in

Sotamenta.Net

El sitio Internet de nuestra tribu!

Zundel

28 08 2008. Pentecostés va a desposeer de sí mismos a los Apóstoles... El misterio de la Iglesia.

 

2ª parte de la 8ª conferencia de Bourdigny en agosto de  1937.

 

“Ven cómo Jesús estuvo constantemente al bordo de su secreto, y cómo le fue imposible revelarlo antes de que se levantara la Cruz, antes de dejar a sus Apóstoles a fin de que recibieran el Espíritu Santo. Y el día de Pentecostés brilla el gran secreto, ellos comprenden entonces que no se les revelará todo, pero todos los obstáculos de su corazón van a desaparecer, ellos se abrirán al Espíritu. Pentecostés los va a desposeer de sí mismos, ellos van a renunciar a toda su parte y a comprender que su reino debe consistir en darse a Dios y que sólo se trata de amarlo más.

No lo saben todo, no tienen teología sabia, su lenguaje es torpe, y, cuando Pedro deba anunciar a Jesús, hablará del “hombre que dio testimonio”. Pronto recibirá fuetazos con varas, y se alegrará de haber merecido sufrir por el nombre de Jesús. Sanará al paralítico en el nombre de Jesús: “¡Levántate y marcha!” (Hechos 3,5). Y él es quien encontrará esta expresión magnífica: “Matasteis al Príncipe de la Vida” (Hechos 3,1). Las palabras son aún torpes, pero el corazón está abierto y el Espíritu podrá transformarlos, ellos podrán ser instruidos por el Espíritu y estarán listos para entrar en el secreto de Dios.

Todavía tienen mucho que aprender. Acostumbraban considerar el Reino de Dios como reservado a Israel y ellos mismos como privilegiados, y ahora, ¡los paganos también están llamados a ser ciudadanos del Reino. Se necesitarán años para que todo eso se convierta verdaderamente en doctrina, y que la igualdad de los gentiles sea reconocida en la comunidad cristiana.

Y está luego el misterio de la Parusía, espera frustrada, el Señor que no regresa, y los murmullos en las comunidades a las que Pedro dirige su segunda carta. ¡No! ¡Ese falso Dios no va a regresar! Hay que acabar con esta trampa. Para Dios, mil años son como un día, pero atención, dice San Pablo, esperen al Señor pero no renuncien a su trabajo, su venida no es para mañana, esperen. Y esperan hasta la muerte y acabarán por comprender. Y el último de ellos, San Juan, habrá comprendido mejor que los demás, pues los acontecimientos habrán permitido discernir los planos diferentes de la profecía y ver que el regreso del Señor ya se realizó, se realiza todos los días en los corazones que se abren y se dan, y entonces en adelante la Iglesia vivirá llena del gran secreto que es el secreto de la debilidad de Dios.

“Os desposé con un esposo único para presentaros a Cristo como una virgen pura”. Se trata de una promesa de Amor, se trata de un matrimonio de elección, y si el desposorio comenzó al origen del mundo, la doctrina del pecado original es el rechazo de la proposición de desposorio de Dios con la humanidad, que fue la primera condenación de Dios por el hombre, el primer juicio de Dios por los hombres.

Con demasiada frecuencia se ha visto el relato del pecado original como una trampa que Dios le puso al hombre. Era todo lo contrario: Dios que se sometía al juicio del hombre, afirmación de que no fue Dios el que inventó el dolor, el mal y la muerte.

Dios es la Vida, Dios es Amor, Dios es Santo. Sólo puede amar y ofrecerse en el desposorio con toda la humanidad. La humanidad rehúsa, Dios se deja condenar, pero no renuncia al ofrecimiento, lo renueva por medio de su Verbo, por medio de Cristo, en la sangre del Cordero: “Os desposé con un esposo único para presentaros a Cristo como una virgen pura”. Ahora la humanidad está en posesión del secreto de Dios. Ese gran secreto es toda la vida, todo el misterio de la Iglesia.

Ustedes recuerdan cómo aparece en el mundo el misterio de la Iglesia, saben que históricamente hablando, nada es más seguro que la verdad de que Cristo murió, desapareció vencido por el odio, pero que apareció en el mundo más vivo que nunca en forma de Iglesia, definitivamente vencedor en la Iglesia destinada a difundir su Reino en toda la tierra.

¿Qué es la Iglesia? Hemos dicho con tanta frecuencia que la Iglesia es Jesús, pero aún tenemos que profundizar esta noción. No debemos cansarnos de entrar en la conciencia de la Iglesia por la cual se realiza una especie de transustanciación. Esos hombres que no sabían nada, que no habían entendido nada, que habían retenido materialmente las palabras pero que nos las transmitieron con fidelidad hasta con el recuerdo de sus hesitaciones, esos hombres que conservaron todo el embarazo del lenguaje en la luz de antes de Pentecostés pero dejándonos sumergir en la Luz de después de Pentecostés, ¿cómo llegaron esos hombres a entender que ellos eran la Iglesia?

Lo comprendemos sin dificultad cuando lo ponemos en relación con el misterio que se realiza cada mañana y del que la Iglesia saca la Vida, la consagración, la desposesión que le va a permitir actuar como Jesús, que va a hacer resonar la Palabra de Cristo en la boca del sacerdote: “Esto es mi Cuerpo, esto es mi sangre”. Ésa es la conciencia de la Iglesia: “No soy yo, es Él”. Y dijimos, y hay que repetirlo sin cesar, mientras no se plantee el problema de la Iglesia, mientras no se lo considere bajo esta luz, es insoluble.

Todas las discusiones trágicas y dolorosas sobre la Iglesia entre las confesiones cristianas vienen de que la discusión no se hace en este sentido único: si la Iglesia es simplemente una asamblea de hombres que se reúnen en el Nombre de Cristo, entonces, en efecto, ¡no hay Iglesia! ¡O la Iglesia es una creación arbitraria de una humanidad que interpreta por propio esfuerzo las Palabras de Cristo, o al contario, la Iglesia es la aspiración de Dios hacia nosotros! Entonces ahí está todo el problema: ¿Dónde reside Su Palabra, Su Gracia, y dónde se perpetúa Su Presencia? Y cuando la Iglesia de Pedro afirme que no puede no proclamar lo que vio y escuchó, no hará más que declarar su propia naturaleza: “No soy yo, nosotros no somos nada, Él es todo”. Y lo que veis no es sino el sacramento de Su Presencia, de Su Palabra, de Su Acción.

Ustedes no pueden entrar en el misterio de la Iglesia si no entran en el misterio de la Cruz, si no avanzan en la Persona de Jesús para recoger en ella toda la Luz de Su Verdad. Este aspecto les es suficientemente conocido como para que podamos considerar otro.

Si la Iglesia es Cristo en nosotros, más allá, y con frecuencia a pesar de nosotros, la Iglesia es también nosotros en Cristo, nuestra vida comprometida con la Suya, nuestro amor que colabora con Su Amor, nuestra acción que se hace transparente a la Suya. Y es bajo este aspecto como el misterio de la Iglesia se convierte en un misterio de resurrección”.

(Continuará)

 

Comments

No Comments

Leave a Comment

(required)  
(optional)
(required)  
Add
Powered by Community Server (Non-Commercial Edition), by Telligent Systems