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21/03/09. Un esfuerzo (¿más o menos exitoso?) por desmaterializar la manera de percibir la Eucaristía como objeto.

6ª parte de la 5ª conferencia de La Rochette en septiembre 1963.... La humanidad de Cristo es quizás un largo de onda. La doctrina más clásica nos impide absolutamente ver en la Eucaristía una presencia local."¿Podemos ahora considerar el acontecimiento en que la Presencia del Señor se realiza efectivamente en el curso de la liturgia? Quisiera permitirme aquí presentarles unas reflexiones, con temblor porque ese tema desafía el lenguaje. Estas reflexiones no las comprometen a nada, son simplemente un tema de reflexión, si las quieren aceptar como tal.¿Podemos comprender, si me atrevo a decir, el milagro de la transustanciación, para utilizar las palabras tradicionales? Creo que podemos de cierto modo hacernos una imagen a partir de una experiencia que les parecerá lejana, la de nuestra voz. Ustedes tienen una voz, y esa voz es única. Todos los que las conocen la reconocen. Si hablan por teléfono con alguien que es familiar para ustedes, la persona reconoce su voz. Si hablan por la radio o la televisión, reconocen su voz. Si está grabada en una cinta magnética, reconocen su voz. ¿Qué es lo que hace que su voz sea su voz? Cierta cifra inscrita en su laringe, es decir que su laringe es apta para ciertas vibraciones que ponen en movimiento el aire ambiente imprimiéndole ciertos ritmos, con ciertas armónicas, y esa cifra inscrita en su laringe le da a su voz el poder que tiene (la laringe) de determinar ritmos que constituyen la personalidad de su voz que es única.Hay algo análogo en todo el cuerpo. La naturaleza humana es un número, del que el número inscrito en la laringe es sólo una resonancia. Lo que constituye nuestro cuerpo es ese número. Lo comprenden sin dificultad si consideran la identidad sorprendente entre el embrión en el seno materno y el anciano que presenta un aspecto bien diferente. El número inscrito en el rostro del anciano está inscrito ya desde la concepción del embrión. El mismo cuerpo va a conservar su identidad porque estará siempre bajo la influencia del mismo número, o si prefieren, del mismo largo de onda.Eso hace pensar que hay que considerar el cuerpo en su esencia únicamente bajo este aspecto, como un largo de onda. Sabemos que los cosmonautas no pueden realizar sus viajes alrededor de la tierra sino llevando en su cabina las condiciones terrestres, especialmente el oxígeno y la alimentación. De cierto modo, deben familiarizarse ya con la ausencia de gravedad que los asecha en el momento en que saldrán de la atmósfera terrestre: eso quiere decir que el cuerpo, en su estado actual, no puede vivir fuera de la tierra ya que está adaptado a las condiciones terrestres. Pero eso no quiere decir que no sea adaptable a otras condiciones.Puede que si un día coloniza otros planetas pueda respirar otro gas que el oxígeno, puede que no necesite alimentarse, puede además que aun en la tierra se llegue a alimentarse de elementos infinitesimales provenientes directamente de la energía atómica, lo cual nos dispensaría de las comidas laboriosas, de la cocina agotadora y también de la digestión aún más laboriosa. Entonces, puede que el estómago desaparezca, que las funciones digestivas sean abolidas, ¡y así sucesivamente! Pero todavía tendríamos cuerpo, es decir una posibilidad de manifestarnos en el mundo visible.Noten que los cambios que imagino en el cuerpo humano como adaptación a un nuevo hábitat no son más sensacionales que el que se produce cuando pasamos del embrión al anciano. La permanencia del cuerpo puede ser asegurada a condición de que permanezca el largo de onda que define nuestro ritmo singular, nuestro ritmo único e irremplazable, nuestra música fundamental. Es lo que me hace pensar que a la muerte, el cuerpo no muere.El cadáver – esto además está sólidamente establecido – no es el cuerpo. El cadáver representa simplemente el cordón umbilical, o la placenta, que nos ataba a la tierra mientras dependíamos de ella para la alimentación, la respiración y la subsistencia. Al morir, se rompen los lazos con el hábitat terrestre, pero nada impide que el número, el largo de onda que constituye la esencia del cuerpo, perdure, y yo creo que perdura. Es una visión personal. Creo que el cuerpo en su esencia no muere y que más allá del velo, se recompone en una vida que ya no debe nada a las condiciones del hábitat terrestre.Es muy sorprendente que, en sus apariciones después de la resurrección, aunque Nuestro Señor puede manifestarse visiblemente a los apóstoles, no está limitado por las condiciones terrestres. Entra estando las puertas cerradas, desaparece, los discípulos lo toman regularmente por un fantasma antes de identificarlo en Su persona.En este contexto, no pienso que los que salen de nuestro hábitat se alejen. Pienso que siguen con nosotros, que están exentos de toda localización, y que, simplemente, nosotros no somos capaces de verlos porque nuestros ojos no están en armonía con el largo de onda que se manifiesta habitualmente a través de la cubierta burdamente carnal que depende de las condiciones terrestres.Todo eso para decir que la humanidad de Nuestro Señor, en su esencia, puede ser también un largo de onda. Tratándose de Cristo resucitado, ese largo de onda puede manifestarse en nuestro universo pero no depende de él en modo alguno.Podemos decirlo con mil precauciones, pero quizás se podría pensar que, en el momento en que resuena el llamado del Cuerpo místico, único que puede llamar a su Cabeza, en el momento en que resuena el llamado del Cuerpo místico, es decir en el momento de la Consagración, ese largo de onda pone a vibrar las especies eucarísticas, como nuestra voz – perdonen esta burda comparación – pone a vibrar los mil micrófonos que transmiten su Presencia. Es una imagen y ustedes hacen con ella lo que quieran. Échenla a la basura si no les conviene. Esta imagen me parece tener cierta verosimilitud. En todo caso desmaterializa la manera de percibir la Eucaristía como objeto, ya que, una vez más, la doctrina más clásica nos impide absolutamente ver en la Eucaristía una presencia local.Cristo no está en la hostia como un reloj en un estuche, o como el agua en la fuente, o como nosotros en este recinto. Lo está realmente, pero de manera diferente". (Continuará) 

 

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