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1ª parte
de la 3ª 1a conferencia del retiro de Mont les Cats, en diciembre de 1971.
Un descubrimiento
extremamente importante: la verdad de la palabra de Dios es la verdad de una
relación entre Dios y nosotros.
“El conocimiento interpersonal, según lo que hemos visto, el conocimiento
interpersonal que rige todas las relaciones humanas y todas las relaciones
espirituales y todas las relaciones con Dios, el conocimiento interpersonal es un conocimiento transformante. Dicho
de otro modo, y muy especialmente cuando se trata de Dios, se realiza por vía de encarnación.
Dios no es un objeto
que colocamos delante de nosotros. Es una Presencia que asimilamos en nuestra
intimidad.
Conocemos a Dios en la medida en que se establece dicha asimilación, en que la
identificación se realiza. Y naturalmente, como la encarnación conoce grados
innumerables, el conocimiento de Dios sigue esos diferentes niveles. Si la
identificación es perfecta, el conocimiento de Dios es perfecto. Eso por otra
parte no sucede sino en el caso de Jesucristo. Si el conocimiento de Dios, o
mejor, la identificación con Dios es imperfecta, el conocimiento de Dios es imperfecto,
como en todos los profetas, excepto Jesucristo.
Existen pues innumerables niveles que
constituyen, o según los cuales podemos reconocer la Palabra de Dios. La Palabra de Dios no es unívoca.
La Palabra de Dios no
cae del cielo como un absoluto: es un
diálogo con la humanidad en que, naturalmente, la humanidad recibe a Dios a
su medida.
Sucede con
mucha frecuencia que la
Palabra de Dios sea un
balbuceo como la palabra de la madre para con su hijito: la madre balbucea,
habla un lenguaje elemental porque su hijo no puede comprender más que eso. Ella
se adapta a él a fin de que haya verdadero diálogo. Y Dios se adapta a la humanidad para que haya verdadero diálogo y no
hay que poner los balbuceos a cuenta de Dios sino a cuenta del hombre que no
está al nivel de Dios. Esto nos lleva a hacer un descubrimiento extremamente importante, que hemos anticipado
además en lo que acabo de decir, a saber, que la verdad de la
Palabra de Dios es
la verdad de una relación entre Dios y nosotros. Lo van a comprender con un
ejemplo vivido que es extraordinariamente impresionante.
(Continuará)