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18/01/09. Única posibilidad para la humanidad de llegar a la unidad.

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Oración por la unidad del género humano.

Para ayudarnos a orar por la unidad podemos referirnos a la conferencia pronunciada en Ginebra en 1965, publicada el 09/01/06 en nuestro sitio. Nos permitimos ampliarla a toda la humanidad: oraremos en adelante por la unidad del género humano en su totalidad.

Leemos en ella: “En Jesús, en la humanidad de Jesús, tenemos pues una vez más una relación que la une a la divinidad como a su verdadero yo y que habilita por tanto Su humanidad para comunicarnos de manera única la Presencia Divina.

Ven que en esa expresión dogmática hay una luz prodigiosa, una liberación inmensa. (En el momento de la encarnación de Jesús), Dios no cambió, no hubo metamorfosis de Dios en hombre, ni metamorfosis del hombre en Dios, hubo la desapropiación oblativa que brilla en el corazón de la divinidad, en la vida trinitaria, y que repercute de manera única en la humanidad de Jesús que es la más pobre que haya jamás existido ya que no se puede ser más pobre que no poder decir “yo”, estar tan desapropiado que uno no pueda sino ofrecerse al Otro que es el verdadero Yo, como desea serlo en nosotros además, ya que nosotros también, desde que nos despegamos de nosotros mismos, somos imantados por Dios, y el horizonte último de nuestra personalidad es la Trinidad misma a través del Verbo de Dios encarnado en Jesús.

Jesús no recibe esta gracia para sí mismo. Es una misión inscrita en el corazón de la Encarnación: comunicar a todos los hombres la Presencia Divina en la plena luz del despojamiento y del amor, y realizar la unidad del género humano en el único “yo” que es el Yo divino, a tal punto que Pablo podrá decir a los gálatas que en adelante “ya no hay hombres, ni mujeres, ni judíos, ni esclavos, ni hombres libres, (y podríamos añadir: ni católicos, ni protestantes, ni ortodoxos, ni budistas, ni musulmanes, ni asiáticos, ni americanos…) todos sois una sola persona en Cristo Jesús” (Gálatas 1, 28).

Para la humanidad, es la única posibilidad de alcanzar la unidad.  (Fin de la cita)

¡Esta amplificación de la oración por la unidad, esta oración que se vuelve oración por la unidad del género humano, todos debemos practicarla! La unidad de la humanidad sólo puede hacerse en la Persona de Jesucristo, más precisamente en y por Su humanidad infinitamente santa. Todos tenemos que hacer que el yo de Jesucristo, el yo divino, se exprese en y por cada uno de nosotros, y eso no se puede hacer sino por la desapropiación del yo carnal, despojándonos de nosotros mismos para revestirnos de Jesucristo. Eso es esencial.

Ahora, en pleno desarrollo de los medios de comunicación, esto debería comenzar a ser más efectivo. Que en Internet y en todos los medios de comunicación de hoy se exprese nuestra desapropiación por el revestirse de Jesucristo.

Pero podemos preguntarnos finalmente ¿por qué desear la unidad? ¿Por qué siempre y en todas partes tienen los hombres que realizar la unidad? La respuesta es evidente: para realizar el proyecto de Dios al crear y salvar al hombre, y la única manera, o al menos la primera, como el hombre puede responder al proyecto divino, y conocer así la felicidad es trabajar por realizar la unidad ahí donde estemos. Está en juego la felicidad de toda la humanidad, y el amor del prójimo como Jesús lo ama es su clave.

El libro del Apocalipsis habla de la humanidad futura como de una muchedumbre. Es ciertamente una falla: la verdadera humanidad de mañana, que ya está en camino de realizarse ahora y a lo largo de toda nuestra larga historia, constituye no una muchedumbre sino un cuerpo, el cuerpo místico de Cristo, en camino para ser el de la perfecta esposa.

Esta es ciertamente una manera nueva de darle sabor nuevo a la semana de oración por la unidad de los cristianos.

 

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