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Personal. En el Dios Trino la unidad perfecta y la perfecta beatitud de cada
Persona es tanto conquistada como adquirida.
En su humanidad, Cristo está presente a
todo hombre que viene a este mundo, pero esa presencia no tiene ninguna
eficacia mientras el hombre no haya comenzado a responderle por la ofrenda de
sí mismo. Y el sacramento de la Eucaristía se ofrece al hombre para obtenerle
la gracia, la fuerza, de dar la respuesta más perfecta posible. En la comunión
recibimos el pan de la fortaleza.
Se trata de que cuando se reciba el Cuerpo
de Cristo, tendamos a imitar el modo de Su paso al Padre por la Pasión-Muerte-Resurrección-Ascensión-Sesión
a la derecha del Padre, de lo cual es sacramento la Eucaristía. Nadie en la
tierra lo imita de la misma manera que otra persona, y cada uno tendrá siempre
una manera original de imitarlo, y para cada uno, esa manera no será la misma
de un día a otro, ni inclusive de un instante al otro, y es por esa imitación de
la ofrenda de Jesucristo que el hombre opera, en Iglesia, la unificación de la
humanidad, y por eso se puede decir que Jesús instituye el sacramento para la
unidad del género humano a imitación de las personas divinas en la Trinidad.
(Bajo toda reserva) Porque podemos pensar
que en la Trinidad, eternamente, la perfecta unidad de las personas divinas no
la tienen eternamente "así no más", sin ningún "esfuerzo"
de cada persona divina. Hay siempre justamente un esfuerzo, infinitamente
misterioso, un esfuerzo de don perfecto de cada Persona a las Otras, esfuerzo con
el que se identifica cada persona divina.
En nuestro esfuerzo de ofrenda, que debe
ser permanente, imitamos justamente ese "esfuerzo" eterno de la
Trinidad divina que hace que en Dios, la unidad perfecta es conquistada
tanto como vivida. Digo esto bajo toda reserva, es una suposición que
me parece en perfecta armonía con todo el contenido de la fe cristiana en
Jesucristo creador y redentor.
Pero hay que observar que en el único
instante de la eternidad divina el instante de ese esfuerzo es contemporáneo,
si se puede decir, de la perfecta unidad perfecta y eternamente vivida por ser
eterna y perfectamente conquistada. Una vez más lo digo bajo toda reserva, es
una suposición que me parece en perfecta armonía con el contenido de la fe
cristiana en Jesucristo creador y redentor, pero no hace parte del credo.
¿Podemos pues ver la Eucaristía como
sacramento del don perfecto y eterno de cada persona divina a las demás en la
Trinidad? Debería ser posible, precisando que el don infinitamente misterioso no
se hace sin duda solo y que eternamente en el seno mismo de la Trinidad, puede
vivirse algo semejante al heroísmo humano, e infinitamente más y mejor, que es
fundamento de la eterna beatitud divina. Jesús que sufre, muere y resucita,
podría verse viviendo entre nosotros los hombres, la perfecta imagen e
imitación de ese eterno y misterioso don divino, y dejándonos su sacramento.
Y como Dios crea y salva, al mismo tiempo
que Él es, se puede pensar que es por parte de la criatura que le viene la
posibilidad de un don cada vez más
perfecto y eternamente perfecto, de cada Persona divina a la Otra. Sabemos que,
por lo que toca a la encarnación divina en Jesucristo, cada Persona divina está
implicada tanto como el Hijo que es el único que se encarna. Cada persona
divina está implicada según su personalidad: el que da es el Padre, el Espíritu
el que opera, el Hijo el que se encarna. (¿A retomar, a dejar?