1ª parte de la 2ª conferencia de M. Zundel en
la clínica de Bois-Cerf en mayo de 1973
Trata de sexualidad.
El preámbulo que vamos a leer ahora, donde Zundel, que no iba probablemente
nunca al cine ni miraba la televisión, muestra un juicio puramente negativo
sobre los medios, que en su época estaban menos desarrollados que ahora. Puede
quizá sorprendernos la crudeza de los términos que emplea. Lo esencial de su
pensamiento vendrá más adelante en la conferencia donde presenta la iniciación
al misterio de la Trinidad
como medio que hace posible la práctica de la castidad del amor.
“Bichat, un gran fisiólogo de comienzos del
siglo XIX, definía la vida como “el
conjunto de las funciones que resisten a la muerte”. Era una definición
arriesgada y audaz al mismo tiempo, pero que indica bien que la vida está abierta a la muerte y que
la vida está expuesta a la muerte.
Lo verificamos inmediatamente si recordamos que
la vida sólo se sostiene a base de préstamos. Desde el seno materno, el niño
respira, se alimenta a través de la madre, y no puede subsistir sin esa
renovación perpetua. Las células mueren y se renuevan pero sabemos que si no
pudiéramos respirar y a alimentarnos, la muerte nos tragaría inmediatamente.
Eso quiere decir que la vida es una
aventura llena de riesgos y peligros ya que, aunque representa cierta
autonomía, cierta independencia puesto que cada vida es un organismo completo y
busca constantemente a mantenerse, pero también es verdad que la vida depende esencialmente de todos los
préstamos tomados del medio donde se desarrolla.
Y además la vida no deja de perecer, está
amenazada de desgaste, las intoxicaciones se multiplican y finalmente, a pesar
de todos los esfuerzos de renovación, la vida perece. Por eso la vida habría cesado hace tiempos sino
hubiera tenido la capacidad de renovación que le debe a la reproducción, ya
que el gran misterio de la vida es que se reproduce y que a cada generación
vuelve a comenzar.
Piensen en las bacterias que existen desde hace
mil millones, varios miles de millones de años, y que se reproducen cada 20
minutos. Cada 20 minutos nace una nueva bacteria, o mejor dos, ya que las
bacterias se reproducen por división, cada 20 minutos se realiza el ciclo
entero con miles de reacciones que se realizan al mismo tiempo. La reproducción
es finalmente la única posibilidad de mantener la vida, y por eso la función de
reproducción tiene una importancia capital en la naturaleza.
Como ustedes saben, hay varias formas de
reproducción: la división, el hermafrodismo, que comienza a jugar con el sexo,
aunque los biólogos muy avanzados atribuyen hoy ya una sexualidad a la
bacteria, pero la sexualidad propiamente dicha no se revela sino en el momento
en que dos individuos diferentes son portadores de gérmenes indispensables a la
reproducción. Cuando la fecundación se realiza en el cuerpo de la madre, los
individuos portadores de genes deben unirse, acoplarse, para que la vida siga
su curso, y justamente ahí entramos en el campo de la sexualidad humana en que
precisamente la reproducción de la vida está ligada a la unión de parejas en
que cada uno posee un elemento indispensable para la continuación de la
aventura, el óvulo en la hembra y el espermatozoide en el macho.
Esta situación – es un inmenso problema
continuamente discutido actualmente y que es de una importancia capital ya que
lo llevamos en nosotros – el problema está pues centrado y se origina
precisamente en la debilidad de la vida que no puede durar sin reproducirse.
Al nivel de una sexualidad muy desarrollada en
los animales superiores y en el hombre, como justamente los gérmenes pertenecen
a individuos diferentes, como es necesario a todo precio que los genes se
encuentren, como además en nosotros en particular la fecundación se realiza en
el cuerpo de la madre, es totalmente necesario que haya unión de parejas, del
hombre y la mujer, al menos en las condiciones naturales y normales. Es
entonces lo que vemos en toda la naturaleza donde precisamente la fecundación se
realiza en el cuerpo de la madre.
Donde la unión de las parejas es indispensable,
vemos que la naturaleza inventó una estratagema, una astucia magnífica, que
consiste en hacer creer, hacer sentir, al menos a las parejas, y en especial al
macho, que la fecundación, la unión sexual, va en beneficio de los individuos y
no en beneficio de la especie.
Para tomar un ejemplo muy local, si ustedes
quieren, sucede a veces que en el lago un cisne macho mate un rival que ronda
alrededor de la hembra que él se había reservado. ¿Porqué mata el cisne macho a
su rival? Evidentemente, porque la unión, el acoplamiento, le parece un bien,
un bien propio, y lo defiende con su pico hasta la muerte del rival. Si fuera
consciente de trabajar por la especie, de que toda esa historia fue inventada
para hacerlo marchar para hacerlo concurrir sin saberlo a la supervivencia de
la vida, no le interesaría. Y es lo mismo que sucede al máximo en el hombre.
Constatamos pues que
existen varios niveles en la sexualidad. Un primer nivel es el matrimonio del espermatozoide
y el óvulo. Este matrimonio podemos además reproducirlo en laboratorio y
seguirlo al microscopio, seguir la penetración del espermatozoide en el óvulo,
lo cual va a disparar el desarrollo del ovocito. Este matrimonio físico-químico
es el más importante ya que es el que asegura la supervivencia de la especie.
Una vez realizado se le podría cortar la cabeza al consorte si la fecundidad no
se desarrollara en el cuerpo de la madre, pero lo que le interesa a la especie
en todas partes es el desarrollo del óvulo fecundado que asegura la renovación
de la vida.
El matrimonio físico-químico es un
acontecimiento muy inocente y no inspiraría ninguna perturbación en la mente si
todo se redujera a eso. La inmensa mayoría de los hombres no tendría ningún
interés en ello si la sexualidad no tuviera otro nivel, el psíquico.
El primer nivel es pues el físico-químico. El segundo nivel es el nivel psíquico,
y ahí es donde las cosas se complican, a tal punto que los individuos se unen y
se acoplan sin pensar lo más mínimo realizar el gesto de la especie.
Simplemente no lo piensan. En la atracción sexual hay justamente una especie de
ceguera sistemática que induce a los individuos, los empuja al uno hacia el
otro, en el olvido completo de la función reproductora.
Psíquicamente entonces, sobre todo en las especies
superiores y muy particularmente en el hombre en el plano psíquico, el interés de la sexualidad reside en la
unión misma, en el acoplamiento y absolutamente no en la propagación de la vida,
de modo que los seres pueden pasar toda la vida utilizando la sexualidad sin
pensar un solo instante en la reproducción – más aún, excluyéndola formalmente
– ya que ahora la moda se difunde universalmente y tratan de difundirla lo más
posible, de suspender por todos los medios la fecundidad, ya sea mediante la píldora, ya por la esterilización propiamente dicha.
Y es imposible ignorar esta situación
incontestable: la sexualidad, psíquicamente
hablando, está disociada, está
separada en la conciencia o en el inconsciente, separada de la fecundidad, separada de la
reproducción, de modo que el impulso más vehemente, más pasional, se
realiza con mayor frecuencia en la ignorancia absoluta del objetivo y, al contrario,
en la exclusión formal del objetivo. Y estamos hoy en ese punto en que la
demografía, la multiplicación humana es tan amplia y tan rápida que uno se
pregunta dónde va a albergar a todos los individuos que nacerán o que están
naciendo y cómo los va a alimentar.
Por eso hay campañas inmensas contra la
natalidad, bajo el nombre de "birth control", de control de
nacimientos. Hay una inmensa campaña
casi en todas partes, en especial en India, en Bangladesh, en Egipto, en fin,
en todos los países donde la fecundidad es tan rápida, donde la población crece
con tanta severidad que uno tiene idea de la miseria a que se la expone si no
se interviene y, naturalmente, el hecho de haber encontrado en la píldora, no
sin inconvenientes además, un medio casi seguro de evitar la fecundación. Todas
las barreras desaparecieron y las jovencitas de 15 años se pasean con sus
píldoras y además incitan a los muchachos diciéndoles: “No te preocupes, no
tengas miedo, ¡tengo la píldora!”
Este segundo nivel, el nivel psíquico, es el más conocido, el más explotado, el más
ostentado: en las novelas, en las películas, en la televisión, no se habla de
otra cosa. La inmensa mayoría de las películas representan actos sexuales o los
sugieren.
Afortunadamente existe un tercer nivel, el
menos conocido y el único verdaderamente humano, el nivel de la persona, el nivel de la persona que voy a ilustrar
con el ejemplo de una mujer ciega y paralítica que conocí tardíamente, cuando
estaba ya viuda. Sufrió un ataque de poliomielitis a los 18 años y el joven que
la amaba no la abandonó. Más aún, se puso a su servicio, compró un carro para
prestarle servicio y finalmente, al cabo de nueve años, cuando ella encegueció,
él se casó con ella. ¡Se casó con ese bloque inerte! ella no podía moverse en
la cama ni llevar las manos a la boca, ni hacer ningún movimiento. Lo único
vivo en ella era la inteligencia.
Esa fue una mujer amada por ella misma, por su
persona. Y ella lo sabía, y fue tan colmada que jamás se quejaba a pesar de que
su marido murió repentinamente a su lado muchos años antes de que yo la
conociera. Ella había conocido el amor más grande que una mujer pueda conocer,
un amor que estaba dirigido a su persona y ella pensaba haber tenido una
felicidad bastante grande como para no quejarse de su infortunio físico.
Volveremos después al nivel psíquico.
Entonces existe
un nivel personal en que el encuentro se hace justamente a un nivel superior,
en que se rebasa el sexo entendido en el nivel psíquico y fisiológico y en que uno encuentra la "presencia",
la presencia con la cual se comunica y por la cual uno es colmado.”
(Continuará)