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19 09 2008. ¡Que Jesús nos transforme en Él y haga de nosotros un pan vivo!

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Retiro de Val San Francisco, en agosto de 1933. Eucaristía y Misa. Notas muy breves.

 

“El misterio de Jesús es un problema infinitamente delicado. Querer establecerlo únicamente desde el punto de vista histórico sería insuficiente. Se lo debe establecer desde el punto de vista religioso.

Los milagros no tienen ningún valor si no están al servicio del Espíritu y vemos que en el Evangelio todos tienen ese fin.

Lean los admirables episodios de la mujer adúltera y de la samaritana que están llenos de delicadeza y de misericordia. Sólo Jesús puede hablar así.

Cuando San Pedro dice: “¡Tu eres Cristo, el Hijo de Dios Vivo!” Jesús le dice: “No son la carne y la sangre los que te lo han revelado, sino mi Padre que está en los cielos” ¡que nos seduzcan estas palabras!

Jesús es el instrumento libre y dócil de Dios, en Él se nos hizo el don de Dios, Su Humanidad es como un sacramento que da a Dios. “Yo soy el Camino”. La hostia conduce a la Verdad.

Será por medio del Corazón de Cristo como deberemos darnos a Dios. Dándonos a Jesús nos damos al Amor.

Lean el Evangelio cada día, si posible a la luz del silencio de Jesús en el Santo Sacramento. Pidámosle el agua viva.

 

No debemos asistir a la Santa Misa sino vivirla, entrar en el misterio de Jesús.

En el Santísimo Sacramento, Jesús no puede ser captado sino por la fe. Como el pensamiento no puede ser cogido con las manos, tampoco podemos recibir materialmente la persona de Jesús. La santa hostia nos pone en relación inmediata con Él, algo así como la radio nos hace presente la voz del locutor, y la manducación física es el signo de una manducación espiritual. Todo es Espíritu y Vida.

El misterio de la Santa Misa es un misterio de agonía, pero también de Resurrección. ¡Oh, que Jesús los transforme en Sí mismo y haga de ustedes un pan vivo, y podrán decir con Él la consagración: “Este es mi cuerpo, esta es mi sangre”!

El Señor esté con ustedes. El Señor está con ustedes. Jesús puede pedirnos todo, ya que Él es el Don infinito.

 

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