in

Sotamenta.Net

El sitio Internet de nuestra tribu!

Zundel

26 08 2008. Entonces no estaríamos frente a Dios sino frente a un ídolo.

 



Personal. (Balbuceos)

 

“Lo primero que se nos pide es un acto de dimisión total. Esto es tan importante. Mientras desconfiemos no estaremos frente a Dios sino frente a un ídolo”

 

Uno llega a preguntarse si la inmensa mayoría de los hombres no “cultivan” un Dios ídolo, e inclusive si todos los hombres no comienzan necesariamente su relación con Dios por un culto idolátrico, y quizá si la misma devoción eucarística no es (¿con más frecuencia?) idolatría. Esto no quiere decir, evidentemente, que el culto de la Eucaristía carece de sentido o no es salvador.

Entonces, ¿qué es lo que caracteriza un culto no idolátrico de Dios? El culto deja de ser idolátrico en la medida en que ya no vemos a Dios, al Dios de Jesucristo, como exterior a nosotros: “Dios es puro interior” dirá Zundel, “Dios es espíritu” dirá Jesús a la samaritana. Son dos afirmaciones equivalentes y esenciales.

La concepción de Dios como exterior al hombre nos es tan natural porque somos cuerpo y alma tanto como espíritu, tanto que inclusive en las oraciones eucarísticas muy antiguas encontramos expresiones que tienden a hacernos pensar en la ofrenda perfecta de Jesús como exterior a la nuestra: “Te ofrecemos este sacrificio puro y santo” (1ª plegaria eucarística).

Cuando Dios se encarna, parece que debe ser exterior a nosotros, pero en realidad sólo toma la humanidad de Jesucristo, que es primero exterior a nosotros. Su Humanidad es criatura, comenzó a existir en el seno de María. Sólo esa Humanidad, que no es Dios, parece primero exterior a nosotros; pero inclusive esa Humanidad cuando haya resucitado y subido al cielo puede, y debe, ser vista como interior a nosotros, e incapaz en delante de exterioridad. Su Cuerpo se ha hecho puramente espiritual, puramente espíritu, y por eso puede “estar sentado a la derecha del Padre”.

Y si creemos en la pura interioridad del cuerpo resucitado de Jesús, creemos al mismo tiempo en la pura interioridad de su presencia, plenamente real, en la Eucaristía: la Eucaristía se adapta, si se puede decir, a nuestra interioridad y por eso su presencia está unida a un alimento, signo ya de la interioridad ya que el alimento no es tal sino en cuanto que debe entrar al interior del cuerpo mismo para que lo asimile. Jesús no se encarna en una piedra preciosa, por ejemplo.

 

¿Culto idolátrico de Dios, de la Eucaristía? Zundel hablará con frecuencia del culto idolátrico. A este propósito se puede inclusive decir que Jesús se encarna para hacerlo desaparecer del corazón del hombre, como quiere hacerlo en el corazón de la samaritana.

Esto no se opone a la adoración del santísimo Sacramento pero la sitúa en su verdadero sentido: no se trata de adorar a Jesús como exterior a nosotros, sino a Jesús que se nos ofrece como alimento esencial, como alimento de nuestra “espiritualización”, de nuestra interiorización, sin la cual no hay vida eterna.

Algunos estarán decepcionados, habrían preferido mil veces que la felicidad del cielo fuera la misma, pero infinitamente mejor, que la que nos dan todas las pequeñas o grandes alegrías unidas al cuerpo (el islamismo la promete).La decepción viene de que no se ha hecho todavía la experiencia del gozo espiritual, inclusive del éxtasis, que rebasa infinitamente todo placer carnal, por ejemplo el de San Pablo que exclama (en la 2ª lectura del domingo pasado, 24 agosto) ante la profundidad del pensamiento de Dios.

(¿Continuar? ¿Retomar?)

 

Comments

No Comments

Leave a Comment

(required)  
(optional)
(required)  
Add
Powered by Community Server (Non-Commercial Edition), by Telligent Systems