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Ascensión del Señor.
Retiro con M. ZUNDEL, 4° día, 1er
encuentro.
(El primer parágrafo de este texto, se
encuentra en la página 7 del libro: "Otra mirada sobre la Eucaristía").
Es un texto mayor, retomado varias veces.
Es para mí el más impresionante de todo lo que M. Zundel pudo jamás
"decir" o escribir.
"Es quizás en la Eucaristía donde los
cristianos se han equivocado más profundamente, donde han cedido a la tentación
tan natural de poner lo sagrado al exterior de sí mismos, de reconstruir un
templo de piedras, un tabernáculo de metal precioso para encerrar en él a Dios
como un objeto e inclinarse delante de ese objeto exterior a ellos, cerrando la
puerta con rejas de oro para volver a sus negocios dejando la santidad
encerrada en el templo. ¡Ah! ¡Qué grave es esta tentación y cómo hemos caído en
ella! Vimos que le damos la espalda al Evangelio y que no era eso lo que Jesús
se proponía!
¿Qué se proponía Jesús en la Cena, en la
cita que nos da en ella a través de la historia?
Quería exactamente establecer entre Él y
nosotros toda la distancia de la humanidad a asumir para llegar a Él. Quería
que cumpliéramos el mandamiento supremo, que descubriéramos el santuario del
Nuevo Testamento que es el hombre, y para que no dejáramos de edificar ese
santuario en el hombre, estableció entre Él y nosotros esa distancia por
franquear (1).
... Nuestro Señor no puede restablecer en
la Eucaristía un nuevo foco de idolatría, un nuevo foco de magia y de
superstición. La Eucaristía será, al contrario, la imposibilidad de ir hacia Él
de otra manera sino juntos, y juntos quiere decir: ustedes traen toda la
humanidad, toda la historia, todos los sufrimientos, todas las flaquezas, todas
las angustias, todas las soledades, todos los desperdicios, todas las miserias,
todas las culpabilidades, totalizan todo eso en ustedes mismos… Y cuando cada uno de ustedes se convierta en
todos los demás se acercarán a mi mesa y estarán finalmente en contacto conmigo
tal como soy Yo, que estoy entregado a todos, viviéndolos a todos, en el
interior de cada uno, Yo que me identifiqué con el que tiene hambre, con el que
tiene sed, con el que está prisionero, enfermo, desnudo. Cuando hayan realizado
esta identificación, ustedes Me encontrarán.
¡Jesús está siempre ahí, pero nosotros no
estamos! Y la Eucaristía tiene como objetivo precisamente hacernos presentes a
Jesús, abrirnos a Él, ponernos en contacto con Él. Él siempre está presente, en lo más íntimo de nosotros, pero no
podemos llegar a Él, como no lo podían los Apóstoles cuando Lo tenían delante
de ellos: ¡ahí estaba, ante ellos, pero ellos no Lo veían! No tenían pues
contacto real y eficaz con Él, la comunicación no se había establecido, era
necesario el bautismo de fuego de Pentecostés, el nuevo nacimiento, para que se
transformaran y se abrieran y se ensancharan, para que se universalizaran y se
hicieran capaces de estar en correspondencia de luz y de amor con Él: eso es lo que requiere, exige y supone la
Eucaristía, que vengamos todos juntos, que constituyamos todos juntos el
Cuerpo místico de Jesucristo, eso es lo que supone el banquete al que Jesús nos
invita: que vengamos juntos, como si todos y cada uno fuéramos Su Cuerpo
Místico, porque cada uno de los
hombres Le importa esencialmente, ninguno debe perderse, ninguno debe
quedar afuera de su Amor, todos son llamados y amados, todos están contenidos
en la inmensidad de Su Corazón, y no podemos ir hacia Él dejando afuera ni uno
solo.
Se trata pues de reunirnos, de unirnos e
identificarnos con toda la humanidad y toda la historia, y entonces seremos
verdaderamente el pan vivo de la humanidad, y en esa universalidad de presencia
y amor, estaremos en contacto real y eficaz con el Jefe, la Cabeza, el Cristo
sin fronteras, presente a toda la historia, con Cristo que es el eje de todos
los acontecimientos desde el comienzo hasta el final, con Cristo que desea
totalizar a través de nuestro amor cada uno de los acontecimientos humanos para
darle su dimensión infinita, para ponerlo en la cosecha eterna, para que todo
sea divinizado, realizando exactamente el primer proyecto del gesto creador,
que es de comunicar la Vida divina y enraizar nuestra intimidad en la de Dios.
Eso es lo que supone, pide y exige la Eucaristía, es como la confirmación del mandamiento nuevo y como
la perpetuación del lavatorio de los
pies, y como la realización del
Cuerpo Místico de Jesús.
Es pues absolutamente imposible concebir
la Eucaristía fuera de esta perspectiva eclesial: estar ante el Santísimo
Sacramento es estar ante el misterio de la Iglesia confiado a nuestra solicitud
y a nuestro amor".
(Santa María de la Paz, Garden City, El
Cairo, semana santa, pp. 31..34)
Nota (1): "¡Asumir toda la humanidad!"
¿Qué hay de esto? Es difícil comprender inmediatamente el sentido y la
importancia de esta enseñanza, tan inédita, (y desconocida de la inmensa
mayoría de los cristianos, inclusive de los sacerdotes) que M. Zundel retoma
con frecuencia: nos queda por recorrer una gran distancia para llegar hasta Jesús, se trata de asumir, paso a paso quizá, toda la
humanidad pasada, presente y por venir. No podemos llegar a Cristo sin asumir
este encargo universal. Al instituir la Eucaristía, Jesús estableció esta
distancia entre Él y nosotros en el sentido de que es necesario asumir este encargo para recibir con fruto la
comunión, el sacramento que da la vida eterna. Tenemos que hacernos presentes
no sólo a Jesús sino a toda la humanidad, es decir a Jesús universal, realmente
presente en cada hombre, en la historia de la humanidad. Tenemos que ofrecernos
a Jesús y a la humanidad entera, por Jesús y por la humanidad entera.
Jamás, me parece, ha sido expresada con
tanta fuerza y claridad la necesidad de practicar el nuevo mandamiento: amar a
cada hombre y toda la humanidad como la ama Jesús, es decir con un amor
universal. La Eucaristía fue instituida por el Señor para darnos el vivir ese
amor universal que se concretiza por el amor de los prójimos más cercanos.
Y el lavatorio de los pies, inseparable de
la Eucaristía y del mandamiento nuevo, nos indica la manera de asumir, con
respeto y de rodillas, el más humilde servicio.
Con demasiada generalidad se olvida que el
amor de Jesús es universal, que Él ama a cada hombre con amor único, como si
cada uno fuera el hijo único del Padre. Y si Jesús nos pide amar como Él,
nuestro amor debe ser también universal. Y si la Eucaristía fue instituida al
mismo tiempo que fue dado el mandamiento nuevo, fue porque ella está al
servicio de la "práctica" del mandamiento nuevo y no tiene sentido
sino en la medida de esa "práctica".
También hay primero un gran
"peligro" respecto de la Eucaristía, del que M. Zundel nos ayuda a
tomar conciencia aquí, el de exteriorizar a Dios y rendirle un culto exterior,
un culto idolátrico.
El pan y el vino presentados en el ofertorio
siguen evidentemente siendo exteriores al hombre que los ofrece. La
consagración tiene como objetivo convertirlos en alimento y bebida radicalmente
diferente de todo otro alimento y bebida, y uno de los constituyentes de esta
diferencia radical es justamente que en adelante se convierten en alimento
puramente interior, en alimento que da el Espíritu y quiere alimentar nuestra
interioridad.
Pero también, y esto es capital, si la
Eucaristía tiene como fin la interiorización recíproca del hombre y de
Jesús, tiene también, al mismo tiempo e indisociablemente, como objetivo una interiorización de cada uno en cada hombre en el
gran Cuerpo místico de Cristo que es la Iglesia. No podemos recibir a Cristo
sino juntos, y ese "juntos" quiere abrazar la innumerabilidad de
todos los hombres del presente, del pasado y del por venir.
"Cuando cada uno de ustedes se haya
convertido en todos los demás, se acercarán a mi mesa y estarán por fin en
contacto conmigo, tal como soy Yo, que estoy dado a todos, viviéndolos a todos,
Yo que estoy en el interior de cada uno y que estoy en casa en el interior de
todos, en contacto conmigo que me identifiqué con el que tiene hambre, con el
que tiene sed... Cuando hayan realizado esta identificación ustedes Me encontrarán".
No hay, me parece, en toda la literatura
espiritual, ningún texto que insista con tanta fuerza en el aspecto comunitario
de la Eucaristía.
"Porque todos son llamados y amados,
todos están contenidos en la inmensidad de Su Corazón y no podemos ir a Él si
dejamos afuera aunque no sea sino solo uno".