in

Sotamenta.Net

El sitio Internet de nuestra tribu!

Zundel

17 08 08. La impureza reprime el espiritu.

2ª parte de la 5ª conferencia de Bourdigny en agosto de1937. Retoma: “¿No creen ustedes que el hombre tiene más necesidad de belleza que de alimentos? ¿Qué es el arte sino la asunción de la materia al plano del espíritu?Continuación: «Si la humanidad se ha orientado constantemente en esta dirección, es que comprendió que la nobleza suprema de la materia consistía en devenir el lugar donde reposa el espíritu. La humanidad ha creído y creerá siempre en el valor del espíritu.Si eso es la vida, si tiende hacia el espíritu, si sólo puede llegar a la manifestación del espíritu, si todo lo que se refiere a la vida lleva el sello del espíritu, y si entonces el impulso vital está todo lleno del impulso de la inspiración del espíritu, el secreto del impulso, de ese instinto, es un secreto espiritual, interior, que no se puede coger con las manos.Y esa es precisamente la característica de la impureza, resistir a la ascensión del espíritu, “cosificar” el impulso vital en vez de personificarlo, es una posesión opaca de lo que tendía hacia el don.Comprenden pues que la creación es absurda si el espíritu no existe, si ella no vuelve al espíritu, si no llega al pensamiento, si no encuentra su salida en el amor.La creación es un fracaso para Dios si no deviene espíritu y pensamiento, don y transparencia, luz como Dios.La impureza reprime el espíritu, rechaza el rostro de Dios, se opone a la Persona, la Persona única, la única Personalidad, la de Dios. Es una descomposición de la persona humana ya que en ella el cuerpo deviene extranjero para el alma, el cuerpo deviene extranjero para sí mismo. El cuerpo humano,  lo que los artistas captan por el interior, a través del cual han hecho palpitar el misterio de luz, el cuerpo humano hay que crearlo, nos es confiado para devenir esa obra maestra de luz.Si debemos asumir la materia, todo el universo, para transformarlo en gozo, luz y don, con mayor razón, en primer lugar, estamos encargados de la obra maestra que es el cuerpo para interiorizarlo, para comunicarle la nobleza y la eternidad del espíritu.No conocemos ni conoceremos jamás el cuerpo antes de haberlo interiorizado hasta el punto de haber devenido totalmente claridad, pensamiento, ternura, armonía y que el cuerpo no nos aparezca del exterior sino del interior, como el mostrador de la Presencia divina.Ustedes conocen las palabras de San Pablo, tan trágicas y que van tan lejos: “¿Tomaré yo los miembros de Cristo para hacer de ellos miembros de una prostituta?” (1 Cor., 6,15)Los miembros de Cristo, eso es en el fondo. En ese cristocentrismo se sitúa la doctrina cristiana de la caridad, siempre únicamente en relación con la Persona de Jesús, y el cuerpo ha sido llamado a esa nobleza infinita de ser Cuerpo de Jesucristo, tanto que si traicionamos en nosotros la Presencia de Cristo, hacemos de nuestros miembros los de una prostituta, sustraemos el cuerpo al reino del espíritu, rechazamos de nuestro cuerpo el Rostro de Cristo.Y precisamente, porque la Iglesia cree con toda el alma en la dignidad humana, en la colaboración creadora que tenemos que realizar con Dios, por eso la Iglesia nos pide la castidad y nos propone el privilegio inaudito de la castidad que tiende a hacer del cuerpo mismo el sacramento de una creación espiritual.Recuerdan el artículo de Santo Tomás que pregunta si debemos amar el cuerpo con amor de caridad, y para Santo Tomás “amar de caridad” es amar con un amor que tiene por motivo la vida divina de Dios. Es propio de una virtud teologal tener por principio y motivo la Vida divina. Preguntar si el hombre debe amar el cuerpo es preguntar si el cuerpo del hombre debe entrar en el orden de las relaciones trinitarias por la gracia divina, si debe entrar en los abismos de Dios, si participa en el misterio de la vida de Dios, y Santo Tomás, sin hesitación, dice sí, y con amor de caridad que tiene a Dios por objeto, dice que el hombre debe amar su cuerpo precisamente porque sus miembros son miembros de Cristo, llamados a devenir fuente de la Vida divina.Ven ustedes que no hay doctrina más alejada que esa de una doctrina de represión. No se trata de despreciar el impulso vital, de sonrojarse de él. No se trata de cubrirse la cara ante las instituciones divinas, de avergonzarse de los órganos creadores, sino de amar el cuerpo como Dios lo ama, de amarlo hasta ese extremo, hasta el corazón de la Trinidad, como algo divino, porque entró en un orden de grandeza al que sólo la fe puede llegar, con una mirada sacramental. La fe nos lleva a mirar el cuerpo con amor sacramental, como misterio de Dios, tal como vemos el Cuerpo de Jesús en el Santísimo Sacramento.El cuerpo nos escapa, no podemos tomar conciencia de él sino en el abismo del corazón de Dios, si lo hemos abordado en el pensamiento cristiano, si lo hemos comprendido como condensación del impulso vital del universo para que llegue a nosotros al reino del espíritu, que por medio de él nos demos a Dios con el universo. Ven que esta doctrina sitúa la pureza en la mirada del espíritu.La impureza no está en los órganos creadores, ahí justamente es donde reside la sede de la santidad, porque lo que hay de más santo, más sagrado, arriesga más ser profanado por ser la fuente de la vida, el foco del amor. El cuerpo es santo si debe participar en el recogimiento del espíritu, en la dignidad de la persona, en la Presencia de Dios.Ustedes recuerdan la imagen de la parábola, la imagen del océano cuyas fuerzas son inmensas, tumultuosas, magníficas, pero ciegas. El ojo de un niñito es también un océano, pero en la serenidad de la luz porque el océano ha llegado a ser en él una mirada espiritual, una mirada de claridad.Debemos entonces reunir las pulsaciones cósmicas, todo ese tumulto, esa fuerza ciega, para  que se haga en nosotros luz y don”.(Continuará)

 

Comments

No Comments

Leave a Comment

(required)  
(optional)
(required)  
Add
Powered by Community Server (Non-Commercial Edition), by Telligent Systems