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Fin de las notas de las conferencias de Val San Francisco en agosto de 1933.
“La Iglesia
es Jesús y no tal o cual gobierno eclesiástico.
¿No escuchó San Pablo estas palabras: “Yo soy Jesús a quien tú persigues”
cuando estaba persiguiendo la
Iglesia?
Encontrar la Iglesia
sólo puede significar encontrar Jesús. En el sentido más amplio, la Iglesia es un Cuerpo
Místico que comprende todas las almas de la Iglesia sufriente, del purgatorio, y todas las de
la tierra, capaces de la vida de Jesús.
En relación con la Iglesia,
Cuerpo Místico, la Iglesia
católica es como el sacramento, como la punta de la nave.
Todas las almas bautizadas por el bautismo de
sinceridad están en estado de gracia y forman parte del Cuerpo Místico. Sin embargo, todo el que tiene la
posibilidad de conocer la
Iglesia católica debe hacerlo. Así es como se debe entender
la palabra: “Fuera de la
Iglesia no hay salvación”. Los que forman parte de ella no
pueden salir de ella sin poner en peligro su salvación.
Cuando el sacerdote deja de darnos a Cristo ya no es nada para nosotros.
Cada vez que encontramos el mal en los representantes de la Iglesia, ya no se trata de
la Iglesia.
¡No fue como apóstol que Judas traicionó a Jesús!
Al Papa no podemos verlo, sólo podemos creer en él. Así en lo que respecta
al sacerdote, sólo podemos creer.
No se puede hablar de los crímenes de la Iglesia: la Iglesia es santa, ya que es Cristo.
La ordenación sacerdotal expropia por decirlo así al sacerdote y lo
introduce en Cristo, y puede decir: “Esto es mi Cuerpo, esta es mi Sangre”.
Mientras más autoridad tiene uno en la Iglesia, más se eclipsa hasta no ser más que
signo, sacramento. Es necesario que Él crezca y que yo disminuya.
En el sacerdote, cada vez que busquen a Cristo se Lo dará y Lo encontrarán
mediante la fe, y cada vez que busquen el hombre, encontrarán también, por
desgracia, al hombre con todas sus miserias. Sólo tratan con la Iglesia cuando tratan con
Cristo.
Cristo quiso instituir una religión social. Esa es la razón de los ritos y
de la jerarquía en la autoridad. Nuestra religión es la religión de nuestro
Padre y no de mi Padre.
Es una comunión en que cada uno debe ir en búsqueda de sus hermanos para
llevarlos a la fe, a la alegría. Todos los cristianos son sacerdotes (no con la
misma función del sacerdote ordenado) puesto que viven de Jesús, son sacerdotes
con Jesús.
Ustedes son la Iglesia.
¡Oh, misterio de la Iglesia!
Ustedes tienen todo el peso de las almas por salvar, tanto como el Pa pa, y hasta el último suspiro de su vida.
Revivan el misterio de Jesús para hacerlo vivir en los demás. ¿Qué sentido
tiene entonces su vida, o mejor la
Suya en ustedes? Jesús los espera, les suplica que abran el
corazón para dejar pasar la corriente de luz divina para salvar el mundo.
Su misión es llevar en el corazón el misterio de Jesús, el misterio de la Iglesia, para hacer que
Jesús nazca en las almas.
Que Jesús nos tome, puesto que no sabemos darnos, que nos abrace y entonces
podremos decir: “¡No vivo yo, es Cristo el que vive en mí!”
Fin de las notas tomadas durante el retiro de Val San Francisco en agosto
de 1933.