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Zundel

23 11 2008. Ser o no ser, eso es lo que se juega en la moral.

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Final de la 7ª  conferencia de Timadeuc en abril de 1973.

La única moral posible resulta de la Trinidad. La moral ya no aparece como obligación sino como un matrimonio de amor.

Retoma: “A mi conocimiento, nadie ha planteado el problema de la libertad como lo plantea el Misterio adorable de la Santísima Trinidad: ¡no sabíamos lo que era – lo que es – la libertad! Imposible sacar de la libertad una estructura, y lo que envenena la atmósfera en la actualidad, es justamente que el grito de Libertad… Libertad… Libertad… hace alusión a, o significa, algo que no tiene estructura: hacer cualquier cosa, ¡como si uno fuera cualquiera! Lo que nos revela la Trinidad es que la libertad tiene estructura, es que la libertad es una exigencia: la más profunda, la más total, la más radical, porque justamente cada acto realmente libre es un acto original, como cada falta verdaderamente libre es una falta original. ¿Qué quiere decir eso? Eso quiere decir que en cada acto verdaderamente libre comprometo todo mi ser”.

Continuación: “Como dice Paul Tillich, ahí está implicada la totalidad de mi ser. ¡En cada acto libre, totalmente libre, me elijo a mí mismo! En cada acto totalmente libre afirmo mi “yo”, sea como posesivo, sea como oblativo; en cada acto totalmente libre me construyo, me hago ser, me creo a mí mismo, o me descreo si me encierro en el “yo” posesivo.

La moral concierne pues el ser, la moral no puede ser sino una ontología creadora. Lo que se trata de hacer descubrir, a sí mismo y a los demás, es que la moral no es un orden que se impone del exterior sino una exigencia que surge de adentro, una exigencia de ser, una exigencia de grandeza, una exigencia creadora. El honor supremo es precisamente tener que crearnos a nosotros mismos, el honor supremo es no sufrir la vida sino hacerla surgir en un puro impulso de amor.

“Dios crea creadores”, como decía Bergson. Ese es el principio de toda moral. Si el hombre siente que: "To be or not to be, that is the question" que ser o no ser, ese es el problema, si comprende que de él depende ser o no ser, se encuentra ante el verdadero problema, el problema que es él, y no pude extrañarse de tener que esforzarse ya que debe asumirse hasta las últimas raíces de su ser para promoverse a un “ser fuente” a fin de ser un “yo” original, pues en fin la estima que reclamo para mí mismo, el respeto de mi dignidad que reivindico, no tiene ningún sentido si no soy un “yo” original, si me limito a ser totalmente prefabricado, y no soy más respetable que un insecto, o un escorpión, los cuales son totalmente prefabricados en su ser. Lo que hace toda la diferencia es que puedo surgir de lo prefabricado, puedo hacerme fuente, en mí puede nacer un “yo” original, un “yo” universal, un “yo” que es un bien común, que todos los hombres están interesados en defender porque es un tesoro común, por que es para todos un fermento de grandeza, de liberación.

Se trata, pues, de ser, de ser de manera original, de ser como creador de sí mismo, de ser rehusando sufrirse, lo cual no es posible, como no hemos cesado de verlo, lo cual no es posible sino mediante el don total de sí mismo. Pero necesitábamos el modelo divino, y eso fue justamente lo que le faltó a la humanidad antes de la Revelación única que se realiza en Cristo, o mejor, que es Cristo mismo. ¡Lo que faltó a la humanidad, fue el modelo divino que es el modelo trinitario! Fue necesario que Jesús revelara la Pobreza divina, que nos introdujera en el circuito del altruismo eterno, que nos manifestara la personalidad de Dios como pura relación con el Otro, como desapropiación radical, para que comprendiéramos por fin el sentido de la libertad como vocación de liberación. Es algo que nadie parece comprender: no hay libertad sino donde hay liberación.

Estoy en el “mundo libre”, ¡sí! Puedo viajar donde quiera, puedo leer lo que quiera, puedo hacer lo que quiera en mi vida privada, mientras no caiga bajo las leyes penales. Pero ¿qué cambia eso en mi esclavitud interna, que es la más terrible de todas?

Epicteto, esclavo, es un hombre libre. Según la leyenda, su dueño pudo fracturarle la pierna en un yunque, y Epicteto se limitó a constatar después de la fractura: “¡Te lo había dicho!” Epicteto, esclavo, es libre porque es libre por dentro. El hombre que puede disponer de todos sus movimientos en la sociedad, como es el caso en el “mundo libre”, hasta cierto punto al menos, si no está liberado de sí mismo, va a transferir la esclavitud a toda su actividad, a todas sus opiniones, a todas sus afirmaciones, a todos sus libros, a todas sus obras. No podrá no contaminar el medio ambiente con la esclavitud interior que está sufriendo. Está pues perfectamente claro que la libertad no significa nada si no es camino hacia la liberación, y nuestra liberación es radicalmente imposible si no sabemos lo que significa, si no tenemos el modelo divino, si no comprendemos que la plenitud del ser es la plenitud del Amor, si no identificamos el ser con el Amor, como sucede en el corazón de la vida divina.

¡Hay pues, como resultado de la Trinidad, una moral que es la única posible, la única actual, la única que reúne todas las exigencias de autonomía, de grandeza, de interioridad, de creación, de dignidad, de individualidad! Todo eso brota del Encuentro con el corazón de la divinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. No hay pues sino una moral que es finalmente una mística, ya que es una relación personal con la divina pobreza. Ya no aparece como una obligación sino como un matrimonio de amor. “Os he desposado con un esposo único, a fin de presentaros a Cristo como una virgen pura”.

¡Es otro mundo! ¡La moral de obligación está muerta, no hay que resucitarla! Hay una moral de liberación infinitamente más exigente, que pide todo, siempre, a cada instante y por doquiera, en un compromiso que va hasta la raíz del ser, ya que compromete siempre la totalidad del ser en nuestras decisiones plenamente libres. Nada es más exigente pero nada es más creador, ni nada más liberador.

Podemos pues considerar nuestro mundo con comprensión, con simpatía, con amor. Tiene razón si abandona ese yugo: su desgracia es no haber encontrado a Dios, el Dios vivo; su desgracia es no haber descubierto la pobreza divina, su desgracia está en no haber entrado en la Zarza ardiente que arde en el Corazón de Dios, su desgracia está en no haber encontrado el Rostro de fiesta de Cristo Jesús.

En cuanto a nosotros, lo único que podemos hacer, es aferrarnos cada vez más profundamente a la exigencia totalitaria, que es la condición de un ser auténtico. Sólo podemos maravillarnos de poder decidir, a cada latido del corazón, del valor de nuestra existencia, poder crearnos de nuevo a cada instante, poder crecer en libertad a cada instante, liberándonos más, de poder a cada instante devenir un espacio más grande de una presencia más universal, un Bien más realmente común.

“Ser” ¡ahí está todo! – o “¡Ama!” Amar, ahí está todo, puesto que “finalmente”, ser y amar es lo mismo. “Ama et quod vis, fac!” como dice San Agustín magníficamente: “Ama y haz lo que quieras”. Sí, ¡ama! pero ¡el Amor es lo más difícil que existe, porque el Amor se compromete por entero! Porque el amor no es sino un engaño si no realiza el vacío en nosotros para que la vida sólo sea ya sino un impulso hacia el otro puesto que “YO” es finalmente Otro”.

Existe pues una respuesta a la angustia y a la anarquía del mundo actual, y es la Santa Trinidad, en la medida en que vivimos en el júbilo de un encuentro en que nuestra libertad puede por fin comprenderse y realizarse.

Es curioso que Nietzsche, que tiene aspectos diferentes, que tocó a veces a verdades tan profundas, es curioso que Nietzsche haya dicho las palabras que retomaremos en otro contexto: “Que vuestro amor… - habla del amor entre el hombre y la mujer – “Que vuestro amor sea compasión por los dioses sufrientes y ocultos”. ¡Que vuestro amor sea compasión por los dioses sufrientes y ocultos! Tuvo, pues, en ciertos momentos, la intuición de que el hombre era portador de una divinidad escondida, sufriente y oculta, a la cual había que ofrecerle todo el respeto de nuestro amor.

Miren el itinerario de San Pablo a los romanos, del conflicto insoluble en que el hombre se opone a la Ley con toda la energía de su deseo, con toda la reivindicación de su autonomía. Y luego la exigencia de amor que se respiraba en el poema de Shelley. Finalmente, ahí termina la aventura, ahí se consuma, ahí se esclarece. Estamos en camino, estamos peregrinando, como dice un místico del Islam: “Peregrinando hacia el Amigo que mora en nosotros”.

(Fin de la 7ª conferencia).

 

Nota: aquí, como en muchos otros lugares, Zundel nos convence, pero queda la cuestión, lancinante quizás: ¿Cómo hacer? (Ver los pensamientos que publicaremos mañana).

 

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