y es que todos estamos llamados, todos somos necesarios, a todos nos espera esa Presencia escondida en el fondo de nuestros corazones, y entonces vamos a proseguir con gozo esta meditación en el corazón de nuestra vida, porque nada es más maravilloso que el esfuerzo por acoger en nosotros a Aquél que nos espera eternamente y que nos envía para que seamos la revelación pacífica y universal de su Rostro y de su Corazón.” (Fin de la conferencia y del retiro)