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Zundel

18 07 08. Es necesario ver la sexualidad bajo el ángulo de la persona...

 

3ª parte de la 2ª conferencia de M. Zundel en la clínica de Bois-Cerf en mayo de 1973.

Muy hermosa página, inédita, sobre el encuentro sexual ordenado hacia el hijo en que el esposo se hace padre, la esposa la madre desde el primer instante después de la concepción hacia la cual está ordenado el acoplamiento, e inclusive antes si se ve ya a alguien, si se ve personas en potencia en el espermatozoide y el óvulo que llevan los cónyuges y hacen su encuentro en la esposa.

Retoma: “Es tiempo de abordar el amor trinitario que es el hombre, la mujer y el hijo, porque de toda evidencia, no podremos jamás mirar de frente la sexualidad, la unión del espermatozoide y el óvulo, si no vemos todo eso a través de un rostro de niño.

Todos fuimos un espermatozoide que fecundaba un óvulo, y esos elementos son ya alguien, "es alguien en persona, es ya una persona humana en potencia, que exige nuestro respeto desde que, justamente, vemos en el amor una trinidad: el hombre que es el Padre, la mujer que es el Verbo, el hijo que es el Espíritu Santo".

Continuación : “El hijo sale del uno y la otra como el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. La mujer busca nacer del corazón del hombre, ella busca la ternura del hombre, ternura infinitamente respetuosa en que encuentra verdaderamente su cuna. La mujer es mediadora entre el hombre y el hijo, (es necesario pasar por ella para que el hijo exista) como el Verbo es mediador entre el Padre y el Espíritu Santo (1). (Para nosotros los hombres, toda la comunicación del Padre con el Espíritu pasa por el Hijo, hay que pasar por el Hijo para que el Espíritu brote del Padre y del Hijo sobre los hombres, fue por medio del Hijo encarnado como vino a nosotros el Espíritu el día de Pentecostés)

Cuando hay tres personas uno respira porque entonces todo lo que es propiamente sexual, todas las diferencias fisiológicas entre el hombre y la mujer, se orientan hacia la tercera persona y, en esa tercera persona, toman un rostro de niño, un rostro de inocencia, un rostro de belleza, un rostro de eternidad. Entonces todo se clarifica y en esta perspectiva, el hombre y la mujer se “interfieren” (se refuerzan mutuamente en su humanidad y en su feminidad) y son confiados el uno al otro para virginizarse.

No se trata ya justamente de entregarse en un enceguecimiento absurdo, absurdo, ¡absurdo! ¿Entonces para qué ese gesto del acoplamiento que es un gesto fecundador, cuando todo ha sido calculado para evitar la fecundidad? Es completamente tonto. Lo sería para el hombre y la mujer si, justamente, no estuvieran enceguecidos en el nivel psíquico por el impulso de la especie, si no fueran negocio de la especie creyendo hacer su negocio personal.

Cuando se ha encontrado la tercera persona que es el hijo, uno respira, respira, y concibe entonces que en efecto los esposos, en vez de cohabitar continuamente, lo que es desastroso, se encuentran, al contrario, solamente en los períodos en que están decididos a propagar la vida y cuando han preparado largamente en sí mismos la cuna del hijo. Sería necesario que pudieran decir al hijo el día en que lo concibieron y cómo y por qué, y con qué voluntad de consagración fue concebido, y que no nació por azar ni por voluptuosidad, de la sangre y la carne, sino que nació verdaderamente de una voluntad de hombre, o más bien de una voluntad del espíritu, y que el acto fue una consagración de sus padres à la vida.

Sería necesario que la concepción fuera trinitaria, que el hijo fuera traído al mundo en esta perspectiva de amor que lo concierne y le revela sus padres como creadores conscientes e infinitamente dignos de respeto y de amor.

Si queremos pues tomar distancia respecto de la sexualidad, es necesario considerarla bajo el ángulo de la "Persona". Lo malo no son los espermatozoides y los óvulos. El matrimonio químico es perfectamente inocente. Lo malo no es la atracción de un sexo hacia el otro, es simplemente un nivel en que la especie trata de atraer a los consortes indispensables para la propagación de la vida, a condición de que no nos detengamos ahí y que continuemos para llegar a la persona, la persona que es nuestra capacidad de Infinito, única capaz de satisfacernos, ya que nada es más mortalmente aburridor que un amor convertido en prisión (en que cada uno encierra al otro), nada es más detestable que un amor que es un yugo que uno arrastra sin osar liberarse. Si uno quiere un amor personal, si quiere evitar el anonimato, es necesario llegar a la castidad.

Hay una virginidad del amor que es indispensable al amor digan lo que digan, y todo lo que cuentan es pura basura, todo lo que cuentan, todas esas descripciones eróticas, toda esa ostentación de la desnudez, son absurdas. No podemos ver el cuerpo si no somos dignos de verlo. ¡El cuerpo hay que hacerlo primero, hay que crearlo! El cuerpo debe ser creado, ser humanizado como todo lo demás en nosotros.

Lo mismo que el "yo" debe hacerse yo oblativo, el cuerpo debe hacerse cuerpo virginal. Si no lo interiorizamos, rehusamos al cuerpo su humanidad, ya no tiene ningún interés, es una cosa, un objeto, y si excita el deseo es en el nivel en que la mirada es mirada de la especie y no mirada de la persona. Todo eso carece de interés si no hay justamente un respeto infinito por la persona, cuando el cuerpo está revestido del alma y cuando lo vemos de adentro y no de afuera. De adentro, quiero decir interiorizado e intocable porque no lo podemos entender de otra manera sino como nos acercamos a una persona. No podemos captar con las manos el misterio de la persona, no podemos captar el misterio de la persona sino con su respeto y su generosidad.

No se trata pues de poner el sexo en entredicho, sino de comprenderlo en todos sus niveles, de comprenderlo con todas sus exigencias de humanidad”. (Continuará)

 

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