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Final de la 1ª conferencia de
semana santa pronunciada en Santa María de la Paz, el Cairo, en marzo de 1961.
Perspectiva en que deseamos
comenzar esta semana… El verdadero Dios está dentro de nosotros
"La verdad,
es fácil pisotearla, desfigurarla, apropiársela, para hacer de ella un
monstruoso monopolio que permita condenar en completa seguridad. ¿Condenar a
quién? ¡Justamente al Hijo del hombre e Hijo de Dios!
Estamos ya en el centro de la
Pasión, ahí es donde se realiza justamente, en el
desconocimiento del reino interior del hombre. ¡Querían ver un templo
inmenso cuya hermosura impresionara las miradas del peregrino! Querían circular
en galerías con asientos formidables, querían el esplendor de un culto
exterior que finalmente no compromete a nada, querían el monopolio,
querían la certeza en papel que permitiera pasar tranquilamente al lado del
herido sin verlo. Querían las garantías, las prendas que santifiquen por medio
de objetos, sin necesidad de conversión ni de transformación.
Y ahí tenemos religión, la religión trágica, la religión del Hijo
del hombre, la religión de la Cruz, la religión de la derrota, la religión de
la fragilidad, la religión de la inocencia condenada, desconocida, pisoteada. ¿Y porqué extrañarse? ¡Era tan cómodo
tener un Dios útil para todo, un Dios cuyos hombros pudieran cargar con todas
las cargas de la historia, un Dios que interviniera cuando fuere necesario, un
Dios que metiera las manos, que metiera los dedos en la mecánica del mundo, un
Dios al que le pudiéramos pedir ayuda cuando no supiéramos resolver un
problema, y que pudiéamos olvidar cuando la vida es próspera, engordando cuando
el animal humano ya no se sintiera herido, obligado a descubrir y reconocer su dignidad!
Y ahora sabemos, o al menos comenzamos a sospechar, que el verdadero Dios, está ahí, está dentro de nosotros, que
está en nuestras manos como la verdad en las manos de los sabios, como la
música en las de los músicos, como el amor en el corazón del hombre.
¿Y entonces, qué va a hacer la
verdad? ¿Qué les va a hacer a los sabios que la torturan y pierden contacto con
la ciencia porque no es la ciencia lo que buscan sino el éxito, el dinero, el
prestigio, estar al servicio de una causa impura en cuyos esclavos se han
convertido? ¿Qué podrá hacer la verdad?
¡Nada, nada! Está indefensa, ahí queda,
siempre ofrecida, ¿pero quién la escucha haciéndose silencio? ¿Quién la
escucha? ¿Quién la deja transparentar? ¿Quién la escucha y quién lleva su
brillo y su vida?
Para nosotros no hay otro
Dios que ése, el Dios que canta san Juan
en el Prólogo de su Evangelio, el Dios que es, que era y que será, que está ahí
siempre, el Dios que brilla en las tinieblas, el Dios que nos espera, el Dios
que está en el mundo, el Dios desconocido, el Dios ignorado, el Dios que viene,
que golpea a la puerta, el Dios que rechazamos, el Dios que no es aceptado, el
Dios continuamente rechazado, el Dios en cuyo lugar no cesamos de levantar el
ídolo de un falso dios conforme a nosotros, conforme al animal y que nos dispensa de ser, que nos dispensa de escuchar, que nos dispensa de hacer el inmenso itinerario de nosotros
a nosotros mismos, que nos dispensa de descubrir la exigencia fundamental, inexorable, la exigencia
creadora que quiere hacer de cada uno de
nosotros el comienzo y el origen de un mundo que no existe todavía pero que
puede existir, que no cesa de surgir y de crecer cada vez que un alma, un alma
desconocida, silenciosa, escondida, y que es totalmente "sí", da su
consentimiento, se deja atravesar por la luz de la fuente y lleva en su mirada
la luz infinita del eterno Amor.
Comencemos pues esta semana* en esta perspectiva, ubiquémonos en esta
perspectiva pensando en todos los hombres,
pensando en todos los rebeldes que están con frecuencia más cerca, más cerca
del Evangelio del Dios Vivo, pensando en todos los ateos que se creen tales
porque rechazaron el ídolo en que con tanta frecuencia transforman a Dios los
creyentes! Pensemos en todos, escuchemos los llamados de todos para tratar de
ser respuesta para todos.
¡Ah! No seamos una secta, no
seamos un pueblo escogido, seamos
hombres, hombres simplemente, hombres por fin de la humanidad con que Jesús
se identifica, de la humanidad herida en el hombre que yace en el camino de la
humanidad ignorada en la niñita que hiela en el jardín de Moscú, hombres como
lo sintieron de repente todos los que quisieron que Chessman no muriera, que
quisieron que se salvara esa posibilidad, que el hombre no dispusiera del hombre
porque hay en el hombre más que el hombre, porque el verdadero hombre es más
que él mismo, porque en nosotros está el santuario eterno, porque solo podemos
acercarnos a nosotros mismos sobre la punta de los pies, porque justamente estamos encargados todos y cada uno del
reino de Dios en lo más íntimo nuestro, del reino de la Verdad, del reino
de la Belleza, del reino del Amor, del reino del nuevo nacimiento, porque es dentro de nosotros donde todo se va a
realizar, porque es ahí donde va a brillar la única esperanza, porque Dios
nos está esperando, porque la Verdad necesita de nosotros, porque va a morir si
no vivimos de ella.
Y al comienzo de esta semana
santa, aprendemos de nuevo que el proceso de la divinidad está en curso, que
nos toca pronunciar el juicio, que nosotros, solo nosotros, pronunciamos la
condena y podemos pronunciar ahora su inocencia, que podemos revisar el proceso
ahora, que podemos reconocer su inocencia, que podemos descubrir hoy en el
silencio nuestro los rasgos del Rostro impreso en nuestros corazones, que
podemos escuchar hoy el llamado de la música silenciosa, y que hoy puede comenzar todo.
Esa es la locura a la que nos
invita Jesús, la locura a la que nos invita Jesús, ¡ese es el Dios Vivo! ¡No
hay otro!
Pongámonos pues ante el santuario
interior, escuchemos. Sí, pidamos a Dios esta
gracia suprema: escondámonos en el silencio, recojámonos en lo más secreto nuestro, y oiremos, oiremos siempre, porque si escuchamos a fondo sabremos que
esta historia es una historia eterna, que nos agarra hoy en las entrañas porque
justamente eso es lo que decide de todo, del hombre y de lo que él será, de qué
Dios, y por lo mismo de cómo se revelará, de lo que es el universo y de lo que
quiere significar si lo abordamos no como una veta que podemos explotar sino
como un paisaje a contemplar, como una verdad a descubrir, como un pensamiento
a meditar, como una Presencia a acoger.
Así será siempre: todo está en nuestras manos. No
busquemos a los responsables en otra parte. Los únicos responsables, finalmente, somos nosotros, porque todo ha
sido dado a cada uno de nosotros, y cada uno lleva en el corazón al Dios Vivo, el Dios que jamás se impone pero siempre se
propone y que, al comienzo de esta semana santa nos invita a revivir Su eterna peregrinación, a abrir la puerta
pues está tocando esta noche: "Estoy tocando a la puerta. Si alguno me
abre, entraré y me sentaré con él a la mesa y cenaré con él, y él conmigo"
(Fin de la conferencia).
* Esta será la perspectiva del
retiro de Timadeuc en septiembre próximo.