5ª parte de la 5ª conferencia de La Rochette en septiembre 1963.Comulgar es constituir el Cuerpo de Cristo, el Cuerpo místico, es asumir toda la humanidad y todo el Universo. La presencia real no es una presencia local."¡La hostia en el tabernáculo como objeto es ineficaz, tan ineficaz como la Presencia del Verbo que luce en las tinieblas y que las tinieblas no acogen!¡Es absolutamente inútil erigir una iglesia so pretexto de que se va a poner ahí el Santísimo Sacramento si nadie quiere! Si la presencia no es concebida como una presencia comunitaria en la Iglesia, por la Iglesia y para ella, es decir en la humanidad, por la humanidad y para ella. Si la presencia no se concibe como presencia comunitaria que nos quiere fraternalmente unidos, estamos completamente fuera de las perspectivas del Evangelio.Se ha instalado todo un materialismo alrededor de la hostia, precisamente porque se ha perdido de vista la exigencia fundamental.¡Recuerdo aquella institutriz, angelical por otra parte y de muy buena fe, que decía gravemente a los niños que catequizaba que no debían tocar la hostia con los dientes y que sólo el sacerdote tenía derecho a masticarla! Es triste llegar a semejante casuística – con las mejores intenciones – en que la hostia se convierte en objeto, en que se pierde de vista que comulgar es constituir el Cuerpo de Cristo, el Cuerpo místico, es asumir toda la humanidad y todo el universo.Se pierde así de vista igualmente que según la doctrina más clásica, la presencia real no es presencia local, no es presencia físicamente accesible, no puede ser alcanzada por ningún instrumento, inclusive sacrílego, no puede aparecer, ni siquiera por milagro, como lo dice formalmente Santo Tomás de Aquino, porque Jesús no está presente a la manera de un objeto. A través de la hostia, sí, realmente, más realmente de lo que estamos aquí nosotros, Jesús se comunica a nosotros, a condición de que nosotros estemos en estado de comunicación con todos los hermanos humanos y con toda la Creación.Por eso debemos acercarnos al Santísimo Sacramento purificando el lenguaje en cuanto sea posible. No diremos que "la hostia es Jesús", sin hacer referencia al sacramento. Digamos que es el sacramento de la Presencia real de Nuestro Señor (1), no es exactamente lo mismo porque todas las operaciones físicas, ingestión, digestión, división, fracción del pan, transporte, todo eso se refiere a las especies y en modo alguno a la Persona del Señor. Seamos prudentes como lo es el dogma mismo, porque el dogma es justamente definido con esa precisión de amor que evita todo materialismo para prevenir toda materialización. No hay que acercarse nunca al Santísimo Sacramento sin un pensamiento comunitario.Hemos quizás exagerado el culto del Santísimo Sacramento fuera de la liturgia, culto que no es corriente en las Iglesias de Oriente. Los coptos no conservan el Santísimo Sacramento. Les llevan la comunión a los enfermos durante una celebración. Si no me equivoco, los griegos conservan el Santísimo Sacramento pero en secreto, y no hacen culto de ello. El culto eucarístico se despliega en la acción litúrgica, justamente durante la acción en que la Iglesia está efectivamente reunida alrededor del altar.La lógica occidental, la terrible lógica de los legistas romanos, fue casi mecánicamente hasta las últimas consecuencias de la afirmación de la presencia real. Eso hizo que en el siglo 19, la visita al Santísimo tomaba infinitamente más importancia que la misa misma. Todavía se ve, o al menos se veía en Italia hace algunos años, esas visitas solemnes con cantores designados, mientras se podía faltar a la misa sin escrúpulos.Pero, ya que la liturgia romana es más o menos la nuestra (1), aceptemos el culto del Santísimo Sacramento fuera de la liturgia pero siempre para prolongar así la liturgia, siempre con ese pensamiento comunitario, y llevando en el corazón toda la humanidad y todo el universo. Así sí, dándole este significado – y es el único que puede tener – la presencia real puede ser, a toda hora del día y de la noche, el fermento de la desapropiación que debe hacernos totalmente disponibles a la humanidad para ofrecernos como espacio ilimitado a la invasión de la presencia divina.La preparación a la comunión y la acción de gracias no pueden ser entonces sino oración sobre la vida, oración sobre el hombre, oración sobre el prójimo, y sólo exclusivamente poniéndonos a su servicio en el lavatorio de los pies, nos preparamos a recibir la presencia del Señor, nos abrimos a ella y correspondemos a Sus intenciones". (Continuará) Nota (1). Es el sacramento de la ofrenda perfecta y real de Cristo. Según la doctrina más tradicional, la Eucaristía es el sacramento del sacrificio de Jesucristo.