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21/08/09. ¿Cómo amar a los demás? Desde el punto de vista biológico, el amor del prójimo es imposible.

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1ª parte de la 3ª conferencia de Ginebra, en enero de 1971.

"¿Dónde está el prójimo y cómo encontrarlo? ¿Cómo puede el hombre encontrar al hombre? Hay sistemas diferentes, diferentes experiencias. Podemos enumerar algunas.

Comencemos por Comte, por ejemplo, por el positivismo humanitario de Comte que es una experiencia interesante en que Comte, partiendo de un positivismo integral, únicamente de los hechos y de las leyes naturales, trató de constituir una moral válida para todos los hombres, haciendo de la humanidad la divinidad del hombre. Es decir que el gran ser es la humanidad, tanto la humanidad del pasado como la del presente; la humanidad está constituida más por los muertos que por los vivos, la humanidad que avanza, la humanidad que transmite sus adquisiciones, la humanidad que es ilustrada por los genios a tal punto que organizó el culto de los genios, instituyó un calendario litúrgico para conmemorarlos y fundó finalmente una iglesia positivista que debía remplazar el catolicismo, una iglesia cuyo dios es la humanidad, entendiendo por humanidad no a ustedes y a mí, sino el conjunto a través de toda la historia y hasta el final de ella.

Esa tentativa, inspirada en parte por un gran amor hacia su mujer llamada Clotilde de Vaux, esa religión es conmovedora pero, evidentemente, limitada ya que está finalmente destinada a desaparecer: un día se enfriará la tierra, un día cesará de existir la humanidad, y será el final de la historia y será el final de ese gran ser en el cual quedaremos perdidos para perdernos finalmente de manera definitiva, pues no quedará nada. Es una tentativa que merece en todo caso ser mencionada: la veneración de la humanidad a la cual debemos dedicarnos, perdernos en ella, haciéndonos herederos del pasado para trasmitirnos al futuro en una devoción religiosa que remplace las religiones difuntas.

Existe, en la misma época, una tentativa que dio otros frutos y es infinitamente más importante, el marxismo: la humanidad, es el proletario – o el prójimo – el proletario es el portador de la humanidad porque no tiene nada más que su humanidad. Tiene el puesto mesiánico en el sentido de que es portador del futuro y sólo puede preparar el futuro apoderándose del poder e instaurando la dictadura del proletariado.

Y en esa fase estamos (en 1971), al menos eso es lo que querían establecer los países comunistas. La dictadura del proletariado es ejercida de hecho por jefes, por una minoría que somete necesariamente al conjunto a una disciplina muy rigurosa en vista de un futuro incierto además, en que el hombre reconocerá finalmente al hombre.

Lenín mismo sabía que la última fase del comunismo en que el Estado desaparecería, en que ya no habría necesidad de sanciones, en que cada uno iría benévolamente a trabajar en beneficio de todos y cada uno recibiría según sus necesidades y trabajaría conforme a sus capacidades, Lenín sabía que eso era una esperanza, y por eso el comunismo es finalmente un mesianismo, es decir una religión que mira hacia un porvenir incierto además, que debemos pagar con el precio de la dictadura de la cual vemos que ni ha producido todavía todos sus efectos ni conquistado tampoco la humanidad a la cual debía prepararnos, o mejor, en la cual debía instalarnos.

Pero es evidente que es imposible negar la importancia inmensa de ese movimiento ya que cubre la mitad de la tierra o casi (en 1971), y propone en el fondo una de las soluciones en que el proletario pueda sentirse implicado ya que lo pone en primer plano, después de haber estado injustamente relegado al último.

Existe otra moral, otro sistema revestido de autoridad moral muy grande, el sistema de Kant en que la humanidad aparece como valor interior a cada uno: "Actúa de tal modo que trates siempre a la humanidad en tu persona y en la de los demás como fin y jamás como medio".

Es quizás algo muy conmovedor, porque la persona aparece como teniendo todo el valor y, en el precepto en que la humanidad jamás debe ser tratada como medio, reconocemos precisamente la percepción de la inviolabilidad de que hablábamos esta mañana.

Es cierto que si el fin está en nosotros, en cada uno, eso supone que la sociedad entera debería reposar sobre la persona, eso supone que la sociedad entera debería tener su centro en cada uno, es decir, eso supone que cada uno debería ser universal, porque ésa es la única manera de ser universal, de llevar en sí mismo toda la humanidad, pero eso justamente supone que la humanidad es un valor supremo en cada uno. Volveremos a esto en seguida, pues encontraremos esos valores al tratar de construir nuestra propia visión del mundo.

Hay otra filosofía, la de Nietzsche que es una filosofía de aristócrata: "En el fondo, ¡mata al mediocre! ¡Sírvele al genio, si tú no puedes ser genio!" Pero lo que importa son las cumbres: la inmensa mayoría de los hombres son mediocres, es inútil detenerse en ellos, es necesario trabajar por el genio, sin saber muy bien además en qué momento llegamos a ese estadio. En Nietzsche vemos el desprecio de la mediocridad y la voluntad heroica de superarla mejor que el objetivo que se propone alcanzar y que, además, nunca logró pues murió loco.

Frente a los sistemas que acabo de resumir, muy someramente claro está, frente a todos esos sistemas está siempre la famosa máxima cristiana y bíblica: "Ama a tu prójimo como a ti mismo". Esta fórmula está llena de ambigüedades porque "¿Cómo me amo a mí mismo? ¿Y quién soy yo?" Es evidente que según me cree en cierto nivel, o no me cree, dejándome llevar por el universo y obedeciendo a mis instintos, llegaré a la imposibilidad de amar al prójimo como a mí mismo ya que el amor instintivo y primitivo de sí mismo es un amor que no tiene nada de altruista, es un amor fundado en determinismos, en hormonas, en la herencia, en factores psicológicos hundidos en el inconsciente, ¡y no se ve cómo un ser gobernado por el inconsciente, un ser que no sabe quién es, y que es simple apéndice de sus instintos, cómo podría amar a los demás como a sí mismo! Se aferrará naturalmente a su yo biológico, ampliará lo más posible su espacio y su dominación, ejercerá al máximo su apetito de placer y de explotar a los demás. Nada es más normal si seguimos la pista del yo carnal y posesivo.

Y de hecho, cuando estudiamos los basamentos del ser humano, cuando tenemos en cuenta sus instintos, no estamos en el altruismo, tenemos la impresión clara de que el hombre está en la jungla, que es parte del universo, que es un animal como los demás, más feroz que los demás y que hace de todos los demás su presa pues no hay realidad que él respete en el mundo; si le interesa, está listo a explotar los astros y lo hará en cuanto le sea posible, porque es un ser necesitado, tiene necesidad de préstamos, no puede subsistir sin préstamos, y si agota una cantera está obligado a abrir otra.

¿Cómo amar al prójimo como a sí mismo? Desde el punto de vista biológico, eso es pues algo imposible precisamente porque el yo es una prisión en la cual estamos encerrados todos y en el yo biológico no hay ventana abierta hacia los demás sino para explotarlos, para aprovechar de los demás, anexándoselos.

Todo va pues a depender de lo que hagamos de nosotros y de si alcanzamos un estadio en que sea posible amar al prójimo, sin estar ciegos además a sus límites, porque, claro está, como tenemos límites que nos ocultamos a nosotros mismos, de los que somos inconscientes la mayor parte del tiempo mientras los límites ajenos nos saltan a los ojos, y nada nos es más fácil que criticarlos, porque sus defectos nos son atrozmente visibles. Entonces, ¿cómo amar a los demás?" (Continuará)

 

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