in

Sotamenta.Net

El sitio Internet de nuestra tribu!

Zundel

September 2008 - Posts

  • 30 09 08. Un cambio de perspectivas respecto de la revelación que se realiza a medida que mis relaciones con Dios se interiorizan…

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;}

    Retoma: “La verdad de la Palabra de Dios es la verdad de una relación entre Dios y nosotros. Lo van a comprender con un ejemplo vivido que es extraordinariamente impresionante.

     

    Continuación: “Había en los Alpes un cazador furtivo, un hombre de saco y cuerda, armado de fusil, que no hesitaba además en utilizarlo contra el que pudiera oponerse a sus operaciones. Aunque era cristiano por nacimiento, este hombre tenía siempre la blasfemia en la boca, y estaba completamente desligado de toda religión.

    Un día en la montaña, a 4000 metros, encontró un pedazo de papel, lo cual es cosa rara en esos lugares. Tuvo la curiosidad de recogerlo, y leyó sobre ese pedazo de papel: “Perpetuo Socorro”. Se preguntó: “¿Qué quiere decir Perpetuo Socorro?” ¿Puede existir eso? ¡Es absolutamente imposible! Sigue leyendo y ve: “Novena a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro” y movido por un instinto espiritual que es una primera gracia considerable, decide hacer la novena.

    Hace pues la novena a la Virgen del Perpetuo Socorro y al final de la novena toma conciencia de su vida criminal. De repente le aparecen sus faltas como capitales, mortales, está convencido de su condenación. Entra en una fase de terror pensando que no hay salvación posible para él, pues de repente toma conciencia de la enormidad de sus crímenes.

    Recomienza la novena y, al final de la segunda novena tiene el sentimiento de que quizás con miles de años de purgatorio podrá escapar. Vuelve a comenzar la novena por tercera vez y comienza a creer en el perdón divino. Vuelve a comenzarla por cuarta vez, y así hasta hacerla siete veces. Hace pues siete veces la novena a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y a cada etapa el sentimiento de la situación se interioriza. Ve cada vez más su relación con Dios no como una relación de juez a culpable sino como una relación de hijo con su padre, de padre a hijo, y al final, cuando termina la séptima novena está tan ardiente en el amor de Dios, tan desligado de sí mismo, se mira tan poco, está tan ardiente de amor por Dios que cuando viene a confesarse el confesor conmovido por su fervor, le pregunta cuál es la fuente de su conocimiento de Dios y él le cuenta esta historia cuya autenticidad puedo garantizarles.

    Ahí tiene pues un proceso realizado efectivamente por un hombre que vivió todos los niveles de relaciones posibles del hombre con Dios: relaciones externas primero, en que siente un Dios que está muy afuera de él, un Dios que está por encima, un Dios que amenaza, un Dios que va a juzgarlo y condenarlo, justamente además, hasta comprender que el infierno es él mismo en su exterioridad respecto a Dios, que es él quien manda a Dios al infierno, que es él quien crucifica a Dios, y que Dios lo ama hasta morir por él, y siempre será así por toda la eternidad.

    Y finalmente ya no se trata de su salvación sino del consentimiento de amor nupcial, del consentimiento al Amor de Dios que finalmente le fue revelado como un don sin retorno infinitamente gratuito en que Dios aparece como víctima del mal y no como el que castiga.

    En esta experiencia vemos justamente que la verdad de las relaciones con Dios es precisamente una verdad de relaciones, lo que corresponde a una situación totalmente real. El sentimiento de estar condenado, el sentimiento de poder recibir un castigo infinito en la medida en que soy exterior a mí mismo y a Dios, no puedo concebir a Dios sino bajo el aspecto de exterioridad.

    A medida que descubro el Bien, no es la conformidad con una ley y la obediencia a un mandamiento sino se trata de Alguien, Alguien a amar, Alguien que es el Amor, mi relación con el Bien se interioriza y me doy cuenta de que el Bien que es Alguien va a ser víctima de mis rechazos de amores, que voy a inhibir su Presencia dentro de mis límites, que voy a interceptar el rayo de Su Luz y de que, finalmente, es Él el que va a ser víctima de mí. Hay pues un cambio de perspectivas realizado a medida que mis relaciones se interiorizan.

    Y esto es capital para concebir la evolución de la Revelación : es evidente que la Revelación del Antiguo Testamento responde en general a lo que San Pablo dice en la Epístola a los gálatas, es decir, que la Ley fue nuestro pedagogo, fue un medio para encaminarnos hacia la realidad de Cristo, pero que ahora ya no estamos bajo el pedagogo, que ya hemos llegado al la edad adulta y que en Jesucristo somos libres de la Ley, lo cual no quiere decir que la Ley no fue necesaria en un momento dado: ella corresponde a una situación, reflejaba exactamente las relaciones del hombre con Dios y era imposible que las relaciones se expresaran de otra manera que a través de la Ley.

    Naturalmente hay una progresión: los Profetas profundizaron la visión pero finalmente ninguno llegó a la plenitud de Cristo, si no, Cristo habría sido perfectamente inútil. Si la Revelación culmina en Cristo, si la Revelación definitiva es insuperable, es que en Jesús la humanidad es absolutamente perfecta, totalmente transparente, absolutamente despojada de sí misma, no es sino el sacramento que subsiste en Dios y que comunica en su plenitud la Presencia de Dios en persona. Pero en el capítulo 17 de Jeremías tienen una oración en que pide la destrucción de los enemigos. Corresponde a una experiencia humana: el hombre acorralado, perseguido injustamente, es natural que pida a Dios en esa situación que el mal que le van a hacer se vuelva contra sus enemigos.

    Evidentemente eso es muy inferior a la oración de Nuestro Señor en la Cruz pidiendo, al contrario, el perdón para sus enemigos, “porque no saben lo que hacen”.

    No hay pues que poner la Palabra de Dios en el mismo nivel según las etapas diferentes de la Revelación. Por otra parte, puesto que en ciertos momentos, la Palabra de Dios corresponde a la verdad de una relación, ella debe necesariamente ser superada cuando se compara la situación con la provocada por la venida de Jesucristo que nos introduce en el centro de la Intimidad Divina y que instituye entre Dios y nosotros relaciones esencialmente personales.

    (Continuará)

     
  • 29 09 08. Un descubrimiento extremamente importante: cuando Dios nos habla, se adapta a la humanidad para que haya un verdadero diálogo.

      Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;}

     parte de la 3ª 1a conferencia del retiro de Mont les Cats, en diciembre de 1971.

     

    Un descubrimiento extremamente importante: la verdad de la palabra de Dios es la verdad de una relación entre Dios y nosotros.

     

    El conocimiento interpersonal, según lo que hemos visto, el conocimiento interpersonal que rige todas las relaciones humanas y todas las relaciones espirituales y todas las relaciones con Dios, el conocimiento interpersonal es un conocimiento transformante. Dicho de otro modo, y muy especialmente cuando se trata de Dios, se realiza por vía de encarnación.

    Dios no es un objeto que colocamos delante de nosotros. Es una Presencia que asimilamos en nuestra intimidad. Conocemos a Dios en la medida en que se establece dicha asimilación, en que la identificación se realiza. Y naturalmente, como la encarnación conoce grados innumerables, el conocimiento de Dios sigue esos diferentes niveles. Si la identificación es perfecta, el conocimiento de Dios es perfecto. Eso por otra parte no sucede sino en el caso de Jesucristo. Si el conocimiento de Dios, o mejor, la identificación con Dios es imperfecta, el conocimiento de Dios es imperfecto, como en todos los profetas, excepto Jesucristo.

    Existen pues innumerables niveles que constituyen, o según los cuales podemos reconocer la Palabra de Dios. La Palabra de Dios no es unívoca. La Palabra de Dios no cae del cielo como un absoluto: es un diálogo con la humanidad en que, naturalmente, la humanidad recibe a Dios a su medida.

    Sucede con mucha frecuencia que la Palabra de Dios sea un balbuceo como la palabra de la madre para con su hijito: la madre balbucea, habla un lenguaje elemental porque su hijo no puede comprender más que eso. Ella se adapta a él a fin de que haya verdadero diálogo. Y Dios se adapta a la humanidad para que haya verdadero diálogo y no hay que poner los balbuceos a cuenta de Dios sino a cuenta del hombre que no está al nivel de Dios. Esto nos lleva a hacer un descubrimiento extremamente importante, que hemos anticipado además en lo que acabo de decir, a saber, que la verdad de la Palabra de Dios es la verdad de una relación entre Dios y nosotros. Lo van a comprender con un ejemplo vivido que es extraordinariamente impresionante.

    (Continuará)

  • 28/ 09 08. El verdadero problema, el único problema definitivo y central.

    Final de la 2ª conferencia de M. Zundel en el Mont des Cats, en diciembre de 1971.

     

    El conocimiento de Dios es un conocimiento nupcial, un conocimiento interpersonal en que es imposible conocer sin transformarse, en que se conoce tanto mejor cuanto más profunda sea la transformación”.

    Se ha aplicado finalmente al conocimiento de Dios lo que no soportaríamos que se aplicara al conocimiento del hombre. Cuando se habla del hombre como de un objeto, se siente ofendido. Cuando se lo reduce al estado de objeto (1), protesta con razón. Es lo que causa la rebelión del esclavo, es lo que siente en el hecho de ser tratado como instrumento, una rebelión que es la primera revelación de su dignidad. Siente que no puede ser instrumento, que no pude reconocer como suyo sino un acto decidido por él, que es fruto maduro de su libertad.

    Claro está que no es capaz de definir la libertad, pero siente fuertemente que es inaceptable que lo traten como instrumento. Si un hombre no acepta que lo traten como objeto… Malraux dice muy justamente en sus “Anti-memorias” que lo más horrible que existe en los campos de concentración de todas las regiones del mundo, no era tanto las privaciones materiales sino el hecho de que sistemáticamente todo estaba ordenado hacia el desprecio del hombre. Se quería poner al hombre fuera de combate, lo querían pisotear en su dignidad para hastiarlo de sí mismo, como ese pobre misionero chino, o mejor, en China, que sufrió un lavado de cerebro con los pies encadenados, con las manos esposadas atrás, y que sólo podía comer lamiendo sus comidas como un perro y que, puesto que se le caía, lo obligaban a echarse al suelo para recoger sus alimentos del suelo con la lengua…

    En esas situaciones voluntarias, es decir impuestas voluntariamente a un hombre, hay una voluntad de deshonrarlo y de arrancarle su dignidad a sus propios ojos.

    ¿Y no hemos hecho finalmente de dios un objeto, es decir un ser exterior al hombre, un ser del que podemos disertar y discutir sin tener relaciones personales con Él, cuando ya en las relaciones humanas no podemos llegar al otro sino arrodillándonos con respeto?

    Y eso es precisamente lo que hay que establecer. El verdadero problema, que no se trata jamás, el único problema definitivo y central, cuya solución es imperiosa y sin la cual no se logrará sino aumentar los equívocos, es: “¿De qué Dios hablamos?”

    Si es verdad que nuestro Dios es la respiración de la libertad, si es verdad que nuestro Dios es un espacio infinito dentro de nosotros, si es verdad que nuestro Dios se propone siempre sin jamás imponerse, si es verdad que estuvo esperando a Agustín hasta 33 años, estando siempre presente, (era Agustín el que no estaba presente y por lo mismo no podía reconocer el don de Dios) entonces todo cambia, todo queda cambiado… El mundo volverá a encontrar a Dios cuando vuelva a encontrar al hombre, ya que es finalmente lo mismo encontrar al hombre y encontrar a Dios porque sólo se puede encontrar al hombre en la región del silencio donde se reconoce al hombre como santuario de Dios. ¿Qué seríamos? ¿Qué sería el hombre, con sus vísceras y sus tripas, qué sería con su sexo y toda su fisiología si no fuera el portador de la Presencia Adorable que nos está confiada y que nos está esperando a cada uno como el mayor secreto de amor que pueda ser confiado a un corazón humano?

    No cabe duda que, cuando nuestros contemporáneos y los hombres de Iglesia hayan clarificado este problema, no cabe duda que cuando se haya vuelto a promulgar el Evangelio de la samaritana, no cabe duda de que los hombres ya no se sentirán heridos y comprenderán que Dios no es u límite ni una amenaza, una dependencia en contradicción con su autonomía, sino al contrario, el único camino hacia ellos mismos, el único camino hacia ellos mismos…

     

    Nota (1). Perdonen la comparación burda. Supongamos que le preguntan a un marido si conoce bien a su mujer y que responde: La conozco muy bien, pesa 80 kg, mide 1.70, tiene talla 110. Evidentemente, si eso responde justamente en cierto modo a la pregunta hecha, en realidad no responde en modo alguno, y sería injurioso para la mujer. El conocimiento que muchos tienen de Dios puede ser del mismo orden si sólo tenemos de Él un conocimiento externo.

    Dios no tiene exterioridad ni puede tenerla, es puro interior. No tiene verdadera existencia al exterior del hombre y eligió desde toda eternidad a cada uno de nosotros, mucho antes de la creación del mundo,  como dice San Pablo expresamente. Podemos ir hasta afirmar que no hay un solo instante de la eternidad divina (y no hay en realidad sino uno) del que el hombre, cada uno de nosotros, esté ausente.

    Por eso la Redención, extremamente costosa para Él, en la que se compromete, y hace parte del instante único de la eternidad divina trinitaria, trata infinitamente más de El que de nosotros.

    Por eso el pensamiento de ver toda la historia de la creación y redención del hombre al interior del misterio de la Trinidad, llegando el hombre a ser operador de lo que se hace y realiza en ella eternamente, y hace que Dios sea Dios, y sea el Dios Trino. Dios puede parecernos entonces infinitamente más cercano e íntimo de lo que podemos imaginar, “más íntimo a mí que lo más íntimo mío”.

    “La Vida eterna es que te conozcan a Ti, Padre, y al que Tú enviaste”. Conocer puede tomar aquí el sentido más fuerte y significar “nacer con”, “hacer nacer con”.

     

  • 27 09 2008. ¿De qué Dios hablamos? ¿Y a qué hombre? Descubrimiento esencial: Dios nos está confiado y puso Su Vida en nuestras manos.

     3ª parte de la 2ª conferencia del Mont des Cats en diciembre de 1971

     

    El conocimiento de Dios es un conocimiento nupcial, un conocimiento interpersonal, en que es imposible conocer sin transformarse, en que se conoce tanto más cuanto más profunda y mayor es la transformación.

     

    Retoma: "Es pues absolutamente cierto que vivimos en pleno equívoco y que la inmensa crisis de la cristiandad reposa sobre una visión ambigua de Dios ».

     

    Continuación: “La noción corriente de Dios es precisamente una mezcla de filosofía de la causa primera, filosofía discutible. Por otra parte, vemos bien por ejemplo, en los libros, admirables y profundos de Claude Tresmontant, cómo se plantea hoy el problema de la existencia de Dios. Vemos bien por su argumentación tan sabia y profunda, que el mundo es contingente, vemos bien que hay en el universo, en las bases del universo una inteligencia prodigiosa, pero ¿es buena o mala esa inteligencia?

    Porque, finalmente, existe el mal, hay catástrofes, convulsiones terrestres, hay terremotos, maremotos, enfermedades contagiosas, microbios que devoran el cerebro de un genio, existe ese dolor inmenso, ese río de lágrimas y sangre que arrastra toda la historia.

    Si se quiere argumentar simplemente a partir de un principio abstracto, se arriesga siempre omitir uno de los aspectos fundamentales del problema humano.

    La  noción corriente de Dios es una amalgama de filosofía imperfecta y parcial, una mezcla de Antiguo Testamento mal digerido en que Dios aparece como el Dios de un pueblo, el Dios de una nación, el Dios que despoja las demás naciones en favor de un pueblo elegido, por lo mismo, un Dios limitado, un Dios forzosamente exterior en el conjunto de los textos, ya que el Dios de una colectividad no puede ser un Dios interior, un Dios que es un secreto de amor, un Dios que tiene relaciones nupciales con cada uno! Es, en fin, una mezcla de Nuevo Testamento mal asimilado ya que sus elementos no llegan a corresponder unos con otros.

    Existe pues la noción corriente de Dios que es una amalgama que habría primero que analizar para llegar a una experiencia espiritual universal que sería para cada uno el descubrimiento deslumbrante de una Presencia de Amor interior en nosotros.

    Ustedes saben muy bien que en teología se puede, que los doctores pueden hablar de Dios sin ninguna experiencia personal de Él. Con cierta ductilidad, con cierta flexibilidad de inteligencia, uno puede jugar con conceptos, uno puede ir hasta el final de las consecuencias que se pueden sacar una vez que se ha puesto el principio de que Dios es la causa primera y de que es totalmente independiente de todo lo que no es Él; se pueden sacar consecuencias a pérdida de vista, hasta el absurdo, y presentar todo eso en un trabajo sabio en que no falta ninguna nota ni ningún índice analítico, ¿y entonces?

    El hombre, el sacerdote que habrá sido iniciado en esa teología de objeto, que habrá visto a Dios como un teorema, como objeto de examen, donde lo sobrenatural es sobreentendido mucho más que enunciado, el día en que esté en crisis, cuando se haya cansado de los gestos que han perdido su novedad, cuando por otra parte esté rodeado por la especie de confianza que se da espontáneamente al sacerdote, cuando sea alabado, exaltado, por mujeres que lo admiran y lo aman, ¿cómo podrá resistir si Dios no ha sido para él una pasión devoradora, si Dios no es para él un descubrimiento inagotable, si Dios no es para él el gran secreto de amor, si no ha entrado en el matrimonio de amor de que habla San Pablo a los corintios: “Os he desposado con un Esposo único a fin de presentaros a Cristo como una virgen pura”?

    Hemos visto partir tantos cohermanos, casarse, escribirnos cartas para explicar su matrimonio. Siempre el mismo tono, siempre la voluntad de ser los profetas del mañana, siempre recriminando contra una incomprensión de la Iglesia, contra los errores del Papa que se obstina en mantener una disciplina desueta.

    Todo eso lo sabemos y sólo podemos decir una cosa, y es que no han encontrado a Dios. Lo han conocido como objeto, no lo han conocido como Amor. ¡No lo han conocido como libertad y como liberación! Si no, habrían comprendido que su castidad, su pobreza, su obediencia eventualmente, eran caminos de liberación, para hacer de sí mismos un valor infinito, para ser con Dios creadores de un mundo nuevo del que cada uno a su manera es el centro en el don total de sí mismo, único que puede cerrar el anillo de las bodas eternas.

    No hay pues duda de que de que la cuestión actual es “¿de qué Dios hablamos? ¿Y a qué hombre?” (1)

    Tenemos que descubrir a Dios, el Dios que se revela en Jesucristo. Tenemos que descubrir el Dios que muere de amor, tenemos que descubrir el Dios que está de rodillas en el lavatorio de los pies, tenemos que descubrir el Dios que nos está confiado y que ha puesto Su vida en nuestras manos. Ese es el descubrimiento esencial, dado justamente que el conocimiento de Dios se sitúa en un universo interpersonal.

    El conocimiento de Dios no es conocimiento de un objeto que podemos poner delante de nosotros. Dios no puede ser puesto sino dentro de nosotros, como todo amor. Cuando una pareja se compromete en matrimonio, al comienzo no ha nada. Parten de cero y en el compromiso que toman uno con el otro, toman el compromiso de crear un universo que no existe todavía, el universo de su amor, y ese amor tendrán que descubrirlo cada día, profundizarlo, purificarlo. Cada día deberán crecer para tener un don más perfecto que comunicarse, un don que hará brotar el amor con más entera libertad. ¡Si no lo hacen, es a su costo y riesgo! el amor se va a marchitar, a limitarse, se hará pronto una prisión y finalmente será como un infierno, porque el conocimiento de una persona, el conocimiento de un ser humano como tal, es un conocimiento de reciprocidad en que conocemos en la medida en que damos, en la medida en que amamos.

    Y justamente el conocimiento de Dios es un conocimiento que crece en la medida en que amamos, se restringe y se carga de sombras cuando dejamos de amar, desaparece totalmente cuando ya no se ama. Nuestro Señor, en el encuentro con Nicodemo que viene a su encuentro por la noche para informarse de las condiciones del Reino de Dios, Nuestro Señor trata justamente con un teólogo, alguien dedicado a las Escrituras, que las conoce de memoria, que ha pasado su tiempo comentándolas. Le hace cumplimientos por sus milagros y Nuestro señor corta sus cumplimientos de dos diciendo: “Nadie puede ver el reino de Dios sin nacer de nuevo”.

    Por lo cual, el conocimiento al que Jesús quiere llevarnos es un nuevo nacimiento, es una transformación de nosotros mismos. Se necesita una transformación personal para conocer a Dios. La revelación no es justamente un teléfono celestial que difunde noticias de la oficina de informaciones del cielo, que nos daría emisiones regulares.

    El conocimiento de Dios es un conocimiento nupcial, un conocimiento interpersonal en que es imposible conocer sin transformarse, en que se conoce tanto mejor cuanto más profunda sea la transformación”.

    (Continuará)

     

    Nota (1). Aquí esta mos en el centro de la mística zundeliana. Es capital, es lo esencial de lo que Zundel dirá en el retiro del Vaticano al cual se le ha dado justamente ese título. Es esencial porque todos los hombres comienzan necesariamente por concebir a Dios como exterior a ellos y corren el riesgo, inclusive en el cristianismo, de quedarse ahí. Jesucristo se hace hombre justamente para darnos, a partir de esa primera representación, la capacidad de llegar a la de un Dios “puro interior”, la de Dios puro espíritu, como dirá a la samaritana.

    Es seguro que un cristianismo mal presentado sigue anclando en la mente humana un Dios exterior al hombre, ahora y en todo tiempo. Las palabras de esta conferencia, dichas y repetidas con frecuencia, con todas las consecuencias que conllevan en cuanto a la manera de vivir la fe, han al parecer penetrado muy poco nuestras mentes. La Eucaristía mal asimilada arriesga confirmarnos en ese anclaje.

     

  • 26 09 08. La inmensa crisis de la cristiandad reposa sobre una visión ambigua de Dios.

      Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;}

    3ª parte de la 3ª conferencia de M.Zundel en el Mont des Cats en diciembre de 1971.

     

    Retoma: “Existe finalmente otro conocimiento que es un conocimiento interpersonal. Es el conocimiento que rige las relaciones con nosotros mismos en cuanto que debemos asumir nuestra responsabilidad para con nosotros mismos y con los demás, en cuanto que los consideramos y debemos considerarlos como individuos responsables, es decir, precisamente, como seres dotados de espíritu, que tienen una intimidad inviolable en la que no podemos penetrar sin prohibirnos todo conocimiento auténtico”.

    Continuación: “Y esto es particularmente importante: el conocimiento interpersonal es un conocimiento que rige todas las relaciones humanas y que es un conocimiento fundado sobre la reciprocidad, un conocimiento fundado sobre la acogida del uno por el otro.

    Una mujer casada desde hacía 40 años confesaba que no se atrevía a rezar delante de su marido, que es un buen tipo bastante burdo, pero no se sentía bastante íntima con él como para poder rezar. Era por otra parte una mujer admirable, llena de tacto y de fineza. No quería exponer su oración, que era lo más sagrado que tenía, a la sonrisa y las burlas eventuales de su marido, es decir que él no la conocía de manera suficientemente íntima como para entrar en las profundidades de su alma. Las relaciones conyugales, las relaciones entre marido y mujer, las relaciones entre padres e hijos, entre hijos y padres, entre amigos, en fin, todas las relaciones propiamente humanas están bajo las órdenes de este conocimiento en que conocemos en la medida en que amamos, en que conocemos en la medida en que somos capaces de hacer el vacío para acoger al otro sin limitarlo.

    Y este conocimiento es, claro está, el más precioso de todos porque es el único que nos permite llegar a nuestra humanidad y a la de los demás, el único que nos sitúa en el universo del espíritu, pero una vez más, es un conocimiento de reciprocidad. Es pues un conocimiento en que uno se intercambia, un conocimiento en que se puede progresar sólo mediante un don cada vez más generoso de sí mismo.

    Una mujer divorciada – por otra parte muy calificada en su vida personal pues, no teniendo hijos ella misma, había concedido el divorcio a su marido para legitimar un hijo que había tenido con otra persona – me decía que encontrar a su marido en la calle no tenía para ella más importancia que encontrar un barrendero o un agente de policía. Ya no tenía la mínima vibración hacia el hombre con quien había vivido en la más profunda intimidad. Ahora bien, el conocimiento interpersonal puede refluir, puede borrarse, obliterarse, desaparecer, como también puede profundizarse hasta un intercambio verdaderamente total.

    Entonces, ¿en qué sector o a qué nivel está nuestro conocimiento de Dios? ¿Es conocimiento pasional? No. ¿Es conocimiento objetivo? No. ¿Es conocimiento interpersonal? Sí.

    El P. Garrigú-Lagrange del que fui alumno cuando estuve estudiando en Roma (1926), el P. Garrigú-Lagrange que era por otra parte un santo y un ser de gran bondad, en cuya intimidad estaba yo bastante enraizado como para salir con frecuencia a caminar juntos como viejos amigos, el P. Garrigú-Lagrange que era entonces el gran teólogo del Angélico, nos daba un curso sobre la predestinación.

    Y el curso quería llevarnos a aceptar la noción tomista de la predestinación física, y estaba centrado en la Causa Primera. Dios es la Causa Primera. Si es la causa primera, absolutamente primera, no puede depender de nadie, no puede recibir nada de nadie, no puede aprender de nadie, nadie lo puede perturbar. Siendo el soberano bien, no puede amar nada sino en relación consigo mismo, porque si amara en relación con algún otro dependería de ese otro. Entonces, ¿cómo conoce a sus elegidos? No puede conocerlos esperando ver qué determinación van a tomar, porque si espera saber sus reacciones por el libre uso de la gracia que se les ofrece, aprendería algo de ellos. Ya no sería la Causa Primera.

    Entonces, conoce a sus elegidos porque decide dar a algunos hombres una gracia intrínseca e infaliblemente eficaz que dará infaliblemente sus frutos. Luego, todo parte de Él, de esa elección totalmente independiente de los méritos de los hombres – y entonces los méritos serán fruto precisamente de una gracia intrínseca e infaliblemente eficaz. Él da a unos y no a otros. A los demás les da gracias simplemente suficientes que por definición no son intrínseca e infaliblemente eficaces.

    Por otra parte, ese Dios Causa Primera que no tiene necesidad de nadie, ese Dios cuya felicidad es total suceda lo que sucediere, ese Dios glorificado siempre, gana en todos los tableros: si me condeno, glorifico Su Justicia; si soy elegido, glorifico Su Misericordia… pero de todos modos eso le da absolutamente lo mismo ya que su felicidad es plena, total, infinita, imperturbable.

    Este sistema perfectamente riguroso, de una lógica tan total, suscitó de parte de un cohermano del P. Garrigú, el P. Marín Solá, profesor entonces en la Universidad de Friburgo, una pequeña cuestión muy humilde que el P. Marín Solá había formulado así: “¿No podría un acto de contrición imperfecta ser emitido con una gracia simplemente suficiente y o intrínseca e infaliblemente eficaz?” Había planteado la cuestión con mucha humildad, para abrir una pequeña brecha en el sistema, para dejar una partecita a la iniciativa humana.

    El P. Garrigú se puso furioso. Entró en una ira santa. El P. Garrigú escribió contra el M. Marín Solá: “Eversio thomismi!” “El derrumbamiento del tomismo”. Sí, el derrumbe del tomismo, el derrumbe de la teología, el derrumbe del cristianismo, porque todo reposa finalmente sobre la Causa Primera. Y el P. Garrigú me decía: “¡Son ellos los que atacan! ¡Son ellos los que ponen en duda la tradición tomista!” y finalmente la querella incendió toda la orden dominicana, y el P. General arregló la cuestión retirando al P. Mari Sola su cátedra, y mandándolo a las Filipinas donde murió…

    ¿Qué sistema es ése? Que no disminuye en nada la santidad del P. Garrigú que era el consolador de las Carmelitas afligidas, y que me decía: “¿Pero qué quiere? las pobres no pueden ponerse el sombrero y salir a pasear ya que están detrás de la clausura. Hay que llevarles de vez en cuando una palabra de amistad!” y lo hacía con inmensa generosidad.

    Ahí tienen pues un caso, me parece, en que se ve claro – y lo digo con toda la veneración que siento hacia el P. Garrigú – en que se ve claramente un conocimiento que se pretende riguroso y que termina por hacer de Dios un objeto, una causa primera, primera… luego… luego… luego… luego… se puede deducir a priori una serie ilimitada de conclusiones manejando silogismos que harán de Dios un perfecto objeto. Es totalmente indiferente a lo que pueda sucedernos, ¡como nosotros podemos ser totalmente indiferentes a lo que le pasa a Él, pues no le pasa nada! Su felicidad está bien protegida, imperturbable, ¿qué importa entonces que yo escoja el bien o el mal? Eso no le importa, yo no disminuyo su felicidad si no lo amo. Tomo una mala decisión y me expongo a una suerte fatal. Pero eso no le hace nada, pues Él gana en todos los tableros, y que de todos modos mi condenación lo glorifica tanto como mi elección.

    Si me permito citar este caso es ante todo porque corresponde a una experiencia vivida. Tuve que adaptarme a cierta manera de presentar a Dios en un discurso perfectamente coherente en virtud de una lógica horizontal que termina por caer en el absurdo.

    Es evidente que no se puede alinear una teología de este tipo, que no retrocede ante ninguna consecuencia, después de haberse encerrado en la causalidad primera: no podemos alinear esa teología con el arrodillamiento de Nuestro Señor para el lavatorio de los pies. Si Nuestro Señor está de rodillas en el lavatorio de los pies, es que Dios no es esa causa primera, primera, primera, primera, primera, totalmente insensible a todo o que no es ella misma, que crea un mundo que es totalmente indiferente para Él, y que no puede absolutamente nada para ella y que, de todos modos, es manipulado por ella sin ninguna consideracón por su interioridad ya que, si el mundo es espíritu, si el hombre es espíritu, se concibe entonces en efecto que Jesús esté de rodillas ante él para suscitar una respuesta que sea enteramente libre.

    Es evidente, ¿verdad?, que si los hombres estuvieran constantemente frente a un Dios que es el Dios de San Agustín el día de su conversión, si los hombres estuvieran continuamente frente a un Dios que es el espacio que se abre dentro de ellos, el espacio de luz y de amor que les revela su libertad y la realiza, no habría que hacer valer ningún argumento contra ese Dios – puesto que no les sería impuesto. Sería un Dios que los invita a encontrarse, a descubrir el infinito que está en ellos, un Dios que los llama, como los llamó efectivamente Nuestro Señor, a ser lo que es Él, no para someterlos, no para limitarlos, sino para introducirlos en el corazón de Su Propia Intimidad revelándoles su propia intimidad de ellos como Santuario de Su Presencia.

    Porque todas las catedrales no son nada junto al santuario íntimo al que Jesús nos da entrada cuando nos revela a Dios como la Vida de nuestra vida, como una fuente interior, que brota en nosotros y fluye hasta la Vida Eterna.

    Es pues absolutamente cierto que vivimos en plena época equívoca y que la inmensa crisis de la cristiandad reposa sobre una visión ambigua de Dios.

    (Continuará)

  • 25 09 08. ¿Qué quiere decir conocer?

    1ª parte de la 2ª conferencia de retiro del Mont des Cats, en diciembre de 1971

     

    ¿De qué Dios hablamos, y a qué hombre?

     

    “Cuando Jesús es condenado como blasfemador, lo condenan por un motivo religioso, lo condenan en nombre de un dios falso. El Dios contra el cual Lo acusan de haber blasfemado, evidentemente, no es Su Dios. Luego, es esencial situarnos en relación con el Verdadero Dios. Queremos ser ateos respecto de un falso dios, y hay que serlo. Se trata de saber si somos ateos respecto del Verdadero Dios.

    Igualmente, ¿a qué hombre hablamos? ¿Hablamos a un hombre que no ha nacido aún, que no existe todavía, que no ha pasado por el nuevo nacimiento de que habla Jesús a Nicodemo? ¿O hablamos al hombre nacido de nuevo, nacido de arriba, único capaz de entrar o de ver el Reino de Dios?

    Esto es capital, porque es evidente que hoy en día estamos en pleno equívoco y que la enorme crisis que azota la cristiandad supone una ambigüedad fundamental a propósito de Dios mismo. Se trata pues de situarnos en relación con esta ambigüedad, de preguntarnos cuál es nuestro Dios y con qué hombre estamos tratando.

    Esto nos lleva a considerar una epistemología, es decir una visión del conocimiento. ¿Qué significa conocer? ¿No existen diferentes niveles de conocimiento esencialmente diferentes? ¿Y en qué nivel se sitúa el conocimiento auténtico y el conocimiento auténtico del hombre?

    Escuchamos a Nuestro Señor que habla a la samaritana de un Dios que es Espíritu y Verdad, de un Dios que es interior a nosotros. Si Dios es Espíritu y si es necesario adorarlo en espíritu y en verdad, el hombre también es espíritu pues debe adorar en espíritu y en verdad.

    ¿A qué nivel es espíritu el hombre? ¿Cómo encontrarlo? ¿Cómo hacerlo nacer? Tenemos en primer lugar un conocimiento pasional. Estamos por desdicha en guerra entre Pakistán e India, lo cual habría sido para Gandi, el gran Mahatma, un tal desgarramiento, porque Gandi quería… el gran Gandi que no tiene nada que ver con la Señora Gandi, primer ministro actual de India, Mahatma Gandi veía la India como una unidad. Se habría opuesto totalmente a la creación de un estado confesional como el de Pakistán, estado musulmán distinto del estado hindú. Quería que la India fuera una, como lo era bajo el Imperio Inglés. Quería una India en que musulmanes e hindúes se encontraran sobre bases de entera cordialidad, de total fraternidad.

    Pero vemos hoy que la división que engendró desde el comienzo la guerra entre musulmanes e hindúes, vemos que la división desemboca en verdadera guerra, que nos prepara Dios sabe qué. Y como se lee en los comunicados, como siempre, los paquistaníes de Occidente, que son justamente el imperio opuesto a la India, que pretenden dominar el Pakistán Oriental donde los bengalíes reclaman la independencia, vemos que los comunicados divergen desde el principio. Si se trata de la radio pakistaní, son los indios los que atacaron, si al contrario son los indios los que elaboran su comunicado, son los pakistaníes quienes atacaron primero. Y es lo mismo si nos colocamos en el punto de vista de Vietnam del Norte o del Sur, o de Israel y Egipto, o si nos colocamos en el punto de vista de la izquierda o de la derecha. Si es la izquierda o la derecha la que gobierna, los comunicados son enteramente diferentes: siempre tienen razón los izquierdistas si se trata de países comunistas, y siempre son los izquierdistas los que se equivocan en los países no comunistas.

    Es decir que el conocimiento humano elabora un conocimiento pasional, un conocimiento eminentemente subjetivo en que cada cual juzga según sus intereses, sus intereses privados de individuos o intereses privados de grupo – intereses de clase, intereses de nación, intereses de partido. El conocimiento pasional es un conocimiento que es limitado a priori puesto que quiere defender campos cerrados, quiere defender un terreno que es, por definición, cerrado a los demás. Si sólo tiene derechos el proletariado, evidentemente todo lo que no es proletario no tiene derechos, y al contrario, si tiene todos los derechos una pequeña minoría, el proletariado no tiene ninguno.

    Por otra parte, nosotros conocemos muy bien el conocimiento pasional ya que por propia experiencia estamos implicados en el conocimiento pasional. Las reacciones espontáneas son reacciones interesadas, en que la biología, la fisiología, el yo sobre todo, el yo propietario y prefabricado, no dejan de hacer valer sus reivindicaciones.

    El conocimiento pasional no puede ser universal, ya que es privado, concierne un universo que no ha sido puesto en claro, ya que finalmente en el conocimiento pasional estamos esencialmente dominados por elementos cósmicos, por elementos que no han sido purificados, por elementos que hacen de nosotros una cosa, es decir un pedazo del universo inmenso.

    Existe otro conocimiento infinitamente más precioso que es el conocimiento científico. El conocimiento científico es una maravilla porque es el único lenguaje común. Vemos a los rusos en competencia con los americanos alrededor de la luna, o de Marte, el cual tratan de explorar ahora unos y otros. Pero afortunadamente lo hacen con los mismos medios, es decir que un descubrimiento, sea hecho por rusos, o por americanos, o chinos, o alemanes, ese descubrimiento científico se expresa en el mismo lenguaje y recurre a los mismos instrumentos y todos pueden verificarlo, si son competentes para hacerlo.

    A partir del siglo 17 por lo menos, a partir de Copérnico y Galileo, se descubrió un lenguaje común que hablan todos los físicos, todos los matemáticos del mundo como lengua que no tiene fronteras. Si uno conoce suficientemente los métodos, si dispone de un instrumento, si llega a hacer los cálculos, obtiene necesariamente los mismos resultados.

    Pero el conocimiento científico que nos permitió ir a la luna y que abrió el espacio a una exploración cuyos límites son imposibles de prever, ese conocimiento admirable que transformó totalmente nuestra vida desde el punto de vista técnico, sólo puede dar resultados si uno no está comprometido, es decir si las opciones de cada uno quedan fuera del laboratorio.

    Si un físico es hindú, o ruso, o alemán, o si es americano, o japonés, no importa; que crea en Dios o no, que sea materialista o espiritualista, de izquierda o de derecha, que piense que el mundo es absurdo o que tiene sentido, todo eso no tiene ninguna importancia porque justamente el método está elaborado de tal suerte que las opciones personales no cuentan.

    El físico en su laboratorio es un físico cualquiera. Puede además ser remplazado por aparatos que hacen observaciones, en general, de manera mucho más precisa que él mismo. Su conocimiento es entonces conocimiento de objetos, conocimiento que, en su orden, es admirable pero que voluntariamente y a priori es limitado ya que todas las cuestiones que conciernen el hombre, el sentido de la vida, el origen y el fin de la vida, la conducta moral o amoral, en fin, todo lo que toca a las relaciones humanas queda excluido del conocimiento objetivo.

    Porque, sea cual fuere la opinión que el hombre se haga de sí mismo, en el laboratorio no debe tener cuenta de ella. Es pues un límite extremamente preciso que prohíbe a los sabios como tales emitir cualquier juicio sobre el sentido de la vida, el origen primero del mundo, su fin último, el comportamiento humano, el sentido de la moralidad, la vida sexual, el aborto, en fin, sobre todas las cuestiones que tocan a una elección en que el hombre debe tomar una responsabilidad respecto de sí mismo o de los demás seres humanos.

    Existe finalmente otro conocimiento que es un conocimiento interpersonal. Es el conocimiento que rige las relaciones con nosotros mismos en cuanto que debemos asumir nuestra responsabilidad para con nosotros mismos y con los demás, en cuanto que los consideramos y debemos considerarlos como individuos responsables, es decir, precisamente, como seres dotados de espíritu, que tienen una intimidad inviolable en la que no podemos penetrar sin prohibirnos todo conocimiento auténtico.

    (Continuará)

  • 24 09 2008. Nada puede confirmarnos más en el itinerario espiritual que el encuentro del Señor con la samaritana.

      v\:* {behavior:url(#default#VML);} o\:* {behavior:url(#default#VML);} w\:* {behavior:url(#default#VML);} .shape {behavior:url(#default#VML);} Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;}

    Final de la 1a conferencia de M. Zundel en el Mont des Cats en diciembre de 1971.

     

    Dios es el espacio infinito de luz y de amor en que respira nuestra libertad.

     

    Retoma: “¿Y cómo dar mi vida? ¿Y a quién? ¡No puedo darla a los demás que son como yo, cautivos de su yo posesivo! Sólo puedo darla a un amor que es libre de sí mismo, a un Amor que es el Amor Infinito, que es más íntimo a mí mismo que lo más íntimo mío y que Agustín encuentra como la Belleza siempre antigua y siempre nueva, como la belleza que está adentro cuando él estaba afuera.

    Hay pues un punto de unión, una experiencia radical que podemos hacer a cada instante de la Presencia Divina que es también la presencia a nosotros mismos, es la misma. No siendo el hombre de sí mismo y no pudiendo llegar a sí mismo sino a través de Dios, Dios es el único camino hacia nosotros mismos.

    Dios es la Vida de nuestra vida y “viva, como dice Agustín, viva será mi vida en adelante toda llena de Ti”.

    Continuación: “ Y podemos terminar este itinerario con una escena evangélica, una de las más hermosas, mas conmovedoras y eternas, el encuentro de Jesús con la samaritana. Es exactamente el mismo movimiento la Samaritana es una pecadora, la samaritana vive en matrimonio irregular y falso, la samaritana sitúa su Dios en el Garizim y pregunta dónde hay que adorar: ¿en el Garizim precisamente, o en el Monte de Sión en Jerusalén? Y Jesús le hace entender con la parábola del agua, del agua viva que quiere darle, le hace comprender que Dios no está en una montaña, que Dios es, dentro de ella, la Fuente que brota hasta la Vida Eterna.

    Nada puede confirmarnos más en nuestro itinerario que el encuentro de Jesús con la samaritana, ya que vemos que el Señor mismo en el evangelio eterno que promulga, que pone una represa, que construye una represa definitiva contra todas las supersticiones, nos recuerda que Dios es Espíritu y que es necesario adorarlo en espíritu y en verdad y que justamente Él está adentro y no afuera, que dentro de nosotros Él es una fuente que brota en Vida Eterna, que Él es en fin el espacio, el espacio infinito de luz y de amor en que respira nuestra libertad”.

    (Fin de la 1ª conferencia)

     

  • 23 09 2008. Cómo nace el verdadero hombre. Dios es el único camino hacia nosotros mismos.

      Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;}

    2ª parte de la 1ª conferencia de retiro dado por M. Zundel enn el monasterio del Mont des Cats, en diciembre de 1971.

     

    “Con la historia de la joven de los huertos, un Himalaya acaba de surgir. Lo encontramos también en el martirio del P. Kolbe que acaba de ser beatificado. Es exactamente la misma situación: el campo de Auschwitz, la huida de un polonés, la decisión de castigar cierto número de prisioneros, de castigar la evasión que fue –según la versión del jefe del campo – realizada con la complicidad de todos los prisioneros. Diez hombres morirán pues de hambre y sed, diez hombres designados por el azar. Y tomará todo el tiempo para escogerlos al azar, para que todos puedan sentirse eventualmente designados

    Entonces ustedes conocen el resultado, saben cómo escogieron finalmente a los diez y que entre ellos se encuentra un padre de familia, que vino a Roma para la beatificación –o mejor en el momento de la beatificación – y saben que el P. Kolbe, saliendo de su fila, se ofrece para morir por ese hombre, y muere efectivamente en su lugar, no sin habar hecho cantar a sus camaradas aterrorizados, aterrorizados pensando en la muerte que los esperaba, la forma aterradora de muerte de hambre y sed, y que sus voces, desbordando las celdas donde estaban encerrados se difundía en todo el campo, y todo el campo se puso a cantar, tanto que los verdugos alemanes no podían sino hacer esta observación: “Jamás hemos visto cosa igual”

    Era de nuevo la revelación del Himalaya: ¡Ese es el hombre! Eso es lo que el hombre es capaz de hacer cuando llega a la cumbre de sí mismo, y cuando llega a la cumbre de sí mismo se hace transparente a la Presencia que vamos a encontrar sin cesar .

    Otra experiencia que, en su pequeñez, es extraordinariamente conmovedora es la siguiente: un periodista soviético de nombre Koriakoff escribió un libro llamado “Me puse fuera de la ley” Koriakoff, periodista soviético, educado bajo el régimen actual, que no duda de él, ateo en toda tranquilidad y movilizado como todos los rusos en el momento de la agresión alemana en 1941-42. Es movilizado como simple soldado. Como es extremamente valiente, gana los galones de capitán en los campos de batalla y, durante una licencia encuentra en Moscú un viejo bibliotecario de otra generación cristiana que le regala un Nuevo Testamento.

    Lee el Nuevo Testamento Queda deslumbrado. Encuentra a Jesús con inmenso fervor. Se entrega a Él con toda su alma y, de regreso al frente al que está obligado regresar, se propone naturalmente conformar su vida con el Encuentro que acaba de hacer con Cristo. Y en particular toma la decisión – en cuanto su grado se lo permita – de proteger a los civiles contra las brutalidades que podrían alcanzarlos, y en particular de proteger el honor de las mujeres.

    El ejército en que está enrolado, pasa muy rápido de Rusia a Polonia, de Polonia a Alemania. Son los últimos días de la guerra. Los alemanes combaten furiosamente aunque saben que la partida está perdida, y, en el sector, la suerte de los hombres sigue incierta. Ahora tienen la ventaja los rusos, ahora los alemanes. Una mañana en que precisamente los rusos llevaban la ventaja, Koriakoff tuvo ocasión de salvar a dos jóvenes alemanas que iban a ser violadas.

     

    La suerte de las armas cambió a favor de los alemanes en el curso del mismo día y Koriakoff cayó prisionero junto con su compañía. Fue recibido en el campo alemán por un capitán, oficial que tenía entonces el mismo grado que él, acompañado de un coronel alemán. El capitán alemán da a Koriakoff una bofetada monumental que le hizo caer los lentes, diciendo: “¡Usted es una de esas bestias soviéticas que ultrajan a las mujeres alemanas!”

    Al mismo momento apareció una campesina alemana que señala a Koriakoff diciendo: “Ese hombre salvó esta mañana a mis dos hijas”. El desmentido es flagrante, formal, inmediato. Al oírlo, el coronel alemán que no se había movido ante el ultraje infligido al oficial soviético, se inclina, recoge los lentes de Koriakoff y se los devuelve respetuosamente.

    Es un acontecimiento que me parece colosal porque, en ese gesto infinitesimal está el nacimiento del hombre. En el fondo, es claro que el coronel alemán no habría pensado un segundo antes que sería capaz, siendo alemán, de inclinarse delante de un eslavo, para él un subproducto de humanidad, ante un capitán, siendo él coronel, ante un cautivo, siendo él su vencedor, al menos por el momento.

    Entonces, si hizo ese gesto, fue que los muros de separación se derrumbaron, fue que de repente se sintió solidario de ese hombre, reconoció en él al hombre, - al Hombre con mayúscula –, reconoció en él una dignidad, un valor común, un valor idéntico al que tenía en sí mismo, un valor que debía proteger en el otro como en sí mismo, un valor respecto del cual debía hacer ese gesto de reparación porque, justamente, el valor del otro y era el mismo que el suyo propio. Es imposible no ver en efecto que ese pequeño acontecimiento nos hace asistir al nacimiento del hombre y al nacimiento de Dios.

    Otra experiencia – me doy prisa porque el reloj avanza – otra experiencia que ustedes conocen bien y que va en el mismo sentido, una experiencia admirable, una experiencia expresada en el lenguaje más perfecto, más profundo, más sencillo, más universal, más humano, es la de San Agustín.

    San Agustín, ustedes lo sitúan: ven ese gran profesor, ven ese temperamento africano, ardiente, sensual. Ven ese hombre que devora libros, que ha leído todo, que es platónico después de haber sido maniqueo. Ven ese hombre que ha leído todos los libros. Ven ese hombre que busca la verdad, peroque es incapaz de dominar su sensualidad a pesar de la cercanía de su madre, a pesar de sus oraciones, a pesar de frecuentar al Obispo Ambrosio – y que, de repente se convierte, hace el encuentro esencial y nos dice bajo qué aspecto se realiza el encuentro.

    Ustedes conocen esos versículos admirables, los saben de memoria: “Tarde te amé, Belleza tan antigua y tan nueva. Tarde te amé, y sin embargo Tú estabas dentro de mí: era yo el que estaba afuera y te buscaba corriendo tras las bellezas que Tú hiciste. Tú estabas conmigo. Pero yo no estaba contigo”. Estas palabras de Agustín resumen el itinerario que nos trazan las parábolas que acabo de recitar, estas palabras de Agustín nos hacen sensible el descubrimiento de Dios como Vida de nuestra vida.

    Porque Agustín toma precisamente conciencia y expresa magníficamente que el encuentro con Dios es el encuentro consigo mismo, el primer encuentro consigo mismo, y de que justamente ahí él había sido extranjero para sí mismo, que nunca se había encontrado, que jamás había podido entrar en su alma porque no se entra en el alma como en un molino.

    En la tragedia de Lady Macbeth, Shakespeare nos muestra esa mujer que es la ambición hecha mujer, que quiso ser reina y llegar a la cumbre del poder, empujando a su marido a asesinar al rey y a todos los que podían impedir su ascensión al trono, vemos esa mujer cuando finalmente sus crímenes se hicieron patentes y públicos – pues no se puede esconder una serie de crímenes, siempre algo se filtra – cuando ella descubre que ya nadie cree en su realeza, la realeza que debía ponerla en las nubes, hacer de ella la primera dama de Escocia, cuando se da cuenta de que los cortesanos ya no creen, que ya no encuentra sino desprecio y deseo de venganza en sus miradas, ¡ella también deja de creer!

    Se desinfla y ¿qué puede hacer? Todo el mundo exterior, sobre el cual quiso construir su vida se le escapa, el mundo interior le es totalmente desconocido, no puede apoyarse en el mundo exterior que la abandona, no puede huir hacia el mundo interior en el cual no ha penetrado jamás, entonces, suspendida entre dos mundos que le son igualmente inaccesibles, ¡se vuelve loca y se mata!

    ¡Shakespeare expresó magníficamente la imposibilidad para el hombre de ir hasta sí mismo! La distancia de nosotros a nosotros mismos es infinita, y es imposible franquearla sino encontrando a Dios, lo que San Agustín llama la Belleza siempre antigua y siempre nueva.

    Y justamente, el descubrimiento de San Agustín es que hasta ahora estaba afuera, extanjero a sí mismo, y que ahora estaba adentro, y había descubierto su alma, descubriéndose a sí mismo, pero como mirada hacia esa Presencia adorable que llamará más tarde "Vita vitarum”, la vida de nuestra vida. Descubre a Dios como Vida de su vida, descubre a Dios como más íntimo que lo más íntimo de sí mismo – y escribe esas palabras ardientes: “¡Viva estará mi vida en adelante, toda llena de Ti!” “¡Viva estará mi vida en adelante, toda llena de Ti!”.

    A través de estas parábolas, a través de estas evocaciones, a través de los versos de San Agustín, es extremamente importante notar, tomar conciencia de que el encuentro del hombre consigo mismo y el encuentro del hombre con Dios es el mismo encuentro. Tiene lugar en el mismo momento, tiene la misma importancia, la misma profundidad. Estamos tan lejos de nosotros mismos como de Dios, y tan cerca de nosotros mismos como de Dios, según la etapa en que nos encontremos, pero cuando nos encontramos, es que hemos cambiado de yo : ya no es un yo que sufrimos, no es ya un yo posesivo, no es ya un yo que es prisión, ya no es un yo que es atolladero, no es ya un yo que invita a todos los deseos, no es un yo que se hace centro del universo, que quiere apoderarse de todo, es en adelante un yo que no es sino ofrenda, es un yo oblativo en que la libertad se ha hecho liberación, liberación de sí mismo frente a un Dios que se revela en lo más íntimo de nosotros como el Amor, el Amor que estaba esperando, el Amor que se ofrecía, el Amor que se proponía sin imponerse nunca.

    Y justamente es esencial para nosotros en este itinerario, esencial frente a la crisis actual, que, siendo idénticos el encuentro consigo mismo y el encuentro con Dios, en la experiencia que Agustín expresa de manera tan perfecta, Dios no aparece como un dueño que limita, un dueño que opone, un dueño que ordena, un dueño que amenaza, un dueño que castiga, un dueño que es frontera, un dueño del que dependemos y hacia el cual tenemos que reconocer nuestra dependencia, en la experiencia de Agustín, como en las que evocaba yo a través de las parábolas, Dios aparece como Aquél en quien el hombre encuentra por fin su libertad.

    Es imposible saber lo que significa la libertad si no hemos comprendido, quiero decir si no hemos experimentado que la libertad es la liberación de sí mismo. No se trata de hacer lo que uno quiera y de entregarse a todas las fantasías, la libertad no tiene sentido si no es liberación de sí mismo.

    Y ¿cómo liberarse de sí mismo? ¿Qué puedo hacer yo de este ser que no escogí, que no creé yo mismo? Porque vine al mundo sin decidirlo y todo lo que soy es prefabricado. ¡En mí no hay nada de mí! ¿Cómo puedo yo no sufrir mi vida puesto que no soy su fuente? Sólo hay un medio, darla. Si la doy, si la cojo toda entera para hacer una ofrenda de amor, soy libre frente a mi existencia, circulo en ella como en un espacio de luz porque justamente he cortado toda adhesión al espíritu de posesión.

    ¿Y cómo dar mi vida? ¿Y a quién? ¡No puedo darla a los demás que son como yo, cautivos de su yo posesivo! Sólo puedo darlo a un amor que es libre de sí mismo, que es el Amor Infinito, que es más íntimo a mí mismo que lo más íntimo mío y que Agustín encuentra como la Belleza siempre antigua y siempre nueva, que está adentro cuando él estaba afuera.

    Hay pues un punto de unión, una experiencia radical que podemos hacer a cada instante de la Presencia Divina que es también la presencia a nosotros mismos, es la misma. No siendo el hombre de sí mismo sino a través de Dios, Dios es el único camino hacia nosotros mismos. Dios es la Vida de nuestra vida y “viva, como dice Agustín, viva será mi vida en adelante toda llena de Ti”.

    Continuará



    [1] St. Augustin, “Confessions”, X xxviii, 39.

  • 22 09 2008. Tomar la medida del hombre.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;}

     1ª parte de la 1ª conferencia de retiro por M. Zundel a los trapistas de la abadía del Mont des Cats en diciembre de 1971.

     

    Zundel comienza el retiro contando una serie de « parábolas » ya oídas, y nunca contadas exactamente del mismo modo. Nos da más lejos la razón de por qué las cuenta.

    “Es extremamente importante a través de estas parábolas, a través de estas evocaciones, a través de los versos de Agustín, es extremamente importante observar, tomar conciencia de que el encuentro del hombre consigo mismo y el encuentro del hombre con Dios es el mismo encuentro. Se hace en el mismo momento, tiene la misma importancia, la misma profundidad. Estamos tan lejos de nosotros como de Dios, tan cercanos de nosotros como de Dios, según la etapa en que nos encontramos, pero cuando nos encontramos, hemos cambiado de yo, ¡ya no es un yo que sufrimos, ya no es un yo posesivo, ya no es un yo que es prisión, ya no es un yo atolladero, ya no es un yo invitación de todos los deseos, ya no es un yo centro del universo, que quiere hacerse dueño de todo! ¡Es un yo que es solo ofrenda, un yo oblativo en que la libertad se ha hecho liberación!

     

    Comienzo de la conferencia.

     

    “Un autor austriaco llamado Peter Rosegger, que es un poco el Alfonso Daudet de la lengua alemana, escribió cuentos encantadores en que cuenta su infancia (en “en la época de mi juventud”, 1895), una infancia muy extraordinaria que se sitúa en Estiria, la provincia oriental de Austria, alrededor de 1800. Vivía en esa región en que nadie sabía leer ni escribir excepto el cura y él, él que era entonces aprendiz de sastre y que no imaginaba que iba s ser un día escritor notable. En ese país en que todos se amaban, en que jamás había diferendos, jamás oposiciones ni hostilidad, la fraternidad era tan grande que cuando alguien le debía a otro y no tenía con qué pagar, el acreedor le enviaba simplemente sus hijos en pensión y cuando conseguía con qué pagar, devolvía los niños del acreedor con el dinero.

    El pequeño Rosegger mismo tenía un papel considerable que jugar ya que, no queriendo molestar al cura, la gente iba a él para escribir las cartas que salían del pueblito y para leer las que llegaban.

    Además, el cura lo había encargado, dándole un libro enorme escrito por el P. Mateo Coshem de la Orden de los Capuchinos, le había confiado la misión al pequeño Rosegger, de ir a hacerles la lectura a los enfermos. Y el P. Mateo Coshem tenía el sentido de la justicia y naturalmente podía presentar el infierno con los colores más aterradores, y el pequeño Rosegger, cuando se daba cuenta de que el enfermo estaba lleno de terror, quitaba algunas brasas del infierno y sacaba de su cabeza un texto más suave. Era por otra parte muy devoto, muy penetrado del sentido de Dios, como ustedes van a verlo.

    Y había en el pueblito un hombre extremamente pobre, y que a partir de nada había construido una casita. En su cuarentena, tenía la casa más hermosa de la aldea y todo el mundo se había alegrado porque no la debía sino a su valentía y a su trabajo. Y toda la aldea había celebrado la inauguración de la casa que habían decorado con pinos y guirnaldas.

    Pero en la noche que siguió la inauguración, estalló en la región una tormenta formidable y cayó un rayo precisamente sobre la casa y la redujo a cenizas. Toda la aldea consternada acudió a lugar del siniestro, el pequeño Rosegger lo mismo que los demás, acompañando a su padre que murmuraba entre los dientes: “¡Yo no menciono a nadie, pero eso da asco!” Evidentemente se rebelaba contra una providencia que le parecía injusta pues golpeaba a un hombre que iba a quedar privado de todo recurso, de todo recurso pues en la época no existían seguros, como tampoco bombas contra incendio, y que por lo mismo, todo el fruto de su trabajo quedaba reducido a nada.

    El pequeño Rosegger le dio citas del Mateo Coschem, pero en vano porque su padre no dejó de murmurar hasta que llegaron juntos al lugar del siniestro. Y toda la aldea se había reunido, muda de estupor delante la extensión de la catástrofe. El constructor de la casa estaba sentado sobre troncos de árbol, la cabeza entre las manos. Y el pequeño Rosegger, que era ya poeta sin saberlo, trataba de entrar en el drama del hombre que había perdido todo. Trataba de imaginar el rencor, la ira de ese hombre, esperaba a todo momento verlo levantarse en medo de la multitud que lo rodeaba y blasfemar ante el cielo por la suerte injusta que acababa de golpearlo.

    El tiempo pasaba, el tiempo pasaba. A medida que el tiempo pasaba, el drama del niñito se hacía más trágico, y de repente, el hombre herido en todos sus bienes, el hombre que acababa de perder su casa, se levantó. El niño lo siguió con su mirada, el corazón latiendo. El hombre se acercó a los últimos tizones de la casa, encendió su pipa y se fue a fumarla sobre sus roncos de árbol.

    Entonces el pequeño Rosegger tuvo la revelación de la grandeza del hombre. Tuvo la revelación pascaliana de la grandeza del hombre. He ahí lo que es el hombre! es más grande que el rayo, más grande que los acontecimientos, más grande que las catástrofes: “Aunque el mundo lo aplastara, como dice Pascal, él es más grande que el mundo porque sabe que el mundo lo aplasta y el mundo no lo sabe”.

    Me parece extremamente importante, y por eso recito esta parábola, me parece extremamente importante tomar la medida del hombre. El pequeño Rosegger, sin palabras, sin explicación, sin filosofía, a través de un ejemplo vivido, a través de una grandeza auténtica, a través del coraje heroico de un hombre que perdió todo y encendió su pipa con un tizón humeante de su casa destruida, el pequeño Rosegger tuvo la revelación de la grandeza del hombre.

    En efecto, si no creemos en el hombre es imposible creer en Dios, porque si el hombre no es más que un insecto, si no tiene dimensión infinita, si no es más que entrañas y vísceras, si el hombre es fruto del azar, como dice Jacques Monod, si su vida no tiene sentido, entonces no hay problema porque el hombre no existe. Importa pues tomar la medida del hombre.

    Y aquí tenemos otra parábola, de Selma Lagerloff, escritora sueca, genial y transparente. La montaña domina un pueblo que es capital de distrito. La huerta es una montaña. La montaña domina el pueblo, capital del distrito. En  la huerta vive una pareja de jornaleros, un hombre y una mujer extremamente pobres y de gran dignidad, que no alcanzan a terminar su mes, que no tienen sino un tesoro, su hija llamada Elga. La hija está asociada a la miseria de los papás. Con ellos lucha contra la corriente. Y llega a la adolescencia, y como la miseria no deja de crecer, sus padres deben pensar en ponerla a trabajar. En la región sólo hay una posibilidad si ella quiere ganar su vida o contribuir al presupuesto de la pareja: tiene que hacerse empleada doméstica.

    Los padres son conscientes del peligro que corre la joven y quieren asegurarse de que va a caer en buenas manos. Toman informaciones y llegan a saber finalmente que en el pueblo hay una pareja en que la mujer acaba de sufrir apoplejía y está desde entonces medio paralítica, no puede ocuparse de su hogar, y esa mujer necesita ayuda. Se informan y llegan a saber que la pareja tiene fama de ser muy honorable, que el marido es un pilar del templo, un gran lector de la Biblia, que su reputación es perfectamente honorable y por lo mismo ofrece todas las garantías para que los papás le puedan confiar a su hija.

    La muchacha está en pleno crecimiento, en pleno desarrollo, ella no lo sabe, no se ha mirado en un espejo, y además, en su casa no hay espejos. Ignora todo acerca de la vida y de la sexualidad. Es fresca y pura como el agua del glaciar. Entra pues al servicio de la pareja y el hombre no tarda a darse cuenta de la belleza de la joven. Se apasiona por ella y quiere poseerla. Comprende por otra parte que es una empresa difícil, que hay que domesticarla, darle confianza. La rodea de mil cuidados, le hace creer que lo motiva solamente un afecto paternal y cuando siente que la confianza de la joven es total, le afirma que todas las muchachas de su edad se dan a un hombre, que eso completa su educación y que es la cosa más inocente del mundo.

    La joven que no sabe nada, que ha depositado en él toda su confianza, se deja convencer, se entrega a él y habría sido la felicidad completa para el hombre si al cabo de una semanas la muchacha no hubiera quedado encinta. Delante de esta situación no hay evidentemente sino una posibilidad, o mejor, dos posibilidades: asumir la paternidad del hijo, y eso significa arruinar su matrimonio y desacreditarse delante de la comunidad y del distrito, o simular que la muchacha se entregó a otro, que era una sinvergüenza hasta la médula de los huesos, y echarla a la calle haciendo pesar sobre ella todo el descrédito público. Naturalmente, escogió la segunda solución: la echó, y en la región inmediatamente todo el mundo la señalaba con el dedo y la designaba como una completa sinvergüenza. En tal situación, evidentemente, no puede encontrar trabajo en ninguna parte y regresa a casa de sus padres, que consternados deben acogerla ya que es su hija. Y cuando nace el hijo es la catástrofe, puesto que habrá en adelante que alimentar cuatro bocas y no solamente tres.

    La situación se agrava tanto que la vida del niño está en peligro. ¿Qué hacer en tal situación? Sólo hay una solución para la jovencita, y es reclamar discretamente, por vía judicial, la pensión que el padre le debe al niño. Es lo que ella emprende, con el corazón destrozado además, pero sin rencor alguno y sin ningún resentimiento, presionada solamente por la necesidad de defender la vida de su hijo.

    En una región tan pequeña, evidentemente, no tarda en conocerse tal decisión, y se desencadena la furia contra la mujer que no solamente es una corrompida hasta la médula de los huesos sino que pone en peligro la reputación mejor fundada de los hombres más honorables.

    Toda la región se promete una venganza cuando termine el proceso y que el juicio lleve a confusión a esa chantajista. Y esperan en efecto el acontecimiento que llena las crónicas. Y a pesar de la lentitud de los procedimientos, llega finalmente el día. Elga desciende de su montaña para afrontar lo que nunca había hecho en su vida, afrontar un tribunal. En camino encuentra un joven campesino que iba también a la audiencia, como todo el mundo. El no la conoce ni ella tampoco. Viendo en camino a la joven, la hace subir a su carreta, sin saber quién es ella, y finalmente, adivinando que es ella, y adivinando ella que el adivina, se baja de la carreta para no incomodarlo y llega sola al tribunal donde encuentra una audiencia o mejor una sala llena hasta desbordar, donde la fusila con miradas de desprecio toda la población que espera la apertura de la audiencia.

    Aparece el juez. Es el amigo del burgués. Le presenta excusas por tener que untarse en este asunto, naturalmente protestando que está absolutamente seguro que él es inocente como un recién nacido. Y comienza la audiencia. El juez explica. Durante ese tiempo, Elga es incapaz de pensar en nada, está totalmente pasiva, en espera de los acontecimientos que se van a desarrollar. Comienza a escuchar cuando el juez dirigiéndose al burgués le dice: “Conforme a la ley sueca, nada es más sencillo: usted tiene sólo que jurar sobre la Biblia que no tuvo ninguna relación íntima con ella”.

    Elga revive entonces toda la situación, revive la seducción, revive el éxtasis del hombre cuando su sensualidad queda satisfecha, revive la echada de la casa, la vergüenza pública de que la culpó, el abandono al que está reducido el hijo y le parece imposible que jure en falso. Perjurar significaría que se condena inmediatamente al infierno. Es imposible que cometa semejante crimen y que se pierda hasta ese punto, hay que impedirle a todo precio perderse, eso no puede suceder y no sucederá.

    La Biblia está bajo una montaña de papeles, el secretario la exhibe, la coloca entre el juez y la joven. El juez hojea su código civil para saber cuál es la fórmula ritual que debe decir y que el burgués deberá repetir después de él. Todo está listo. El burgués no tiene sino una solución, hacerse perjuro.

    Tiende la mano. Entonces Elga se arroja sobre la Biblia, la arranca de delante del juez, la aprieta con todas sus fuerzas contra el pecho. Toda la sala tiembla de indignación: “¡Esa mujer está completamente loca, es incapaz de controlarse inclusive ante un tribunal!” Furioso, el juez la fulmina con la mirada. El secretario se precipita para proteger la Biblia pero ella la defiende con tal fuerza que, a menos de utilizar la violencia, es imposible quitársela.

    A medida que dura el combate, se despierta en el juez una inquietud: ¿Sería que su amigo es un criminal? ¿Sería él quien condenó esta mujer a la deshonra, que la abandonó como un cobarde y que pretende triunfar hoy sobre ella delante todo el distrito? Entonces el juez la interroga con la mirada y la joven responde: “¡No quiero que sea perjuro! ¡No quiero que sea perjuro!” Esas palabras que salen naturalmente del fondo de ella misma, esas palabras tienen sello de autenticidad y producen en la mente del juez una convicción irresistible. Comprende la grandeza de esa mujer que quiere preservar del perjurio al hombre al que se había decidido.

    Entonces le dice: “Y entonces” – “Entonces, responde ella, retiro mi queja. Retiro mi queja”. El juez suspira de desahogo y se vuelve hacia el burgués: “Creo que es mejor para usted”. Y baja de su estrado, aprieta la mano de la joven mujer con la mayor emoción y cuando Elga sale del tribunal, creyendo haber cometido un error que la va a llevar a la cárcel, toa la sala se levanta en un temblor silencioso de admiración. Porque acaban de ver surgir un Himalaya.

    “¡Ah! ¡Eso es el hombre! ¡Eso es la humanidad! ¡Es capaz de tanta grandeza!” Y todos se inclinan ante esa grandeza que acaba de revelares ante ellos, y el campesino que la había dejado la sigue, o mejor, marcha detrás de ella, y al salir del tribunal le pide que le dé el honor de dejarlo acompañarla a casa.

    Un Himalaya acaba de surgir.”

    (Continuará)

  • 21 09 2008. El misterio de la Iglesia.

      Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;}

    Fin de las notas de las conferencias de Val San Francisco en agosto de 1933.

     

    La Iglesia es Jesús y no tal o cual gobierno eclesiástico.

    ¿No escuchó San Pablo estas palabras: “Yo soy Jesús a quien tú persigues” cuando estaba persiguiendo la Iglesia?

    Encontrar la Iglesia sólo puede significar encontrar Jesús. En el sentido más amplio, la Iglesia es un Cuerpo Místico que comprende todas las almas de la Iglesia sufriente, del purgatorio, y todas las de la tierra, capaces de la vida de Jesús.

    En relación con la Iglesia, Cuerpo Místico, la Iglesia católica es como el sacramento, como la punta de la nave.

    Todas las almas bautizadas por el bautismo de sinceridad están en estado de gracia y forman parte del Cuerpo Místico. Sin embargo, todo el que tiene la posibilidad de conocer la Iglesia católica debe hacerlo. Así es como se debe entender la palabra: “Fuera de la Iglesia no hay salvación”. Los que forman parte de ella no pueden salir de ella sin poner en peligro su salvación.

    Cuando el sacerdote deja de darnos a Cristo ya no es nada para nosotros. Cada vez que encontramos el mal en los representantes de la Iglesia, ya no se trata de la Iglesia. ¡No fue como apóstol que Judas traicionó a Jesús!

    Al Papa no podemos verlo, sólo podemos creer en él. Así en lo que respecta al sacerdote, sólo podemos creer.

    No se puede hablar de los crímenes de la Iglesia: la Iglesia es santa, ya que es Cristo.

    La ordenación sacerdotal expropia por decirlo así al sacerdote y lo introduce en Cristo, y puede decir: “Esto es mi Cuerpo, esta es mi Sangre”.

    Mientras más autoridad tiene uno en la Iglesia, más se eclipsa hasta no ser más que signo, sacramento. Es necesario que Él crezca y que yo disminuya.

    En el sacerdote, cada vez que busquen a Cristo se Lo dará y Lo encontrarán mediante la fe, y cada vez que busquen el hombre, encontrarán también, por desgracia, al hombre con todas sus miserias. Sólo tratan con la Iglesia cuando tratan con Cristo.

    Cristo quiso instituir una religión social. Esa es la razón de los ritos y de la jerarquía en la autoridad. Nuestra religión es la religión de nuestro Padre y no de mi Padre.

    Es una comunión en que cada uno debe ir en búsqueda de sus hermanos para llevarlos a la fe, a la alegría. Todos los cristianos son sacerdotes (no con la misma función del sacerdote ordenado) puesto que viven de Jesús, son sacerdotes con Jesús.

    Ustedes son la Iglesia. ¡Oh, misterio de la Iglesia! Ustedes tienen todo el peso de las almas por salvar, tanto como el Pa      pa, y hasta el último suspiro de su vida.

    Revivan el misterio de Jesús para hacerlo vivir en los demás. ¿Qué sentido tiene entonces su vida, o mejor la Suya en ustedes? Jesús los espera, les suplica que abran el corazón para dejar pasar la corriente de luz divina para salvar el mundo.

    Su misión es llevar en el corazón el misterio de Jesús, el misterio de la Iglesia, para hacer que Jesús nazca en las almas.

    Que Jesús nos tome, puesto que no sabemos darnos, que nos abrace y entonces podremos decir: “¡No vivo yo, es Cristo el que vive en mí!”

     

    Fin de las notas tomadas durante el retiro de Val San Francisco en agosto de 1933.

     

     

  • 20 09 08. Nada hay más cercano al sacerdocio que el matrimonio. Todos estamos llamados a la paternidad y la maternidad espiritual.

      Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;}

    Notas no revisadas por Zundel, demasiado elípticas, sobre el matrimonio.

     

    “El amor es el peso que me arrastra”, dice San Agustín. Si el amor está en su lugar, toda la vida está en su lugar, si no, todo está desviado.

    El hombre y la mujer son dos seres complementarios y cada vez que se encuentran hay atracción, amor, en el sentido más amplio (sin que su fin sea el matrimonio), simpatía, amor, que pueden ser muy profundos y puros.

    La fase crítica del amor es el llamado del hijo que busca su padre, que busca su madre (1). El misterio de la vida es un misterio de grandeza, de ternura y confianza de parte de Dios.

    Mientras más elevada es una función, más grande será la alegría, el gozo que la acompañan. El placer es divino, si la vida es divina, todas estas cosas deben ser vistas con inmenso respeto y el amor no debe jamás ser objeto de risa.

    La impureza consiste en tomar para nosotros la parte del hijo (= tomar, de manera egoísta, lo que corresponde al hijo).

    No nos avergoncemos del cuerpo, lo creó Dios, y todas sus partes son puras. El acto sexual mismo es perfectamente puro, lo que es impuro es transformarlo de manera sacrílega.

    San Agustín quiere que amemos el cuerpo con amor de caridad, de veneración. Hay que vestirlo como una iglesia, hacerlo transparente como una catedral, mirarlo como una hostia. Es el templo de la Santísima Trinidad. ¡Amor! ¡Vida! ¡Luz! ¡Qué ascensión maravillosa!

    Virginidad en el matrimonio.

    Matrimonio = sacramento = participación en la muerte redentora de Jesús. Matrimonio, sacramento de la Iglesia, es decir signo que representa y que engendra la Iglesia.

    Nada es más cercano al sacerdocio que el matrimonio, por tanto nada exige más las virtudes del sacerdocio. Se trata de concebir y engendrar espiritualmente los hijos del Espíritu, - los hijos de Dios.

    La virginidad espiritual, es evidente: no olvidar que el matrimonio de María y José es un verdadero matrimonio.

    La idea que nos hagamos de la vida es la que nos hacemos del amor.

    Que su corazón no sea seco. Hay que amar, hay algo divino en el amor, y lo divino del amor es Dios mismo, en Persona. Pero ya no hay verdadero amor cuando hemos perdido a Dios, porque sólo puede ser divino por la presencia del Infinito. Cuando cesa esta visión, el amor se vuelve contra la vida. Por desgracia, el hombre llegó al punto de locura al hacer el acto creador rehusando la creación. ¡Entonces los esposos se quedan solos!

    Es por la maternidad como la mujer realiza la circumincesión que la hace devenir un solo ser con su marido. El amor no puede conservarse si no se realiza en espíritu y en verdad. Debe ser un sacramento que representa el amor de Dios y lo transmite. Las palabras de San Pablo sobre el tema son admirables: “¡Maridos, amad vuestras mujeres como Cristo amó la Iglesia! Mujeres, amad y someteos a vuestros maridos…” (Epístola de la Misa de Matrimonio).

    Así yo ya no soy yo, ¡eres tú quien eres yo! Don infinito. El amor es una locura divina. Si es eso, es santo y santificador, es la cumbre de la santidad.

    Para que sea posible, es necesario llevar el misterio del amor con respeto. Diría más: de rodillas. Es necesario que el hombre encuentre a la mujer siempre superior a él en el orden del espíritu, de la pureza, de la santidad. Tiene que sentirse de rodillas ante ella, y por ella, delante de Dios.

    El amor es un sacerdocio y el matrimonio, una ordenación que despoja de sí mismos a dos seres. Dios y nosotros, don infinito de donde procede el hijo que es como un resurgimiento del misterio de Jesús y la imagen analógica de la Santísima Trinidad.

    Estado de santidad. Sólo hay sacrilegio cuando se trata de algo santo. Estado de virginidad también, porque no la perdemos dando la vida: la confirmamos, no la perdemos sino profanándola.

    Pidamos la gracia de respetar los cuerpos, no hay que avergonzarse de ellos, ni despreciarlos, debemos amarlos y poseerlos espiritualmente, así ya no hay concupiscencia.

    El acto creador es un consentimiento, un sacrificio de uno al otro, ya no es un acto carnal, sino el acto de vida eterna, transfigurado en la luz de Dios.

    No hay que llamar amor lo que es pecado, acto vacío y fraudulento.

    Toda la nobleza de la mujer le viene de la Santísima Virgen. Digamos con inmenso reconocimiento estas palabras: “Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús”.

    Todos no estamos llamados al matrimonio, pero todos estamos llamados a la paternidad y maternidad espiritual que a todos es dada. Piénsenlo a la luz de la Virgen Madre, acojan en su corazón todas las almas que no tienen madre. Maternidad divina para hacer nacer Jesús en todas las almas.

    El amor es el don de sí mismo, hasta morir a sí mismo.

    La pureza es la expresión suprema de la caridad para con el cuerpo. Ser puro es dar el espíritu al cuerpo para que se haga capaz de dar  más y de obrar mejor. Hagamos del cuerpo un sacramento de la Presencia de Dios.

    El desapego cristiano es un inmenso amor. No nos desapegamos de nosotros. El cuerpo lleva la huella de la Sabiduría divina: puede hacerse luz, hay que inmortalizarlo.

     

    (1) Zundel parece ver entonces el llamado del hijo en y hacia el padre y la madre aún antes de ser concebido en ellos. ¿No nos ve San Pablo elegidos, y por lo mismo, existiendo, desde ante de la creación?

     

  • 19 09 2008. ¡Que Jesús nos transforme en Él y haga de nosotros un pan vivo!

      Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;}

    Retiro de Val San Francisco, en agosto de 1933. Eucaristía y Misa. Notas muy breves.

     

    “El misterio de Jesús es un problema infinitamente delicado. Querer establecerlo únicamente desde el punto de vista histórico sería insuficiente. Se lo debe establecer desde el punto de vista religioso.

    Los milagros no tienen ningún valor si no están al servicio del Espíritu y vemos que en el Evangelio todos tienen ese fin.

    Lean los admirables episodios de la mujer adúltera y de la samaritana que están llenos de delicadeza y de misericordia. Sólo Jesús puede hablar así.

    Cuando San Pedro dice: “¡Tu eres Cristo, el Hijo de Dios Vivo!” Jesús le dice: “No son la carne y la sangre los que te lo han revelado, sino mi Padre que está en los cielos” ¡que nos seduzcan estas palabras!

    Jesús es el instrumento libre y dócil de Dios, en Él se nos hizo el don de Dios, Su Humanidad es como un sacramento que da a Dios. “Yo soy el Camino”. La hostia conduce a la Verdad.

    Será por medio del Corazón de Cristo como deberemos darnos a Dios. Dándonos a Jesús nos damos al Amor.

    Lean el Evangelio cada día, si posible a la luz del silencio de Jesús en el Santo Sacramento. Pidámosle el agua viva.

     

    No debemos asistir a la Santa Misa sino vivirla, entrar en el misterio de Jesús.

    En el Santísimo Sacramento, Jesús no puede ser captado sino por la fe. Como el pensamiento no puede ser cogido con las manos, tampoco podemos recibir materialmente la persona de Jesús. La santa hostia nos pone en relación inmediata con Él, algo así como la radio nos hace presente la voz del locutor, y la manducación física es el signo de una manducación espiritual. Todo es Espíritu y Vida.

    El misterio de la Santa Misa es un misterio de agonía, pero también de Resurrección. ¡Oh, que Jesús los transforme en Sí mismo y haga de ustedes un pan vivo, y podrán decir con Él la consagración: “Este es mi cuerpo, esta es mi sangre”!

    El Señor esté con ustedes. El Señor está con ustedes. Jesús puede pedirnos todo, ya que Él es el Don infinito.

     

  • 18 09 2008. Notas preciosas sobre el misterio de la Trinidad y lo que implica respecto del misterio de la creación.

     

    Retiro del Val San Francisco, agosto de 1933. Notas sobre la Trinidad.

     

    “El amor es la identificación de una persona con otra, al mismo tiempo que la distinción de las personas. Así en la Trinidad Santa hay distinción de personas e Identidad total de una misma Vida.

    Altruismo y circumincesión:

    Al alma que se pregunta cómo el Amor de Dios puede ejercerse en relación con Dios y retrocede ante la idea de un egocentrismo infinito, la fe responde: la toma de conciencia personal en Dios es altruismo, impulso hacia el otro. El yo es todo efusión, don total, y la Persona es el don mismo, el impulso como un pájaro que sería sólo vuelo.

    El Padre toma conciencia de Sí engendrando al Hijo, y es ese engendramiento mismo. Es sólo paternidad, mirada viva hacia el Otro, éxtasis subsistente hacia el Hijo que es total impulso hacia Él. Siendo extático el conocimiento, el amor lo es también.

    Para el Padre y el Hijo, amar (la Deidad), es comunicar en un éxtasis supremo cuyo término es el Espíritu Santo, beso vivo en que se encarna el Amor del Padre y del Hijo, no pudiendo el Espíritu quererse sino como lazo subsistente entre el Padre y el Hijo.

    Es decir que el yo en Dios, en vez de separar, une, y que sólo es eso: relación, referencia, impulso, altruismo. Y siendo el yo puro don, la intimidad de los Tres es absoluta y se expresa por la palabra circumincesión, habitación de una en la otra, fusión hasta la identidad total, abrazo absoluto en que los términos que distinguen son los agentes mismos, los ejes de la coincidencia. Así se encuentra realizada, una vez en su plenitud, la exigencia del amor.

    Ser varios en uno. El Amor, en efecto, a menos de ser egocéntrico, supone al menos dos términos (el Amor es altruista, tiende hacia el otro) y busca su identificación. Aquí abajo, el amor no lo logra jamás completamente. En Dios, es la Trinidad en un presente eterno en que el intercambio es siempre actual. Sólo allá realizaremos plenamente nuestro amor un día.

    “Que sean uno en Ti, Padre, como Tú y yo somos Uno”. Pasando por el Corazón de Dios, entrando en la circumincesión de las Personas Divinas, realizaremos la circumincesión de las almas, la indispensable habitación de la una en la otra.

    Todos los desgarres del amor sólo buscan la completa desapropiación del yo que impide la total circumincesión.

    Entonces se produce la resurrección en la visión de la fe y el retorno de los seres amados en la unidad de un solo ser. Eso es lo que se puede decir del Inefable. Dios no ama, ES el Amor.

    Dios es SÍ, jamás no, en Él no hay rechazo. La creación es como el surgimiento de Su Amor, y la vocación esencial de toda criatura es volver al Creador por vía de amor.

    El Amor de Dios no es concebible como un egocentrismo que sería inadmisible, sino como efusión total.

    El misterio de la gracia es el enraizamiento de la Santa Trinidad en nosotros.

    La circumincesión de las Personas divinas encuentra su expresión en la circumincesión de las almas que es la comunión de los Santos. Las almas no tienen sino una sola vida en Jesús, la eternidad es su lazo, y nosotros podemos llegar a la identificación total del amor a través del misterio de la Santa Trinidad.

    La Creación es no solamente creada sino creadora. Mientras más se acerca uno de Dios, más capaz es de hacer nacer a Dios en el corazón de la creación.      

    La vocación del alma cristiana es ser madre de Dios.

    Nuestro Señor dijo: “¿Quién es mi padre, mi madre, mis hermanos?”

    ¡Qué interés apasionado tiene la vida! Con una mirada, un apretón de manos, Dios puede crecer en un alma. Debemos imprimir en cada alma la impronta de Cristo Jesús.

    La vida es un sacramento. Todo lo que hacemos, es Dios quien lo hace en nosotros, eso es la vida católica: abrazar el universo entero para hacerlo subir al Corazón de Dios.

    Miren cómo los está esperando el universo, cada criatura puede recibir de ustedes la presencia de Dios. ¡Ni un latido del corazón les pertenece, y toda alma que se eleva, eleva el mundo!

     

  • 17 09 2008. La oración es dejarse agarrar por Dios.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;}

    Retiro de Val San Francisco, en agosto de 1933. Breves notas sobre la oración. (Podemos tomar al mismo tiempo el texto del 07/06/08.

     

    La oración consiste en dejarse agarrar por Dios.

    Ella no le informa sobre nuestras necesidades. Es un acto espiritual que nos acerca a Dios.

    Él nos trata como hijos que le abren el corazón.

    La oración es una diligencia de amor y nos hace ver siempre el Rostro de Amor de Dios. La oración inmaterializa.    

    Para orar no es necesario decir nada, la oración es toda la vida. Los padrenuestros, las avemarías, las fórmulas, dan un impulso hacia la oración.

    Servirse de todo para descubrir a Dios. Él es siempre nuevo.   

    Amen el mundo creado por Dios, porque si no amamos la creación no amamos a Dios; es lógico. El mundo que debemos odiar es el de las tres concupiscencias porque es contrario a Dios.

    Para Dios, crear no es sino querer, amar. Ser creado es ser amado, es existir por la dependencia respecto del Amor.

    Dios crea continuamente, entonces ama continuamente. ¡Oh! ¡Decir que existimos solo porque somos amados a cada instante!

     

     
  • 16 09 2008. Dios es el eterno inefable.

      Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;}

    2a parte del retiro predicado en Val san Francisco en agosto de 1933. Notas suscintas.

     

    “Si Dios es una realidad, tenemos que encontrarla en el corazón de nuestra vida.

    Cuando alguien les diga que no cree en Dios, atención, no se peguen de las palabras, porque todos los hombres buscan a Dios, ya que buscan la belleza, la bondad.

    Las tentaciones son recursos para encontrar a Dios e inclusive las faltas son búsquedas de Dios abortadas.

    El valor de un ser está en dejar pasar a través de él otra cosa, como San Juan Bautista que decía: Es necesario que Él crezca y que yo mengüe.

    Toda realidad vale en la medida en que reposa enteramente en Dios.

    Las permisiones de Dios son expresión de su respeto hacia nuestra libertad.

    Cada vez que presentamos a Dios a nuestra medida, como hombres, negamos a Dios. ¡No hablen de Dios, lo estropearían! Decía el P. Viollet. Dios es inefable, es decir intraducible.

    ¿Qué es el mérito? Es la capacidad de amor, y la recompensa será el Amor: Dios.

    Por el amor es como nos acercamos de Dios, dice San Gregorio. No tratemos de representarnos la eternidad mediante el tiempo adicionado, eso sería negar la eternidad, que es un total presente.

    (Dios) es el eterno inefable, no es un teorema por resolver. No discutamos.

    ¡No sabemos nada de Dios sino que es Amor! ¿Y porqué tenemos que afirmarlo? Porque Dios no puede recibir nada de nosotros y sus relaciones con nosotros consisten en dar. Todo lo recibimos de Dios y no le damos sino lo que hemos recibido. Seremos pues juzgados sobre el amor. El infierno existe solo en la medida en que hemos rehusado amar a Dios, sólo hay que concebirlo a la luz del amor de Dios.

    Dios llama siempre y no rechaza nunca. Sigue siendo siempre luz y amor. El único obstáculo al amor es el amor orientado hacia sí mismo.

    La revelación que tenemos Dios no podría intervenir incluso en el infierno. Ya que Dios ama incluso a los condenados que, ¡sin Su Amor, dejarían de existir! Una revelación recibida vale sólo para aquí abajo y nada nos da el derecho de decir que por ser privada (y por lo mismo no tener autoridad de fe) a una mística inglesa lo dejaría suponer, ella se inquietaba por muchas cosas y Nuestro Señor le habría dicho: “No te preocupes, todo acabará en el Bien”.

    No conocemos el otro lado del velo. Jesús dijo: “Tengo todavía muchas cosas que decirles, pero ustedes no pueden recibirlas”.

    Para comprender el infierno, hay que partir del sentido de nuestras responsabilidades (cuestión de conciencia)

    Mostrar que todo acto plenamente consciente (lo cual es relativamente raro en la mayor parte de las vidas devoradas por la velocidad y las preocupaciones) implica de por sí una responsabilidad infinita, ya que todo acto verdaderamente humano es búsqueda de felicidad (infinita) o de lo que puede llevar a ella.

    Concluir de ahí a la necesidad de admitir el cielo (posesión y gozo del infinito en Dios) y el infierno (búsqueda siempre frustrada del infinito en sí mismo) (sufrimiento = distancia entre la búsqueda del infinito y el objeto que encontramos: el yo)

    Una voluntad obstinadamente orientada hacia sí mismo excluye evidentemente el matrimonio con Dios, la vida de Amor que es el Cielo. No es Dios el que excluye, sino el ego, el yo, bloqueado en la adoración de sí mismo.

    El que no ama permanece en la muerte. La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la comprendieron.

    ¿Puede Dios vencer esa obstinación? No podemos dudarlo. ¿Intervendría inclusive en el mundo de los desesperados por obstinación? No lo sabemos. La revelación se limita a proponernos nuestras responsabilidades, a considerar el orden de las cosas en sí, no excluye, ni hace alusión a una intervención posible de concebir a este lado del velo.

    Pero justamente la revelación hecha aquí abajo nos propone lo que necesitamos saber aquí, y no lo que puede ser o será al otro lado del velo. Podemos confiar en el Amor de Dios. (Se sobreentiende que el Amor tendrá la última palabra. Pero no sabemos como).

    Lo único que se nos pide es amor, y si Dios nos puso tanto amor en el corazón, ¿cómo atreverse a medir el Suyo y a dudar? Cuando nos preocupamos por la salvación de los que amamos, lo único que tenemos que hacer es confiarlos a las manos de Dios que es Amor.

    Le preguntaban un día a un aviador si no tenía miedo de caer y respondió: “¿Miedo? ¡No! Sólo puedo caer entre las manos de Dios”. ¡Qué belleza!

    ¿Tienes tentación de huir lejos de Dios? ¡Huye hacia Dios! Dice San Agustín”.

     

More Posts Next page »
Powered by Community Server (Non-Commercial Edition), by Telligent Systems