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Soledad, camino de comunión
con la Iglesia UNA. JUNTOS y SOLO.
La verdadera reunión humana no es
la coagulación, el aglutinamiento que funde los hombres como una masa
gelatinosa, viscosa, en que se eclipsa la individualidad, en que se ignora y se
pisotea la personalidad; la verdadera unidad de los hombres se funda en la
soledad. Juntos y solo, justamente porque la verdadera sociedad humana tiene
sus bases en la conciencia de cada uno; cuando cada uno está abierto, abierto
al Bien supremo, abierto a la Presencia divina, abierto al Amor universal que
es el Dios Vivo. Entonces cada uno está tanto más presente y más interior a
todos los demás, cuanto más profundamente religado esté con Dios. Eso es justamente lo que realiza la unidad sacramental que es la de la Iglesia: estamos
juntos, juntos confesamos la misma fe, juntos decimos el mismo credo, juntos
recibimos la misma Eucaristía, pero cada uno permanece solo, pues ¿qué sucede
en la Eucaristía, qué sucede en la intimidad de cada uno con el Señor? Solo
Dios lo sabe, y el que lo recibe. Así, estando
juntos, permanecemos en la soledad inviolada en que cada uno es único para Dios
y con Dios. Es la obra maestra de la reunión que no interfiere, sino que al
contrario, exige el máximo de soledad, el máximo de unicidad, el máximo de
intimidad con el Único que es el centro en que todos se reúnen y en que todos
comunican en el silencio infinito.
"En la Iglesia somos pues
infinitamente libres porque solo comulgamos por el centro interior, porque solo
comunicamos por medio de Cristo que se intercambia y que es la única Palabra
siempre viva, que nunca puede nadie limitar. Y por eso nadie puede decirnos el
sentido del credo sino con palabras que son sacramentos, palabras que no tienen
sentido para el que no las vive en la intimidad del Señor, porque son
confidencias de su propia intimidad y no pueden ser escuchadas en el mundo de
la reciprocidad, en el mundo del "TÚ", sino justamente en la
identificación con Él. Y la inteligencia de estos secretos, o mejor, del único
secreto que es el Verbo de Dios, esa inteligencia es tanto más profunda cuanto
más despojados estemos de nosotros mismos. Una vez más, en la pobreza, en la
pobreza de un alma que no se apega a sí misma es donde se manifiesta la verdad,
ya que la verdad es la luz de la llama de amor"
Mauricio ZUNDEL. Esquisse pour un portrait (Bosquejo para un retrato), Claire Lucques, - Retiro
a Franciscanas, en Ghazir (Líbano), pp. 174-175)
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