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Leer la página publicada ayer en
este sitio.
- Se puede tomar el Evangelio en
que Jesús se identifica con todo hombre en dificultad (Mateo 25, 31-40).
- Prestar atención a lo que
dice Jesús: "Cada vez que lo hagáis al más pequeño de mis hermanos, a MÍ
me lo hicisteis". No dice "es como
si me lo hubiereis hecho".
Hay pues en todo hombre
necesitado una presencia real, particular, de Jesús, tan real como en la
Eucaristía, aunque bajo un modo diferente. Como
en la Eucaristía, se trata de una presencia puramente interior, pero aquí sin ningún
"objeto" que indique la angustia humana. Y por consiguiente, no
solamente el amor de Jesús es absolutamente universal al mismo tiempo que
infinitamente particular, sino que Su Presencia misma es tan real y universal
ya que cada hombre, un día u otro, tiene angustias y necesidades de una u otra
forma. La Presencia de Jesús "se une" si podemos decirlo, a la forma
particular de angustia de cada uno, porque Él ama a cada uno con un amor único.
Es sorprendente ver cómo nos
aferramos tanto tiempo en la Iglesia, y con tantas disputas, a la presencia
real en la Eucaristía, mientras que Jesús no une la realidad de su presencia a
la Eucaristía cuando dice: "Yo estaré con vosotros hasta el fin de los
tiempos".
Leyendo esta página tan
impresionante de Zundel (Jueves santo de 1961 en Santa María de la Paz) podemos
preguntarnos si no solicita la necesidad de reajustar la doctrina
"habitual" sobre la Eucaristía. Tan diferente de la presentación
habitual es la perspectiva desarrollada aquí. Es cierto que en el discurso de
Jesús en san Juan después de la institución de la Eucaristía no se habla de una
nueva presencia de Jesucristo instituida al mismo tiempo que este sacramento. Pero
sí se habla, y con fuerza, de la unidad, y la oración que termina el discurso
es para pedir que todos sean uno con la unidad misma de las personas divinas en
la Trinidad.
Oración: Jesús, que inventas el
sacramento de la Eucaristía, el sacramento de tu ofrenda perfecta, que haces de
tu Cuerpo resucitado nuestro pan para darnos a todos los hombres el ser un día
unificados perfectamente y unidos con la eterna unidad del Padre, del Hijo y
del Espíritu, haznos artífices de esa unificación, danos ahora que obremos en
perfecto entendimiento y unidad con todos nuestros prójimos en tu inmenso
cuerpo místico.
Retomaremos esto mañana en el
texto que publicaremos sobre la relación extremamente estrecha entre la Iglesia
y la Eucaristía.