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Zundel

30 11 2008. ¿Es la pobreza de Jesucristo imputable solamente a su Humanidad? (personal)

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Balbuceos. A retomar. Ensayo de oraciones.

Aunque Zundel habla con mucha frecuencia de la pobreza de Dios, hay que reconocer que la Iglesia oficial, muchos de sus miembros, ven la pobreza de Jesucristo como imputable solamente a Su humanidad y no a Su divinidad. Para la mayoría, y para nosotros en cierto sentido, Dios sigue siendo el Dios trascendente que nadie ha visto jamás y que, finalmente, no puede ser pensado sino como infinitamente rico, ya que es Él quien hizo todo, de suerte que a Él le pertenecen “el reino, el poder y la gloria”.

Ese Dios infinitamente rico, al que como tal se dirigen algunas oraciones litúrgicas al menos, es el de todas las religiones anteriores al cristianismo o diferentes de él, ¡e inclusive se le teme! Y finalmente se trata, sobre todo en el culto que se le rinde, de atraer su benevolencia. Al cristianismo le cuesta dificultad deshacerse de esa primera representación de Dios, común a todos.

Con Zundel, pero ya en la tradición anterior a él, auque este aspecto aparezca muy poco, la pobreza de Jesucristo durante su paso entre nosotros hasta el paso al Padre, es una característica esencial del único Dios verdadero revelado por Él hasta en su trascendencia (lo que trasciende es la pobreza), por ser Trinidad. Y no se lee nunca el versículo de San Juan sobre la trascendencia de Dios sin leer también el que le sigue sobre Su inmanencia. “El Hijo que está en el seno del Padre nos Lo ha revelado”: eso implica el conocimiento de un Dios trinitario.

“A Dios nadie lo ha visto nunca, pero un Hijo único, que está en el seno del Padre nos lo ha revelado” (Juan 1,18).

En su oración oficial, la Iglesia no se dirige nunca al Dios pobre y despojado, al que constantemente alude Zundel. Dirige siembre sus oraciones al Dios todopoderoso y eterno.

Ha llegado el momento de interesarnos más por el Dios pobre y despojado, y de tentar en cuanto sea posible que se le conozca más y se le ore en la Iglesia. Ya es claro que en la Iglesia contemporánea se habla de El cada vez más y mejor, y esto va a convertirse en necesidad si no queremos que la fe cristiana se marginalice en la sociedad de nuestro tiempo que tiene tantos problemas, además del problema de Dios.

 

Oremos: Dios pobre, Dios despojado, ¡Dios desapropiado en cada persona divina! ¡Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu! enséñanos tu desapropiación liberadora para que comencemos por fin a comprender la infinita profundidad del misterio divino de la Santísima Trinidad.
Te lo pedimos por Jesucristo que muere en la Cruz en el despojamiento más total, por Jesucristo que nace ya en la mayor pobreza y vive “sin tener ni siquiera una piedra para reclinar su cabeza” (1).

Te lo pedimos por Jesucristo en la unidad del Espíritu Santo, que surge eternamente del Padre y del Hijo al mismo tiempo que opera eternamente el surgimiento del Uno del Otro, en perfecta igualdad con el Padre y el Hijo. Amén.

 

Oremos: Dios pobre, Dios despojado, Dios que trasciende todo pensamiento humano en la perfecta desapropiación de sí mismo que constituye eternamente la personalidad del Padre, del Hijo y del Espíritu, enséñanos la desapropiación trinitaria para que por fin, por tu gracia, comencemos a comprender la infinita profundidad del misterio de

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