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1ª parte de la 3ª
conferencia de Ginebra, en enero de 1971.
"¿Dónde está el prójimo y cómo encontrarlo? ¿Cómo puede el hombre
encontrar al hombre?
Hay sistemas diferentes, diferentes experiencias. Podemos enumerar algunas.
Comencemos por Comte, por
ejemplo, por el positivismo humanitario de Comte que es una experiencia
interesante en que Comte, partiendo
de un positivismo integral, únicamente de los hechos y de las leyes naturales,
trató de constituir una moral válida para todos los hombres, haciendo de la
humanidad la divinidad del hombre. Es decir que el gran ser es la humanidad, tanto la humanidad del pasado como la
del presente; la humanidad está constituida más por los muertos que por los vivos,
la humanidad que avanza, la humanidad que transmite sus adquisiciones, la
humanidad que es ilustrada por los genios a tal punto que organizó el culto de los
genios, instituyó un calendario litúrgico para conmemorarlos y fundó finalmente una iglesia positivista
que debía remplazar el catolicismo, una iglesia cuyo dios es la humanidad,
entendiendo por humanidad no a ustedes y a mí, sino el conjunto a través de
toda la historia y hasta el final de ella.
Esa tentativa, inspirada en
parte por un gran amor hacia su mujer llamada Clotilde de Vaux, esa religión es
conmovedora pero, evidentemente, limitada ya que está finalmente destinada a
desaparecer: un día se enfriará la tierra, un día cesará de existir la
humanidad, y será el final de la historia y será el final de ese gran ser en el
cual quedaremos perdidos para perdernos finalmente de manera definitiva, pues
no quedará nada. Es una tentativa que merece en todo caso ser mencionada: la
veneración de la humanidad a la cual debemos dedicarnos, perdernos en ella,
haciéndonos herederos del pasado para trasmitirnos al futuro en una devoción
religiosa que remplace las religiones difuntas.
Existe, en la misma época, una tentativa
que dio otros frutos y es infinitamente más importante, el marxismo: la humanidad, es el proletario – o el prójimo – el proletario es el portador de la
humanidad porque no tiene nada más que su humanidad. Tiene el puesto
mesiánico en el sentido de que es portador del futuro y sólo puede preparar el
futuro apoderándose del poder e instaurando la dictadura del proletariado.
Y en esa fase estamos (en
1971), al
menos eso es lo que querían establecer los países comunistas. La dictadura del
proletariado es ejercida de hecho por jefes, por una minoría que somete
necesariamente al conjunto a una disciplina muy rigurosa en vista de un futuro
incierto además, en que el hombre reconocerá finalmente al hombre.
Lenín mismo sabía que la última fase del comunismo en que el Estado
desaparecería, en que ya no habría necesidad de sanciones, en que cada uno iría benévolamente
a trabajar en beneficio de todos y cada uno recibiría según sus necesidades y
trabajaría conforme a sus capacidades, Lenín sabía que eso era una esperanza, y por eso el comunismo es finalmente
un mesianismo, es decir una religión que mira hacia un porvenir incierto
además, que debemos pagar con el precio de la dictadura de la cual vemos que ni
ha producido todavía todos sus efectos ni conquistado tampoco la humanidad a la
cual debía prepararnos, o mejor, en la cual debía instalarnos.
Pero es evidente que es
imposible negar la importancia inmensa de ese movimiento ya que cubre la mitad
de la tierra o casi (en 1971), y propone en el fondo una de las
soluciones en que el proletario pueda sentirse implicado ya que lo pone en
primer plano, después de haber estado injustamente relegado al último.
Existe otra moral, otro sistema revestido de autoridad moral muy
grande, el sistema de Kant en que la humanidad aparece como valor
interior a cada uno: "Actúa de tal modo que trates siempre a la humanidad en tu persona
y en la de los demás como fin y jamás como medio".
Es quizás algo muy
conmovedor, porque la persona aparece como teniendo todo el valor y,
en el precepto en que la humanidad jamás debe ser tratada como medio,
reconocemos precisamente la percepción de la inviolabilidad de que hablábamos
esta mañana.
Es cierto que si el fin
está en nosotros, en cada uno, eso supone que la sociedad entera debería
reposar sobre la persona, eso supone que
la sociedad entera debería tener su centro en cada uno, es decir, eso
supone que cada uno debería ser
universal, porque ésa es la única manera de ser universal, de llevar en sí
mismo toda la humanidad, pero eso justamente
supone que la humanidad es un valor supremo en cada uno. Volveremos a esto
en seguida, pues encontraremos esos valores al tratar de construir nuestra
propia visión del mundo.
Hay otra filosofía, la de Nietzsche
que es una filosofía de aristócrata: "En el fondo, ¡mata al mediocre!
¡Sírvele al genio, si tú no puedes ser genio!" Pero lo que importa son las
cumbres: la inmensa mayoría de los hombres son mediocres, es inútil detenerse
en ellos, es necesario trabajar por el
genio, sin saber muy bien además en qué momento llegamos a ese estadio. En
Nietzsche vemos el desprecio de la mediocridad y la voluntad heroica de
superarla mejor que el objetivo que se propone alcanzar y que, además, nunca
logró pues murió loco.
Frente a los sistemas que
acabo de resumir, muy someramente claro está, frente a todos esos sistemas está siempre la famosa máxima
cristiana y bíblica: "Ama a tu
prójimo como a ti mismo". Esta fórmula está llena de ambigüedades
porque "¿Cómo me amo a mí mismo? ¿Y quién soy yo?" Es evidente que
según me cree en cierto nivel, o no me cree, dejándome llevar por el universo y
obedeciendo a mis instintos, llegaré a la imposibilidad de amar al prójimo como
a mí mismo ya que el amor instintivo y primitivo de sí mismo es un amor que no
tiene nada de altruista, es un amor fundado en determinismos, en hormonas, en la
herencia, en factores psicológicos hundidos en el inconsciente, ¡y no se ve
cómo un ser gobernado por el inconsciente, un
ser que no sabe quién es, y que es simple apéndice de sus instintos, cómo
podría amar a los demás como a sí mismo! Se aferrará naturalmente a su yo
biológico, ampliará lo más posible su espacio y su dominación, ejercerá al
máximo su apetito de placer y de explotar a los demás. Nada es más normal si
seguimos la pista del yo carnal y posesivo.
Y de hecho, cuando
estudiamos los basamentos del ser humano, cuando tenemos en cuenta sus instintos,
no estamos en el altruismo, tenemos la impresión clara de que el hombre está en
la jungla, que es parte del universo, que es un animal como los demás, más
feroz que los demás y que hace de todos los demás su presa pues no hay realidad
que él respete en el mundo; si le interesa, está listo a explotar los astros y
lo hará en cuanto le sea posible, porque es un ser necesitado, tiene necesidad
de préstamos, no puede subsistir sin préstamos, y si agota una cantera está
obligado a abrir otra.
¿Cómo amar al
prójimo como a sí mismo? Desde el punto de vista biológico, eso es pues algo
imposible precisamente porque el yo
es una prisión en la cual estamos encerrados todos y en el yo biológico no hay
ventana abierta hacia los demás sino para explotarlos, para aprovechar de los
demás, anexándoselos.
Todo va pues a depender de
lo que hagamos de nosotros y de si alcanzamos un estadio en que sea posible
amar al prójimo, sin estar ciegos además a sus límites, porque, claro está,
como tenemos límites que nos ocultamos a nosotros mismos, de los que somos
inconscientes la mayor parte del tiempo mientras los límites ajenos nos saltan
a los ojos, y nada nos es más fácil que criticarlos, porque sus defectos nos
son atrozmente visibles. Entonces, ¿cómo amar a los demás?" (Continuará)