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Zundel

23/05/09. La Eucaristía es la presencia comunitaria de Jesús.

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Retiro con M. Zundel. 4° día, 2° encuentro…

"San Ignacio de Antioquía, en camino hacia su martirio, escribiendo a la Iglesia de Roma, la llamaba Iglesia que preside en la caridad. Llamarla Caridad es quizás la mayor manera de designar a la Iglesia… Este mártir encontró esa apelación incomparable: la Iglesia es el Amor.

Se daba también ese nombre al banquete de la comunidad cristiana que se terminaba con la Eucaristía. Si se usa la misma apelación para la Iglesia y para el banquete comunitario es que existe una relación muy estrecha entre la Iglesia y la Eucaristía, la Eucaristía es la presencia comunitaria de Jesús.

Es muy importante desarrollar este tema para indicar bien el lugar que ocupa la presencia real en el misterio de la Iglesia.

Los católicos se aferraron a la realidad de la Presencia real de Nuestro Señor en el Santo Sacramento y la materializaron contra los protestantes que la redujeron a algo simbólico. Por los dos lados se perdió de vista la causa esencial de la Presencia real que es la de ser presencia comunitaria, lo cual quiere decir que Nuestro Señor no podía estar presente en la humanidad sino bajo forma de Iglesia.

Él es el Segundo Adán en el cual toda la Historia recomienza y se recapitula, Él está en el Centro del Universo, une en Su Persona toda la creación para que el universo entero sea una sola persona en Su Persona, y entonces sólo podía dar como cita a la humanidad la Iglesia que responde a las exigencias de la comunidad.

Y eso es posible ya que Cristo es infinitamente abierto a los hombres, como a Dios. Cristo es a la vez Hijo de Dios e Hijo del Hombre, lo cual quiere decir que es Hombre no como un hombre, sino El Hombre, en un sentido absolutamente único. Él contiene toda la Humanidad en su Persona porque en Él la Humanidad no tiene fronteras.

Si es El Hombre con esa potencia única, es porque está abierto a Dios de manera única, porque Su YO es Dios. Él es el Hombre universal que lleva en su Vida toda la humanidad, que recapitula en su historia toda la Historia y que es el contrapeso del amor que equilibra todas las faltas humanas.

Por eso Nuestro Señor sólo puede mirar a la humanidad, toda la humanidad a la vez, y asumir a todos los hombres en la humanidad sin excluir a nadie, y si queremos seguir a Jesucristo y ser sus discípulos, debemos entrar en la catolicidad de Jesucristo.

Jesús es católico porque abraza toda la humanidad, y si nos hacemos discípulos suyos y queremos ser lo que Él es, no podemos ir a Él sino abrazando con Él toda la humanidad, toda la historia y todo el Universo. Si queremos absorber a Jesucristo y reducirlo a las relaciones que tenemos con Él, se vuelve un ídolo. Sólo podemos llegar al verdadero Cristo, que está abierto a toda la humanidad y que lleva toda la Historia, abriendo el corazón a toda la humanidad, sin fronteras ni límites. La cita que Jesucristo nos da es pues ante todo una cita comunitaria y ese es el sentido de la Eucaristía.

...  Así como la Encarnación no quiere decir que Dios bajó del cielo para venir a la tierra donde no estaba antes (Dios estaba en el mundo, pero el mundo no Lo (re)conocía), así como la Encarnación sólo significa una Humanidad hecha infinitamente presente a Dios, el cual estaba siempre presente a la Humanidad, así la Eucaristía no quiere decir que Jesucristo se hace presente donde no lo estaba. En realidad Él está presente siempre a la humanidad no sólo por su Divinidad sino también por Su humanidad.

Es necesario decir más todavía: la humanidad de Nuestro Señor está presente siempre a cada uno de nosotros (1), Él es la Luz que ilumina a todo hombre, su humanidad no cesa pues jamás de estar presente para nosotros, pero nosotros no estamos presentes a la humanidad de Nuestro Señor.

Por consiguiente, así como en la Encarnación de Jesús la humanidad se hizo presente a Dios, el cual estaba presente siempre, así también, en el momento de la consagración, no es la Humanidad de Jesús la que comienza a estar presente en la tierra, somos nosotros los que nos hacemos presentes a esa humanidad. Eso quiere decir que si la humanidad de Nuestro Señor nos acompaña siempre como acompañaba en el camino a los discípulos de Emaús, si es verdad que está siempre en nuestro interior, no es menos cierto que no tenemos contacto con Cristo, que nuestros ojos están cerrados como los de los discípulos de Emaús: Él está presente, pero nosotros estamos ausentes.

El misterio de la Eucaristía es abrirnos a esa Presencia Y hacerla circular en nosotros… La consagración permite "captar" esa Presencia que ya está, pero con la que no teníamos contacto… Sólo tenemos contacto con Nuestro Señor, que es el Amor universal, si nuestro corazón se abre y se convierte en corazón sin fronteras, como el Corazón de Nuestro Señor.

(Pueden ver este texto en su totalidad en "Avec Dieu dans le Quotidien" (Con Dios en lo cotidiano), pp. 111... 114)

 

(1) La presencia de Jesús en cada hombre es real. Su presencia sacramental en la Eucaristía no añade nada a la realidad de esta Presencia. Obliga el corazón a abrirse a la humanidad entera porque es el Amor universal el que se hizo nuestro alimento.

 

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