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23/06/09. ¿Quién escucha la verdad haciéndose silencio? Queremos simplemente ser hombre.

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Final de la 1ª conferencia de semana santa pronunciada en Santa María de la Paz, el Cairo, en marzo de 1961.

Perspectiva en que deseamos comenzar esta semana… El verdadero Dios está dentro de nosotros 

"La verdad, es fácil pisotearla, desfigurarla, apropiársela, para hacer de ella un monstruoso monopolio que permita condenar en completa seguridad. ¿Condenar a quién? ¡Justamente al Hijo del hombre e Hijo de Dios!

Estamos ya en el centro de la Pasión, ahí es donde se realiza justamente, en el desconocimiento del reino interior del hombre. ¡Querían ver un templo inmenso cuya hermosura impresionara las miradas del peregrino! Querían circular en galerías con asientos formidables, querían el esplendor de un culto exterior que finalmente no compromete a nada, querían el monopolio, querían la certeza en papel que permitiera pasar tranquilamente al lado del herido sin verlo. Querían las garantías, las prendas que santifiquen por medio de objetos, sin necesidad de conversión ni de transformación.

Y ahí tenemos religión, la religión trágica, la religión del Hijo del hombre, la religión de la Cruz, la religión de la derrota, la religión de la fragilidad, la religión de la inocencia condenada, desconocida, pisoteada. ¿Y porqué extrañarse? ¡Era tan cómodo tener un Dios útil para todo, un Dios cuyos hombros pudieran cargar con todas las cargas de la historia, un Dios que interviniera cuando fuere necesario, un Dios que metiera las manos, que metiera los dedos en la mecánica del mundo, un Dios al que le pudiéramos pedir ayuda cuando no supiéramos resolver un problema, y que pudiéamos olvidar cuando la vida es próspera, engordando cuando el animal humano ya no se sintiera herido, obligado a descubrir  y reconocer su dignidad!

Y ahora sabemos, o al menos comenzamos a sospechar, que el verdadero Dios, está ahí, está dentro de nosotros, que está en nuestras manos como la verdad en las manos de los sabios, como la música en las de los músicos, como el amor en el corazón del hombre.

¿Y entonces, qué va a hacer la verdad? ¿Qué les va a hacer a los sabios que la torturan y pierden contacto con la ciencia porque no es la ciencia lo que buscan sino el éxito, el dinero, el prestigio, estar al servicio de una causa impura en cuyos esclavos se han convertido? ¿Qué podrá hacer la verdad? ¡Nada, nada! Está indefensa, ahí queda, siempre ofrecida, ¿pero quién la escucha haciéndose silencio? ¿Quién la escucha? ¿Quién la deja transparentar? ¿Quién la escucha y quién lleva su brillo y su vida?

Para nosotros no hay otro Dios que ése, el Dios que canta san Juan en el Prólogo de su Evangelio, el Dios que es, que era y que será, que está ahí siempre, el Dios que brilla en las tinieblas, el Dios que nos espera, el Dios que está en el mundo, el Dios desconocido, el Dios ignorado, el Dios que viene, que golpea a la puerta, el Dios que rechazamos, el Dios que no es aceptado, el Dios continuamente rechazado, el Dios en cuyo lugar no cesamos de levantar el ídolo de un falso dios conforme a nosotros, conforme al animal y que nos dispensa de ser, que nos dispensa de escuchar, que nos dispensa de hacer el inmenso itinerario de nosotros a nosotros mismos, que nos dispensa de descubrir la exigencia fundamental, inexorable, la exigencia creadora que quiere hacer de cada uno de nosotros el comienzo y el origen de un mundo que no existe todavía pero que puede existir, que no cesa de surgir y de crecer cada vez que un alma, un alma desconocida, silenciosa, escondida, y que es totalmente "sí", da su consentimiento, se deja atravesar por la luz de la fuente y lleva en su mirada la luz infinita del eterno Amor.

Comencemos pues esta semana* en esta perspectiva, ubiquémonos en esta perspectiva pensando en todos los hombres, pensando en todos los rebeldes que están con frecuencia más cerca, más cerca del Evangelio del Dios Vivo, pensando en todos los ateos que se creen tales porque rechazaron el ídolo en que con tanta frecuencia transforman a Dios los creyentes! Pensemos en todos, escuchemos los llamados de todos para tratar de ser respuesta para todos.

¡Ah! No seamos una secta, no seamos un pueblo escogido, seamos hombres, hombres simplemente, hombres por fin de la humanidad con que Jesús se identifica, de la humanidad herida en el hombre que yace en el camino de la humanidad ignorada en la niñita que hiela en el jardín de Moscú, hombres como lo sintieron de repente todos los que quisieron que Chessman no muriera, que quisieron que se salvara esa posibilidad, que el hombre no dispusiera del hombre porque hay en el hombre más que el hombre, porque el verdadero hombre es más que él mismo, porque en nosotros está el santuario eterno, porque solo podemos acercarnos a nosotros mismos sobre la punta de los pies, porque justamente estamos encargados todos y cada uno del reino de Dios en lo más íntimo nuestro, del reino de la Verdad, del reino de la Belleza, del reino del Amor, del reino del nuevo nacimiento, porque es dentro de nosotros donde todo se va a realizar, porque es ahí donde va a brillar la única esperanza, porque Dios nos está esperando, porque la Verdad necesita de nosotros, porque va a morir si no vivimos de ella.

Y al comienzo de esta semana santa, aprendemos de nuevo que el proceso de la divinidad está en curso, que nos toca pronunciar el juicio, que nosotros, solo nosotros, pronunciamos la condena y podemos pronunciar ahora su inocencia, que podemos revisar el proceso ahora, que podemos reconocer su inocencia, que podemos descubrir hoy en el silencio nuestro los rasgos del Rostro impreso en nuestros corazones, que podemos escuchar hoy el llamado de la música silenciosa, y que hoy puede comenzar todo.

Esa es la locura a la que nos invita Jesús, la locura a la que nos invita Jesús, ¡ese es el Dios Vivo! ¡No hay otro!

Pongámonos pues ante el santuario interior, escuchemos. Sí, pidamos a Dios esta gracia suprema: escondámonos en el silencio, recojámonos en lo más secreto nuestro, y oiremos, oiremos siempre, porque si escuchamos a fondo sabremos que esta historia es una historia eterna, que nos agarra hoy en las entrañas porque justamente eso es lo que decide de todo, del hombre y de lo que él será, de qué Dios, y por lo mismo de cómo se revelará, de lo que es el universo y de lo que quiere significar si lo abordamos no como una veta que podemos explotar sino como un paisaje a contemplar, como una verdad a descubrir, como un pensamiento a meditar, como una Presencia a acoger.

Así será siempre: todo está en nuestras manos. No busquemos a los responsables en otra parte. Los únicos responsables, finalmente, somos nosotros, porque todo ha sido dado a cada uno de nosotros, y cada uno lleva en el corazón al Dios Vivo, el Dios que jamás se impone pero siempre se propone y que, al comienzo de esta semana santa nos invita a revivir Su eterna peregrinación, a abrir la puerta pues está tocando esta noche: "Estoy tocando a la puerta. Si alguno me abre, entraré y me sentaré con él a la mesa y cenaré con él, y él conmigo" (Fin de la conferencia).

 

* Esta será la perspectiva del retiro de Timadeuc en septiembre próximo.

 

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