Normal
0
21
false
false
false
MicrosoftInternetExplorer4
/* Style Definitions */
table.MsoNormalTable
{mso-style-name:"Tableau Normal";
mso-tstyle-rowband-size:0;
mso-tstyle-colband-size:0;
mso-style-noshow:yes;
mso-style-parent:"";
mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;
mso-para-margin:0cm;
mso-para-margin-bottom:.0001pt;
mso-pagination:widow-orphan;
font-size:10.0pt;
font-family:"Times New Roman";
mso-ansi-language:#0400;
mso-fareast-language:#0400;
mso-bidi-language:#0400;}
Explicación propuesta. (Personal)
Ensayo de explicación,
después de unas observaciones hechas al texto publicado ayer. Creo que puede
interesar a otros visitantes del sitio.
Leo en un comentario del 1er
texto del 25 de enero las observaciones siguientes, y agradezco al que las
escribió: “Me siento incómodo con la primera parte de su afirmación: un Dios
exterior al hombre jamás ha existido…” Y también: “¿No deberíamos limitarnos a
hablar de Jesucristo más bien que arriesgar hacer daño hablando de Dios?”
Creo que estamos obligados a
hablar de Dios (con el riesgo de perjudicarlo, de acuerdo), porque se habla de
Él (incorrectamente) cada vez más hoy en día. Se trata con mayor frecuencia de
un falso Dios, lo cual es evidente cuando se dice que no existe (se proclama
inclusive sobre los buses madrileños su no existencia probable).
Estoy cada vez más
convencido de la verdad de la afirmación: un Dios exterior al hombre no ha
existido jamás, porque si Dios es “puro interior” como lo dijo y repitió con
frecuencia M. Zundel, no se ve cómo podría ser situado al exterior de algo o de
alguien.
Evidentemente, para nosotros, el hombre comienza a
existir en la tierra al cabo de una evolución muy larga y aún no terminada, y
por lo mismo mucho después de la creación del Universo y de la tierra. Pero
sabemos por San Pablo (Efesios 1, 4; 2 Tesalonicences 2,13) que “Dios nos
eligió desde antes de la creación del mundo”. Existíamos pues desde antes de la
creación, en el pensamiento de Dios.
Creo pues que Dios, en ese pensamiento, no ve las “cosas” como nosotros y que,
siendo pura interioridad, siendo puro espíritu, no puede vernos con ninguna
exterioridad respecto a Él. (No puede ser exterior a nosotros, como tampoco
nosotros podemos vivir verdaderamente como exteriores a Él).
El pensamiento divino, con
la elección que implica, me parece pues que debe incluir que el hombre está
presente en Dios desde toda eternidad, y evidente y prioritariamente, Cristo
también, y que un Dios exterior al hombre jamás ha existido.