(NOTA: me permito traducir hoy solamente la mitad del texto presentado en el sito www.mauricezundel.net. El texto era demasiado largo. Traduciré à más tardar mañana la segunda parte)
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1ª parte de la 7ª conferencia de
M. Zundel en la abadía de Timadeuc en abril de 1973.
“En el capítulo 7 de la epístola
a los romanos, San Pablo toca los motivos más profundos de nuestra rebelión
contra la ley moral: “¿Qué decir? ¿Qué la ley es pecado? ¡Ciertamente no!
Solamente, no he conocido el pecado sino por medio de la Ley, y de hecho, habría
ignorado la codicia si la Ley
no hubiera dicho: no codiciarás. Pero el pecado, aprovechando del precepto,
produce en mi toda especie de codicias, puesto que sin la Ley el pecado está muerto (el
pecado no tiene vida)”…
Existe en nosotros un
aspecto espontáneo de rebelión contra la
Ley por la ley, pero existe también otro aspecto, quiero
decir una inspiración interior que
representa la exigencia más profunda. Y se expresa en un poema de Shelley. Como
ustedes saben, Shelley es un poeta inglés que murió en 1822 ahogado
accidentalmente en la bahía de Specia y que había sido expulsado de la Universidad de Oxford
por ateísmo. Unos meses antes, Shelley dejó un poema inacabado intitulado “The
Zucca” (La Calabaza)
del que cito unos versos:
“Jamás,
no, jamás oigo a uno de vosotros,
"O ningún (ser) terrestre, aunque me seáis,
"como puede ser un corazón a otro corazón humano.
"Jamás,
yo no sé qué, pero esta baja esfera
"Y todo lo que tiene no puede contenerte,
"A Ti, que invisible, estás presente en todo.
"Para
el cielo y la tierra y todo lo que encierran
”Permaneces oculto como… una estrella.
"Por
el cielo y la tierra, a través de toda forma en la que te acomodas,
”Ni contenido, ni retenido, ni escondido, divinizando
”las más sublimes y las más humildes, cuando por un momento
”no te impiden vivir en la vida que difundes
”Y dejando vacías, repelidas, las cosas nobles,
"Frías como un cadáver cuando se va el espíritu,
"Pálidas como el sol cuando nace la noche.
En el viento, los árboles, los ríos y en todas
cosas comunes
"En la música y en los tonos melodiosos, inconscientes,
"De los animales y en las voces humanas
"Hechas para expresar sentimientos personales,
"En los gestos delicados y preciosas sonrisas de mujer,
"En las flores, las hojas, y en la hierba frescamente brotada,
”O muriendo en otoño, yo, por encima de todo,
"Te adoro presente, o, perdido, te lloro.
Vemos aquí ese genio que se
creía ateo, expresando en una de las últimas manifestaciones de su genio la nostalgia de una presencia que busca por
doquiera, que supera toda realidad y sin embargo puede transparentar a través
de toda realidad. Existe pues un aspecto en que el hombre está abierto a
una trascendencia, y otro en que la rehúsa. La rehúsa, ¿porqué?
San Pablo acaba de decirlo: "La Ley, por ser ley, me invita a la trasgresión”. ¿Qué hay en el fondo de ese rechazo? ¿Porqué es
siempre más agradable el fruto prohibido? En el plano de la naturaleza sola
encontramos en esa rebelión una defensa de la autonomía; no se trata sólo de la
atracción de los bienes que codiciamos naturalmente en virtud de nuestra
naturaleza animal, sino, más
profundamente, es más una reivindicación de nuestra dignidad.
El hombre que tiene conciencia de
su inviolabilidad quiere ser inviolable para Dios, y puesto que Dios aparece
como una autoridad que lo domina desde arriba, como una autoridad que le impone
una ley que el hombre no ha
escogido, que contradice además con tanta frecuencia sus codicias, para
defender su inviolabilidad rechaza a Dios. Preferiría
además destruirse a sí mismo para afirmar su independencia más bien que
aceptar un Dios que sea para él un límite. Y eso es lo que vemos hoy: después
de la muerte de Dios viene la muerte del hombre.
La muerte del hombre será
el estructuralismo
por ejemplo, la afirmación de un lenguaje que se habla a través de nosotros, en
el sistema de Claude Lévi-Strauss, una estructura objetiva que se habla a través
de nosotros, pero en la que no tenemos parte, la humanidad secreta de los
mitos, en realidad son sus estructuras (de la humanidad) que secretan mitos que encontramos idénticos
por doquiera, precisamente en razón de ciertas relaciones semejantes que encontramos
en todas partes: ¡no hay hombre que hable, hay una
estructura que habla a través del hombre! ¡El sujeto es evacuado!
Ya no hay sujeto sino sólo un objeto. Y esta tendencia que Lévi-Strauss afirma
deliberadamente, queriendo constituir el único humanismo, o al menos el único
ateísmo científico concebible, es al menos lo que pretendió. Esta tendencia la
encontramos difundida un poco en todas partes.
Para Sartre, cada hombre debe encontrar su camino. Es
cierto que el hombre es libre, pero es libre para nada, no hay nada en su
estructura que le pida ir en una dirección más bien que en otra. Es totalmente
libre, totalmente responsable, ¡pero ante nadie! Y por otra parte, ¡es inútil!
Su vida no tiene sentido. De nuevo, precisamente porque no tiene significación,
se evacua el hombre, ¡en el fondo, el
hombre no existe!
Bajo una forma más elemental, el freudismo, que tuvo una importancia
enorme, el freudismo se difundió en todas las capas de la población bajo la
forma muy elemental de “no hay que crear represión”. El inventario del
inconsciente, y hay ciertamente mucho que retener, pero ese inmenso trabajo se
vulgarizó finalmente bajo esta forma: toda represión es peligrosa para el
equilibrio del hombre. Entonces, el
primer principio de la moral es evitar toda represión, ¡lo cual equivale a
hacer lo que uno quiera!
Más profundamente, como ya tuve
ocasión de decirlo, tendremos en Nietzsche,
el gran profeta del ateísmo, creo el más respetable y el más doloroso, tenemos
el sentimiento de que ¡Dios es una violación! La mirada de Dios es indecente,
como decía Nietzsche! Al escrutar la intimidad, nos viola. Sólo podemos estar de pie si Dios no existe.
En términos más moderados, como
ya dije, Marx reivindica la autonomía del hombre contra la dependencia de una
criatura.
Por fin, hay una inmensa
reivindicación de la libertad que va hasta la negación del hombre contra Dios: para
no depender de Dios se prefiere negar el espíritu del hombre, toda especie de infinito
y de trascendencia, y reducirlo al azar, como hace Jacques Monod:
una vida, que carece de sentido, surge por azar”. (Continuará)