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Zundel

30 07 08. ¿Qué es la Belleza? La obra de arte es un sacramento.

 

1ª parte de la 1ª conferencia del retiro predicado por M. Zundel en Bourdigny (cerca de Ginebra) en agosto de 1937. (Retiro tomado en estenografía).

 

Encontrarán aquí una de las mejores maneras de entrar en retiro cada año, ¿y porqué no cada día?

“Estamos aquí (en retiro) para conocer, para llegar más plenamente a la Verdad, con la gracia de Dios. Una magnífica perspectiva para hacer más plenamente, más alegremente, más íntimamente este encuentro, es pensar que aquí se nos propone volver a nacer, volver a encontrar la infancia, volver a comenzar todo”. 

¿Qué es la belleza sino la Presencia, la Vida, la Persona, la plenitud infinita, el misterio de silencio? La obra de arte es un sacramento.

 

«En la iglesia de San José de Ginebra había anteriormente una estatua de San José junto al pilar derecho del coro. La estatua, por otra parte, no tenía absolutamente ninguna expresión y pienso que estaba desprovista de toda belleza. Era tan pobre y miserable que uno terminaba por conmoverse, y justamente toda esa miseria y toda esa pobreza traducían quizás el misterio de silencio que había en el alma del santo, padre de Jesús, esposo de la Virgen María, el más grande de los santos.

Mirando esa estatua con mucha frecuencia al caer de la tarde, yo terminaba por adaptarme a la fealdad y percibía mejor, detrás de esa banalidad, todo el misterio tan grave de esa vida, sencilla entre todas, la expresión de prudencia, de respeto, de confianza, todo ese misterio de silencio, secreto de esa alma.

Ustedes han experimentado cómo se acostumbra uno a ciertas cosas, a ciertas almas que no son bellas porque poco a poco nuestra imaginación, nuestro corazón, nuestra mente, nuestro amor las invaden y suscitan en ellas toda una vida para hacer de ellas como sacramentos de un sentimiento, de una emoción, de un recuerdo, de una oración.

Por eso a veces uno hesita en sacrificar obras sin belleza, precisamente porque están tan cargadas de oración, porque son a tal punto zonas de descanso de una vida interior, que están como investidas de otra belleza oculta, más interior, accesible al alma de buena voluntad.

Removiendo estas ideas, yo me volvía a plantea el problema de la belleza. ¿Qué es la belleza? ¿Cuándo es bello algo, y cuál es la vocación de la belleza? ¿Qué criterio va a establecer la belleza? ¿Existe una belleza absoluta, un canon de la belleza? Es una discusión que dura desde siempre y que no será terminada jamás.

Sin embargo, todos hemos experimentado la belleza. Hay obras que nos han arrojado sobre el dintel de una comunicación con la Belleza. ¿Cuáles son ellas? ¿Qué se necesita para que una obra sea bella?

Para que una obra sea bella primero tiene que representar un mínimo de armonía con nuestros sentidos, no agredir los ojos, no herir la sensibilidad, en fin, tiene que representar armonía física con nosotros mismos, de tal modo que al percibirla nos alegremos, encontrando en ella un punto de apoyo que nos dé reposo. Si la obra de arte nos hiere, si está en desarmonía completa con nuestra sensibilidad, con los ojos, tanto que no tengamos placer en contemplarla, no nos pone en comunión con la Belleza.

Por otra parte, el mínimo de armonía puede variar según los países y los siglos. Podemos adaptarnos a ciertas percepciones que comienzan por chocarnos y terminan por hacerse familiares, y que constituyen a partir de ese momento una especie de reposo.

Recuerdo que al mirar ciertas imágenes grabadas en Alemania, me había impresionado el no reconocer los originales que yo había visto en un museo de Italia. La luz era diferente, y aunque la reproducción había sido realizada escrupulosamente, la percepción era sensiblemente diferente del original, a causa de la luz italiana. Hay pues en las obras de arte una especie de belleza cósmica, una armonía física que se acuerda con nosotros y que es una primera condición de la obra de arte.

Es necesario que la obra de arte sea recogida y justamente en el momento en que el artista comulgó con la Belleza fue cuando logró penetrar en la belleza, entrar en el corazón de la materia y comunicarle la vibración que él experimentó en el contacto de su alma con Dios. Si el artista obró así, estamos en presencia de una obra de arte total, ella guarda los rastros de ese momento, de esa comunión.

En ese momento la obra de arte puede ser primitiva, técnicamente torpe, desmañada, pero puede ser una obra de arte suprema, en la medida en que el artista obedeció, se eclipsó totalmente delante de la Belleza y supo hacerla pasar a la materia de tal manera que, cuando encontramos esa materia, somos llevados infaliblemente a ese mismo instante de comunión con la belleza que le dio nacimiento a la obra. ¿Y qué es la belleza en ese momento? Todos sabemos que es Alguien, una Presencia, una Persona.

El criterio de la belleza, ése es el único, es el encuentro con la Belleza que es Alguien, con la Presencia, con la Vida, con esa Persona que toda obra de arte expresa y nos hace presente: la Belleza que está en el centro de las obras de arte y que las supera todas, infinitamente, porque es para siempre inexpresable, sigue siendo un misterio insondable en contacto con una obra de arte digna d este nombre.

¿Qué es la Belleza sino esa Presencia, esa Vida, esa Persona, esa Plenitud infinita, ese misterio de silencio con el cual la obra de arte nos pone en comunión? La obra de arte es un sacramento. (1)

¿Creen ustedes que es por azar que el Vaticano tiene, al lado de la morada de Dios, un museo admirable donde tantas obras maestras pertenecen al arte profano, pero donde no hay menos esa comunión, ese encuentro, esa Presencia divina?

Y es quizás un signo ya de la catolicidad de la Iglesia el haber reunido tantas maravillas en el centro de la cristiandad, todas esas obras maestras venidas de todas partes son el testimonio, el sacramento de la misteriosa Belleza que es la Belleza de Dios: la Belleza en Persona.

Este misterio ha seducido a los hombres desde siempre. Ellos han buscado expresar sin comprenderlo por otra parte, han tentado de encarnarlo en la materia para que brille en ella la luz interior a fin de hacerlos entrar en comunión con Él.

Eso es pues lo que ustedes han sentido tantas veces. Quizá lo entienden mejor ahora y sienten por qué la Iglesia ha experimentado siempre una ternura particular por el arte, porque el arte es una de las vías más emocionantes por las que el hombre se acerca a Dios, elevando consigo la materia, infundiendo a la materia esa búsqueda, haciendo participar la materia en su propia comunión con la Belleza. Lo que es verdad para el arte lo es también para la verdadera ciencia”. (Continuará).

 

Nota (1). Un sacramento, un signo de Diosen su realidad.

 

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