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Final de la 6ª conferencia dada en Bourdigny
en agosto de 1937. Según notas.
“¿Qué más pleno, más riguroso, más admirable
que los ejercicios de san Ignacio? Muchas almas se han santificado por ese
medio, ¡pero hay tantos otros caminos! La poesía, por ejemplo. Si le gusta la
poesía, abra un libro de poemas y cante los poemas de Claudel y tantos otros
poetas, que hacen brotar las fuentes de la alegría.
Si es artista, vaya a un museo, mire las
magníficas fotografías que suscitan la oración en usted, medite sobre Miguel
Ángel o sobre Rafael, contemple esa belleza y déjese llevar hasta las puertas
del paraíso.
Si es música, toque una fuga de Bach o cante
una de las melodías gregorianas y entre así en comunión con Dios por esa puerta
de luz que le está abierta.
Si tiene un bebé, al bañarlo mire sus miembros
que son miembros de Cristo, escuche el cántico de la carne.
Si le gusta la naturaleza, mire el sol que se
inmaterializa en la luz de la tarde o la mañana.
O si tiene novio, mire sus ojos para leer en
ellos toda la ternura del rostro de Dios.
Si está casada, procure ser siempre fuente de
gozo para su marido, para encontrar en retorno, reflejada en su rostro, la
revelación del rostro de Dios.
El viacrucis, el rosario, son tesoros
inagotables, pero no todos pueden sacar de ahí su alimento, y no es
absolutamente necesario.
La Iglesia es católica, universal, tiene precisamente la sabiduría de abrir todos
los caminos, de bendecirlos todos, de invitar cada montaña a cantar el cántico
de Dios. Ella nos llama a subir hacia Dios por la vía de todas las criaturas.
Me parece que cada una de ustedes debería
volver a la fuente de su religión, interrogarse a sí misma sobre el descubrimiento
que hizo de Dios y abandonar las imágenes, todos los recuerdos que se han
esclerosado, que dejaron de estar vivos, y que la fijaron en una actitud
artificial. ¡Que cada una comulgue simplemente con Dios por el camino que se le
abre ahora, en este instante, en su interior!
Y mirando los dos criterios de la divina
liturgia en la cima del día y de la alegría de los demás a lo largo del día,
pueden utilizar la oración sin fórmulas, sin articular jamás una oración vocal,
simplemente estando presentes para escuchar en estado de apertura, de
descubrimiento, de alegría si se puede, de adhesión siempre, a condición de que
a través de ustedes se exprese Dios de la manera que quiere comunicarse a
ustedes y que debe ser un secreto entre ustedes y Dios.
¡Y creo que ese Dios, vivo, es el verdadero Dios! Ese Dios que está en el
corazón de su vida les será cada vez más apreciado. Ya no habrá obstáculos, no
habrá problemas, no habrá cuestiones, ni desesperanza, porque habrán vuelto a
Dios a través de lo más puro, más hermoso y santo que hay en ustedes. ¿Cómo fue
que se necesitó tanto tiempo para darse cuenta de que todo lo que sea
mezquinaría, estrechez, no puede existir en Dios? ¡Cuántas almas no cesan de fabricarse un Dios
inferior a lo que puede hacer la santidad humana!
¡Es imposible! Dios está siempre más allá,
infinitamente más allá de lo más tierno, más alegre que hay en nosotros,
infinitamente más allá se sitúa el verdadero Dios y yendo en la dirección de
nuestra mayor grandeza es como tendremos la suerte de encontrarlo.
Se lo suplico, ¡libérense de los ídolos!
Recuerden que nuestro Dios es el Dios de los vivos. Jesús vino al mundo para
que tengamos la vida en abundancia.
Recuerden que no deben dar a los demás el Dios de
ustedes. Déjenlos descubrir a Dios siguiendo el propio rayo de luz que se les
dio. No sólo hemos cometido el error de encerrar a Dios en un ídolo, sino que
quisimos proponerlo a los demás. ¡No! Tenemos que llevar a los demás la
respiración libre de la vida de Dios mismo, para que vuelvan a descubrir su propia
libertad, para que” se sientan en confianza con Dios.
Cada uno de nosotros debe volver a descubrir el
rostro maternal de Dios, ir a Dios siguiendo la luz del rayo único que brilla
para cada uno, y que le ha sido dado para que el rostro de Dios siga siendo un
secreto entre él y Dios”.
(Fin de la conferencia)
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