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3ª parte de la 5ª conferencia del
Cenáculo de París, el 23 de enero de 1966.
Retoma: "Si existe una moral
sexual, no puede consistir en un esfuerzo para satisfacer al máximo la unión
carnal excluyendo la fecundidad por todos los medios que creamos legítimos. El
problema está mal planteado, el
verdadero problema está en saber si el sexo se debe humanizar en el hombre,
si el sexo está llamado a personalizarse en el hombre, si el sexo debe afirmarse en el hombre en el nuevo universo que no
existe todavía, pero que cada uno de nosotros está llamado a crear”.
Continuación: "Si nos
quedamos en el viejo universo de la especie con un psiquismo informado por la
química orgánica, si nos quedamos en el impulso ciego de origen desconocido y
cuyos resultados no dependen de nosotros, no hay duda de que nunca lograremos
encontrar el infinito que había, o al menos lo creíamos, en los sueños del
comienzo.
Si queremos llegar a un
infinito, tenemos que hacernos infinito, y justamente el amor nos brinda una
ocasión única de superación y de ecumenismo, a partir de una visión
perfectamente clara de sus responsabilidades creadoras. Es cierto, según mi experiencia, quiero decir las innumerables
experiencias que he sacado de la vida de los demás, de sus sufrimientos, de sus
desdichas, de sus separaciones, de sus divorcios, de sus desengaños, de sus
esperanzas frustradas, es seguro que un hombre y una mujer sólo se encontrarán en un terreno de
persona y de eternidad en la medida en
que hayan triunfado del vértigo sexual, en la medida en
que hayan comprendido que están dedicados a una creación divina, en la medida en que su cuerpo haya respetado la tercera persona que es un hijo
posible, en
la medida en que hayan sido padre y madre
justamente mirando hacia esa tercera persona y no enceguecidos por el instinto.
¡Me sorprende la joven pareja que
se casa, que toma de repente la decisión de casarse! ¿Porqué están tan de
prisa? ¿Porqué esa decisión tan rápida? ¿Porqué? No estaban seguros, parecían
vacilar todavía, parecía que no habían alcanzado todavía un grado de madurez en
que una decisión pueda comprometer toda la vida… ¡es que un hijo está en
camino! Un hijo está en camino, sin que lo quisieran, claro está, y como no
quieren eliminarlo, no quieren matarlo, aceptan lo inevitable, se casan de
prisa para legitimar al hijo y su vida queda comprometida toda en esa
inclinación en que justamente la generación no ha sido obra de la libertad y del
compromiso, sino simplemente el haberse abandonado a los instintos, lo cual los
llevó a tomar decisiones que deberían haberse tomado con mayor madurez pero que
fue necesario tomar de prisa, debido a un acontecimiento imprevisto que tienen
que soportar.
Eso sucede muchas veces, y no
necesito decirlo: hoy en día son pocos los novios que llegan vírgenes al
matrimonio. ¡Son muy pocos! La mayoría han experimentado, están en la corriente
de la moral actual de la cual no quiero hablar mal porque es natural que vivamos conforme al instinto si no hemos entrado en el
mundo nuevo que todavía no existe y que cada uno de nosotros debe crear si
quiere hacerse hombre.
Es imposible contentarse con
medidas a medias. No se puede vivir bajo presiones sociales. No es posible
contentarse con ese mundo abstracto cuando uno tiene un instinto que no
entiende, cuando no se ha ido hasta el fondo, cuando no se ha visto el rostro
de un hijo en el espermatozoide y el óvulo, cuando no se ha tomado conciencia
de un amor trinitario, cuando no se ha comprendido que la proximidad absoluta
se encuentra en la distancia infinita! Es entonces
imposible, radicalmente imposible, mantenerse de pie y no sucumbir a la
atracción psíquica tan fuerte, tan poderosa, tan total, que irradia en todas
las fibras del ser.
Dios me proteja de criticar a
nadie, nada me sorprende, ¡yo sé que el sexo puede desarrollar todas las
direcciones y dar lugar a todas las locuras! No hay aberración de que no sea
capaz y no me sorprende que aparezca como una fuerza irresistible. En efecto, es una fuerza irresistible
mientras nos quedemos en el terreno de la naturaleza prefabricada: no se puede
ser casto, en el sentido de conquista y de libertad infinitas, sino cuando uno
se haya hecho hombre, cuando haya hecho de todo su ser una ofrenda, cuando
haya entrado en el diálogo de la persona con la persona, cuando rehúse
justamente las facilidades engañosas del instinto que pone el infinito al
alcance de la mano y que en realidad nos frustra porque es la naturaleza o la
química la causante de todo". (Continuará)