Comienzo de la 4ª conferencia de M.. Zundel en
la clínica Bois-Cerf, en mayo de 1973.
Tenemos que entrar en el Nuevo Testamento y
descubrirlo. Importancia del sacrificio de Abraham en el Antiguo Testamento.
“Tenemos que entrar en el Nuevo Testamento y
descubrirlo. El Nuevo Testamento difiere del Antiguo del que es cumplimiento de
manera imprevisible, es decir de manera totalmente sobrenatural, y el antiguo
Testamento mismo exige ser comprendido a la luz del sacrifico de Abraham.
Sólo quiero plantear la cuestión para volver
inmediatamente al Nuevo Testamento. Sólo quiero hacer la pregunta: “¿No nos
hemos equivocado sobre el sentido mismo del Antiguo Testamento? ¿No debe ser
comprendido el Antiguo Testamento, como acabo de decirlo, a la luz del
sacrificio de Abraham? En efecto, ¿qué significa el sacrificio de Abraham?
Significa de toda evidencia que la Alianza con Dios no se hace según la carne sino
según el espíritu, es decir en la fe.
En efecto, con su
sacrificio, Abraham es llamado a reengendrar a Isaac en la fe, y este nuevo nacimiento de Isaac
en la fe es precisamente el sentido de la Alianza: Dios no se une a un pueblo como tal, a
un pueblo de carne, se une al pueblo de la fe. Entonces jamás hubo pueblo
escogido en el sentido de un pueblo carnal, hubo en cierto modo una Iglesia
elegida, que en los profetas corresponde al pequeño resto que va a retornar.
Es ese pequeño resto justamente el que es
objeto de la elección, ese pequeño resto de fieles que no doblaron la rodilla
ante los ídolos y que repiten en su propia vida, reviven en su propia vida el
sacrificio de Abraham en que se cumple en la fe la Alianza con Dios.
San Pablo retoma este argumento con fuerza en
la epístola a los gálatas y nos recuerda que el Israel de Dios es la Iglesia, que la posteridad
de Abraham es la posteridad de la fe, como lo dirá Juan Bautista a los judíos:
“No se fíen en que descienden de Abraham, porque de estas piedras puede Dios
suscitar hijos a Abraham” (Mt 3,9).
Creo pues que nos equivocamos sobre el sentido
del Antiguo testamento, en la medida en que perdimos de vista el acto esencial
que es el sacrificio de Abraham, llamado a reengendrar en la fe a su hijo, para
señalar bien que la posteridad con la cual
hace alianza Dios es la posteridad de la fe y no la posteridad de la carne.
Esto aclara el problema de Israel todavía no resuelto. Pienso que hay una
inmensa confusión, un inmenso equívoco en toda esa historia, porque no fue
comprendida a la luz del sacrificio de Abraham.
En el fondo, la gran misión de los profetas es
la de recordar que no basta con cumplir los ritos, que “la presencia del
Templo, como dice Jeremías con insistencia, no los va a salvar. No digan: “¡El
Templo! ¡El Templo!” Lo esencial es la justicia, la verdad, el respeto de las
viudas y de los huérfanos!” es decir, cualidades que suponen todas un
compromiso personal…
Les propongo eso para su reflexión. Me parece
capital porque si Israel se reclama hoy del Antiguo Testamento, a mi modo de
ver, es un equívoco y un error porque jamás hubo alianza con un pueblo como
tal, un pueblo carnal. Hubo una alianza con un pueblo eclesial, el pueblo de la
fe.
Vuelvo ahora al Nuevo Testamento que es nuevo
con una novedad extraordinaria, y pienso que todavía no hemos descubierto la novedad del Nuevo Testamento. Es
total, es infinita, es abismal, y la inmensa mayoría de los cristianos no lo
han notado justamente, acostumbrados a leer el Nuevo Testamento a continuación
del Antiguo, se ha creado una confusión y finalmente se ha puesto el Dios del
Nuevo Testamento en el mismo nivel que el Dios del Antiguo Testamento.
Por supuesto sólo hay un Dios único a través de
toda la Historia,
a través de todo el universo, pero con el
Nuevo Testamento, hay una visión de
Dios que cambió y esto es capital, ya que en el conocimiento interpersonal,
el conocimiento que regula nuestras relaciones con personas, la mirada es todo.
Usted puede hacer un experimento de química en
un laboratorio. Si es químico, usted conoce los métodos, las proporciones,
puede prever lo que va a resultar del experimento, o en todo caso, cuando haya
terminado, habrá una conclusión que usted puede vincular a causas ya conocidas,
o a causas que van a aparecer en los resultados del propio experimento. Ya sea
francés, o inglés, o ruso, o norteamericano, o chino, o japonés, si usted es
verdadero químico, el experimento dará los mismos resultados porque precisamente
la ciencia, en su método, sólo pide competencia profesional y técnica, pero no
le exige un compromiso, ¡al contrario! La ciencia del laboratorio es una
ciencia que se refiere a objetos y que pide sobre todo no mezclar a los
experimentos sus ideas sobre la vida y la muerte, sobre el amor, la moral, la
paz o la guerra. Le pide dejar todo eso a la puerta de su laboratorio.
Para que todos los químicos del mundo, todos
los físicos del mundo, todos los matemáticos del mundo lleguen al mismo
resultado, deben absolutamente dejar a la puerta del edificio científico todas
las opciones personales, todas las opciones que suponen una elección, que
suponen un compromiso. Como el compromiso no es el mismo para todos los
hombres, como además varía en el mismo individuo según los períodos y las
épocas de su vida, no se llegaría jamás a hablar una lengua común si cada uno
mezclara a sus experimentos de laboratorio su visión personal del mundo. El
método científico se constituyó sobre esta base que elimina toda opción
personal, sobre un método que constituye una lengua idéntica para todos los
investigadores.
Pero, por supuesto, de tal conocimiento no
pueden salir sino medios, admirables por otra parte, de utilización de las
energías que se extienden en el universo. Pero las investigaciones científicas
no nos dicen en ningún caso lo que tenemos que hacer de estas energías. La
utilización de estas energías para la paz y para la guerra depende de la opción
de cada uno, depende de la elección que hizo de sí mismo y, como estas opciones
son distintas, habrá precisamente y, desgraciadamente, de eso nos entera el
espectáculo del mundo, se abusará constantemente de las energías descubiertas
por la ciencia que se volverán contra el hombre.
En cualquier caso, cuando se sale del laboratorio y que se quiere abordar al hombre como
hombre, es necesario comprometerse, es la calidad de la mirada la que
determina la calidad del encuentro. Cuanto
más respeto, dedicación, amor, se aporta, más profundo es el conocimiento,
más respeta la inviolabilidad de otros, más permite a las intimidades reunirse
y comunicarse. Entonces está claro que el conocimiento de Dios, que es el
corazón de nuestra intimidad, que es el centro, que es toda la luz, que es la
única manera para abordar la intimidad de los demás sin hacerles violencia, el
conocimiento de Dios es al máximo un conocimiento interpersonal, un conocimiento
que supone un compromiso que depende de la calidad de la mirada y de la
generosidad del amor.
Según pues que la humanidad se comprometa más o
menos, que se libere más o menos de sí misma, la visión de Dios va a ser
necesariamente diferente. Será siempre imperfecta, hasta que el conocimiento de
Dios se extienda en el mundo por la mirada de Cristo, hasta entonces, el
conocimiento de Dios es necesariamente imperfecto a causa de la imperfección
del hombre, de los límites de su mirada y su amor.
La novedad del Nuevo Testamento depende pues a
esta nueva mirada”.
(No se grabó la continuación)