in

Sotamenta.Net

El sitio Internet de nuestra tribu!

Zundel

20/02/09. Cristo nos enseña a conocer a Dios de manera totalmente nueva…

Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;}

Comienzo de la 2ª conferencia La Rochette en septiembre 1963. La Trinidad.

 Encontramos en la vida de la Trinidad la expresión auténtica de las relaciones de Dios en sí mismo y de Dios con el hombre

"Cristo nos trae una verdadera revolución. Solo Cristo pudo proponernos la solución del problema que somos. Por Él aprendemos a poder ser hombres.

El resplandor de Cristo es universal, Su presencia se manifiesta por doquiera, tanto antes de su aparición en el tiempo como después, porque Cristo nos trae una experiencia única de Dios. Es preciso decir "experiencia" porque el conocimiento de Dios está siempre ligado a la experiencia que hacemos de Él. Todo lo que podemos saber aquí abajo toma necesariamente la forma de una experiencia humana. El conocimiento se manifiesta siempre a través de un acontecimiento que se realiza en nosotros.

Sólo Cristo tiene verdadera experiencia de Dios ya que Cristo logró conciliar los inconciliables, unir la grandeza suprema con la suprema humildad. Cristo nos enseña a conocer a Dios de una manera totalmente nueva porque Él vive en la Trinidad, nos introduce en la Trinidad que es el término del Reino que constituye el tesoro supremo del Evangelio.

La Trinidad no es evidente ya que en el Antiguo Testamento no se habla de ella. No es evidente ya que los que hablan de ella están muy lejos de comprender su significado. La Trinidad constituye una paradoja tal que el Islam, para tomar un ejemplo de inmensa importancia, polemiza enérgicamente contra ella.

En el Corán encontramos varias veces esta frase: "Dios no engendra ni es engendrado". Bajo esta forma muy breve está el argumento decisivo del Corán contra la Trinidad. En ella aparece con evidencia que para el Islam la Trinidad constituye una negación del monoteísmo, compromete el monoteísmo porque al introducir varios términos en la divinidad introduce en realidad varios dioses, y el Corán tiene un término particularmente decisivo para designar a los cristianos: son "asociadotes", asocian a Dios alguien que no es Dios; son culpables, renegados, infieles, idólatras.

El Corán tiene ciertamente un respeto muy sincero hacia Jesús a quien considera como uno de los grandes profetas, y hacia María, su Madre, la Virgen María, pero ese respeto es tan indiscutible como es firme su posición anti-trinitaria. Por eso, algunos sabios cristianos, islamistas distinguidos, ven en el monoteísmo del Islam la afirmación más masiva, más perfecta, más monolítica de los monoteísmos, olvidando la posición del judaísmo actual que no es menos anti-trinitario que el Islam. ¿Qué pensar de esas posiciones?

Es muy evidente que si el Profeta del Islam e inclusive el judaísmo de hoy se oponen a la afirmación trinitaria es porque no la entienden. Mahoma, siendo camellero, había tenido ocasión de viajar mucho en una época en que se escribía poco, y tuvo centenares de veces ocasión de conversar con interlocutores cristianos o judíos. Retuvo lo que le podían enseñar ellos sobre su religión, y con mayor frecuencia la conocían muy imperfectamente. El profeta del Islam oyó hablar de la Trinidad a través de testimonios cristianos muy insuficientes, como también colectó de labios de sus interlocutores judíos alusiones bíblicas con frecuencia deformadas. Los que lo informaron sobre la Trinidad fueron entonces cristianos que no habían comprendido nada y que se limitaron a enunciar los términos de Padre, Hijo y Espíritu Santo, sin reconocer en la Trinidad la fuente incomparable de la vida espiritual más elevada.

Si nos referimos a las palabras de San Gregorio Magno: "El amor debe tender hacia otro para poder ser caridad", tenemos inmediatamente la impresión de que la Trinidad está esencialmente unida a la caridad. Por una parte, si para poder ser caridad debe tender hacia otro, y por otra parte, si Dios es caridad, la caridad en Dios como en nosotros debe poder tender hacia otro. Y como en Dios la caridad es eterna y no depende de la nuestra, es necesario en cierto modo que haya Otro en Dios hacia el cual se ordene y se comunique su caridad. Esa es seguramente la diferencia esencial entre Dios y nosotros: nosotros no podemos llegar a la caridad sino a través de Él, sólo en Él podemos llegar a ser nosotros mismos, mientras que Dios es eternamente Él por sí mismo. Él no necesita de nadie para ser Él mismo, porque Él mismo es caridad, porque Él es amor, porque en Él hay necesariamente alguien a quien darse.

Bajo este aspecto ya esencial aparece inmediatamente que si no fuera Trinidad Dios sería impensable ya que, si no fuera en cierto modo una pluralidad relativa (de relaciones) no habría otro en Él a quien darse y no podría sino tornar en torno a sí mismo, gozarse a sí mismo, admirarse, en un narcisismo horrible y monstruoso.

Ya bajo este aspecto, la Trinidad nos libera de una horrible pesadilla porque, si Dios no fuera caridad no habría ninguna relación entre la santidad humana y la santidad divina. Para nosotros es inconcebible que la caridad no sea completamente dada. Para nosotros, la virtud se realiza en el amor. Si Dios no fuera caridad, no habría ninguna especie de analogía entre la santidad humana y la santidad divina, no se hablaría de la Santidad de Dios del exterior, no podríamos verlo sino radicalmente separado de nosotros, y finalmente, Dios aparecería como una dominación rigurosa, que nos dominaría con su exterioridad, y finalmente, no tendría ninguna relación con nosotros a no ser por su poder. Al contrario, si Dios es caridad comprendemos que nuestra santidad está en la misma línea que la Suya, que va en la misma dirección, que consiste en Dios como en nosotros, en cierta evacuación de sí mismo que abre un espacio al otro en quien se consuma el amor.

Bastaría pues recordar el acto de fe de la primera epístola de San Juan (4, 16): "Pero nosotros conocimos el Amor de Dios hacia nosotros y creímos", para que el amor nos tome y para que encontremos en la vida de la Trinidad como la expresión auténtica de las relaciones de Dios en Sí mismo y de Dios con el hombre". (Continuará)

 

Comments

No Comments

Leave a Comment

(required)  
(optional)
(required)  
Add
Powered by Community Server (Non-Commercial Edition), by Telligent Systems