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19/03/09. ... Lo vieron al exterior como estaba dentro de ellos.

4ª parte de la 5ª conferencia de La Rochette en septiembre 1963.El sentido de la Eucaristía. La proximidad insuperable de la Humanidad de Nuestro Señor con nosotros. En qué consiste la Misa.Es a través de la santa humanidad de Nuestro Señor Jesucristo como se  nos comunica toda la gracia."El hombre tiene necesidades reales. Para adaptarse a todos y a cada uno, hay que despegar de sí mismo, hay que realizar el nuevo nacimiento, hay que pasar del exterior al interior, hay que superarse a sí mismo realmente y estar siempre disponible al Amor de Dios que no está jamás ausente.Cuando digo: "El Señor responderá a la comunidad reunida", a la comunidad que en San Ignacio de Antioquía tiene el nombre de Agape, es decir, de Amor, "El Señor responderá" es una manera más de hablar. El Señor responde siempre, ¡Él está siempre ahí, somos nosotros los que no estamos! La Humanidad de Jesús está siempre con nosotros. Más aún: está siempre en nosotros, porque es a través de la Santa Humanidad de Nuestro Señor como se nos comunica toda gracia, y como la gracia es lo más íntimo que tenemos, ya que la gracia es la que suscita nuestra intimidad liberada, no hay duda de que la Humanidad de Nuestro Señor está con nosotros en una intimidad insuperable.¡Jesús es siempre el compañero de Emaús que camina con nosotros y que no se ausenta jamás! Somos nosotros los que no lo vemos. Cómo no recordar aquí el comentario genial de San Gregorio Magno a propósito de los discípulos de Emaús, ese comentario tan conciso, tan luminoso, que nos da el sentido de lo que puede ser una revelación auténtica.Para explicar el hecho de que los discípulos de Emaús no reconocen a Jesús, San Gregorio dice esta frasecita: "Lo vieron al exterior como estaba dentro de ellos". Su fe estaba vacilante, sin embargo Lo amaban, tenían nostalgia de Él, se lamentaban por otra parte del sesgo que habían tomado los acontecimientos: "Ya van tres días desde que eso sucedió, ¡hace tres días que murió! Es verdad que unas mujeres nos dijeron que… pero ¿qué crédito se les puede dar a esos cuentos de mujeres?"Así van. Su fe es incierta, es ambigua, y por eso su mirada no puede discernir claramente la presencia del Señor. Lo ven al exterior como está en su interior: es lo que siempre han hecho los hombres: han puesto a Dios todos los límites porque Lo han visto al exterior como estaba dentro de ellos, es decir que Lo creyeron tal en Sí mismo como se lo fabricaban dentro de ellos mismos.Nuestro Señor no nos va a permitir esta falsa identificación. Nos va a pedir, para acercarnos a Él, es decir, para entrar en contacto real con su presencia que no falta jamás, nos va a pedir que hagamos de nosotros una presencia real, una presencia universal, una presencia católica, sin fronteras, una presencia donde todo hombre se sienta acogido y donde todo el universo pueda comenzar de nuevo. Ese es el sentido de la Eucaristía.Ese es el sentido de la Eucaristía: no podréis venir a mí sino juntos, no estaréis habilitados para invocarme si no formáis ya más que un solo Cuerpo, mi Cuerpo Místico que es el único que comunica con su Cabeza, que soy yo. Las palabras de la consagración brotan pues del fondo del Cuerpo místico.¡No hay liturgia que no suponga toda la humanidad reunida alrededor de la mesa del Señor! Es necesario que haya en el mundo al menos un alma que lleve ese peso de amor, que sea arras de ese llamado: si no hubiera ya en el mundo una sola alma que llevara ese peso de amor, una sola alma en estado de gracia, en estado de comunión universal, toda misa sería inmediatamente sacrílega e imposible. Porque la misa no es un rito mágico que opera sobre un objeto, sino una ecuación de luz y de amor entre la comunidad y su cabeza, entre la comunidad y su Jefe, entre la Comunidad y su Señor.No hay pues liturgias ni comuniones privadas. Eso no tiene sentido. No se comulga jamás para sí mismo, sino con los demás y para los demás, participamos en la liturgia con los demás y para los demás.Si hubiera un solo ser en el mundo, podría estar en comunión singular con la divinidad, pero no estamos solos, nuestra humanidad está en simbiosis con todos los individuos de nuestra especie. Para Dios, cada uno representa la misma grandeza, cada uno ha sido conquistado por la misma inmolación, cada uno beneficia de la misma redención, cada uno es pesado con la misma Sangre de Jesús, cada uno en fin debe realizar en sí mismo el reino de Dios, y el reino de Dios no es otra cosa que la respiración universal de la Presencia divina que circula de unos a otros como la Vida de nuestra vida.No se trata pues de esperar que tengamos deseos de comulgar, que estemos en estado de fervor sensible. No se trata de eso, sino de saber que tenemos que reunir todo el universo alrededor de la Mesa del Señor para que su Presencia sea realidad a través de la realidad de nuestra presencia". (Continuará) 

 

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