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Zundel

18 12 2008. Luís y Celia Martín procrearon para Dios.

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Personal. La conferencia publicada estos últimos días presenta una enseñanza nueva sobre la castidad cristiana en el matrimonio, que deseamos sea enseñada en la Iglesia de hoy.

Zundel fue pues hasta ver en el modo de procrear una manifestación de que Dios es Amor porque es Trinidad, Porque Dios no puede crear y redimir sino conforme con su naturaleza eterna. Recordemos aquí, en boca de Zundel, el grito del corazón, casi un grito, de una niñita en un momento de felicidad perfecta con su mamá: “¡Mamá, tú naciste de mi corazón!”. Eso quiere decir que es como si fuera en su corazón y de su corazón donde comenzó a existir su mamá, como el Espíritu nace y brota eternamente del corazón del Hijo e inseparablemente del Padre que le da eternamente nacimiento.

¿Se podría decir eso en la oración? “¡Jesús, tú naciste de mi corazón!”, como si no comenzara a ser el Hijo del Padre sino en el momento en que comienza el éxtasis del hombre al mismo tiempo que una adoración profunda. ¡No estamos habituados a este tipo de expresiones! Aunque parezca insensato, ¿porqué no atrevernos a decirlo?

Y esto puede hacernos volver admirablemente hasta nuestros elementos originales, el óvulo materno y el espermatozoide paterno, más precisamente hasta el encuentro en que uno penetra en el otro para concebir un tercer ser. ¡Ya no existe indignidad en el momento de la concepción! Muy al contrario, pues entonces, nos atrevemos a repetirlo, pasa una imagen de lo que hace eternamente que nuestro Dios sea el Dios de Amor, por ser el Dios Trinidad.

 

Es sorprendente que Zundel haya hablado ya de los papás de Santa Teresa, 35 años antes de su beatificación en Lisieux, el año pasado. Pocos cristianos habían prestado atención a su testimonio, ni siquiera conocían sus nombres antes de la reciente beatificación. Las pocas palabras que siguen la mención de Zundel pueden ser instructivas.

“Procrearon para Dios” Se puede decir que son en el siglo 19 testigos auténticos de la vivencia de la castidad cristiana ampliamente tratada por M. Zundel en la conferencia publicada en estos últimos días. Y el resultado, si podemos decirlo, de la vivencia es justamente el don a Dios de cuatro e sus hijas, y entre ellas, el don a Dios de la que va a ser la santa, que parece la más conocida y a la que más se ora en la Iglesia de hoy, la patrona de todas las misiones.

Los papás de Santa Teresa, que vivieron como parece la castidad cristiana de manera perfecta, no fueron menos duramente probados. La salida de todas las hijas del hogar, la soledad en que se encontraron, fueron sin duda parte de la prueba terrible que golpeó a Luís Martín, que al fin de su vida perdió la razón. No se puede comprender que Dios trate así a sus mejores amigos, al menos que haya dejado terminar así a Luís Martín sin intervenir.

El testimonio de los esposos Martín es particularmente bienvenido en el día de hoy. Nos recuerda que, para los padres, vivir la castidad cristiana por el bien de toda la Iglesia y por la felicidad de Dios, puede permitir favorecer el nacimiento de numerosas vocaciones religiosas, o al menos darles una tierra fértil en la cual puedan brotar, crecer y desarrollarse. Es una razón más de buscar comprender mejor la enseñanza de Zundel, a la vez nueva y aún inédita, de la que podemos desear que sea más conocida y enseñada en la Iglesia contemporánea.

Esta castidad cristiana es quizás vivida hoy por muchas parejas cristianas desconocidas, gracias justamente a la oración de Santa Teresa. Me tocó conocer al menos una pareja así, que engendró hijos numerosos.

Hay que subrayar aquí el inmenso respeto que Zundel nos pide hacia los elementos de la procreación humana, cuando cierta costumbre en la Iglesia hacía evitar que se hablara de esas “cosas” como si fueran indignas, y eso provocaba un silencio desafortunado en los padres con sus hijos sobre este tema, mientras los padres cristianos deben ser los primeros educadores de la pureza de sus hijos, no lo pueden, no los escuchan sino en la medida en que ellos mismos viven lo mejor posible la castidad cristiana que Zundel trata con tanta propiedad.

 

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