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(Reflexiones personales del P. Debains).
En la misa del jueves santo, como
en la celebrada al final de la vigilia pascual, cada vez que el celebrante, en
meditación después de la comunión, tuvo, dirigiéndose a Jesucristo, esta
expresión inadecuada: "Jesús, presente sobre este altar…", reconocía por esta fórmula una presencia
local de Jesucristo. Ni uno de los participantes tuvo un solo instante
conciencia de la "enormidad" de lo que se acababa de decir, y que
probablemente se vuelve a decir en las adoraciones eucarísticas. En la Iglesia
de hoy casi nadie tiene todavía conciencia de esa enormidad: como lo repitió
tantas veces Zundel, en la Eucaristía no
hay presencia local de Jesucristo.
¿Qué quiere decir eso? No podemos
expresarlo en pocas palabras. Se necesita toda una restauración del culto
eucarístico para comenzar a salir de esa enormidad que, sin que tengamos
conciencia de ello, perjudica considerablemente la fe cristiana y presenta una
de las razones mayores para que los ateos modernos la rechacen sin examinarla
más ampliamente.
Más de 50 personas visitan este
sitio cada día. Y a veces me pregunto para qué les sirve si no se evocan al
menos de vez en cuando los cuestionamientos fundamentales.
Creo que una de las
"cosas" más urgentes por hacer actualmente en la Iglesia es una restauración del sentido del misterio
de la Eucaristía. Tienen lo esencial para ello en los textos publicados a
partir del 16 de marzo último. Pueden informarse simplemente leyendo lo impreso
en negrilla. Eso no les toma mucho tiempo, y es capital.