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2º texto, personal también,
en el día de la conversión de San Pablo. Leer primero el primer texto.
Zacarías había enmudecido
por no haber creído. Pablo se va a enceguecer para comenzar a tener una visión
totalmente diferente de las “cosas” y de todo, después del encuentro con Jesús
en el camino de Damasco.
Zacarías había enmudecido
por su falta de fe que hacía que no tenía nada más que decir, porque no podía
decir nada realmente sensato, mientras no creyera. Pablo, convertido, al entrar
en la fe, va a hablar mucho, va a escribir muchas “cosas” sensatas,
cristianamente sensatas, porque ahora es creyente. ¡El que no ha entrado en la
fe no debería hablar!
Lo que Pablo va a
tener que aprender, es la presencia interior de Jesucristo en los cristianos
que persigue, una verdadera
identificación con Él. Es Jesús el que es herido cuando él los persigue. Esa
presencia interior hasta la identificación, Jesús quiere hacernos entender que
Dios la quiere interior a todo hombre, y que en adelante no se puede hablar
sensatamente sino en la medida de la fe que hace eficaz la presencia divina
interior.
“¡Yo soy Jesús al que tú
persigues!” Jesús no dice: “¡Es como si fuera yo a quien tú persigues!” Es una
verdadera identificación de un Dios interior a todo hombre, o que al menos
quiere serlo.
Hay que repetirlo aquí: ¡un
Dios exterior al hombre no ha existido jamás! Un Dios interior al hombre es el
único que existe en verdad y en realidad. Si no conocemos ese Dios interior, no
podemos pensar y decir que Dios no existe, como lo hacen tan fácilmente hoy,
hasta escribirlo en los buses madrileños, y hacer de ello una especie de
estribillo a repetir sin cesar.
Pablo comenzó a estar ciego
cuando se convirtió, y, luego en casa de Ananías, recobró la vista, una nueva
visión sobre todas las cosas. ¡Ojalá sea nuestro caso! ¡Tenemos que habituarnos
y re-habituarnos sin cesar a ese Dios “puro interior”, que no puede tener para
nosotros otro interior que nuestro corazón! hay que vivir con ese Dios Espíritu
cuya habitación preferida es el corazón del hombre, no tenemos que preguntarnos
sobre otro “lugar” donde podría vivir eternamente, no lo hay, sobre su “otro
lugar” en la Trinidad, no lo hay (?). El corazón del hombre debe devenir el
paraíso del Dios Trinidad donde el Dios Trino quiere eternamente engendrar el
Hijo y de donde quiere brotar el Espíritu, de Uno y Otro, en el mismo instante
eterno.
¡Toda nuestra antigua visión
no llega, y no concierne, sino a las apariencias! El “comercio” con el Dios
interior es el único que puede enseñarnos a ir más allá. Todas las apariencias
quisieran enseñarnos que Dios no existe. ¡Son convincentes! Todo pudo, todo
puede muy bien pasarse de Dios, no lo necesitamos para explicar las cosas, ¡pero
sin Él ninguna explicación puede llegar a proclamar su inexistencia!
Y vamos a llegar, con la 3ª
conferencia de la Rochette en 1959, vamos a escuchar a Zundel hablarnos del
verdadero Dios. “Se tratará de saber lo
que recubre la palabra “Dios”. Una multitud de gente defiende un ídolo porque
se hace un dios según sus ideas…” ¡Evidentemente, es un dios según nuestras
ideas aquél del que afirmamos que no existe! Pablo también se había hecho una
idea de Dios según sus ideas. Todo cambió con el encuentro en el camino de
Damasco.
“El verdadero Dios es el espacio en que respira nuestra libertad. San
Juan de la Cruz llama a Dios una música callada. El Evangelio nos revela al
Dios interior, silencioso, que es la vida de todos los genios creadores, la
vida de nuestra vida, como dice San Agustín. ¡Nadie está más cerca de nosotros!”
Y, al final de la 3ª conferencia:
“Hay que descubrir a Dios sin cesar. La fuente que brota en vida eterna. Sólo se
puede conocer a Dios mediante el nuevo nacimiento, dándose, comprometiéndose, transformándose
en Él, entrando y permaneciendo en la soledad interior para escuchar la música silenciosa
que es el Dios vivo”. (Ver texto de mañana, 26/01/09).
Eso debe ser posible en todos
los estados de vida. ¡Que San Pablo convertido nos enseñe la verdadera conversión!