in

Sotamenta.Net

El sitio Internet de nuestra tribu!

Zundel

September 2009 - Posts

  • 30/09/09 – Dios, Sol y Alegría del corazón.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Lausana, iglesia del Valentín, a los niños.

    Ustedes oyeron hablar del asesinato de ese niñito, un bebé de 21 meses, asesinado en Ginebra durante el sueño. Naturalmente, la policía busca afanosamente, los jueces interrogan… hacen encuestas, porque quieren absolutamente saber quién lo mató, castigar al criminal.

    ¿Qué importancia tiene?... ¿Ha cambiado el mundo por eso?... ¿Cambió porque un niñito de 21 meses fue asesinado?... ¿En qué cambian las cosas por eso? Si hubieran matado un insecto, ¿se habría movilizado la policía? ¿Porqué quieren absolutamente saber quién lo mató? ¿Y porqué quieren castigar… castigar al asesino? ¿Porqué? ¿Qué tenía de especial ese niñito, qué tenía de particular?... ¿No era un niñito como los demás?... ¿Tenía algún tesoro que no tienen los demás niños?

    ¿Porqué no se puede matar un niñito? ¿Porqué?

    ¿Porqué no se puede matar a un hombre como se mata un insecto? ¿Porqué?...

    ¿Ustedes se confiesan cuando matan una pulga o un piojo? ¿Se van a confesar por eso? No. ¡Pero si mataran a un hombre, eso sería otra cosa! ¿Porqué? ¿Porqué es un crimen matar a un niñito, y no matar un insecto? ¿Porqué?

    Ustedes ven… allá, esa galería, esa galería de santos que rodean a Jesús crucificado, ¿ven esos santos? ¡No! ¿Qué tienen alrededor de la cabeza? ¿Qué tienen alrededor de la cabeza? ¿Cómo se llama eso? ¿Cómo se llama? Eso es una aureola.

    Tienen una aureola alrededor de la cabeza. ¿Y qué quiere decir esa aureola? ¿Están ustedes dormidos? ¡Hm!... ¿No es una imagen del sol? ¿No es un sol? Tienen un sol alrededor de la cabeza. ¿Porqué les ponen un sol alrededor de la cabeza? ¿Andaban así, con un sol alrededor de la cabeza cuando estaban vivos? ¡Hm! ¿Porqué tienen un sol alrededor de la cabeza en esas imágenes? Sí… ¿Qué significa eso? ¿Porqué un sol, y no un tarro de leche?... ¡Eso quiere decir que tenían, que tenían un sol en el corazón! ¡Eso es lo que significa! ¡Tenían un sol en el corazón, un sol que iluminaba y sigue iluminando el mundo! ¿No? ¡Eso quiere decir!

    Entonces, si es un crimen matar un niñito o un hombre, es porque en el niñito hay… ¿qué? ¡Hay un Sol! En el corazón de un niñito hay el mismo sol que en el corazón de un Santo, porque en el corazón del niñito está Dios. ¿No es claro?

    Pero en fin, si ese niñito hubiera vivido… ¡ahora está muerto, desgraciadamente! Si hubiera vivido habría podido ser un asesino como el que lo mató, ¿no? El hombre que lo mató fue también niño, ¿no? ¡Y se volvió asesino! Eso quiere decir que el sol que rodea la cabeza de los santos es una posibilidad… y ustedes, ¿van a ser santos? ¿Los van a representar un día en la iglesia del Valentín con un sol alrededor de la cabeza? ¿Qué les parece? ¿Cuántos de ustedes, niños o niñas, van a ser santos? ¿Muchos? ¿Qué les parece? En todo caso es una posibilidad: cada uno de ustedes, cada uno de ustedes puede ser santo o santa, porque cada uno tiene la posibilidad de tener en el corazón el Sol que es Dios. Pero naturalmente, para ser santos tienen que ser transparentes al Sol. ¿Entienden? El Sol, el sol que ilumina y que hace el día… el sol no puede atravesar un muro. ¿Verdad? Ni siquiera puede atravesar las cortinas metálicas, si están cerradas. Lo mismo Dios, aunque esté en nosotros, "¡el Sol que ilumina a todo hombre que viene a este mundo", como dice el Evangelio! Dios no puede brillar si el corazón es de piedra. Si el corazón es una piedra, si el alma está cerrada como una casa con las cortinas cerradas. ¿Entienden?

    ¿Qué se necesita entonces para que brille el Sol? ¡Que seamos transparentes, como un vidrio, como un vitral que hace cantar los colores! ¿De acuerdo?

    ¿Entonces, qué quieren hacer? ¿Qué vamos a hacer? ¿Qué vamos a hacer para no volvernos asesinos, animales o parásitos? ¿Saben lo que es un parásito? Un parásito es una pulga, un piojo, un chinche… un animal que vive sobre otro, que no trabaja, que se contenta con comerse la sustancia de otro. ¿Entienden? ¡Ah! ¿Hay niños que son parásitos? ¿Hay niños… hay niñas que son parásitos? ¡Hay niños que son parásitos!, que no hacen nada, que no dan nada, que se tragan todo, que quieren todo para ellos, que nunca comparten, ¡que envenenan la vida de los papás! ¿Es para eso que nacieron? ¿Para envenenar la vida de los demás?

    ¿Cuál es la felicidad de los papás? ¿Cuál es la felicidad de los papás? ¡Ustedes!... ¡Ustedes!... Y ¿cuál es la desgracia de los papás? Si ustedes son malos, sus papás no son felices.

    Escuchen. Había un niño, un niño bueno. Sus papás lo querían mucho, no tenían más hijos, y cada vez que salía bien en una tarea le daban un franco. Él lo echaba en la alcancía. Tenía un compañerito que era pobre, y lo quería mucho. Y el niño que tenía dinero iba a patinaje. Tenía un magnífico par de zapatos y unos lindos patines, ¡y su amiguito no tenía nada! Habría querido ir a patinar, ¡pero no tenía ni zapatos ni patines! Y entonces el que tenía la alcancía llena de dinero que sus papás le habían dado por salir bien en las tareas fue un día a comprar zapatos y patines para regalarle a su amiguito, que se puso muy contento. Entonces el niño comprendió que lo más bello en la vida es dar alegría, ¡dar alegría a los demás! Y cogió la costumbre de dar… ¡y toda la vida, la pasó a tratar de buscar la alegría de los demás!

    Había una niña, porque las niñas son tan generosas como los niños, así lo espero, ¿verdad? Esa niñita sabía coser, le gustaba la cocina, tenía una mamá muy generosa, pero como tenía diez hijos, la mamá estaba agotada y un día al regreso de la escuela, la niña vio a su mamá muy cansada y le dijo: "¡Mamá, mamá, oye! Yo voy a preparar la comida". ¡Yo voy a preparar la comida! Preparó la comida y al día siguiente la volvió a preparar también y al día siguiente se puso a coser con la mamá, y la vida cambió porque la mamá ya no estaba agotada y sin aliento. ¡En su hijita, había encontrado una ayuda maravillosa!

    Escuchen todavía! Yo conocí una obrera, una costurera. Era muy alegre. Le gustaba cantar, iba donde los clientes, y se ponía a cantar. Trabajaba admirablemente desde la mañana hasta la tarde, pero cantando. Y todas las clientas estaban encantadas. Y me decía: "Yo soy obrera, soy trabajadora de la Sagrada Familia", yo voy a las familias a llevarles la alegría de Dios. Y en efecto, llevaba tanto la alegría de Dios que todas sus clientas la esperaban como el Sol.

    Un día la atropelló una bicicleta en la calle y le fracturó el fémur y le provocó toda clase de heridas, y cuando la enyesaron, era un encanto en el hospital para todas las enfermas, con su buen humor, con su sonrisa, y toda la sala estaba transformada, realmente iluminada con su presencia, porque la obrera de la Sagrada Familia tenía realmente el Sol en el corazón.

    Y recuerdan a ese muchacho de 16 años que tenía un tumor en el cerebro del que iba a morir dos años después. Lo habían operado y no habían podido cerrar el cráneo porque el tumor seguía hinchando, y él hacía como si nada, para no causar sufrimiento a sus papás. Iba a la escuela, preparaba los exámenes y era primero de clase, y murió dos años después sin quejarse nunca… y sus papás no pudieron llorar, porque él les había dado tanta alegría con su valentía que toda su vida estaba iluminada.

    ¡Pues eso es la santidad! ¿Ven? ¡La santidad no es ser feos! ¡Ni poner una cara de entierro! ¡La Santidad es llevar el Sol, dar alegría, olvidarse para que la vida sea más bella!

    Piensen en eso, por favor, pensando en ese niñito asesinado, pensando: "No estaría bien que yo, que estoy vivo o viva, pase el tiempo a complicarles la vida a mis papás, ya que ellos no me están exigiendo nada al fin de cuentas". Sus padres no les piden ganar dinero, o que les den dinero. No les piden sino una sola cosa: generosidad, un corazón bueno, una sonrisa.

    ¡Eso es ser santos! ¡Eso es un santo! Pueden ser santos si hoy y mañana se dedican con todas sus fuerzas a ser "buenos", a ser generosos, a llevar a casa la alegría, a ser el sol de sus padres, de sus camaradas y de sus maestros o maestras.

    Lo vamos a hacer, ¿no? ¡Tenemos que tener un sol alrededor de la cabeza y vamos a ser transparentes a ese Sol que llevamos en el corazón para que reine la alegría en la casa, desde el sótano hasta el zarzo!

     

  • 28-29/09/09 – Interioridad de Dios.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;}

    Lausana, 1962 

    Los grandes artistas, los grandes escritores son los que pueden dar a las palabras un peso de luz eterna disponiéndolas en un equilibrio justo: "El hombre es sólo una caña, la más débil de la naturaleza, pero una caña que piensa". Esta frase admirable e inmortal de Pascal, contraste de la caña frágil y pensante que hace de él el árbitro del mundo, realiza una de las creaciones eternas.

    San Agustín, que es también un gran artista en sus horas y que lo es precisamente en el momento en que menos lo piensa, forjó también sin pensarlo, en la espontaneidad de su genio y en el ardor de su fe, palabras en equilibrio perfecto que nos introducen en abismos de luz.

    Y precisamente, en las "Confesiones", que datan de cerca de 397, en que este gran obispo nos cuenta, sin ocultar nada, su vida, sus desórdenes, su conversión, su bautismo y en que no cesa de alabar a Dios por haberlo llamado a Su Luz, expresa el estado en que se encontraba antes de la conversión con las palabras de las que, en su admirable sencillez, expresan de inmediato un peso eterno de luz. Dijo pues: "¡Tarde te amé, tarde te amé, Belleza siempre antigua y siempre nueva! Tarde te amé, y sin embargo tú estabas adentro, pero yo estaba afuera". (Libro X/XXVII).

    "Tú estabas adentro, pero yo estaba afuera…" ¡Qué admirable! Entonces, la situación del hombre que no ha encontrado todavía al verdadero Dios, es estar afuera, fuera de sí mismo, como decimos de un hombre con ira que está "fuera de sí mismo": fuera de sí mismo, no es dueño de sí mismo, ya no se controla, ya no es dueño de sus actos, ya no es origen de su propia conducta, está alienado de sí mismo…, está afuera, mientras la condición normal del hombre sería adentro, siendo centro de toda su actividad hermosa, ordenada, luminosa y creadora.

    Y Agustín resume todo eso oponiendo genialmente las dos palabras: "Tú estabas adentro, pero yo estaba afuera". Y comentándose añade algo que no es menos admirable: "Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo". Es magnífico. "Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo". Entonces, Dios estaba ahí desde siempre, como un sol escondido en él, esperándolo, pero él no estaba con Dios.

    Vemos en seguida que el Dios que encontró es un Dios interior, interior a sí mismo, interior a nosotros, un Dios que estaba adentro mientras nosotros estamos afuera. Y la conclusión es que evidentemente Agustín sólo encuentra a Dios cuando él mismo haya entrado adentro.

    Dios lo invita adentro. Lo invita a recogerse, a recentrarse, a hacerse justamente fuente y origen de su propia conducta, creador de su vida y de su universo. Esto brilla como las palabras, ya que Dios está adentro y nosotros afuera, ya que la situación intolerable que constituye la condición del hombre pecador como estaba Agustín, la situación intolerable sólo puede ser superada si el hombre alienado a sí mismo y a todo, a Dios y al universo como a sí mismo, si el hombre vuelve al interior, si se constituye en la intimidad en que intercambia con Dios como una Persona con otra Persona.

    Es una corriente formidable pues justamente en ese itinerario de Agustín vemos que la imantación que Dios ejerce sobre nosotros no es absolutamente un mandamiento de alguien que quiere imponernos algo sino la atracción de una belleza, de un amor que quiere transformarnos en Él, que quiere arrancarnos a la dispersión, a la impotencia, a las servidumbres, a las dependencias, para ponernos en el centro de nuestra libertad. Cuando estemos recogidos en el centro, cuando seamos interioridad e intimidad, comienzo, origen y fuente, entonces estaremos delante de Dios no como esclavos sino como amigos que intercambian con el ser amado en la luz de una generosidad recíproca.

    El Dios de Agustín, el Dios cristiano, el Dios que se revela en Jesucristo, el Dios que lo llama, el Dios que fascinará su genio y hará de él el gran Doctor de la gracia, ese Dios es justamente un Dios liberador. Él nos revela que nosotros estamos afuera, Él remedia a nuestra exterioridad, Él nos introduce en nuestra intimidad, Él nos permite encontrarnos a nosotros mismos, Él hace de nosotros finalmente no criaturas miserables y sumisas, sino amigos, hijos, colaboradores, dioses.

    Pues según palabras del mismo Agustín, "Dios se hizo hombre para que el hombre se  hiciera Dios". Y es tan cierto además, está tan en el centro de la experiencia agustiniana que Agustín nos dice unas líneas más abajo, escuchen la frase extraordinaria y prodigiosa: "Adhiriendo a Ti con todo mi ser, mi vida estará toda llena de Ti". ¡Qué arte tan grande, qué magnífica poesía y qué sabiduría! ¡Abismal!... Adhiriendo a Ti con todo mi ser, mi vida estará toda llena de Ti".

    Entonces en Dios, que San Agustín llama en las "Confesiones" "Vita vitarum" – Tú eres la vida de nuestra vida – en Dios es donde nuestra vida se vuelve viva, encuentra su plenitud en la adhesión de luz y de amor que nos identifica con Dios y que enraíza nuestra intimidad en la Suya a fin de que nuestra vida sea Su Vida y Su Vida la nuestra.

    Por consiguiente, todas las fantasmagorías de dependencias, de servidumbres, de dominación, de despotismo, todo eso se derrumba en la luz de la experiencia esencialmente cristiana. El cristiano no va a Dios como extranjero, sino como va hacia su intimidad.

    ¿Qué buscan ustedes en el amor? ¿Qué esperan encontrar? Justamente, siempre, poder intercambiar con otro u otra que sea interior a ustedes y en quien realicen su interioridad.

    Pues bien, Dios es todo interioridad. No tiene exterior. Entonces sólo puede llevarnos adentro y establecernos en el corazón de nuestra intimidad haciendo de nuestra libertad algo absolutamente inviolable, que no puede sino constituir la libertad, llamarla a nacer, ayudarle a crecer porque justamente Dios no puede actuar sino con miras a la interioridad, para protegerla, para confirmarla, para hacerla crecer. Dios no puede cogernos jamás del exterior. Sólo puede cogernos por dentro, entrando en nosotros sin violar la frontera, haciendo estallar la frontera en un inmenso espacio de amor en que nos hacemos lo que Él es: generosidad, luz y amor.

    Por eso se puede decir que el mundo, el universo, toda la creación es sostenida por la fragilidad de Dios, como la caña pensante. En cuanto caña, ¿qué hay más frágil? La caña, como pensante, es el árbitro del mundo. Dios se nos presenta como el que, al invitarnos a ser libertad inviolable, se va a poner en nuestras manos cuando tenemos el poder terrible de decir "No", como también tenemos el de decir "Sí".

    Si llegamos al Prólogo de San Juan: "La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la reciben. Dios está en el mundo, y el mundo no lo conoce. Viene a los suyos, y los suyos no lo reciben". Dios siempre está ahí: "Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo". Él está siempre ahí, pero si nosotros no estamos, es como si Él no existiera. El más grande amor no puede nada sobre el que no ama. El genio más grande no puede nada sobre una mente cerrada y que rehúsa. Y la belleza más grande, la música más grande, no pueden nada sobre aquél cuyos oídos están obstinadamente cerrados.

    Así Dios no puede nada sobre un universo que está suspendido a su amor y que está llamado a ser ofrenda de amor. Por eso Dios puede ser vencido, puede fracasar. Por eso Dios es un Dios crucificado, crucificado por todos los rechazos de amor que reducen a la impotencia su presencia perpetua, como lo constata San Agustín diciendo: "Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo".

    Así, el mundo entero, suspendido todo a esa fragilidad divina, el amor que cualquiera puede aplastar, rehusar, crucificar, entonces el mundo no es lo que pensamos. El mundo, tenemos, tenemos que llevarlo nosotros, transformarlo, darle su verdadero significado. Tenemos que hacerlo entrar en el circuito de luz y de amor que cerrará el anillo de oro de las bodas eternas.

    Retengamos pues esta mañana, recordando estas tres frases de Agustín:

    • "Tú estabas adentro, pero yo estaba afuera".
    • "Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo".
    • "Adhiriendo a Ti con todo mi ser, mi vida estará toda llena de Ti".

    Reteniendo este admirable itinerario y estas frases que son dignas de la ascensión hacia la luz, trataremos de escuchar al huésped amado que nos llama en lo más profundo de nosotros y que quiere llevarnos adentro, que quiere hacernos libres, que quiere identificarnos con Él, que quiere llevarnos a nuestra más profunda intimidad, que quiere hacer de nosotros realmente un centro, un comienzo, una fuente y origen.

    ¡Qué magnifico es ser llamado por ese amor! ¡Oh! Pidamos que no vacilemos hoy en sellar con el "sí" del entusiasmo y de la libertad el "sí" eterno que se pronuncia en lo más íntimo de nosotros mismos al Dios que está siempre ahí y que no cesa jamás de esperarnos y de amarnos.

     

  • 27/09/09 – Para Dios, el hombre iguala a Dios.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} La belleza salvará el mundo. Reflexiones de P. Debains. (Continuación de ayer, Balbuceos).

    Retoma: "El pensamiento principal que me voy a permitir proponerles, sería que entre los jóvenes que vengan a retiro con nosotros – veremos después cómo es posible que vengan y a qué condiciones (que deberemos cumplir) – algunos puedan sentirse llamados a vivir en comunidad con los monjes durante uno o dos años, después de los cuales podrán escoger entre quedarse en la comunidad de Timadeuc de manera más estable, o irse a otra comunidad por crear para evangelizar en el mundo entero." Y la nueva evangelización se haría a partir de la enseñanza mística de M. Zundel.

    Continuación: Durante el retiro reciente, fui testigo de una visita de un grupo de estudiantes de liceo al monasterio. Ya lo había sido antes. Habría que organizar esas visitas, bastante frecuentes quizá. Habría que hacerlo para que la visita deje a los jóvenes el sentimiento de un encuentro, quizá, con la belleza, lo cual no parece suceder por ahora. Sería necesario que fueran ellos también por un momento actores de belleza.

    Recuerdo haber visto hace mucho tiempo a un pedagogo y músico que hizp cantar durante 15 minutos un grupo de niños sin estar preparados. Los niños aprendieron a cantar un sencillo kyrie eleison. ¡Éxito completo! Y los niños estuvieron felices. Habría que intentar una experiencia parecida con los grupos que visitan la iglesia del monasterio. Habría que intentar la experiencia con los ejercitantes, capaces de cantar entonces al menos un salmo con los monjes. Un cuarto de hora de ensayo podría bastar para una ejecución casi perfecta. Así los visitantes, o los ejercitantes, podrían ser actores de la belleza del canto monacal.

    Al regreso del retiro, parada en la bahía del Monte San Miguel. Sorpresa: en el recinto mismo del área de reposo y de restauración, una sala de cine, una pantalla inmensa en 6 paneles formando medio círculo. ¡Magnífica instalación! Y otra sorpresa: una película en cinemascopio sobre el Monte San Miguel y su entorno histórico y local. Un momento de encuentro con la belleza.

    Dentro del monasterio mismo quedaría bien una sala como esa, donde los visitantes (¡y a veces también los monjes!) puedan experimentar, a cada nueva "sesión", la belleza pura a partir de películas grandiosas y de rara calidad.

    Durante el retiro escuchamos excelentes grabaciones de Zundel, momentos de emoción con la voz y el sentido de las palabras. (Lo pueden escuchar en el sitio Internet, ¡pero escucharlo juntos añade algo a la emoción!)

    Toda visita al monasterio debería tener, al mimo tiempo que la emoción de la belleza de la iglesia y del canto e los monjes, una corta enseñanza sobre el fundamento de todo ejercicio espiritual, sobre el fundamento de toda vida interior "para que crezca en nosotros sin cesar el hombre interior", sobre su enraizamiento en una "visión" cada vez más profunda del sentido de la vida: ¡el hombre creado para ser igual a Dios en una reciprocidad de amor llamada a ser perfecta! Por parte de Dios no hay problema: su amor es siempre perfecto y total para cada una de sus criaturas. Por parte del hombre está en juego todo el aprendizaje del amor verdadero durante el breve paso por la tierra, para la unión nupcial con el Dios Trino en la Iglesia… ¡En la Iglesia, Dios tiene sólo hijos únicos!

    El fundamento de los ejercicios espirituales de San Ignacio es demasiado importante. Podemos traducirlo en el día de hoy del modo siguiente:

     

    Fundamento: El hombre es creado y salvado para salvar a Dios en su alma.

     

    El verdadero Amor no puede aceptar que el ser creado y salvado por él le permanezca inferior.

    Así pues Dios ama tanto al hombre que quiso verlo, como a todo miembro el cuerpo místico de Cristo, en igualdad con Él.

    El hombre es creado y salvado para entrar en la intimidad divina, para realizar en ella lo mismo que hace que Dios es Dios, para ser así como igual a Dios. "Para Dios, el hombre iguala a Dios".

    Porque ahora en el corazón del hombre, el Padre quiere engendrar, gestar y dar nacimiento al Hijo, y el Espíritu quiere brotar, brotar del Padre que hace nacer y del Hijo que nace. Así se vive la semejanza del hombre con el Dios Trino.

    ¡Admirable e inconmensurable amor de Dios! Si se presta, ¡el hombre es promovido a una grandeza infinita! Dios, el Dios de Jesucristo, el Dios Espíritu, quiere establecer en él su santuario, va a realizar ahora lo que hace que eternamente Él es el Dios Trino. ¡Dios no sabe hacer otra cosa! El corazón del hombre es creado y salvado para ser el paraíso de Dios.

    El Cuerpo místico de Cristo, la Iglesia, está llamado a ser el cuerpo de la perfecta esposa en el cual el hombre está llamado a vivir eternamente la perfecta relación nupcial de igualdad con Dios.

    En el cuerpo místico de Cristo, cada miembro está vitalmente unido a todos los demás miembros, y cada uno es el cuerpo entero.

    El hombre es creado y salvado salvando a Dios en su alma, salvando el proyecto inicial del Dios Trino, el proyecto del perfecto amor que quiere igualar al que crea, llamándolo siempre a la perfecta reciprocidad de amor, so pena de no tener más sentido.

    El hombre la realiza la salvación de Dios, la salvación de la felicidad divina, viviendo el don perfecto de sí mismo a imagen y semejanza del don perfecto y eterno de sí mismo vivido en la Trinidad por las personas divinas, ninguna de las cuales tiene su ser sino en la Otra.

    El don perfecto de Dios es revelado y manifestado en la muerte de Jesús en la Cruz. No se puede imaginar don más perfecto que el del Hijo de Dios que se hace hombre y se entrega hasta la muerte ignominiosa por amor, un amor revelado tan infinito por su criatura.

     

    Oraciones.

    Dios nuestro, que amas infinitamente a Tu criatura, Dios que nos amas a cada uno de nosotros con un amor único e infinito y que nos quieres grandes con tu propia grandeza, Dios que sólo nos ves y nos amas en relación con los innumerable miembros de tu cuerpo místico, enséñanos a responder mejor a tu incomprensible amor: ¡Tú eres tan grande! ¡Tú nos quieres tan grandes!

    Dios de tan inmensa bondad, ¡acoge nuestra acción de gracias por tanta belleza derramada en la tierra! ¡Haznos cada vez más sensibles a los innumerables reflejos de tu belleza, con un intenso deseo de verte a Ti, que eres la Belleza en persona, fuente de toda belleza terrestre que sólo puede ser un reflejo de la tuya! (Continuará)

     

  • 26/09/09 – Bosquejo de nuevo proyecto monástico.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 st1\:*{behavior:url(#ieooui) } /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} 1ª parte de un bosquejo de nuevo proyecto monástico. Sólo balbuceos por ahora.

    A los ejercitantes de  Timadeuc, a los monjes de la comunidad cisterciense y a su Padre Abad, y a toda persona de buena voluntad.

    En junio pasado me encontraba yo en Timadeuc con G. Cadel y C. Blin cuando murió M. Jackson. Quedé estupefacto por la resonancia inmensa de esa muerte sobre el mundo entero. Centenares de millones de jóvenes lloraron por la muerte de su ídolo, y los medios de comunicación contribuyeron a dar a esos encuentros una orquestación mundial extraordinaria.

    Me acordé entonces de una página de los Ejercicios espirituales de San Ignacio que invitaban a contemplar la Trinidad divina llena de compasión por los innumerables hombres que están aparentemente condenados a la perdición, y que decidía enviar al Hijo para salvarlos.

    Y les pedí a los ejercitantes que hiciéramos juntos durante la semana de retiro una larga y ferviente oración por la salvación de la humanidad actual aparentemente abandonada por completo. Y ya que se trataba esencialmente de una primera concretización de tal oración, que participáramos en primer lugar en la Eucaristía con la comunidad, y si posible en todas las oraciones y cánticos del oficio monástico. Me admiró el que prácticamente todos respondieron con todo corazón, pues algunos participaron hasta en los oficios nocturnos, a las 4 a. m. Quiero dar gracias al Señor con todos ellos por el fervor casi unánime.

    Si me dirijo a todos ahora, unos días después del retiro, es porque pienso que no debemos quedarnos ahí. Todos son testigos de que el retiro no fue como los que pudimos hacer antes, y yo quisiera que una de sus características sea justamente que, sea cual fuere el lugar donde estemos ahora, continuemos suplicando al Señor por los innumerables jóvenes, y menos jóvenes, en perdición segura, si creemos en ciertas páginas del Evangelio. Es ahora tan importante y tan grave.

    En casi todas las ciudades o pueblos de nuestro país, son numerosos los jóvenes que después del trabajo quedan completamente ociosos hasta tarde en la noche: lamentable espectáculo, pues son capaces entonces de las peores tonterías ante las cuales permanecemos impotentes. He tenido de ello la triste experiencia en San Gaciano.

    Con la resonancia que tuvo la muerte de M. Jackson, me vino entonces la idea de tratar de crear con ustedes una comunidad cuyos miembros se encuentren sólo en raras ocasiones, por ejemplo en el retiro anual, pero una comunidad que conserve entre sus miembros, inclusive muy alejados unos de otros, una relación constante al menos en la oración. Estaríamos entonces seguros de que cada miembro ore constantemente por la salvación de la juventud actual, y de que también sea intención capital de oración para la comunidad monástica. Y se puede estar seguro de que la comunidad trapista dará no solamente su consentimiento a esa reunión de corazón, sino de que orará intensamente con nosotros, y ese será quizá un medio providencial para acoger un día quizá dos o tres nuevos miembros, y más aún después.

    Quizá no saben que la primera intención de oración de los monjes de Timadeuc es suplicar al Señor que les envíe nuevos hermanos, pues están inquietos por la disminución progresiva de su número, ya que de 80 que eran hace 50 años, ya no quedan sino 26. Hacemos nuestra esta preocupación que puede convertirse en verdadera angustia.

    El pensamiento principal que me voy a permitir proponerles sería que entre los jóvenes que vengan a retiro con nosotros – veremos después cómo y a qué condiciones (que deberemos cumplir) es posible que vengan – algunos puedan sentirse llamados a vivir en comunidad con los monjes durante uno o dos años, después de los cuales podrán escoger entre quedarse en la comunidad de Timadeuc de manera más estable, o irse a otra comunidad por crear para la evangelización en el mundo entero. (Continuará).

     

  • 24-25/09/2009. El retiro en Timadeuc.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;}

    No fue por azar como escogimos hacer un retiro en un monasterio y especialmente en Timadeuc que conserva un recuerdo muy vivo del retiro predicado por Zundel en 1973.

    La comunidad nos sostuvo con la oración monástica en que la mayoría de nosotros participamos inclusive durante el día. El punto central del recogimiento fue la participación en la celebración de la eucaristía, cada mañana, con la nota especial de la invitación a todos los asistentes a subir hasta el altar, alrededor de los monjes.

    Era el tiempo fuerte del día. Y pudimos beneficiarnos de su iglesia, particularmente propicia a la celebración eucarística por su estructura muy sencilla, construida en el siglo 19.

    Los demás momentos muy felices del retiro fueron los testimonios del P. de Boissière, al que se le debe la difusión del pensamiento de Mauricio Zundel, cada vez más presente en la Iglesia de hoy, así como los testimonios del Padre Abad primero sobre su encuentro personal con Mauricio Zundel, el cual le dijo por tres veces con voz fuerte: "La alegría, la alegría", añadiendo: "¡Uno no se mira a sí mismo!", como en el testamento que Pascal llevaba en el forro de su jubón, y en el que estaba escrito: "¡Alegría, alegría, alegría!"

    Quedamos muy impresionados también por los testimonios personales de cada ejercitante al final del retiro. El encuentro fue claramente muy positivo. Éramos todos muy diferentes unos de otros, pero pudimos sentir una verdadera unanimidad escuchando magníficas conferencias y homilías de Mauricio Zundel y viviendo la fraternidad que las animaba.

    El padre abad nos invitó a Bernardo y a mí a encontrarnos con la comunidad en la sala del capítulo. En ellos sentimos cómo estaban unidos en la oración durante esos cinco días.

    Podemos unir nuestra oración a la de ellos para que en los meses que vienen se incorporen siete postulantes según deseo del padre abad.

     

    Final olvidado del retiro

     

    San Ignacio compuso los Ejercicios espirituales en el siglo 16. Es evidente que si los compusiera hoy las expresiones no serían las mismas. Si el dogma cristiano está sometido a nuevos desarrollos en el curso de los siglos, también lo están necesariamente los ejercicios espirituales.

    Un nuevo fundamento podría expresarse así: el hombre fue creado para hacerse a imagen y semejanza del Dios Trino, para ser, con muchísimos otros y en relación vital con todos ellos, miembro del cuerpo místico de Cristo y acceder así a la igualdad con Dios. Así llega el hombre a vivir con una infinitamente misteriosa, viviendo la vida misma de Dios, viviendo Su vida eterna, sin comienzo ni fin.

    Y la oración final de los ejercicios, la oración de ofrenda perfecta, deberá incluir la relación con la Iglesia y no ser ya sólo un encuentro individual con Dios. Deberá expresar el deseo de ser, cada uno en su lugar, miembro vivo del cuerpo místico, miembro relacionado vitalmente con todos los demás, so pena de que el hombre deje de existir, de no ser ya nada ni nadie – pues la relación se manifiesta por medio de una atención particular de cada instante para los demás seres humanos, comenzando por los que están más cerca.

    Hay ya algo de cristiano en el deseo de los jóvenes de hoy de participar en inmensas convenciones, a condición de que tiendan a ser para todos, después de siglos y de milenios, no una muchedumbre en que uno se pierde, sino un cuerpo en que uno se encuentra porque ha cesado de ser muchedumbre, porque en él cada uno se ha hecho persona.

    Es como si a lo largo y hasta el final de la historia, hubiera en la humanidad una oscilación entre "el ser-muchedumbre de instinto gregario, y el ser-persona en la vocación personificante de cada uno, para que un día (¿dentro de cuántos siglos o milenios?), bajo el fermento de la Eucaristía, la muchedumbre se convirtiera en un inmenso cuerpo que reúna la humanidad entera, cuando cada uno haya aprendido a estar juntos, al mismo tiempo que a estar solo.

    La función de la Eucaristía, la razón por la cual el Señor la instituyó, es ser el instrumento por excelencia del devenir de la humanidad entera. Su unión con la Iglesia es consustancial. Si se suprime ese lazo ya no hay Eucaristía, ya no hay consagración válida.

    La iniciativa del retiro de Timadeuc fue tomada después de la muerte de M. Jackson, y provocó la reunión al menos virtual de centenares de millones de jóvenes. Nuestra oración debe ver el final del retiro con el intenso deseo de que un día sea Cristo el que reúna la humanidad entera y la personifique en su divinización. En adelante la oración permanente irá en este sentido.

    Oración: "Dios del Universo, ¡Dios que sólo puedes ver a cada hombre en su relación con todos los demás al mismo tiempo que contigo! ¡Dios que deseas ardientemente la igualación personificante de cada hombre contigo y en el cuerpo místico de Tu Hijo! ¡Mira con inmensa bondad la humanidad entera, la humanidad de hoy, y muéstrale de todos modos cómo sólo se puede ser feliz en la pertenencia activa al inmenso Cuerpo místico de tu Hijo, y cómo la Eucaristía es necesaria para vivir la incorporación, como operador que está siempre trabajando en la unificación del género humano! ¡Te lo pedimos por el mismo Jesucristo!"

    Cuando se instala en el corazón del hombre la generosidad del verdadero Amor, inmediatamente se hace miembro vivo del inmenso cuerpo místico de Cristo!

     

    ¡Aprendamos sin cesar el nuevo nacimiento en que no hay muerte!

    En realidad hay tres nacimientos del hombre, el primero, eterno, según una elección divina desde antes de la creación del mundo, y este nacimiento o mejor esta elección divina de toda eternidad sólo se actualiza con nuestro nacimiento sobre la tierra. Y luego, en tercer lugar, lo que llamamos el nuevo nacimiento, el más importante para nosotros porque ahí es donde tomamos toda nuestra importancia, y nuestra infinita grandeza, cuando Jesucristo ha tomado todo el lugar en nuestra vida, ¡cuando llegamos a ser miembros vivos de Su cuerpo místico en una relación de interacción con todos Sus otros innumerables miembros!

    (A retomar)

     

  • 23-24/09/09 – Valor infinito del Hombre.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Maurice Zundel se dirige a niños, en Lausana, en 1962.

    Queridos niños,

    Un escritor muy grande llamado André Malraux nos cuenta una escena absolutamente alucinante de la primera guerra mundial: los alemanes frente a los rusos. Los alemanes habían decidido utilizar los gases, gases cuyas nubes llevadas por el viento debían invadir las trincheras rusas y hacer podrir los hombres, pues esos gases terribles tenían la propiedad de extinguir toda vida: la vida de las plantas, la vida de los animales, la vida de los hombres. Y unos químicos habían enviado esos gases y los soldados alemanes esperaban que el efecto se produjera, es decir, que los rusos fueran asesinados por los gases para poder avanzar, invadir sus trincheras y seguir adelante hacia Rusia.

    Pasado el momento de espera, cuando los soldados alemanes se acercaron a las trincheras rusas, al ver a los sobrevivientes – pues no habían muerto todos – al ver a esos hombres pudriéndose a su vista, los alemanes sintieron tanta compasión que arrojaron los fusiles, cargaron a los soldados rusos sobre sus hombros y con paso incierto, atravesando una zona donde toda la vegetación se había podrido, trataron de llevar a esos pobres miserables hacia lazaretos, hacia las ambulancias para cuidarlos y salvarlos.

    Es un momento formidable, ¿verdad? Soldados que se preparaban a invadir las trincheras enemigas, alemanes que sólo pensaban en destruir a los rusos, de repente olvidan que se trata de rusos y no ven sino hombres, sienten compasión y cansados como están, cargan a esos hombres sobre sus hombros para tratar de salvarlos.

    ¿Qué fue lo que sucedió? Acaban de descubrir algo extraordinario: ¡acaban de descubrir "al Hombre"! ya no hay rusos ni alemanes, ya no hay franceses ni ingleses, ya no hay negros o amarillos. Hay hombres, y cuando el hombre sufre, cuando está en peligro extremo, uno olvida, olvida que es ruso, inglés, francés, amarillo o negro. Uno ya no piensa sino una sola cosa: que es un hombre.

    ¿Reconocen en esto algo que les recuerda el Evangelio? Hay en el Evangelio una historia magnífica que debe hacer palpitar el corazón de entusiasmo, es la del Buen Samaritano.

    Cuando Nuestro Señor cuenta esta admirable historia, ¿no va en el mismo sentido que la que acabo de contarles? El samaritano era un desconocido, un extranjero, y para los judíos, un enemigo. Pero cuando Nuestro Señor nos presenta al sacerdote y al levita que pasan de largo simulando no haber visto, es para criticar al sacerdote y al levita y decirnos: no hay que hacer diferencias cuando un hombre ha caído al bordo del camino. Hay que acercarse, tener compasión, ayudarle, porque el prójimo es cualquiera que tenga necesidad de nosotros.

    ¡Así nos hace descubrir al hombre el Evangelio! Justamente, eso es lo que el Evangelio quiere hacernos conocer, ¡el Hombre! Si somos tan malos cristianos, y lo somos, es porque aún no hemos comprendido que el Evangelio quiere hacernos descubrir al Hombre.

    Pero ustedes saben que existen miserias más grandes todavía que los gases, miserias más grandes aún que las heridas corporales… Hace poco, una enfermera me hablaba de una de sus enfermas, una mujer anciana, y me decía: "Se está enloqueciendo, va a perder la cabeza. Es horrible! Yo preferiría un cáncer que me destruya viva, más bien que el horror de perder la cabeza". Y es cierto que cuando un hombre ya no tiene el uso de razón, cuando ya no es capaz de dirigir su pensamiento, cuando ya no es sino un manojo de necesidades, comer, beber, dormir, y es incapaz de manejarse, ya no hay hombre, a pesar de la apariencia de su rostro: ya no hay persona.

    Existe pues una miseria mayor que la del cuerpo, es la de la mente. Yo conocí una muchacha, quizá de 17, 18 años, que justamente perdía la razón, y era horrible pensar que a esa edad, estaba condenada a vivir toda su vida en la locura. Y una médica de admirable generosidad se conmovió, la tomó en su casa, la cuidó genialmente, y sobre todo, la amó tanto, le dio a la joven un amor tan dedicado y maternal que finalmente la luz entró en el alma de la joven y ella recobró la razón, y se salvó! Eso es admirable!

    ¿Se les parece eso al Evangelio? ¿Es allá donde el Evangelio nos quiere llevar? ¿Quiere Nuestro Señor enseñarnos justamente que el mayor tesoro que hay en el mundo es el pensamiento, el corazón del hombre? ¡Claro! ¡Eso es!

    ¿Qué nos dice el Evangelio? Nos dice que el Reino de Dios es una perla, un tesoro escondido. Y ¿dónde está escondido ese tesoro? Nuestro Señor lo dice a la samaritana: está escondido en nuestro corazón. Ahí justamente está escondido el Reino de Dios, como un sol invisible, en nuestro corazón. Y la perla del Reino, la perla que hay que comprar al precio de todos los bienes, la perla del Reino, somos nosotros, nosotros cuando recibimos la luz de Dios y dejamos pasar en nosotros como en un diamante todo el fuego de la Presencia y del Amor de Dios. Escuchen: esto es capital. ¿Para qué están aquí ustedes? Justamente para aprender a conocer al hombre, para creer en el hombre, la cosa más difícil del mundo. Hay montones de gente que dicen que creen en Dios, pero es un Dios falso porque para encontrar al verdadero Dios es necesario creer primero en el hombre, hay que creer que todo pasa en el hombre.

    En el hombre es donde está escondido el tesoro del Reino y Jesús vino a salvar ese Reino dentro de nosotros, para eso sufrió y murió, y para eso nos reúne esta mañana y nos está esperando.

    Escuchen. Cada vez que les falta bondad, bondad hacia uno de sus camaradas, hacia uno de sus hermanos o hermanas, y más aún hacia su papá o su mamá, están lo más alejados del Evangelio.

    Hay un gran pintor llamado Cesanne, un gran pintor. Era todavía niño como ustedes y había en su escuela otro niño flaco, débil, en mal estado y todos los camaradas se aprovechaban de ese pequeño y lo golpeaban. Y Cezanne que era bueno y valiente, defendió al compañerito perseguido, entró en la pelea y lo sacó de las manos de sus camaradas que lo perseguían. Al día siguiente, ese compañerito le llevó a Cezanne un magnífico cesto de manzanas. Y más tarde, cuando Cezanne era ya un gran pintor, pintó una naturaleza muerta como se dice justamente, pintó un compotero lleno de las manzanas más bellas del mundo. Y es uno de los cuadros más hermosos de Cezanne y todos los que conocen la historia de Cezanne piensan que en su memoria es el cesto de manzanas del compañero que él había liberado y que se había transformado para dar lugar a esa obra maestra.

    ¡Pues eso es el Evangelio! Hay que respetar la vida. Hay que descubrir en nosotros el Tesoro del Reino, la Perla preciosa. Y en la medida en que son buenos y generosos con sus compañeros, en que respetan a sus papás y a sus maestros, en la medida en que a causa de ustedes se sienta que la vida humana tiene valor infinito, en esa medida son cristianos.

    Todos tenemos que convertirnos al Evangelio que no conocemos. Pusimos a Dios más allá de las estrellas, así es mucho más cómodo, así nos deja tranquilos! Hay que ponerlo dentro de nosotros, ahí es donde hay que buscarlo, ahí es donde hay que honrarlo y amarlo.

    Por eso nos dice Nuestro Señor: "En eso conocerán que son discípulos míos, si se aman los unos a los otros como yo los he amado".  Tratemos pues de comenzar hoy mismo y verán que cada vez que hayan superado un movimiento de crueldad, de cobardía, de mal humor, cada vez que uno de sus compañeros sea más feliz a causa de ustedes, cada vez que sus papás estén felices por su conducta, sentirán ustedes que Dios está muy cerca porque justamente en el rostro de sus padres o de sus camaradas, iluminado de alegría, descubrirán el Rostro que los estaba esperando, el Rostro de amor, el Rostro de luz, el Rostro de Jesús.

     

  • 21-22/09/09 – La Humildad es admirar al otro hasta el punto de no pensar en sí mismo.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Lausana, domingo de Sexagésima, 1960 (B30), Epístola a los corintios, 11,19-33;12.1-9.

    Después de un examen de historia, un alumno que estaba contento con su nota se quejó amargamente ante el Profesor que no había estimado lo suficiente su composición. Como no se trataba de un examen de estado, y que el Profesor quería evitar toda discusión, dijo al alumno: "Pues, ¿cuánto quieres que te ponga?" y le puso la nota que el alumno pensaba merecer.

    Son cosas que se pueden hacer, pero ¿qué más da, en lo que respecta la historia, que el alumno tenga una nota más elevada? ¿La conoce mejor porque le aumentaron la nota? ¡Claro que no! El juicio, la nota que le dio el Profesor, sigue siendo exterior a su mente. Subió en clasificación pero no en conocimiento, y su mente no se ha enriquecido en lo más mínimo.

    Esta es una parábola que nos permite considerar el texto de la epístola de hoy en que San Pablo, después de haber hablado de todos sus trabajos, del martirio sufrido sirviendo a Cristo, llega a las visiones extraordinarias, o mejor a la visión extraordinaria con que fue favorecido, para concluir que todo eso finalmente no es nada comparado con su debilidad, de la cual quiere gloriarse, la debilidad de salud, probablemente fiebres de que sufría. De eso quiere gloriarse mucho más que de todos los trabajos realizados y de la visión extraordinaria de la cual fue a la vez sujeto y testigo. Estas palabras de San Pablo podrían inducirnos en un concepto de la humildad que correspondería un poco a la actitud del alumno respecto de la historia. Y me pregunto, pensando en un joven que entra en la vida con entusiasmo creador, que es investigador, si puede entrar verdaderamente en esa actitud diciéndose: "Soy un pobre tipo, soy un miserable, no soy nada, soy sólo un mendigo, debo gloriarme de mi miseria". ¡Evidentemente no! Tampoco lo podemos proponer a un niño que adora los cuentos hermosos, que está feliz en la vida, como el pequeñín que decía su oración de la noche después de la muerte de uno de sus primitos: "¡Dios mío, no me hagás morir porque gozo mucho!" Pues evidentemente a ese niñito no se le puede proponer como horizonte el situarse ante Dios diciendo: "¡Yo no soy sino un pobre niño! ¡yo no soy absolutamente nada!" porque esa no es una actitud creadora.

    Y es justamente una tentación, una tentación a la cual podrían inducirnos los textos que nos hablan con demasiada frecuencia de nuestro estado de mendigos delante de Dios. Nunca somos nada, nunca, somos siempre miserables. Siempre tenemos necesidad de perdón. Yo creo que esta actitud termina siendo peligrosa, primero porque nos deprime, nos repliega sobre nosotros mismos, porque para declararse miserable hay que mirarse a sí mismo y cuando uno se mira arriesga justamente hacerse miserable y segundo porque si realmente tenemos que jugar un papel en la vida, si tenemos que ser creadores de algo, no hay que repetirnos sin cesar que somos incapaces. Nos tenemos que poner a la obra con todo el valor, y esperar que saldremos con éxito en lo que hayamos emprendido.

    Se trata pues de saber si no hay una forma de humildad que es finalmente la más hermosa humildad cristiana, una forma de humildad que pueda ser creadora.

    Me pongo siempre inquieto cuando alguien me dice: "¡Yo soy un pobre tipo, sabe! ¡Estoy lleno de pecados, desde luego, pero creo que Dios es tan bueno que me llevará al Paraíso!" Yo me digo que el Paraíso no es una clasificación donde le ponen a uno notas sobre 5, y donde se fuerza un poco la nota porque uno quiere quedar bien. El Paraíso, el verdadero Paraíso, es el conocimiento, el conocimiento y el amor de Dios. Es la luz interior en la cual es necesario entrar y en que tenemos que transformarnos. Es la misma situación que la del alumno ante la Ciencia: si le dieron un rango que no merece – supongo que la Escuela de Ingenieros le dio un diploma que no merecía – podrá construir puentes que se desplomen, edificios que sepulten a sus habitantes bajo ruinas, y eso sería muy grave, porque justamente no es el pergamino, el papel lo que hace de él un ingeniero, sino la ciencia adquirida personalmente, el conocimiento que haya asimilado.

    Y el Paraíso es un conocimiento que es necesario asimilar, una luz que debemos ser, una generosidad que debe brotar en nosotros como de su Fuente.

    Por consiguiente es perfectamente inútil imaginar que Dios nos va a poner en un buen puesto, o darnos un pequeño traspuntín para que podamos asistir al espectáculo a pesar de todo. ¡El Paraíso no es un espectáculo! El Cielo es justamente la comunión de todo el ser con Dios, es el enraizamiento de la intimidad en la de Dios: por consiguiente, no hay rangos que se mantengan, es necesaria una transformación radical de sí mismo, y sólo mediante la transformación estaremos al nivel de la contemplación de Dios, del Dios que llevaremos en nosotros, del Dios que se habrá convertido en la Vida de nuestra vida, y que seguiremos amado porque lo habremos preferido esencialmente a nosotros en un descubrimiento progresivo de todos los días de nuestra vida.

    Hay pues otra humildad que no consiste en decir a Dios: "¡Soy un pobre tipo, pero ten piedad de mí, porque soy un mendigo, no pido mayor cosa, sólo un pequeño traspuntín!" hay otra humildad infinitamente más real, la única verdadera finalmente, que consiste en no mirarse.

    ¡El sabio que está haciendo un descubrimiento y que siente que va a llegar al resultado buscado durante años, no se mira a sí mismo! ¡No va a perder su tiempo felicitándose! ¡Va a quemar las etapas para llegar, para descubrir! ¡Y está admirando el resultado que siente ya al alcance de sus manos!

    Pues esa es justamente la verdadera humildad: estar en tal admiración ante la Belleza de Dios, ante la Bondad de Dios, que no podamos pensar ya en nosotros. Y el único modo de curarse de la tonta vanidad en que caemos tan fácilmente es justamente aprender a admirar.

    Mejor que decir que son un pobre hombre, que saben muy bien que no merecen el Paraíso, pero que Dios se lo va a dar a pesar de todo porque sabe que no valen nada, me parece que la mejor manera de salir de ese sentimiento de mendicidad y de encontrar de nuevo la dignidad humana, es entrando en la música, entrando en el conocimiento, cultivando ardientemente la ciencia, amando la naturaleza, escalando la montaña, yendo a buscar la salida del sol, entusiasmándose con la paz de una noche estrellada, presenciando las risas y los movimientos de un niñito, admirando sus primeras sonrisas, buscando por todas partes como suscitar la eclosión de la Belleza, de la Grandeza y de la Dignidad. Entonces ya no hay necesidad de rebajarse, ya no pensamos en nosotros mismos, nos perdemos en la belleza encontrada, nos olvidamos en la música, admiramos la sonrisa de un niño y con el gozo de admirar comulgamos más profundamente con la Presencia divina que se revela bajo todos los rostros innumerables, bajo todos los aspectos de la naturaleza, del arte, de la ciencia y de la humanidad.

    Y vemos justamente sabios como Einstein, como Jean Rostand, como Pierre Termier, sabios llenos de humildad, no porque dicen: "¡Yo no soy nada! ¡Soy un incapaz!", sino porque hablan de la Verdad, porque la aman, porque están apasionados por el conocimiento, o los artistas porque están apasionados por la pintura, la escultura, la arquitectura o la música. Entonces no necesitan compararse con nada, porque todo el día están buscando, porque cada mañana recomienzan a descubrir la vida y el mundo y a través del descubrimiento sienten mejor brotar en ellos la Fuente que es ya la vida eterna.

    Es pues esencial que no nos equivoquemos y que no escuchemos la lección de San Pablo en un sentido negativo. En el fondo, la verdadera humildad está en no mirarse a si mismo y hay un admirable místico alemán del siglo 17, Ángelo Silecio, o mejor, un altísimo poeta, que dice algo que podría ser escandaloso: "Yo soy como Dios, y Dios es como yo; soy tan grande como Dios, y él es tan pequeño como yo; no puede estar por encima de mí, ni yo por debajo de Él". Si remplazamos la palabra Dios por la palabra "verdad" para mejor comprender este texto, entenderemos lo que quiere decir: "No puedo llegar a La verdad a menos de convertirme en ella. No puedo poner la verdad ante mí, es necesario que esté en mí. Y por consiguiente, está en mí en la medida en que estoy en ella. Mientras más me hago Verdad, más crece la Verdad en mí, y mientras menos la soy, menos se desarrolla en mí su luz y su alegría".

    Y eso es literalmente el verdadero Dios! En el fondo Dios parece con tanta frecuencia un ídolo desmedrado porque nosotros mismos estamos desmedrados. Justamente porque no queremos conquistar nuestra dignidad de hombres, nuestra libertad creadora, porque no entramos en la magnífica aventura de la vida, entonces naturalmente Dios se vuelve un Buen Dios insignificante, un bonachón, sí, que es finalmente un ídolo, un dios falso.

    El verdadero Dios exige, para ser conocido, que crezcamos, que crezcamos sin fin, y los que pueden hablar de Él, los únicos que pueden hablar de Él, justamente son los que le dan a su humanidad toda su dimensión y toda su grandeza. Es por otra parte lo que nos dice San Pablo: que estamos llamados a conquistar la plena estatura de la humanidad en Cristo Jesús.

    Por eso pienso que en la epístola a los Corintios que acabamos de leer San Pablo les habla a los corintios, y les dice expresamente que todavía son niños y que no puede darles carne sólida, sino que debe alimentarlos con leche! Habla pues para ellos, y les da una lección de humildad en su lenguaje, pero es claro que la verdadera humildad es simplemente la admiración en que uno se olvida, la admiración en que uno desaparece, y que es la más hermosa forma del amor.

    Es claro que un artista jamás podría crear algo si se contempla a sí mismo! Uno crea algo olvidándose a sí mismo, porque sólo se crea algo admirando, perdiéndose en el otro y dejándolo expresarse en nosotros.

    Entonces, dejemos las falsas fórmulas de humildad, humildad de cinco centavos, cuando decimos: "Según mi humilde opinión, etc.", !o cosas por el estilo! !Eso no es serio, nadie lo cree además, nadie lo toma en serio! La verdadera humildad es no hablar de sí mismo porque no penamos en nosotros, simplemente porque estamos admirando a los demás, porque !vivimos en el descubrimiento y en la admiración continua!

    Todos podemos ver además cómo admirar, pero es capital. ¿Porqué tanto aburrimiento en las parejas? !Porque no se sube! !Porque no se progresa! Siempre leyendo las mismas cosas de literatura barata, viendo las mismas películas eróticas, no hay nada que contar, !nada nuevo que dar! Al contrario, habría que trabajar, estudiar, seguir los estudios de los hijos, ponerse a su nivel. !Eso es apasionante! Eso sería apasionante porque siempre habría algo nuevo que aprender, algo nuevo que comunicar, !no acabaríamos jamás de descubrirnos los unos a los otros! !Que cada uno tenga una pasión, una pasión noble y grande, y a través de la pasión, sea la música, la literatura, sea la pintura, el dibujo, o el montañismo o la botánica, no importa! Es necesario que cada uno tenga una pasión que mantenga su impulso y que cada día le permita comenzar de nuevo. Entonces comprenderá que no puede entrar al Paraíso, sino que debe serlo. No se trata de tener 5 en la lección de historia si no lo merecemos, sino de conocer la historia y no la conocemos si no nos apasionamos por ella y hacemos el esfuerzo de estudiarla.

    A Dios vamos del mismo modo. Queremos conocerlo sólo en la medida en que hacemos en nosotros el vacío sagrado que lo deje crecer en nosotros al mismo tiempo que nosotros crecemos en Él.

     

  • 19-20/09/09 - El milagro de los milagros: el prójimo es Dios.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Nuestra Señora del Valentín, LAUSANA, hacia 1956, probablemente el domingo de quincuagésima, 12 de febrero de 1956, cuya epístola es el Himno a la Caridad: I Cor.13/1-13

    (Falta el comienzo) "... Es pues cierto que la caridad es el milagro de los milagros y hay que decir en seguida que es imposible, radicalmente imposible, si no se ve en ella una virtud teologal – lo que es además. La palabra "teologal" es decisiva en este caso, y es admirable porque quiere decir que la caridad, en el sentido evangélico, tiene por objeto, por medida y por motivo a Dios mismo. Es decir que la caridad sólo tiene un prójimo, que es Dios. El verdadero prójimo es Dios, tan prójimo que está infinitamente más cerca de nosotros que nosotros mismos. Y es a través del prójimo divino como tenemos prójimo humano.

    Si la vida de Dios no se interpusiera entre los demás y nosotros, sería imposible amarlos. Sin duda, existen ciertos seres escogidos con cuidado que son los amigos, los padres, hacia los cuales sentimos ternura espontánea y a veces pasión ciega, listos a perdonarles todo, a aprobar todo, a admirar todo para obtener un retorno de ternura. Pero fuera de ese pequeño círculo excepcional y tanto más precioso, los demás siguen siendo justamente los demás, es decir, seres exteriores a nosotros, objetos colocados delante de nosotros y percibidos de afuera.

    Entonces si la caridad está en el centro del Evangelio, es porque en el centro de la vida está la presencia de Dios. Dios es la Vida de nuestra vida. Dios está confiado a cada uno de nosotros. Dios circula en nosotros y nosotros en El y todas las virtudes son simples resplandores de la Presencia de Dios en el cuerpo o en la mente, en la conducta y en la acción. En la medida en que Dios se encarna en nosotros, en la medida en que Lo dejamos transparentar en nuestra vida, existe verdadero Bien. Y justamente esa es la vocación el hombre, encarnar a Dios, expresar la vida divina, hacerse Rostro del Señor, aportar a toda la vida el brillo de Su gracia y de Su Amor, es decir que la Vida Divina es el fundamento de la nuestra y que la nuestra se enraíza en la de Dios.

    Entonces puede brotar la caridad, porque estamos ante un Bien realmente infinito que puede solicitar toda nuestra capacidad de adhesión y de amor, porque no se puede ir más lejos, no se puede encontrar una fuente más inagotable que la Bondad misma de Dios.

    Esa es pues la única raíz de la caridad evangélica. Es absolutamente necesario recordarlo para que ese magnífico programa contenido en el Cantar de los Cantares del Nuevo Testamento que es el capítulo 13 de la Primera a los Corintios, no se vuelva una trampa, ya que, si nos forzamos por sentir estima por personas que no son estimables, por sentir afecto por personas que nos son antipáticas, llegaremos forzosamente a una caricatura, tomaremos una actitud que será puro artificio y finalmente mandaremos todo a la porra, con el sentimiento de que es falsedad, irrealidad y mentira.

    Pero el Evangelio no pide que hagamos contorsiones. El Evangelio nos coloca en el centro mismo del debate al revelarnos que nuestro primer prójimo, nuestro único prójimo, es Dios, Dios en el hombre, Dios en el universo, Dios que nos está confiado en nosotros mismos y en cada uno, Dios cuya Providencia tenemos que ser en la vida de los demás como en la nuestra.

    Es pues por una mirada totalmente nueva, una mirada que se hunde en la intimidad divina como podemos ver hermosos a los demás, como veía Nuestro Señor a Sus apóstoles el Jueves Santo cuando les lavaba los pies. Eso era terriblemente difícil ya que entre sus apóstoles estaba Judas que ya lo había vendido, estaba Pedro que Lo iba a abandonar, a negar, estaban todos los demás que iban a huir ante la catástrofe imprevisible. Y sin embargo, Jesús está de rodillas porque en ellos adora la Presencia Divina, adora al Prójimo Infinito que es nuestro único Prójimo.

    Él sabe que un día, inclusive para Judas, hay posibilidad de conversión, posibilidad de regreso y que si Dios toma posesión de estos hombres, o mejor, si ellos se abren a la Visita Divina que se ofrece siempre y a todos, ellos se transfigurarán, esos cuerpos serán cuerpos gloriosos y todos esos seres aparecerán en el mundo como creadores, como fuente, como comienzo, como origen, como eje mismo de la Historia y del mundo.

    Entonces, desde luego, se los podrá amar a la locura, amarlos como los ama Dios, amarlos sin medida, o mejor, con la medida que es la medida de Dios: amarlos infinitamente.

    La caridad supone pues una oración continua que rebasa las apariencias y que, a través del hombre, se hunde hasta las raíces de la Vida, donde precisamente brota la existencia en el Corazón de Dios. Y en el contacto con la fuente infinita, en el encuentro con el Dios Vivo, en lo más íntimo del corazón del hombre, la caridad puede por fin convertirse en el Cantar de los Cantares, el milagro de los milagros que San Pablo acaba de celebrar en un lenguaje incomparable.

    Entonces, al que es el cantor de esas Palabras inspiradas, a él le vamos a pedir que interceda por nosotros a fin de obtener esa caridad ardiente hacia nuestro primer Prójimo que es Dios, a fin de que podamos extenderla al prójimo universal que es el hombre, sin artificios, sin contorsiones, sin mentiras y sin parcialidades, como Jesús lo hacía cuando estaba de rodillas ante sus apóstoles en el Lavatorio de los pies, recordándonos que sólo existe un medio de encontrar al hombre, un solo camino hacia el hombre, y es Dios.

     

  • 18/09/09 – Sanarnos de nosotros mismos

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Nuestra Señora del Valentín, Lausana, hacia 1956.

    Si somos leales con nosotros mismos, debemos confesar que los mayores sufrimientos nos vienen de nosotros mismos: nos aferramos al yo, un yo que no escogimos, que se nos impuso desde el nacimiento y, como en nosotros sólo estamos nosotros, tornamos alrededor de nosotros mismos en una cautividad atroz en que nos asfixiamos. Por eso Ramuz, el gran escritor del Vaud, dijo en una frase muy impresionante: "Tenemos que sanar de nosotros mismos".

    Es verdad. Tenemos que sanar de nosotros mismos. Deberíamos poder salir del yo, revestirnos de otro yo que sea en nosotros espacio, luz, respiración de alegría y belleza. Es finalmente el sueño del hombre, del hombre que no puede resistir la presencia de sí mismo, que quiere siempre escapar a sí mismo, el hombre sueña con encontrar otro yo, un yo al que pueda escoger, al cual poderse dedicar, en el cual poder respirar. Por eso también la antigua fórmula de matrimonio hindú se formulaba en estas palabras admirables: "Tú eres yo". El novio decía a la novia: "Tú eres yo" porque esperaba justamente encontrar en el amor ese yo totalmente nuevo, el yo que uno puede escoger, el yo que deja de ser obligación y que se hace fuente viva e inagotable de vida.

    Y justamente es aquí donde el Evangelio interviene. En este punto nos agarra el Evangelio. Jesús viene al mundo para traernos otro yo, para liberarnos de la intimidad asfixiante con nosotros mismos, para hacer de nuestra vida íntima un inmenso espacio donde pueda ser comprendido el mundo entero y donde todo ser pueda encontrar su vida y su respiración.

    Porque Cristo es justamente el hombre que perdió su yo, el hombre que ya no es forzado en sí mismo, por sí mismo, el hombre que se abrió, el hombre que es transparente a Dios, el hombre en el que la Divinidad se expresa sin obstáculo y se comunica personalmente.

    Y si estamos reunidos esta noche, si estamos esperando el acontecimiento de la noche sagrada, es justamente con la esperanza de alcanzar finalmente la liberación, de poder cambiar nuestro yo por otro, de que el eje de nuestra personalidad pase en adelante por el corazón de Dios y de poder ya no estar solos en el silencio más íntimo de nuestro ser, agobiados por nosotros mismos sino en una Presencia que contiene toda presencia.

    Y además, en seguida, en el curso de esta liturgia, vamos a expresar precisamente esa fórmula nupcial, vamos a revestir el yo de Jesucristo. Pues qué significan las palabras de la consagración, "Esto es MI cuerpo, Esto es MI sangre" sino que a través de los labios humanos puede expresarse el YO divino.

    El sacerdote va a decirlas. Pero las diremos nosotros también, cada uno por su cuenta, en el silencio de nuestro corazón. Jesús viene a nosotros para revestirnos de El mismo, es decir para hacer del Yo divino el centro y la fuente de nuestra eterna personalidad. Ahí es donde llegaremos a expresarnos por entero, a descubrirnos a nosotros mismos en nuestras infinitas profundidades y a realizar la misión universal que es la nuestra.

    Pero para eso tenemos que abandonarnos a Él. Tenemos que dejarnos agarrar por Él. Él tiene que ser verdaderamente el nuevo yo en que toda nuestra conducta tenga su principio.

    Por eso vamos a decir silenciosamente, poniendo en ello todo el impulso de nuestra vida, para que ya no vivamos nosotros sino que Cristo sea el que vive en nosotros: "Señor, heme aquí, tómame. Te ofrezco mi cuerpo para que se convierta en Tu cuerpo. Te ofrezco mi sangre para que sea Tu sangre y toda mi vida para que en ella se exprese Tu Vida: "ESTO ES MI CUERPO, ESTO ES MI SANGRE".

     

  • 17/09/09 – Ser creador del universo que no existe todavía es lo mismo que hacer de sí una ofrenda….

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Final de la conferencia sobre la cibernética.

    Es lo mismo ser creador del universo que no existe todavía y hacer de sí mismo y de todo una ofrenda de luz y de amor a la Amada Presencia.

    "Es evidente, como lo expresa san Agustín, que el universo espiritual sólo puede surgir de la retoma de todo lo dado, en la retoma de todo lo prefabricado hasta las últimas raíces, en la retoma que se indica, que sólo se manifiesta, sólo se realiza en el movimiento de ofrenda maravillada a un Rostro, a una Presencia que de pronto se descubre en sí mismo, cuando se es arrojado en un diálogo de reciprocidad, en un diálogo de luz y de amor en que uno comienza por fin a convertirse en efecto en fuente y origen, por no estar ya limitado por nada, atado a nada, por estar totalmente despegado, por no estar ya solo en lo más íntimo, por comprender, por descubrir en efecto que en cada ser que se nos parece hay esa posibilidad de escapar al condicionamiento mecánico pero que sólo puede realizarse en ese universo oblativo, que sólo puede existir a favor de un encuentro con una Presencia que nos está esperando en lo más íntimo de nosotros y que sólo subsiste mientras dure ese diálogo pues cuando me retiro del diálogo, cuando dejo de situarme en la ofrenda de amor, cuando ya no estoy delante de ese Rostro que ha suscitado en mí el espacio liberador, recaigo inevitablemente en mi biología. El cuerpo es inmediatamente amputado de su cabeza. Todas las líneas no pueden ya converger hacia la cumbre y, forzosamente, todas mis actividades van a estar de nuevo imantadas por una polaridad instintiva.

    Ahí tienen pues, como ustedes lo sienten, un dato del que hay que sacar las consecuencias, una perspectiva a la cual tenemos que acostumbrarnos para no situar a Dios donde no está, para no situar al hombre donde no está.

    Todos han debido notar en sí mismos que es lo mismo encontrarse a sí mismo y encontrar a Dios. Es lo mismo ser creador del universo que no existe todavía y hacer de sí mismo y de todo una ofrenda de luz y de amor a la Amada Presencia que nos solicita en el silencio de nosotros mismos: es lo mismo, es el mimo momento, es el mismo nacimiento, es el mismo espacio, es la misma libertad.

    Entonces la única pregunta que prácticamente queda es esta: ¿Creo yo en el hombre posible? ¿Espero en el hombre posible? ¿Tengo presentimiento del hombre que estoy llamado a ser? ¿Puedo vivir sin ser sensible a la dignidad y al valor posible en cada uno? Esa es la pregunta.

    Estoy confrontado todos los días con la miseria. ¡Todos los días o casi, tocan a mi puerta! Todos los días me piden ayuda material, todos los días debo hacer frente a problemas insolubles. Todos los días mis cálculos son deshechos porque no puedo no creer en la dignidad del hombre privado de todo, reducido además a buscar su alimento, que no puede dedicar las fuerzas que le quedan sino a exigir que le den alimento para escapar a la muerte, para que lo salven del frío. No puedo no creer, aunque no quede sino un solo ser con hambre, un solo ser con frío, no puedo no creer en su dignidad posible. Yo sé que cuando estén satisfechas sus necesidades, que son urgentes, que lo destruyen (si no son satisfechas) – yo sé que cuando estén satisfechas podrá quizá, podrá, tendrá en todo caso la posibilidad de emerger y hacerse hombre. Eso es tan importante, tan precioso, tan esencial que, naturalmente, todo lo que tengo le pertenece porque tiene como yo vocación a hacerse hombre y derecho de alcanzar su dignidad lo mismo que Dios, para manifestarse, necesita esa transformación en él tanto como en mí.

    El ser es sensible a ese valor posible, se embarca, está necesariamente invitado a superar la máquina, a trascender el universo prefabricado. Está orientado hacia la creación del universo que no existe todavía y que no puede existir sin él, y será a la vez el hombre real y el revelador de Dios, o en él en todo caso se revelará Dios porque sólo en ese hombre que surge, que se separa de la mecánica, que se libera de ella, sin por eso negarla claro está, ahí es donde se sitúan a la vez el hombre y Dios.

    Si entramos en esta perspectiva – y ¿cómo no hacerlo? – no podemos dejar que la cibernética se desarrolle al infinito, dejar que los biólogos sigan el paso y se comprometan en una visión cada vez más físico-química de la vida, de la inteligencia, del razonamiento, del conocimiento y del amor, de los instintos, en fin de todo lo que estábamos acostumbrados a considerar como psíquico o espiritual, podríamos hacerlo sin la menor inquietud en cuanto al fondo del problema ya que, justamente, el hombre y Dios se sitúan en otro universo.

    Me parece que buscar estas cosas, verlas con perfecta lucidez, es primero obra de lealtad, y al mismo tiempo, es orientarse hacia el verdadero problema, hacia la verdadera acción, hacia la verdadera creación con la posibilidad de descubrir a la vez al hombre o de hacerse hombre real, hombre-valor, hombre-dignidad Y descubrir el Dios-Espíritu, el Dios-Verdad, el Dios interior cuyo santuario somos o estamos llamados a ser". (Fin de la conferencia).

  • 16/09/09 – Dios sólo podrá revelarse en ese universo que no existe todavía.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} 5ª parte de la conferencia sobre la cibernética.

    Es perfectamente inútil tentar de situar a Dios en el universo mecánico. "Nuestros orígenes cósmicos, nuestros orígenes animales están detrás de nosotros, nuestros orígenes humanos están adelante. Es pues un error capital querer explicar el pasado por medio de Dios."

    "Entonces, en resumen, el universo tal como es, es un universo de máquinas. "Nuestros orígenes cósmicos, nuestros orígenes animales están detrás de nosotros, nuestros orígenes humanos están adelante". El universo tal como existe no ofrece, ni puede presentar jamás un ser espiritual en virtud de su dinamismo espontáneo, y el universo tal como existe sólo puede al máximo presentar una posibilidad de hombre, una esperanza de hombre que sugiere por el hecho mismo que podemos situarnos ante máquinas, ante las máquinas que somos, diciéndonos: "Soy solo una máquina", es decir: "En el fondo, podría ser otra cosa". Si me doy cuenta de mis límites es que quizás estoy llamado a superarlos.

    Tratemos pues de superarlos, y en la medida en que habiéndolos superado lleguemos a una realidad experimental, una realidad que se inscriba en nosotros como más real que todos los mecanismos, como más real que todas las secreciones glandulares, como más real que todos los llamados imprecisos, en la medida en que estemos situados en una realidad que modifique esencialmente nuestro punto de vista, nuestra visión del mundo, nuestro comportamiento, nuestra conducta y todas las decisiones que puedan proceder de nosotros.

    Y desde luego, para decirlo inmediatamente, es perfectamente inútil situar a Dios en el mundo material, en el mundo mecánico, en el mundo tal cual es ¡pues si el hombre no puede encontrar lugar en él, Dios todavía menos! Como el hombre no puede aparecer como no máquina, como fuente irremplazable de felicidad, como origen de un espacio donde respira la libertad, como el hombre sólo puede surgir en ese universo que no existe todavía, con mayor razón Dios sólo podrá revelarse en ese universo que no existe todavía.

    Si queremos referenciar la divinidad en el mundo tal como existe, la haremos entrar en la mecánica, en la mecánica, en el formalismo automático de los conceptos que escapan totalmente además a la vida del espíritu y que no conducen a ninguna especie de progreso ni de liberación.

    Yo hacía notar hace un instante que para que el Creador cumpla su oficio, para que cumpla la función que se le asigna, bastaría con que sea el fabricante de los elementos totalmente primitivos, sin tener además ningún objetivo ya que tales elementos estarían desprovistos de toda finalidad. Entonces, evidentemente, un Dios concebido de ese modo, un creador reducido a esa función, ya no significa nada y si se quiere absolutamente situar y enraizar una divinidad en el mundo prefabricado tal como se impone a nosotros, hacemos forzosamente de ella un ídolo material impensable e inútil.

    Entonces en el mundo que no existe todavía, el mundo en que tenemos que enraizarnos por una creación que sólo puede emanar de nosotros mismos, es donde el verdadero Dios, el Dios del místico si quieren, podrá situarse, revelarse y encontrarse en una experiencia incontestable que se pueda verificar además sólo en la medida en que uno mismo se compromete. Eso puede expresarse en dos palabras: nuestros orígenes cósmicos, nuestros orígenes animales están detrás de nosotros, nuestros orígenes humanos están adelante, ¡nuestros orígenes humanos están adelante! Si comprenden esta frasecita, tienen lo esencial del itinerario, lo esencial de lo recorrido: "Nuestros orígenes cósmicos, nuestros orígenes animales están detrás de nosotros, nuestros orígenes humanos están adelante.

    Es, pues, un error que aparece cada vez con más evidencia frente a todas las conclusiones de la cibernética y de las disciplinas influenciadas por ella, es pues un error capital querer explicar por Dios el pasado, quiero decir, querer explicar por un creador el mundo prefabricado en el cual es imposible la vida del espíritu, la vida de la mente en el sentido de iniciativa creadora. Dios sólo podrá revelarse en ese universo que no existe todavía y que sólo existirá cuando existamos nosotros en nuestra estatura de hombre, cuando existamos nosotros en cuanto no condicionados por el universo máquina, dándonos por existir un valor ilimitado, un valor universal que pueda inmediatamente ser reconocido por todos los que se están buscando a sí mismos y que tienen esperanza de una humanidad que no existe todavía pero que sigue siendo siempre posible.

    Creo que en esta afirmación, que resulta además pura y simplemente de la experiencia, que nuestros orígenes animales y cósmicos están detrás de nosotros y nuestros orígenes humanos están adelante, creo que en este descubrimiento o constatación hay como una línea de separación entre un materialismo de método pues la cibernética no puede construirse sobre otros datos, y un espiritualismo, es decir un postulado ya que vemos precisamente que las máquinas son incapaces de ello a menos de dotar las máquinas de mente, lo que además no me molesta. Si las máquinas se vuelven espirituales, si las máquinas se convierten en simples posibilidades humanas eso no me va a molestar.

    El hombre – quiero decir el hombre-espíritu, el hombre-valor, el hombre-dignidad – comienza a partir del momento en que el ser hasta entonces máquina se toma en manos, se recrea, escapa al condicionamiento mecánico y hace surgir un universo sin límites en que los demás descubren un fermento mismo, un fermento de su dignidad y de su liberación, lo que nos vuelve además a la experiencia capital que es el encuentro con una Presencia en lo más íntimo de nosotros, como Agustín la bosqueja en la estrofa bien conocida: "¡Tarde te amé, Belleza siempre antigua y siempre nueva, tarde te amé! Sin embargo, ¡tú estabas dentro de mí pero yo estaba afuera y corría sin belleza hacia las bellezas que sin ti no existirían! Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo". (Continuará)

     

  • 15/09/09 - La llamada vida intelectual de la inmensa mayoría de los seres humanos es sin duda simplemente un formalismo automático.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} 4ª parte de la conferencia sobre la cibernética.

    Si hay posibilidad de ser otra cosa que una máquina, es en un mundo que no existe todavía y que debemos crear.

    Confieso que todo es no es sorpresa para mí porque me convencí hace mucho tiempo de que el hombre no existe, que a lo más es una posibilidad pero que, tal como está arrojado a la existencia es en efecto un producto del universo, una máquina como tantas otras, un resultado, algo que se soporta y que no puede prevalerse de una dignidad o de un valor particular.

    Hace años y años que hablo del yo biológico, del yo animal, del yo posesivo que es una secreción glandular, que es el teclado de todas las aspiraciones instintivas, es decir cósmicas, animales, vegetales o minerales, y no me sorprende en nada que se considere actualmente todas las facultades mentales como simple desenvolvimiento de un automatismo mecánico. En efecto, lo acabo de decir, si el formalismo de los soportes, las señales eléctricas o las letras de una inscripción o los trazos de un alfabeto Morse, si los soportes de la afirmación son lo que interesa las máquinas, si las máquinas trabajan sobre ese formalismo, es seguro que el hombre funciona igualmente con frecuencia según ese formalismo. Los calculadores geniales, los calculadores que pueden resolver en un segundo o realizar sumas, multiplicaciones, sustracciones, divisiones o fraccionamiento de números, que pueden realizar todo eso en un instante son probablemente máquinas particularmente sensibles al formalismo y que logran combinaciones extremamente rápidas sin ningún razonamiento, y yo pienso que la llamada vida intelectual de la inmensa mayoría de los seres humanos es simplemente un formalismo automático.

    Nos quedamos en la superficie de los signos, no pensamos o, si pensamos, si reaccionamos de manera particular, no es en virtud de un pensamiento sino en virtud de una afectividad que protesta ante ciertos obstáculos, que desea obtener otros, que protesta por motivos instintivos, o que graba con felicidad al contrario, con transportes, unos resultados que concuerdan con las codicias y los instintos.

    Por eso además traté de mostrar en "Diálogo con la Verdad" que era necesaria una Presencia y que no bastaba con manipular razonamientos, con manipular formalismos para llegar a la Verdad. ¡La Verdad está más allá! Si existe una verdad, sólo puede encontrarse en un diálogo de persona a persona.

    Entonces nada de eso me sorprende. Todo eso confirma lo que siento dese hace mucho tiempo y que no ceso de repetir de una u otra manera. Nada me parece más natural que admitir, en efecto, que el hombre no es sino un dato del universo, que sólo es, si quieren, una máquina embarazada además por la afectividad, es decir por la complicidad que da o rehúsa al formalismo automático que tiene lugar en ella.

    Y de ahí volvemos a la única cuestión: ¿Hay un hombre posible? Si digo: "¡Soy solamente una máquina!" todas mis actividades proceden de mecanismos sin fin ni finalidad. Cuando digo: "Estoy encerrado en mis mecanismos", cuando digo: "Jamás podré salir de mis mecanismos", cuando impongo una finalidad a las máquinas que construyo, el fin mismo es sugerido, me es inclusive impuesto por mis propios mecanismos ya que, por hipótesis, soy una máquina que no puede salir de sus mecanismos.

    Evidentemente ya hay algo sospechoso en ese "soy solo…" Decir: "Soy solamente…" supone ya una visión de otra cosa. "Soy solamente…", "Estoy encerrado en mis mecanismos" supone que la prisión podría ser abierta. (Continuará).

     

  • 14/09/09 - ¿Va a retroceder cada vez más la mente?

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} 3ª parte de la conferencia sobre la cibernética.

    "Si como piensan biólogos de renombre como Dauvillier o Hovasse, la vida se desarrolló a partir de fenómenos puramente físico-químicos, si todos los seres vivos son finalmente sólo máquinas, si no hay ningún misterio en la vida sino fuerzas físico-químicas de las que procede y que son su origen, el mundo no necesita, no necesita Creador, es evidente, ya que se desarrolló espontáneamente y además sin fin ni finalidad, y no hay razón alguna de suponer detrás del universo un pensamiento. La vida se desarrolló espontáneamente a partir de la físico-química y, si es cierto que el universo actual tuvo comienzo, es bien difícil probar, pero suponiendo que el universo en que estamos tuvo comienzo, ¿qué quiere decir "comenzar"?

    Los físicos, o al menos algunos de ellos, fundándose en la segunda ley de la termo-dinámica, admiten que visto que la entropía aumenta sin cesar, el mundo terminará en una especie de neutralidad absoluta, es decir que, no teniendo ya ninguna diferencia de potencial, ¡ya no sucederá nada! Todas las energías se extinguirán, ya no habrá intercambios, ya no habrá fenómenos, ya no sucederá nada, entonces ya no habrá nada.

    ¿No podemos imaginar el origen del mundo precisamente en esa especie de estado inmóvil, inerte, en que no sucede nada hasta que haya una pequeña arruga en alguna parte, que ponga todo en movimiento? Pero suponiendo inclusive que el universo haya surgido de la nada, si estas palabras tienen sentido, suponiendo inclusive que haya un constructor trascendente, ¡ese constructor no habría necesitado tener un fin ya que la naturaleza no lo tiene! No habría necesitado construir cosas bien complicadas, sólo habría tenido que construir o producir una diferencia de potencial en alguna parte, tan pequeña como se quiera, en elementos por demás indefinibles, y no tenía que ocuparse más de eso porque la continuación habría sido totalmente espontánea.

    Es muy difícil ver en ese constructor, suponiendo que fuera necesario para iniciar los fenómenos, algo parecido a un creador, al Creador como lo presenta la tradición, y finalmente esa especie de constructor trascendente, de mecánico original, una vez más, le habría bastado con poner en movimiento elementos extremamente indiferenciados, a condición que haya en alguna parte una diferencia de potencial que permita un movimiento.

    Ahora bien, ¡es absolutamente imposible que no tengamos cuenta de la cibernética actual que invade toda la vida! Es imposible que no tengamos cuenta de la biología a la cual recurrimos además espontáneamente nosotros mismos: cuando estamos en una situación en que el dolor se vuelve intolerable, tomamos calmantes, ¡nos volvemos pues a la química!, compramos morfina, y son elementos físico-químicos que suspenden la sensibilidad y nos aseguran un momento de descanso. Admitimos pues constantemente la intervención de la físico-química en nuestro organismo, y hay medicamentos, precisamente, en las enfermedades mentales, que se fundan en la quimioterapia.

    Muchos psiquiatras renuncian a curas psicoterapéuticas, a curas psicoanalíticas, para limitarse a una quimioterapia en los casos que los ocupan, y pretenden que su eficacia está asegurada a casi 100%. Entonces, si la quimioterapia es eficaz, si la química interviene en nuestra sensibilidad, si suspende el dolor, si cantidades de remedios sintéticos, que no tienen origen natural sino que reposan sobre una fabricación humana, son eficaces en el organismo, ¿qué dificultad hay en admitir que el organismo mismo tenga origen físico-químico?

    En efecto, la situación es extremamente grave, y es incontestable. Iremos cada vez más hacia una cibernética universal que confirmará justamente una biología que excluye toda finalidad en que el desarrollo de la vida se explica únicamente por acontecimientos físico-químicos.

    La mente va a retroceder cada vez más. La razón aparecerá cada vez más como una máquina y será absolutamente imposible afirmar una trascendencia de la mente fundándose en la experiencia de la vida cotidiana. Y entonces el Dios Creador de la tradición será cada vez más impensable pues sólo se le pedirá ya, si aún es necesario, que construya a ciegas un mecanismo elemental que se desarrolle por sí mismo.

    Todo eso tenemos que considerarlo si no queremos convertirnos en un gueto de gente que no quiere ver (1), que no quiere darse cuenta, que pretende saber más que los sabios, que cree que su solución es intangible porque jamás han considerado las demás.

    Uno de estos días nos vamos a encontrar ante una especie de océano de eslóganes difundidos por todas las revistas de vulgarización científica, vamos a encontrarnos ante un océano de afirmaciones que ponen exactamente todo en duda, que se habrán convertido en moneda corriente, ¡que serán aceptadas por la mayoría de las mentes y que los periodistas van a divulgar como última palabra de la ciencia! (Continuará)

    Nota (1) Todo eso es de gran importancia. ¿No está la Iglesia misma convirtiéndose en gueto?

     

     

  • 13/09/09 – Para los biólogos en la vida no hay nada más que química.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Segunda serie de conferencias dictadas también en París en 1966.

    1ª parte de la 1ª conferencia en el Cenáculo de París el 22/01/66.

    Para los biólogos no habría en la vida sino química que llega a la sensibilidad y al razonamiento.

    "¿Existe el hombre? Es una cuestión capital y es quizá la única cuestión por plantear. Todos se preguntan si Dios existe, habría que preguntarse primero si el hombre existe, y estamos tanto más inclinados a plantearnos esta cuestión que la cibernética parece introducir, o fundar, o difundir un nuevo materialismo.

    La cibernética, es decir el arte de hacer eficaz la acción humana, la cibernética, es decir el arte de construir máquinas que remplazan al hombre, se desarrolló de modo considerable y se desarrollará todavía más para alcanzar realizaciones increíbles pues constatamos cada día que las máquinas calculan, las máquinas razonan, las máquinas recuerdan, las máquinas se corrigen, las máquinas son capaces eventualmente de construir teorías que el hombre es absolutamente incapaz de comprender. Y se llegará a la situación de un universo en que la máquina hará todo, quiero decir, realizará todas las operaciones que antes llamábamos mentales, y el hombre se limitará a sacar partido de los resultados en provecho propio, es decir en la inmensa mayoría de los casos, para satisfacer necesidades pasionales.

    El hombre será parásito de las máquinas que pensarán, razonarán, calcularán, harán descubrimientos en su lugar, y él vivirá como parásito de las máquinas que le permitirán satisfacer sus deseos con un máximo de eficacia.

    La situación se agrava por el hecho de que los biólogos, por su parte, los biólogos consideran el origen de la vida a partir de la fotosíntesis de ciertos elementos como los nitratos o los fosfatos irradiados por rayos ultravioletas. La vida habría nacido elementalmente de un proceso puramente fotoquímico y no habría en la vida finalmente nada más que una química que se perfecciona, que se equilibra, que llega a la sensibilidad y al razonamiento, razonamiento que por otra parte no tiene nada de sensacional puesto que, si las máquinas pueden razonar, no hay razón para imaginar que el hombre que razona sea más que una máquina, máquina mal estructurada además, pues es incapaz de realizar mentalmente ciertas operaciones que las máquinas realizan con increíble facilidad.

    Por otra parte además, al estudiar la evolución, los biólogos llegan a la conclusión de que la evolución ha sido realizada únicamente por fuerzas naturales, sin ningún autor, sin ninguna finalidad, establecidas o se desarrolladas en ciertas direcciones en virtud de una necesidad físico-química, por cierta necesidad de equilibrio fundada en diferencias de potencial.

    Para los biólogos entonces no cabe duda. Tenemos además la prueba si leemos el enorme libro publicado por Gallimard sobre la biología que es una especie de enciclopedia de los conocimientos biológicos actuales y en que todos los autores sin excepción rechazan toda finalidad. La evolución, como la vida, y como el origen de la vida no supone dirección, no suponen intención, no hay finalidad, sólo hay resultados fundados en energías de origen físico-químico.

    Si imaginan la resonancia inmensa de los trabajos de cibernética donde la electrónica es naturalmente puesta en juego o constantemente aplicada, si imaginan la resonancia de las teorías biológicas que constituyen para el lector sincero y en búsqueda de verdad, que constituye la última palabra de la ciencia actual, llegan al cuado extraordinario de que finalmente la vida, cada vez más, se establece en un maquinismo exterior al hombre, construido por él, pero exterior a él, que sugiere cada vez más que él mismo es una máquina pues tanto las operaciones que se creían reservadas a la mente – a lo que se llamaba la mente – son realizadas, y mucho mejor, por las máquinas. Eso nos lleva a concluir que el hombre mismo no es sino una máquina, una máquina deficiente por otra parte debido a una afectividad de la cual las máquinas artificiales que construimos están afortunadamente exentas. Y eso, precisamente, asegura la infalibilidad de las máquinas artificiales, porque no están embarazadas por ninguna afectividad.

    Cuando el hombre razona, su actividad o su afectividad pesan sobre él. Puede falsear ciertas conclusiones, puede temerlas, puede interpretarlas y, de todos modos, su afectividad constituye un obstáculo al desarrollo de sus facultades mentales, las cuales una vez más, triunfan en las máquinas artificiales.

    Naturalmente esta visión puede ser corregida en cierta medida si recordamos que las máquinas artificiales, las calculadoras que construimos, son sobre todo sensibles a las formas. Me explico del modo más sencillo: cuando se aborda un lenguaje desconocido, sospechando además que tales inscripciones representan verdaderamente un lenguaje, si el lenguaje hipotético está por otra parte escrito en una escritura desconocida, lo cual redobla la dificultad, ¿cómo proceder? ¿Cómo descifrar una inscripción que suponemos de origen humano, una inscripción que vehicula un mensaje?

    El hombre tiene antenas para este género de descubrimientos, va naturalmente a buscar en lo que está grabado en las piedras, va a buscar los motivos que se repiten. Será un primer dato en ese desierto indescifrable. Hay indicaciones: las primeras indicaciones son las semejanzas, los signos que se repiten suponen uniones, suponen lazos y procuran ya un primer dato. Se estudiará al menos la frecuencia de los signos siempre semejantes. Se estudiará también su posición: ¿dónde están colocados? Se sospechará también que tienen valor de conjunción, o se sospechará por proximidad que tal palabra o tal grupo de letras que vuelve con mayor frecuencia juega el papel de substantivo, o de predicado, o de verbo, y todo eso sin entender ni una palabra de la inscripción. Pero simplemente en los trazos que se tienen a la vista, simplemente en función de la disposición de los signos, se tiene ya cierto número de indicaciones que, al multiplicarse, nos acercan de la solución.

    Es decir que la lectura de una inscripción en lenguaje desconocido trazada en escritura desconocida no puede naturalmente ser abordada buscándole sentido, sino primero descubriendo ciertas formas. Si quieren, el desciframiento se aborda mediante cierto formalismo y para terminar, si se tiene suerte, si se tienen disposiciones para este tipo de trabajo, se termina por descubrir o al menos descifrar una o dos palabras, o una frase cuya coherencia sea quizá garantizada por el contexto, por los dibujos que acompañan la inscripción, que orientan el sentido mismo del mensaje. Cuando se haya descifrado una frase o algunas palabras a partir de la primera lectura, se podrá avanzar y llegar a descifrar los demás, pero todo eso únicamente a partir del dibujo, de la forma, y no a partir del sentido, es decir que es el soporte, como se dice en cibernética, es el soporte del mensaje lo que se considera y no la semántica, es decir la significación.

    Y parece que es en este orden como hay que situar el razonamiento de las máquinas y su pensamiento y la precisión de su memoria. Se trata de una operación puramente formal, fundada en contornos, fundada en signos, fundada en soportes y no en un sentido". (Continuará)

     

  • 12/09/09 – Una perspectiva absolutamente necesaria.

    Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Final de la 1ª conferencia del Cenáculo de París en enero de 1966.

    Una perspectiva absolutamente necesaria que puede darnos sola el sentimiento un sentimiento de novedad inagotable.

    "Es muy claro, en efecto, que si soy sensible a la dignidad humana, si me siento deudor de toda la humanidad, es porque encuentro en cada humanidad de hombre el mismo valor infinito, es porque me es imposible creer en un valor en mí mismo sin cuidar ese mismo valor en los demás ya que ¡es precisamente el mismo valor! Sería renunciar a toda creación de mí mismo si no cooperara con la misma intensidad al nacimiento humano de los demás. Es lo mismo, la misma presencia, el mismo valor el que nos está confiado en los demás y en nosotros mismos. (1)

    Llámenlo como quieran. Ya le den el nombre de Dios o de Cristo, ésa no es la cuestión. La cuestión es de saber justamente si el universo que no existe todavía pero puede existir es realmente el universo humano y el único universo humano posible, y yo creo que en efecto es el único universo humano posible, pero es difícil darle toda su realidad ya que eso supone de parte nuestra un compromiso de cada instante, y que al menor rechazo, es decir al menor rechazo de generosidad y de amor consciente y voluntario, tan pequeño como fuere, toda la realidad de ese universo refluye y arriesga descomponerse y derrumbarse pues la realidad del mundo humano no puede mantenerse sino por la reciprocidad del amor en que nuestro consentimiento es siempre esencialmente necesario.

    Ustedes ven qué perspectivas puede ofrecer todo eso en el campo de la revelación, al menos en lo que llamamos la revelación; que si suponemos una dogmática que es retrospectiva, si no damos al testimonio evangélico una resonancia actual en la misma búsqueda y en la creación del orden humano, llegaremos ciertamente a compromisos no satisfactorios, y ésa es la impresión que tuve ante el concilio, donde se hicieron tantas cosas, útiles y buenas además, pero en el fondo no se planteó el verdadero problema porque el problema de fondo es: "¿de qué Dios hablamos, frente a qué hombre?" Pues si nos situamos ante el hombre por venir, el hombre que debemos crear, pasamos forzosamente al lado y volvemos a la medida de una humanidad que no es humana todavía y que pertenece finalmente a una biología cósmica.

    Yo creo que el cristianismo es prospectivo. Yo pienso que, cuando Jesús dice a propósito de Juan Bautista: "el menor en el Reino es más grande que el mayor de los profetas", hace alusión y nos orienta justamente hacia un porvenir en que el hombre será el santuario de la divinidad y en que la divinidad se revelará en esa especie de reciprocidad nupcial que constituye toda la vida espiritual.

    No sé si me equivoco, pero me parece que esa es una perspectiva absolutamente necesaria que puede darnos sola el sentimiento, no de ruminación o de déjà vu, sino al contario, de una novedad inagotable pues en una promoción constante de nosotros mismos es como descubrimos cada vez mejor el rostro del hombre y el rostro de Dios, lo que es lo mismo al fin de cuentas, puesto que es imposible admitir que el hombre exista en el sentido de una creación, que merezca toda la estima, todo el respeto, toda nuestra colaboración, imposible creer en una dignidad real si no creemos o si no podemos encontrarlo en el corazón del hombre Infinito que lo llamen como quieran, lo mismo da llamarlo Dios, a condición de que al pronunciar el nombre de Dios, ése sea también el nombre del hombre! Es el terreno que vamos a tratar.

    Un terreno que tenemos que explorar y sólo puede ser una experiencia, una experiencia en que nos constituimos nosotros mismos y que va a desarrollarse de manera imprevisible, pues las fronteras pueden ampliarse constantemente y los muros de separación derrumbarse, y una experiencia que debe crecer al infinito pero que se concentra siempre alrededor de la presencia inefable, única, frágil y desarmada que está constantemente confiada a nuestro amor puesto que sólo puede expresarse a través de nosotros como tampoco nosotros podemos expresarnos sino a través de ella. La reciprocidad es absoluta, el hombre sólo puede hacerse humano trascendiéndose en una ofrenda ilimitada, y Aquél a quien se ofrece no puede ser origen de la historia sino transparentando a través del hombre. Entonces los dos rostros, el rostro del hombre y el rostro de Dios, están en correlación constante el uno con el otro". (Fin de la conferencia).

     

    (1) Nuestra relación con la humanidad entera, concretamente con nuestro projimo, con el que nos está cerca, hace parte constituyente de nuestra identidad humana auténticamente cristiana tanto como nuestra relación con Dios. "El segundo mandamiento es semejante al primero".

     

More Posts Next page »
Powered by Community Server (Non-Commercial Edition), by Telligent Systems