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Zundel

25/01/09. Un Dios exterior al hombre nunca existió. (Personal)

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Dios no existe, es al menos lo que piensan, y a veces profesan hoy, cada vez más personas.

Dos ejemplos nos son dados de la urgencia dramática de la difusión del pensamiento de M. Zundel sobre Dios. El nos dice algo esencial: El único Dios verdadero, no hay otro, es un Dios interior – Jesús dice “Dios es espíritu” – y no puede ser reconocido sino por el hombre interior. Grábense eso en la mente”.

Tengo también deseo de decir, ante la propaganda actual: un Dios exterior al hombre nunca existió. Un Dios interior al hombre existe desde siempre, infinitamente más real que el hombre que Él crea.

He aquí los dos ejemplos:

También se puede leer en el número reciente del Nouvel Observateur:

“Enero 2007. Francia conoce la mayor ofensiva creacionista jamás tentada sobre su territorio. Un libro extraño de 7 kilos y 800 páginas, intitulado: “L'Atlas de la création” ricamente ilustrado y refutando las teorías de Darwin en nombre del Islam, es distribuido por miles en las escuelas y las instituciones. Sin escrúpulos, el autor acusa el darwinismo de todos los males de la sociedad: racismo, eugenismo, fascismo, nazismo, comunismo, ateísmo, materialismo, hasta de los atentados del 11 septiembre 2001. ¡Es el pánico en la enseñanza!” (Extracto del N. O. del 22 al 28 de enero de 2009, página 18)

Sorprendente también el 2° ejemplo, de otro orden, pero procedente de la misma carencia dramática (del sentido de un Dios interior): en las noticias de la noche del 21 de enero dijeron: desde hace poco, circulan en Madrid, buses urbanos que llevan en sus flancos grandes afiches diciendo que ahora sabemos, por fin, con gran probabilidad que Dios no existe, y que hay que aprovechar de la vida al máximo. Sorprendente, en un país que vio nacer tantos de los grandes místicos cristianos, como Juan de la Cruz, Teresa de Ávila, Ignacio de Loyola…

El último número citado del Nouvel Observateur contiene todo un “documento”: “Dios contra la ciencia” “200 años después del nacimiento de Darwin la guerra continúa” (1). El debate, si no la guerra, entre los partidarios de la evolución, y los cada vez más numerosos que la rechazan, y entre los dos “bandos” los que piensan más bien en un “proyecto inteligente” del Dios Creador, porque no quieren rechazar completamente la idea de la evolución, es real hoy.

Zundel habría planteado inmediatamente a todos la pregunta esencial: ¿de qué Dios hablamos y a qué hombre? A esta pregunta súper esencial, sólo la respuesta de la mística cristiana podrá poner fin al debate, ¡pero aparentemente nadie piensa en ella! ¿Se trata de un dios exterior al hombre y a la creación, como lo piensan los musulmanes, los creacionistas, y tantos cristianos, o se trata de un Dios interior?

Zundel había ya planteado la pregunta a los padres conciliares de Vaticano 2. Evidentemente, para él como para nosotros y para todos los que tratan de reflexionar profundamente, el único Dios verdadero, el único Dios que existe realmente es “puro interior”.

La cuestión es primordial y capital. Es urgente plantearla hoy. Si el único Dios verdadero es un Dios interior, un Dios puro interior, un Dios pura interioridad, un Dios espíritu, como lo dice Jesús a la samaritana, la teoría de la evolución es perfectamente compatible con ese Dios porque, en sus mejores presentaciones, en sus presentaciones cristianas, ve a Dios como interior a toda la evolución, imantándola y dirigiéndola a lo largo de su larga historia.

Es urgente que la humanidad contemporánea tome conciencia de que no puede haber otro Dios que ese Dios interior, y de que sólo el hombre interior puede descubrirlo.

Habrá que volver a este tema porque la cuestión es hoy extremamente importante, ya que si le creemos al autor del expediente del N.O., “cerca del 40 por ciento de los norteamericanos adultos actuales rechazan la evolución y el rechazo es superior al 50% en Turquía, Indonesia, Pakistán, Malasia y Egipto”. Y el Islam, justamente para el cual Dios es exterior al hombre, está en camino de rechazar por todas partes la teoría de la evolución. Todo eso por ignorancia del Dios interior, y del hombre interior en el hombre. “Que le Padre os conceda en su gloriosa riqueza, el ser poderosamente fortificados por su Espíritu para que crezca el hombre interior” (Ef. 3, 16).

Nota (1). El Nouvel Observateur intitula su número: “Dios contra la ciencia” “200 años después de Darwin la guerra continúa”.

¡No! ¡El Dios interior no está contra la ciencia! Es interior a los sabios como a los autores de los libros de la Biblia. Si sus enseñanzas parecen opuestas, es sólo a causa de los límites de la inteligencia de todo hombre, particularmente cuando se trata del Dios Trinidad que trasciende toda inteligencia humana.

Eso no quiere decir que no podamos conocerlo, sino que no podemos alcanzarlo en toda su verdad sino con la venida de Jesucristo en el cual se encarna Dios perfectamente, aunque su humanidad siga siendo criatura, y por eso, limitada y entonces no apta para entregarnos todos los secretos de Dios. No los entrega a la vez, esencialmente, en la manera como pasa al Padre, y al mismo tiempo el hombre no puede recibirlos sino a lo largo de una historia muy larga no terminada, la de la ciencia y la del desarrollo del dogma cristiano. La revelación crística terminó con la muerte del último apóstol, pero es como el embrión que contiene ya todas las líneas de su futuro ser, y no puede negarlas. (Continuará)

 

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