4a parte de la 2a conferencia de M.Zundel en la
clínica de Bois-Cerf en mayo de 1973.
“Es pues una experiencia del hombre y al mismo
tiempo de Dios, la misma y recíprocamente, la una que anuncia la otra, la una
que esclarece la otra, indisociables, simultáneas, situadas una y otra en el
mismo grado de profundidad o de elevación, y ésa es la única posibilidad para
el hombre de hacerse hombre.
Lo que está atrás de nosotros, toda la
evolución cósmica, está hecho. Podemos sin duda heredar de esa historia,
podemos santificar ese pasado, podemos ofrecerlo, podemos reunirlo alrededor de
la Eucaristía,
pero finalmente, ya está hecho, está hecho de cierta manera y eso sigue siendo
muy oscuro para nosotros: ¿cuándo comenzó el mundo, el mundo actual? ¿Es el fin
de otro mundo? ¿Cuándo comenzó? ¿Cómo nació la vida? ¿Cómo se desarrolló? Todo
eso permanece muy, muy oscuro.
Sólo conocemos nuestros determinismos. Somos
constantemente esclavos de nuestro inconsciente, somos constantemente
conducidos por él, estamos constantemente inmergidos en la subjetividad
pasional y no hay nada humano en nosotros excepto justamente, de pronto ese
surgimiento, ese sentido de un universo inviolable dentro de nosotros, que no
nos enseña nada justamente si no hacemos el encuentro en nosotros con la Presencia adorable que
se nos revela al revelarnos a nosotros mismos. En ese momento surge nuestro
“yo” completamente distinto, y se transforma de yo posesivo en yo oblativo.
Entonces ya no somos sino una mirada hacia Él.
Recuerdo una vez, estaba en Florencia en la
capilla de los Médicis una mañana, me había refugiado allá con un amigo. Estábamos
tan cansados de visitar museos que ya no podíamos mirar nada y habíamos venido
a la capilla de los Médicis que prolonga la Iglesia de San Lorenzo donde se encuentran, como
ustedes saben, las dos grandes obras de Miguel Ángel, “los sepulcros de Cosme y
Julián de Médicis” y “las alegorías del día y la noche, de la aurora y el
crepúsculo”.
Ahí estaba yo con mi amigo, silencioso y
fatigado. Por fortuna estábamos solos y yo no deseaba ver ni mirar nada, simplemente
descansar. Sin embargo, ya que estábamos solos, en silencio, yo no podía no ver
esas obras gigantescas que estaban ante mí, y precisamente porque no me descaderaba
por admirar, porque me abandonaba, el encanto continuó, muy suave, muy apacible
y para terminar, sin que me diera cuenta, yo estaba pendiente de esa Belleza
que ya no era la Belleza
de la aurora o del crepúsculo, del día o de la noche tal como las organizó
Miguel Ángel, ¡sino La Belleza!
¡La Belleza!
¡la Belleza
que uno encuentra en todas las obras maestras bajo diferentes apariencias. Era la Belleza de la que yo
estaba suspendido, y ya no me veía a mí mismo, ¡ya no me veía a mí mismo! Me
sentía presente a través de la
Belleza, me sentía presente para la Belleza, y mi admiración
misma no era esa especie de entusiasmo exteriorizado, era mucho más un
recogimiento, un recogimiento total en que yo me eclipsaba en la Belleza percibiéndome
lateralmente y percibiendo mi presencia por cuenta de ella y no por cuenta mía.
Esos momentos, esos momentos en que somos
curados de nosotros mismos, esos momentos en que cesamos de vernos cesando de
mirarnos, esos momentos en que no somos más que una mirada hacia el Otro en
nosotros y en los demás, son esos momentos en que de repente el hombre surge y
Dios se revela: todo está ahí.
¡Podemos hablar de Dios todo el día! ¡Es un
falso dios si no vivimos la relación nupcial, si no vivimos la reciprocidad de
amor! es un falso dios, un hombre falso, y todo es falseado, ¡todo lo que
decimos sobre el hombre y sobre Dios, todo es falseado, ¡esa es la crisis!
Esa es la crisis, claro está, para quienes,
habiendo aprendido que Dios es la causa primera, que su historia está encerrada
en los decretos divinos, que Dios no puede inmutarse porque se condenen, ni
alegrarse porque se salven. Porqué no tratarían de aprovechar cuanto puedan de
la felicidad terrestre, ya que esa especie de gran máquina que es “la causa
primera” no puede controlar su corazón.
Hay que ser tomado todo entero, haber hecho un
encuentro real, apasionante, inagotable y verificable a cada instante para que
Dios aparezca en efecto como la realidad realísima, lo cual se verifica
precisamente en que uno es transformado. Uno no puede equivocarse, ¡es el
milagro de los milagros! Pasar del yo posesivo al yo oblativo, dejar de mirarse
a sí mismo, verse por cuenta de Dios y en Él, es el milagro de los milagros.
¿Es de ese Dios del que hablamos? ¿Es ese el Dios
en que la gente dice creer? ¿y creen? ¿Es ése el Dios que estructura su
existencia? ¿el que está a la base de su moral? ¿Es ése el Dios que ilumina sus
enfermedades? ¿Es ése el Dios que hace de su muerte un acto de vida?
Tenemos la impresión de que no hemos encontrado
aún y de que seguimos en esa amalgama de Antiguo Testamento, de filosofía
aristotélica o platónica, de un Nuevo Testamento mal acordado como experiencia
central, la experiencia central donde
se trata del hombre en su dimensión auténtica, en que se trata de Dios en su
interioridad suprema.
Todo eso pasa por encima de la gente.
Disertamos, discutimos sin fin, pero ¿de qué se trata? ¿Existimos? ¡Ése es el
problema! ¿Es que el hombre existe? ¿Es que va a existir? ¿Es que lo vamos a
hacer existir en nosotros y en los demás? ¿Tenemos cómo hacerlo existir? ¿Tiene
eso sentido?
Incontestablemente tiene sentido ya que estamos
esperando al Hombre. ¡Estamos esperando al Hombre! Estamos siempre
decepcionados por el hombre, siempre decepcionados por el hombre cuando no encontramos
el Infinito en él. El amor humano es una búsqueda del Infinito y cuando nos
apercibimos que al hombre le falta algo, que se engaña, que juega un papel, que
es maniobrado por el inconsciente y que las razones que se da son proyecciones
de su subjetividad pasional, ¡basta! Nuestro impulso refluye, no podemos amarlo
incondicionalmente.
Buscamos el Infinito en el hombre, pero no es
otro que el Dios Vivo. Ése es pues el descubrimiento que debemos hacer, ésa es la
búsqueda que debemos continuar, y ahí está todo, y nada tiene interés fuera de
eso, ¡nada! Ahí está todo”. (Continuará)