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Zundel

21/05/09. Lo que requiere, exige y supone la Eucaristía.

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Ascensión del Señor.

Retiro con M. ZUNDEL, 4° día, 1er encuentro.

(El primer parágrafo de este texto, se encuentra en la página 7 del libro: "Otra mirada sobre la Eucaristía").

Es un texto mayor, retomado varias veces. Es para mí el más impresionante de todo lo que M. Zundel pudo jamás "decir" o escribir.

"Es quizás en la Eucaristía donde los cristianos se han equivocado más profundamente, donde han cedido a la tentación tan natural de poner lo sagrado al exterior de sí mismos, de reconstruir un templo de piedras, un tabernáculo de metal precioso para encerrar en él a Dios como un objeto e inclinarse delante de ese objeto exterior a ellos, cerrando la puerta con rejas de oro para volver a sus negocios dejando la santidad encerrada en el templo. ¡Ah! ¡Qué grave es esta tentación y cómo hemos caído en ella! Vimos que le damos la espalda al Evangelio y que no era eso lo que Jesús se proponía!

¿Qué se proponía Jesús en la Cena, en la cita que nos da en ella a través de la historia?

Quería exactamente establecer entre Él y nosotros toda la distancia de la humanidad a asumir para llegar a Él. Quería que cumpliéramos el mandamiento supremo, que descubriéramos el santuario del Nuevo Testamento que es el hombre, y para que no dejáramos de edificar ese santuario en el hombre, estableció entre Él y nosotros esa distancia por franquear (1).

... Nuestro Señor no puede restablecer en la Eucaristía un nuevo foco de idolatría, un nuevo foco de magia y de superstición. La Eucaristía será, al contrario, la imposibilidad de ir hacia Él de otra manera sino juntos, y juntos quiere decir: ustedes traen toda la humanidad, toda la historia, todos los sufrimientos, todas las flaquezas, todas las angustias, todas las soledades, todos los desperdicios, todas las miserias, todas las culpabilidades, totalizan todo eso en ustedes mismos… Y cuando cada uno de ustedes se convierta en todos los demás se acercarán a mi mesa y estarán finalmente en contacto conmigo tal como soy Yo, que estoy entregado a todos, viviéndolos a todos, en el interior de cada uno, Yo que me identifiqué con el que tiene hambre, con el que tiene sed, con el que está prisionero, enfermo, desnudo. Cuando hayan realizado esta identificación, ustedes Me encontrarán.

¡Jesús está siempre ahí, pero nosotros no estamos! Y la Eucaristía tiene como objetivo precisamente hacernos presentes a Jesús, abrirnos a Él, ponernos en contacto con Él. Él siempre está presente, en lo más íntimo de nosotros, pero no podemos llegar a Él, como no lo podían los Apóstoles cuando Lo tenían delante de ellos: ¡ahí estaba, ante ellos, pero ellos no Lo veían! No tenían pues contacto real y eficaz con Él, la comunicación no se había establecido, era necesario el bautismo de fuego de Pentecostés, el nuevo nacimiento, para que se transformaran y se abrieran y se ensancharan, para que se universalizaran y se hicieran capaces de estar en correspondencia de luz y de amor con Él: eso es lo que requiere, exige y supone la Eucaristía, que vengamos todos juntos, que constituyamos todos juntos el Cuerpo místico de Jesucristo, eso es lo que supone el banquete al que Jesús nos invita: que vengamos juntos, como si todos y cada uno fuéramos Su Cuerpo Místico, porque cada uno de los hombres Le importa esencialmente, ninguno debe perderse, ninguno debe quedar afuera de su Amor, todos son llamados y amados, todos están contenidos en la inmensidad de Su Corazón, y no podemos ir hacia Él dejando afuera ni uno solo.

Se trata pues de reunirnos, de unirnos e identificarnos con toda la humanidad y toda la historia, y entonces seremos verdaderamente el pan vivo de la humanidad, y en esa universalidad de presencia y amor, estaremos en contacto real y eficaz con el Jefe, la Cabeza, el Cristo sin fronteras, presente a toda la historia, con Cristo que es el eje de todos los acontecimientos desde el comienzo hasta el final, con Cristo que desea totalizar a través de nuestro amor cada uno de los acontecimientos humanos para darle su dimensión infinita, para ponerlo en la cosecha eterna, para que todo sea divinizado, realizando exactamente el primer proyecto del gesto creador, que es de comunicar la Vida divina y enraizar nuestra intimidad en la de Dios.

Eso es lo que supone, pide y exige la Eucaristía, es como la confirmación del mandamiento nuevo y como la perpetuación del lavatorio de los pies, y como la realización del Cuerpo Místico de Jesús.

Es pues absolutamente imposible concebir la Eucaristía fuera de esta perspectiva eclesial: estar ante el Santísimo Sacramento es estar ante el misterio de la Iglesia confiado a nuestra solicitud y a nuestro amor".

(Santa María de la Paz, Garden City, El Cairo, semana santa, pp. 31..34)

 

Nota (1): "¡Asumir toda la humanidad!" ¿Qué hay de esto? Es difícil comprender inmediatamente el sentido y la importancia de esta enseñanza, tan inédita, (y desconocida de la inmensa mayoría de los cristianos, inclusive de los sacerdotes) que M. Zundel retoma con frecuencia: nos queda por recorrer una gran distancia para llegar hasta Jesús, se trata de asumir, paso a paso quizá, toda la humanidad pasada, presente y por venir. No podemos llegar a Cristo sin asumir este encargo universal. Al instituir la Eucaristía, Jesús estableció esta distancia entre Él y nosotros en el sentido de que es necesario asumir este encargo para recibir con fruto la comunión, el sacramento que da la vida eterna. Tenemos que hacernos presentes no sólo a Jesús sino a toda la humanidad, es decir a Jesús universal, realmente presente en cada hombre, en la historia de la humanidad. Tenemos que ofrecernos a Jesús y a la humanidad entera, por Jesús y por la humanidad entera.

Jamás, me parece, ha sido expresada con tanta fuerza y claridad la necesidad de practicar el nuevo mandamiento: amar a cada hombre y toda la humanidad como la ama Jesús, es decir con un amor universal. La Eucaristía fue instituida por el Señor para darnos el vivir ese amor universal que se concretiza por el amor de los prójimos más cercanos.

Y el lavatorio de los pies, inseparable de la Eucaristía y del mandamiento nuevo, nos indica la manera de asumir, con respeto y de rodillas, el más humilde servicio.

Con demasiada generalidad se olvida que el amor de Jesús es universal, que Él ama a cada hombre con amor único, como si cada uno fuera el hijo único del Padre. Y si Jesús nos pide amar como Él, nuestro amor debe ser también universal. Y si la Eucaristía fue instituida al mismo tiempo que fue dado el mandamiento nuevo, fue porque ella está al servicio de la "práctica" del mandamiento nuevo y no tiene sentido sino en la medida de esa "práctica".

También hay primero un gran "peligro" respecto de la Eucaristía, del que M. Zundel nos ayuda a tomar conciencia aquí, el de exteriorizar a Dios y rendirle un culto exterior, un culto idolátrico.

El pan y el vino presentados en el ofertorio siguen evidentemente siendo exteriores al hombre que los ofrece. La consagración tiene como objetivo convertirlos en alimento y bebida radicalmente diferente de todo otro alimento y bebida, y uno de los constituyentes de esta diferencia radical es justamente que en adelante se convierten en alimento puramente interior, en alimento que da el Espíritu y quiere alimentar nuestra interioridad.

Pero también, y esto es capital, si la Eucaristía tiene como fin la interiorización recíproca del hombre y de Jesús, tiene también, al mismo tiempo e indisociablemente, como objetivo una interiorización de cada uno en cada hombre en el gran Cuerpo místico de Cristo que es la Iglesia. No podemos recibir a Cristo sino juntos, y ese "juntos" quiere abrazar la innumerabilidad de todos los hombres del presente, del pasado y del por venir.

"Cuando cada uno de ustedes se haya convertido en todos los demás, se acercarán a mi mesa y estarán por fin en contacto conmigo, tal como soy Yo, que estoy dado a todos, viviéndolos a todos, Yo que estoy en el interior de cada uno y que estoy en casa en el interior de todos, en contacto conmigo que me identifiqué con el que tiene hambre, con el que tiene sed... Cuando hayan realizado esta identificación ustedes Me encontrarán".

No hay, me parece, en toda la literatura espiritual, ningún texto que insista con tanta fuerza en el aspecto comunitario de la Eucaristía.

"Porque todos son llamados y amados, todos están contenidos en la inmensidad de Su Corazón y no podemos ir a Él si dejamos afuera aunque no sea sino solo uno".

 

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