Normal
0
21
false
false
false
MicrosoftInternetExplorer4
/* Style Definitions */
table.MsoNormalTable
{mso-style-name:"Tableau Normal";
mso-tstyle-rowband-size:0;
mso-tstyle-colband-size:0;
mso-style-noshow:yes;
mso-style-parent:"";
mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;
mso-para-margin:0cm;
mso-para-margin-bottom:.0001pt;
mso-pagination:widow-orphan;
font-size:10.0pt;
font-family:"Times New Roman";
mso-ansi-language:#0400;
mso-fareast-language:#0400;
mso-bidi-language:#0400;}
Se puede retomar el texto publicado el 16
de mayo.
Día tercero, 2° encuentro. Nota.
Nuestra educación no fue sin duda la misma
que la recibida por M. Zundel, en una época diferente de la nuestra. Ya no
oscilamos del mismo modo entre las dos representaciones de Dios, ya como rival
"monstruoso", ya como "bonachón", pero puede que nuestra
situación respecto de Dios no sea mejor.
Hoy en día Dios es sobre todo el gran ausente. Lo han dejado de lado, es el
gran ausente tanto de la familia como de la escuela y de la universidad.
A M. Zundel le gustaba contar el
sacrificio heroico del P. Kolbe en el campo de Auschwitz, haciendo notar que el
don heroico de su vida para salvar la de un padre de familia había suscitado en
todos los que fueron testigos una especie de sobresalto de humanidad en una
admiración unánime: todos fueron interpelados, tanto los prisioneros como los
verdugos, inclusive el jefe del campo, el cual suavizó sus costumbres en
adelante. Hay pues en el hombre, en todo
hombre, una posibilidad de despertar, ante un testimonio de superación de
su naturaleza por uno de ellos, heroico en este caso.
Fue Cristo el que suscitó en san
Maximiliano Kolbe tal comportamiento, Cristo el que primero y de modo
infinitamente más eminente, dio prueba de una superación sin medida.
Y la escena del lavatorio de los pies,
prolongada en la Pasión del Señor como parte integrante al mismo tiempo que el
mandamiento nuevo y la institución de la Eucaristía, esta escena que podemos
volver a leer y meditar ahora, puede darnos una luz y una enseñanza capital.
En el lavatorio de los pies de los
Apóstoles por el Señor en el momento en que entra en la Pasión
"bienaventurada" hay una indicación muy clara de la manera como
nosotros, y cada cristiano, tenemos que imitar la Pasión del Señor en los
servicios más humildes. "¡Si yo, el Maestro y Señor (Cristo no afirma
jamás su señoría tan claramente como en el momento en que acaba de arrodillarse
ante el hombre) os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies
los unos a los otros!"
En esta escena, como en el sacrificio
heroico del P. Kolbe, hay una posibilidad de despertar de nuestra somnolencia
habitual, hay la posibilidad de ser de
nuevo sensible a la presencia de Dios "en cuya ausencia se
encuentra el abismo de todas las tinieblas".
Hemos ciertamente observado qué atrayente
es la transparencia de Dios en un hombre, qué bueno es para nosotros, qué bueno
es estar en su compañía, y al contrario, la indiferencia, o el desprecio que se
siente en compañía de un hombre sensual o lleno de sí mismo: lo frecuentamos,
lo adulamos inclusive, en la medida en que lo necesitamos o esperamos algo de
él, pero no podemos deleitarnos estando con él sino cuando y en la medida en
que, por intermitencia, haya podido hacernos olvidar su sensualidad y
suficiencia.
Es seguro que en el fondo de sí mismo el
hombre normal se siente interpelado por el espectáculo, en la vida o en la
televisión, de un hombre auténtico que se supera a sí mismo. Habría que
multiplicar las ocasiones de ver tales espectáculos, y comenzar a comprender
que en tales hombres que lo dan, sin que sea necesariamente su objetivo, es
Dios el que está presente y se manifiesta, es Cristo mismo el que está obrando
o el que transparenta en ellos.
La contemplación de Jesús a los pies de
los discípulos toma entonces todo su sentido como prólogo de la pasión de amor
por los hombres. La encontramos en Juan 13, 1-17.
El lavatorio de los pies tiene como
introducción una especie de prólogo solemne e importante, que es ya una
manifestación del amor del Señor "hasta el final", una especie de
ilustración del sentido mismo de la Pasión, antes de realizarla. Y el lavatorio
de los pies Jesús lo realiza en plena conciencia de lo que está haciendo, o más
precisamente, en plena conciencia del don total (versículo 3) que hizo el
Padre, y toma un lugar capital en el movimiento mismo de toda la Vida de Jesús
que viene de Dios y vuelve a Dios: "Jesús,
en plena conciencia de ser el DON de Dios, se levanta de la mesa, retira su
vestido y se ciñe de un lienzo. Puso agua en una palangana y comenzó a lavar
los pies a sus discípulos…"
"¿Comprendéis lo que acabo de
hacer?" Es seguro que para los apóstoles, y para nosotros, eso es primero
absolutamente incomprensible.
"Esa moral, o mejor esa mística, que
es todo el Evangelio, dice Zundel, es la más alta revelación de Dios: Dios es
el ser infinito porque es el Amor sin límites y porque no hay en Él nada que no
sea el Amor, porque existir es salir de sí
mismo, sólo existimos yendo hacia los demás, sólo existimos en la intimidad
del ser amado y dándonos, y porque Dios es todo DON. Juan lo recuerda
proclamando la conciencia perfecta de Jesús que sabe que el Padre Le ha dado
todo, porque Dios no es otra cosa que la comunicación de sí mismo en el seno e
la Trinidad, y que es por eso que existe plenamente.
¡Ahí tenemos toda la moral cristiana
elevada hasta el nivel magnífico de ser para nosotros el medio de existir
plenamente!
ORACIÓN: Dios, Padre nuestro, ¡Tu
Hijo se arrodilló ante sus Apóstoles para el más humilde servicio! Él vive
plenamente la existencia divina. Enséñanos a disipar en nosotros la ausencia
tuya y la nuestra, en la cual está el abismo de todas las tinieblas, Enséñanos
a encontrar en el servicio humilde la plenitud de Tu ser y de Tu alegría y la
nuestra.
Dios, Padre nuestro, que enseñaste a San
Maximiliano Kolbe la superación suprema de su naturaleza, concédenos ser
transparentes a tu luz, danos a todos la transparencia que proviene del más humilde
servicio. Te lo pedimos por la intercesión y la oración de san Maximiliano
Kolbe en el cual vives Tú eterna y plenamente, con Jesús y en el Espíritu
Santo.