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Zundel

25 07 08. En el corazón de una experiencia que debemos hacer a cada instante.

 

 3a parte de la 2a conferencia de M. Zundel en Bois-Cerf en mayo de 1973.

 

Retoma: “¿Dónde está el hombre? ¿Dónde está ese dominio inviolable y cuál es su fundamento? Una vez planteado lo exclusivo, una vez que el hombre ha tomado pasionalmente conciencia de su dignidad, sin saber además lo que significa, cuando ha tomado conciencia en el odio y la envidia si no en la justicia, todas las revoluciones sangrientas son posibles y se han realizado efectivamente hasta que la revolución desemboque en la dictadura, porque después de la revolución hay que estructurar una población que rechazó el antiguo régimen bajo el que vivía, hay que reestructurarla. Mientras más brutal y sangrienta sea la revolución, más fuerte será la dictadura que va a rodear la población, que la va a someter al trabajo con el fuete y la matraca para que la vida sea posible”

Continuación: “Por ejemplo una ciudad de 12 millones de habitantes como Tokio. Si todos los servicios de abastecimiento no funcionan a pleno rendimiento, habrá hambruna y de nuevo revolución, y de nuevo, sangre y refuerzo de la dictadura!

Ese es el problema. ¿Cómo resolverlo? Si nos volvemos hacia la religión, ¿qué solución nos presenta?

Ustedes recuerdan las palabras de Santa Catalina, o mejor las palabras recibidas por Santa Catalina – que es un Himalaya, una santa de rarísima grandeza -, las palabras que escucha: “Yo soy el que soy, tú eres la que no es”. ¿Es una respuesta? Una respuesta válida para ella, seguramente, y además ella la entendió en un sentido bien diferente de la letra. ¿Una respuesta para nosotros? No. Si la religión nos coloca frente a un Dios que es el que es, y si nosotros no existimos delante de Él, sólo tenemos una cosa para decirle: “¡Nada nos has dado!” “Nada nos has dado si tú eres el que es y nosotros los que no somos, ¡no nos diste nada! Entonces estamos en paz contigo y ¡déjanos en paz!" (1) Entonces esa respuesta no nos sirve. Yo diría que esa respuesta es el fondo de la crisis actual, lo más profundo de la crisis.

A propósito voy a retomar la lección sobre la predestinación que escuché en Roma: Dios es la causa primera. El es la causa primera, primera, primera. Luego, Él no depende de nadie. Luego, no puede recibir nada de nadie. Luego, no necesita de nadie. Luego, el universo no añade nada a su ser. La felicidad de Dios es completa, Él es perfecto, él es imperturbable, él es inmutable, él es eterno. La desgracia del hombre no conmueve a Dios: la causa primera no puede conmoverse por lo que sucede fuera de ella.

Más aún: Dios no aprende nada de sí mismo. Él se ama y ama todo a través de sí mismo. Pues si amara a los demás por ellos mismos, cesaría de ser la causa primera, dependería de ellos y Él no puede aprender nada de ellos, ni siquiera el consentimiento necesario a su salvación. Pues si Dios aprendiera de nuestro consentimiento a las gracias que nos dará, dependería de nosotros, sacaría su ciencia de nosotros y no de Sí mismo, ¡ya no sería la causa primera! Entonces ¿cómo sabe quienes son sus elegidos?

Pues simplemente porque él decide dar a algunos gracias intrínseca en infaliblemente eficaces a las cuales no pueden resistir! Entonces serán elegidos aquellos a quienes concede, sin ningún mérito de su parte –puesto que son gracias que serán el fundamento del mérito! Al contrario, serán elegidos los que recibirán gracias intrínseca e infaliblemente eficaces – ¡que Él decidió libremente darles! y los demás no serán elegidos pues no recibirán gracias suficientes, que no bastarán para salvarlos, y además, qué importa ya que los elegidos glorificarán la misericordia de Dios, y los condenados, su justicia. Todo va bien para Dios. Nada perturbará jamás su felicidad.

Pues ahí tienen evidentemente el tipo mismo de la no respuesta al problema. Si Dios es así, es sádico. Si Dios es así, es el enemigo número uno Si Dios es así, es el primer profanador de nuestra intimidad, nos encierra en una historia que él mismo escribió y a la que no podemos cambiar nada, y nos pide que le demos gracias por ese asesinato! ¡Es invivible! ¡Es invivible!

En el fondo de la rebelión actual está esa teología de la “causa primera”. ¡Causa primera! ¡Causa primera de la que dependemos inexorablemente! todo eso sobre un fondo de Antiguo Testamento, amalgamado con un Nuevo Testamento sin que se llegue a conciliarlos.

Entonces un malestar atroz: ¿Porqué Dios es Dios y yo no? De ahí las palabras de Nietzsche: “Si hubiera dioses, ¿cómo podría yo soportar no ser Dios?” Y es también la niñita que esperaba su turno para ser Dios porque le habían dicho que era tan maravilloso ser Dios, ¡y entonces no era justo que fuera siempre el mismo!

Estamos pues en el hoyo y vemos que el impase es insuperable si no encontramos una experiencia de Dios como la de Koriakoff, la de Kolbe, la de Elga, como la de Agustín.

San Agustín se convirtió justamente en una perspectiva esencialmente diferente: "Tarde te amé, Belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé. Sin embargo, Tú estabas adentro, era yo el que estaba afuera donde Te buscaba corriendo tras las bellezas que Tú creaste. Tú estabas conmigo, era yo el que no estaba contigo” (Confesiones, libro 10°, cap. 27).

¡Ah! ¡Comenzamos a respirar! "Tarde Te amé, Belleza tan antigua y tan nueva, ¡tarde Te amé!”

Emplea la palabra Belleza a la cual somos tan sensibles, y esa Belleza, ¿dónde la descubre? En lo más íntimo de sí mismo. Ella está en el interior, no allá arriba. No nos domina, no obliga, no amenaza, está adentro, no dice nada, está adentro, no se impone, no reivindica, ¡está adentro y espera! ¡Y un día el encuentro se realiza y Agustín descubre que hasta entonces él estaba afuera! ¡Oh! ¡Afuera!

¡Qué luz! ¡Qué luz extraordinaria! Hasta entonces él estaba afuera. Hasta entonces era extranjero para sí mismo. Hasta entonces era una cosa, un objeto. Hasta entonces estaba dominado por su subjetividad pasional. Hasta entonces era esclavo de todo lo que en él era prefabricado. Hasta entonces era incapaz de dominar su sensualidad. ¡Hasta entonces era esclavo de la especie! ¡Y ahora el horizonte se deshace!

Pasa de afuera a dentro. ¿Y cómo pasa de afuera a dentro? Justamente al ser arrojado al corazón de su propia intimidad, a través de la intimidad de esa Belleza tan antigua y tan nueva que reconoce ahora como el Corazón de su corazón, y está tan colmado que no tendrá palabras para celebrar ese encuentro nupcial, no encuentra palabras suficientemente hermosas: “¡Tú eres la vida de mi vida! ¡Me eres más íntimo que lo más íntimo mío! y ¡viva estará mi vida en adelante, toda llena de Ti!”.

¡Ah, por fin! Aquí estamos en el corazón de una experiencia que debemos hacer a cada instante, que es la experiencia fundamental, que es la experiencia simultánea de nosotros mismos y de Dios, ¡la misma, la misma! ¡Y esta experiencia nos hace entender lo que defendemos, lo que tenemos que defender cuando defendemos esa dignidad, esa inviolabilidad! Lo que defendemos, lo que tenemos que defender es el santuario de una presencia silenciosa que San Juan de la Cruz llama “música callada”, la música silenciosa, el santuario de la Presencia que no se puede descubrir justamente sino en el silencio de sí mismo.

¡Un descubrimiento fantástico! Hay una creación interior que es todo, una creación interior que es el único bien común, el único bien universal de los hombres y, si hay que asegurarles a todos el pan, el techo, la libertad respecto de las necesidades físicas, es para que cada uno sea capaz de la creación interior en ese frente a frente, en esa intimidad con la Presencia de la Belleza tan antigua y tan nueva que hizo pasar a Agustín del exterior al interior, como lo hace con nosotros, y que, de repente, le revela quién es él en la relación nupcial con el Amor que lo espera sin forzarlo y lo colma sin fin, una vez que ha sido descubierto”. (Continuará)

 

Nota (1). ¡Y cantamos todavía “yo no soy nada”!, cuando Dios no creó solamente “nadas”. ¡Eso no le rinde mucha honra!

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