Normal
0
21
false
false
false
MicrosoftInternetExplorer4
/* Style Definitions */
table.MsoNormalTable
{mso-style-name:"Tableau Normal";
mso-tstyle-rowband-size:0;
mso-tstyle-colband-size:0;
mso-style-noshow:yes;
mso-style-parent:"";
mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;
mso-para-margin:0cm;
mso-para-margin-bottom:.0001pt;
mso-pagination:widow-orphan;
font-size:10.0pt;
font-family:"Times New Roman";
mso-ansi-language:#0400;
mso-fareast-language:#0400;
mso-bidi-language:#0400;}
"Ninguno de nuestros hermanos debería poder quejarse de no haber
encontrado en nosotros la TERNURA de DIOS"
Si a cada instante nacemos del Corazón
de Dios, si somos totalmente fruto su ternura, sólo puede vivir en nosotros
haciéndose fruto de nuestra ternura, naciendo de nuestro corazón.
Una vez más las analogías de la ternura
humana nos abren aquí horizontes ilimitados. ¿Qué es esa necesidad de amar y de
ser amado que actúa en todos nosotros, sino la necesidad de nacer de nuevo, de
nacer en un corazón que nos espera, de nacer en un yo complementario,
prácticamente mediante una decisión libre, mediante una elección de pura
ternura?.
¿Y cómo ignoraría Dios el secreto que
es el centro de todas las ternuras humanas? Él también quiere nacer en
nosotros. Nos trata como iguales, no como mendigos incapaces de dar nada, sino
como hijos, cuyo "sí" es indispensable para el matrimonio de amor que
Él quiere contraer con nosotros.