2a parte de la 5a conferencia de La Rochette, en 1963.Cierto materialismo religioso, el peor de todos, puede establecerse trágicamente alrededor de la Eucaristía.Retoma: "Hay una religión aparente que no supone ningún compromiso profundo. Basta con ser correcto, con observar las reglas de cortesía, no dar lugar a ningún escándalo, y uno puede seguir satisfecho utilizando ampliamente los bienes de este mundo con la seguridad tranquila de gozar también de los bienes eternos. Eso es extremadamente grave y podemos preguntarnos hasta qué punto no llegamos, a propósito de la Eucaristía, a una confusión tan radical sobre la esencia misma del mensaje de Jesús."Continuación: "Para simbolizar y concretizar esta reflexión, puedo citar religiosas dedicadas a obras de propaganda, en especial a obras de prensa, que edifican una hermosa capilla, con ornamentos suntuosos y que, después de 21 años de servicio, echan una empleada que había sido una bendición permanente para la casa. Dejan partir, después de veinte años, la empleada que había creado, puede decirse, la difusión de sus libros, que dio lo mejor de su vida, y sin ninguna gratificación, porque pidió un aumento de sueldo, que le era indispensable para atender a las necesidades de su mamá, totalmente a su cargo. Las mismas religiosas hesitan ante el problema de pensión por dar a las empleadas que quedan con lo mínimo, que no tienen nunca seguridad de ser protegidas en la vejez contra las primeras necesidades, mientras la religiosa cuyo voto de pobreza se convierte en seguro contra todo riesgo, tiene aseguradas sus vacaciones, los cuidados en sus enfermedades, ser asistida con atención en su vejez: ¿Qué representa entonces el Santísimo Sacramento? ¿Qué significa la capilla? ¿Con qué riman los ornamentos suntuosos? ¡Yo afirmo que eso es un robo, un crimen y un asesinato, porque todo eso lo sacan del salario de los pobres! Y si la divina presencia no despierta al menos el sentido de la justicia, vamos hacia la negación misma del Evangelio. (1)Es seguro que una especie de materialismo religioso es el peor de todos los materialismos, y que cierto materialismo puede establecerse trágicamente alrededor de la Eucaristía: ¡tenemos la presencia real, la tenemos, estamos asegurados! ¡Tenemos un estandarte, un pararrayos celeste por encima de la casa, podemos dormir tranquilos! ¡Dios está ahí, en su cajita y lo tenemos continuamente a nuestra disposición!Confieso que esas imágenes me horrorizan. Me parece que eso es verdaderamente una degradación del Evangelio, que estamos en pleno faraonismo, en una religión sin compromiso que no provoca nada especial en la vida.Vemos en el sur de Italia a millonarios católicos, saciados hasta reventar, con hijos completamente desganados porque han recibido tantas cosas que ya no se sabe qué darles. ¡Ya no le interesa nada porque están saturados de juguetes y de comida! Mientras tanto, los campesinos de Sicilia comen hierba como los animales y son explotados de manera escandalosa e infame por los trustes que les impiden ganar su pan. ¿Cómo quieren que el comunismo no prospere en esas regiones? Nada más natural. Es una situación tan intolerable que si la religión parece cómplice, no puede sino ser vomitada por todos los que son víctimas de ese sistema abominable. Pudo haber un error radical sobe la Eucaristía.Nos felicitamos de que los niños sean admitidos a la comunión, de que la comunión diaria se haya hecho tradición cada vez más general: ¿nos hemos inquietado por el valor de esas comuniones? ¿Qué efectos tienen? ¿Qué cambios producen? Veo esa jovencita bien educada en su pensionado distinguido, que comulgaba todos los días con sinceridad y fervor, ¡estudió filosofía tomista! Está en las mejores disposiciones. Llega a París, entra a la universidad, encuentra un camarada, trabaja con él – ¡trabajar con un camarada es tan favorable al desarrollo del trabajo! – pero, naturalmente, en los estudios hay pausas. El camarada se interesa por la joven, le hace proposiciones y finalmente le dice: "¿Pero finalmente, no eres una vieja burguesa? ¿Quieres conservarte?" Ella comprende entonces que si no quiere ser una vieja burguesa que se conserva, tiene que darse a él. Es lo que hace. Queda encinta y ¿qué va a hacer? ¿Qué hacer sino abortar? Allá llega finalmente y, una vez que ha cogido ese camino, ustedes pueden comprender lo que viene después.Entonces todas esas comuniones, en un medio donde constituían una especie de seguridad, un certificado de buena conducta, que procuraban los favores de las religiosas, que daban a la joven el sentimiento de estar realmente muy bien, ¿en qué terminan? Y no es solamente un ejemplo, yo podría citar toda una colección de ejemplos.En esas comuniones sin compromiso, donde se cuenta con el opus operatum, donde uno debe santificarse automáticamente por haber abierto la boca para recibir la hostia, hay algo extremadamente peligroso porque ya no se ve la exigencia que está a la base de una verdadera conversión y que supone un nuevo nacimiento, la transformación radical en que pasamos del yo posesivo al yo oblativo.Cuántos sacerdotes inclusive están en ese nivel, ellos que celebran la misa todos los días. Son gente buena sin duda, virtuosos según el canon habitual, no dan lugar a ningún escándalo ¡pero viven como burgueses, sin reproche, persuadidos de tener poderes que les dan un rango particular, que les dan derecho a recibir honores, derecho a los primeros puestos por ser representantes de Dios!Tenemos pues que re-situar la Eucaristía, la Eucaristía donde encuentra su unidad la vida de la Iglesia, tenemos que ponerla en su lugar, es decir en la perspectiva evangélica, y la perspectiva evangélica se impone si leemos en San Juan las últimas charlas del Señor a sus discípulos. La última consigna, que resuena en todas esas páginas, es: "Un mandamiento nuevo os doy, que os améis unos a otros como yo os he amado". Eso no basta, porque esa consigna es también el criterio para reconocer a los discípulos de Jesús: "En esto sabrán que sois mis discípulos, en que os amáis los unos a los otros". Y para dar una lección sobre esto, Jesús pone agua en una palangana, ce ciñe un lienzo, se arrodilla ante ellos y les lava los pies. Ahí tienen lo que es amar al prójimo: "Lo que hice, era para que hagáis lo mismo unos con otros".Y ahora, ¿dónde está la Eucaristía (del lavatorio de los pies y del discurso después de la Cena)? parece haber desaparecido. ¿No fue enunciada en las últimas charlas de Jesús a sus apóstoles? ¿Por qué desapareció? ¿Por que ni se la menciona? Porque está implícitamente contenida en el mandamiento nuevo, en la última consigna del Señor: "Amaos los unos a los otros" y en el lavatorio de los pies, porque es exactamente lo mismo" (continuará). Nota (1). Zundel habla en 1963. ¡Hoy ya no se ve ese tipo de "cosas"! Pero ahora, más que hace 50 años, la comunión parece banalizada: se comulga todos los días de fiesta, y sólo esos días, únicos días en que se va a misa, sin preocuparse por prepararse para la comunión, simplemente quizás para hacer como todo el mundo! ¿Dónde está el discernimiento que nos pide San Pablo?