1ª parte de la 2ª conferencia de retiro del Mont des Cats, en diciembre de
1971
¿De qué Dios hablamos, y a
qué hombre?
“Cuando Jesús es condenado como blasfemador, lo condenan por un motivo
religioso, lo condenan en nombre de un dios falso. El Dios contra el cual Lo
acusan de haber blasfemado, evidentemente, no es Su Dios. Luego, es esencial
situarnos en relación con el Verdadero Dios. Queremos ser ateos respecto de un
falso dios, y hay que serlo. Se trata de saber si somos ateos respecto del
Verdadero Dios.
Igualmente, ¿a qué hombre hablamos? ¿Hablamos a un hombre que no ha nacido
aún, que no existe todavía, que no ha pasado por el nuevo nacimiento de que
habla Jesús a Nicodemo? ¿O hablamos al hombre nacido de nuevo, nacido de
arriba, único capaz de entrar o de ver el Reino de Dios?
Esto es capital, porque es evidente que hoy en día estamos en pleno
equívoco y que la enorme crisis que
azota la cristiandad supone una ambigüedad fundamental a propósito de Dios
mismo. Se trata pues de situarnos en relación con esta ambigüedad, de
preguntarnos cuál es nuestro Dios y con qué hombre estamos tratando.
Esto nos lleva a considerar una epistemología, es decir una visión del
conocimiento. ¿Qué significa conocer?
¿No existen diferentes niveles de conocimiento esencialmente diferentes? ¿Y en
qué nivel se sitúa el conocimiento auténtico y el conocimiento auténtico del
hombre?
Escuchamos a Nuestro Señor que habla a la samaritana de un Dios que es
Espíritu y Verdad, de un Dios que es interior a nosotros. Si Dios es Espíritu y si es necesario
adorarlo en espíritu y en verdad, el
hombre también es espíritu pues debe adorar en espíritu y en verdad.
¿A qué nivel es espíritu el hombre? ¿Cómo encontrarlo? ¿Cómo hacerlo nacer?
Tenemos en primer lugar un conocimiento pasional. Estamos por desdicha en
guerra entre Pakistán e India, lo cual habría sido para Gandi, el gran Mahatma,
un tal desgarramiento, porque Gandi quería… el gran Gandi que no tiene nada que
ver con la Señora Gandi,
primer ministro actual de India, Mahatma Gandi veía la India como una unidad. Se
habría opuesto totalmente a la creación de un estado confesional como el de
Pakistán, estado musulmán distinto del estado hindú. Quería que la India fuera una, como lo era
bajo el Imperio Inglés. Quería una India en que musulmanes e hindúes se
encontraran sobre bases de entera cordialidad, de total fraternidad.
Pero vemos hoy que la división que engendró desde el comienzo la guerra
entre musulmanes e hindúes, vemos que la división desemboca en verdadera guerra,
que nos prepara Dios sabe qué. Y como se lee en los comunicados, como siempre,
los paquistaníes de Occidente, que son justamente el imperio opuesto a la India, que pretenden dominar
el Pakistán Oriental donde los bengalíes reclaman la independencia, vemos que
los comunicados divergen desde el principio. Si se trata de la radio pakistaní,
son los indios los que atacaron, si al contrario son los indios los que
elaboran su comunicado, son los pakistaníes quienes atacaron primero. Y es lo mismo
si nos colocamos en el punto de vista de Vietnam del Norte o del Sur, o de
Israel y Egipto, o si nos colocamos en el punto de vista de la izquierda o de la
derecha. Si es la izquierda o la derecha la que gobierna, los comunicados son
enteramente diferentes: siempre tienen razón los izquierdistas si se trata de
países comunistas, y siempre son los izquierdistas los que se equivocan en los
países no comunistas.
Es decir que el conocimiento humano
elabora un conocimiento pasional, un conocimiento eminentemente subjetivo
en que cada cual juzga según sus intereses, sus intereses privados de
individuos o intereses privados de grupo – intereses de clase, intereses de
nación, intereses de partido. El conocimiento pasional es un conocimiento que
es limitado a priori puesto que
quiere defender campos cerrados, quiere defender un terreno que es, por
definición, cerrado a los demás. Si sólo tiene derechos el proletariado,
evidentemente todo lo que no es proletario no tiene derechos, y al contrario,
si tiene todos los derechos una pequeña minoría, el proletariado no tiene
ninguno.
Por otra parte, nosotros conocemos muy bien el conocimiento pasional ya que
por propia experiencia estamos implicados en el conocimiento pasional. Las
reacciones espontáneas son reacciones interesadas, en que la biología, la
fisiología, el yo sobre todo, el yo propietario y prefabricado, no dejan de
hacer valer sus reivindicaciones.
El conocimiento pasional no puede
ser universal, ya que es privado, concierne un universo que no ha sido
puesto en claro, ya que finalmente en el conocimiento pasional estamos
esencialmente dominados por elementos cósmicos, por elementos que no han sido
purificados, por elementos que hacen de nosotros una cosa, es decir un pedazo
del universo inmenso.
Existe otro conocimiento
infinitamente más precioso que es el conocimiento científico. El conocimiento científico es una
maravilla porque es el único lenguaje común. Vemos a los rusos en competencia
con los americanos alrededor de la luna, o de Marte, el cual tratan de explorar
ahora unos y otros. Pero afortunadamente lo hacen con los mismos medios, es
decir que un descubrimiento, sea hecho por rusos, o por americanos, o chinos, o
alemanes, ese descubrimiento científico se expresa en el mismo lenguaje y
recurre a los mismos instrumentos y todos pueden verificarlo, si son
competentes para hacerlo.
A partir del siglo 17 por lo menos, a partir de Copérnico y Galileo, se
descubrió un lenguaje común que hablan todos los físicos, todos los matemáticos
del mundo como lengua que no tiene fronteras. Si uno conoce suficientemente los
métodos, si dispone de un instrumento, si llega a hacer los cálculos, obtiene
necesariamente los mismos resultados.
Pero el conocimiento
científico que nos
permitió ir a la luna y que abrió el espacio a una exploración cuyos límites
son imposibles de prever, ese conocimiento admirable que transformó totalmente
nuestra vida desde el punto de vista técnico, sólo puede dar resultados si uno no está comprometido, es decir si
las opciones de cada uno quedan fuera del laboratorio.
Si un físico es hindú, o ruso, o alemán, o si es americano, o japonés, no
importa; que crea en Dios o no, que sea materialista o espiritualista, de
izquierda o de derecha, que piense que el mundo es absurdo o que tiene sentido,
todo eso no tiene ninguna importancia porque justamente el método está
elaborado de tal suerte que las opciones personales no cuentan.
El físico en su laboratorio es un físico cualquiera. Puede además ser
remplazado por aparatos que hacen observaciones, en general, de manera mucho
más precisa que él mismo. Su conocimiento es
entonces conocimiento de objetos,
conocimiento que, en su orden, es admirable pero que voluntariamente y a priori
es limitado ya que todas las cuestiones que conciernen el hombre, el sentido de
la vida, el origen y el fin de la vida, la conducta moral o amoral, en fin,
todo lo que toca a las relaciones humanas queda excluido del conocimiento
objetivo.
Porque, sea cual fuere la opinión que el hombre se haga de sí mismo, en el
laboratorio no debe tener cuenta de ella. Es pues un límite extremamente
preciso que prohíbe a los sabios como tales emitir cualquier juicio sobre el
sentido de la vida, el origen primero del mundo, su fin último, el
comportamiento humano, el sentido de la moralidad, la vida sexual, el aborto,
en fin, sobre todas las cuestiones que tocan a una elección en que el hombre
debe tomar una responsabilidad respecto de sí mismo o de los demás seres
humanos.
Existe finalmente otro
conocimiento que es un conocimiento interpersonal. Es el conocimiento que rige las relaciones con
nosotros mismos en cuanto que debemos asumir nuestra responsabilidad para con
nosotros mismos y con los demás, en cuanto que los consideramos y debemos
considerarlos como individuos responsables, es decir, precisamente, como seres
dotados de espíritu, que tienen una intimidad inviolable en la que no podemos
penetrar sin prohibirnos todo conocimiento auténtico.
(Continuará)