3ª parte de la 5ª conferencia dada en Bourdigny
en agosto de 1937.
Retoma: “La impureza no está en los órganos
creadores. Ahí justamente reside la sede de la santidad porque lo más santo y
sagrado que existe corre más riesgo de ser profanado, porque esa es la fuente
de la vida, el foco del amor. El cuerpo es santo si debe participar en el
recogimiento del espíritu, en la dignidad de la persona, en la Presencia de Dios.
Ustedes recuerdan la imagen de la parábola, la imagen
del océano cuyas fuerzas son inmensas, tumultuosas, magníficas, pero ciegas. El
ojo de un niñito es también un océano, pero en la serenidad de la luz porque el
océano ha llegado a ser en él una mirada espiritual, una mirada de claridad. Debemos entonces reunir las pulsaciones cósmicas,
todo ese tumulto, esa fuerza ciega, para que se haga en nosotros luz y
don”.
Continuación: “Se lo suplico, borren de la
mente todas las asociaciones malsanas, no
se trata de despreciar la creación, de avergonzarse del cuerpo, sino de
comenzar a amar con amor de caridad para tratarlo como algo divino, con el respeto
que conviene a la majestad divina cuyo sacramento es. ¿No es algo admirable?
¿No se atenta a la dignidad del cuerpo cuando se lo sustrae del reino del
espíritu? ¿No sufre cuando se lo hace incapaz de acceder a la luz, de vibrar?
En los mejores momentos de nuestra vida, todos
hemos sentido que el cuerpo es capaz de vibrar con las vibraciones mismas del
alma. Entonces, justamente, todo el ser es sólo una armonía en la que todos los
planos se funden en la unidad por estar bajo la dominación de la misma luz.
¡Esa es la vida que estamos llamados a transmitir! pero qué duelo por la vida,
que contiene todo eso y que se desenvuelve en la mediocridad, con puntos de
exaltación en la cuna de la vida, y de la que nada brota, nada emerge, mientras
que Dios nos propone que dejemos brotar la Vida en Persona, la vida que es sólo Vida y
Alegría. Sé muy bien que eso es para nosotros una tarea que nos crucifica, un
esfuerzo inmenso, un esfuerzo creador, pero ¿porqué no hacer el esfuerzo? Se
trata de crear un universo de creadores creado por Dios.
Yo quisiera que ustedes sientan, que guarden en
la mente la orientación de esta doctrina. Todo eso es tan formidable y grande
que nosotros podemos sentirnos sumergidos por tal inmensidad. No seré yo el que
les diga que es fácil. Es difícil, es heroico, pero esa es precisamente la
vocación del hombre, ser divino! Lo que yo quisiera sobre todo borrar de sus
mentes son dos cosas: primero, que la
impureza no está en el cuerpo. El cuerpo no es impuro, es totalmente puro en
sus fuentes.
La segunda idea que quisiera borrar de sus
mentes es esta: podemos decirnos, después de todo, ¿porqué no tentar la
aventura (de la impureza)? ¿Es
correcto reprimir el impulso vital? ¿No sería más sencillo y armonioso relajar
el sistema nervioso en un acto carnal? ¡Pues no, y no! O bien la vida es espíritu y don, la vida es una Persona, o bien no es
nada. ¿Para qué escribir Amor con mayúscula si es una aventura que se
reduce a nada? ¿Para qué esperar en la nada?
Si caemos, ¡que no sea canonizando las debilidades
y las miserias! ¡Si cedemos, que sea con humildad! El impulso vital es tan
formidable que el hombre solo no puede dominarlo. Para hacerse dueño de sí
mismo hay que acercarse a la vida que es una Persona, integrarse en Su Luz,
dejarla apoderarse de todo nuestro ser y de todo el impulso vital para
recogerlo en Él.
No hay que pensar que el matrimonio permite todo. El matrimonio no da ninguna licencia. Es un estado de santidad. No hay estado que
exija más respeto de la vida, no hay
mirada más virginal que el estado de matrimonio, totalmente ordenado a la vida,
que debe repercutir todo el misterio de la vida divina. El matrimonio es por excelencia un estado de castidad, un intercambio
de virginidad.
Yo sé que se lo puede concebir de otra manera.
No digo que no se lo pueda comprender diferentemente. Sé que no se entra fácilmente en la plenitud de nuestra
vocación divina, sé que no existe un concepto de la vida antes y otro después
del matrimonio sino que es la misma vida, y si somos individualmente miembros
de Cristo, ¿cómo quieren que dos esposos, que tienden a la unidad de una sola
vida, cómo podrían ellos no ser el uno para el otro sacramento del respeto de
la libertad, de la libración que es la personificación de toda vida?
Claro está, todo eso no se puede entender sino a la luz de la fe, y les concedo
sin dificultad que fuera de la fe no existe solución. Si no se ha entrado en el
misterio del espíritu, si no se ha entrado en unión con el ser divino, si no se
ha entendido que sólo existe un Amor, que es Dios en Persona, en efecto, la
castidad no tiene sentido, no es sino represión, decreto arbitrario, y no una
creación espiritual, recogimiento de todo el impulso difuso en la pulsación
cósmica, se convierte en una negación imposible de sostener por largo tiempo. No se trata de represión sino de creación,
de ascensión de la vida, del triunfo del espíritu, del nacimiento de Jesús,
porque sólo existe un hijo, como sólo existe un Amor”.
(Continuará)