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Zundel

18/05/2009. La superación de sí mismo disipa en el hombre la ausencia de Dios.

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Se puede retomar el texto publicado el 16 de mayo.

Día tercero, 2° encuentro. Nota.

Nuestra educación no fue sin duda la misma que la recibida por M. Zundel, en una época diferente de la nuestra. Ya no oscilamos del mismo modo entre las dos representaciones de Dios, ya como rival "monstruoso", ya como "bonachón", pero puede que nuestra situación respecto de Dios no sea mejor.

Hoy en día Dios es sobre todo el gran ausente. Lo han dejado de lado, es el gran ausente tanto de la familia como de la escuela y de la universidad.

A M. Zundel le gustaba contar el sacrificio heroico del P. Kolbe en el campo de Auschwitz, haciendo notar que el don heroico de su vida para salvar la de un padre de familia había suscitado en todos los que fueron testigos una especie de sobresalto de humanidad en una admiración unánime: todos fueron interpelados, tanto los prisioneros como los verdugos, inclusive el jefe del campo, el cual suavizó sus costumbres en adelante. Hay pues en el hombre, en todo hombre, una posibilidad de despertar, ante un testimonio de superación de su naturaleza por uno de ellos, heroico en este caso.

Fue Cristo el que suscitó en san Maximiliano Kolbe tal comportamiento, Cristo el que primero y de modo infinitamente más eminente, dio prueba de una superación sin medida.

Y la escena del lavatorio de los pies, prolongada en la Pasión del Señor como parte integrante al mismo tiempo que el mandamiento nuevo y la institución de la Eucaristía, esta escena que podemos volver a leer y meditar ahora, puede darnos una luz y una enseñanza capital.

En el lavatorio de los pies de los Apóstoles por el Señor en el momento en que entra en la Pasión "bienaventurada" hay una indicación muy clara de la manera como nosotros, y cada cristiano, tenemos que imitar la Pasión del Señor en los servicios más humildes. "¡Si yo, el Maestro y Señor (Cristo no afirma jamás su señoría tan claramente como en el momento en que acaba de arrodillarse ante el hombre) os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros!"

En esta escena, como en el sacrificio heroico del P. Kolbe, hay una posibilidad de despertar de nuestra somnolencia habitual, hay la posibilidad de ser de nuevo sensible a la presencia de Dios "en cuya ausencia se encuentra el abismo de todas las tinieblas".

Hemos ciertamente observado qué atrayente es la transparencia de Dios en un hombre, qué bueno es para nosotros, qué bueno es estar en su compañía, y al contrario, la indiferencia, o el desprecio que se siente en compañía de un hombre sensual o lleno de sí mismo: lo frecuentamos, lo adulamos inclusive, en la medida en que lo necesitamos o esperamos algo de él, pero no podemos deleitarnos estando con él sino cuando y en la medida en que, por intermitencia, haya podido hacernos olvidar su sensualidad y suficiencia.

Es seguro que en el fondo de sí mismo el hombre normal se siente interpelado por el espectáculo, en la vida o en la televisión, de un hombre auténtico que se supera a sí mismo. Habría que multiplicar las ocasiones de ver tales espectáculos, y comenzar a comprender que en tales hombres que lo dan, sin que sea necesariamente su objetivo, es Dios el que está presente y se manifiesta, es Cristo mismo el que está obrando o el que transparenta en ellos.

La contemplación de Jesús a los pies de los discípulos toma entonces todo su sentido como prólogo de la pasión de amor por los hombres. La encontramos en Juan 13, 1-17.

El lavatorio de los pies tiene como introducción una especie de prólogo solemne e importante, que es ya una manifestación del amor del Señor "hasta el final", una especie de ilustración del sentido mismo de la Pasión, antes de realizarla. Y el lavatorio de los pies Jesús lo realiza en plena conciencia de lo que está haciendo, o más precisamente, en plena conciencia del don total (versículo 3) que hizo el Padre, y toma un lugar capital en el movimiento mismo de toda la Vida de Jesús que viene de Dios y vuelve a Dios: "Jesús, en plena conciencia de ser el DON de Dios, se levanta de la mesa, retira su vestido y se ciñe de un lienzo. Puso agua en una palangana y comenzó a lavar los pies a sus discípulos…"

"¿Comprendéis lo que acabo de hacer?" Es seguro que para los apóstoles, y para nosotros, eso es primero absolutamente incomprensible.

"Esa moral, o mejor esa mística, que es todo el Evangelio, dice Zundel, es la más alta revelación de Dios: Dios es el ser infinito porque es el Amor sin límites y porque no hay en Él nada que no sea el Amor, porque existir es salir de sí mismo, sólo existimos yendo hacia los demás, sólo existimos en la intimidad del ser amado y dándonos, y porque Dios es todo DON. Juan lo recuerda proclamando la conciencia perfecta de Jesús que sabe que el Padre Le ha dado todo, porque Dios no es otra cosa que la comunicación de sí mismo en el seno e la Trinidad, y que es por eso que existe plenamente.

¡Ahí tenemos toda la moral cristiana elevada hasta el nivel magnífico de ser para nosotros el medio de existir plenamente!

ORACIÓN: Dios, Padre nuestro, ¡Tu Hijo se arrodilló ante sus Apóstoles para el más humilde servicio! Él vive plenamente la existencia divina. Enséñanos a disipar en nosotros la ausencia tuya y la nuestra, en la cual está el abismo de todas las tinieblas, Enséñanos a encontrar en el servicio humilde la plenitud de Tu ser y de Tu alegría y la nuestra.

Dios, Padre nuestro, que enseñaste a San Maximiliano Kolbe la superación suprema de su naturaleza, concédenos ser transparentes a tu luz, danos a todos la transparencia que proviene del más humilde servicio. Te lo pedimos por la intercesión y la oración de san Maximiliano Kolbe en el cual vives Tú eterna y plenamente, con Jesús y en el Espíritu Santo.

 

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