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Segunda serie de conferencias dictadas
también en París en 1966.
1ª parte de la 1ª conferencia en
el Cenáculo de París el 22/01/66.
Para los biólogos no habría
en la vida sino química que llega a la sensibilidad y al razonamiento.
"¿Existe el hombre? Es una
cuestión capital y es quizá la única cuestión por plantear. Todos se preguntan si
Dios existe, habría que preguntarse primero si el hombre existe, y estamos
tanto más inclinados a plantearnos esta cuestión que la cibernética parece
introducir, o fundar, o difundir un nuevo materialismo.
La cibernética, es decir el arte de hacer eficaz la
acción humana, la cibernética, es decir el
arte de construir máquinas que remplazan al hombre, se desarrolló de modo
considerable y se desarrollará todavía más para alcanzar realizaciones
increíbles pues constatamos cada día que las máquinas calculan, las máquinas
razonan, las máquinas recuerdan, las máquinas se corrigen, las máquinas son
capaces eventualmente de construir teorías que el hombre es absolutamente
incapaz de comprender. Y se llegará a la situación de un universo en que la
máquina hará todo, quiero decir, realizará todas las operaciones que antes llamábamos
mentales, y el hombre se limitará a sacar partido de los resultados en provecho
propio, es decir en la inmensa mayoría de los casos, para satisfacer
necesidades pasionales.
El hombre será parásito de las
máquinas que pensarán, razonarán, calcularán, harán descubrimientos en su lugar,
y él vivirá como parásito de las máquinas que le permitirán satisfacer sus
deseos con un máximo de eficacia.
La situación se agrava por el
hecho de que los biólogos, por su parte, los
biólogos consideran el origen de la vida a partir de la fotosíntesis de ciertos
elementos como los nitratos o los fosfatos irradiados por rayos
ultravioletas. La vida habría nacido elementalmente de un proceso puramente
fotoquímico y no habría en la vida
finalmente nada más que una química que se perfecciona, que se equilibra,
que llega a la sensibilidad y al razonamiento, razonamiento que por otra parte
no tiene nada de sensacional puesto que, si las máquinas pueden razonar, no hay
razón para imaginar que el hombre que razona sea más que una máquina, máquina mal
estructurada además, pues es incapaz de realizar mentalmente ciertas
operaciones que las máquinas realizan con increíble facilidad.
Por otra parte además, al estudiar
la evolución, los biólogos llegan a la conclusión de que la evolución ha sido
realizada únicamente por fuerzas naturales, sin ningún autor, sin ninguna
finalidad, establecidas o se desarrolladas en ciertas direcciones en virtud de
una necesidad físico-química, por cierta necesidad de equilibrio fundada en
diferencias de potencial.
Para los biólogos entonces no
cabe duda. Tenemos además la prueba si leemos el enorme libro publicado por
Gallimard sobre la biología que es una especie de enciclopedia de los conocimientos
biológicos actuales y en que todos los autores sin excepción rechazan toda
finalidad. La evolución, como la vida, y como el origen de la vida no supone dirección, no suponen intención, no hay finalidad, sólo hay resultados
fundados en energías de origen físico-químico.
Si imaginan la resonancia inmensa
de los trabajos de cibernética donde la electrónica es naturalmente puesta en
juego o constantemente aplicada, si imaginan la resonancia de las teorías biológicas
que constituyen para el lector sincero y en búsqueda de verdad, que constituye
la última palabra de la ciencia actual, llegan al cuado extraordinario de que finalmente la vida, cada vez más, se
establece en un maquinismo exterior al hombre, construido por él, pero
exterior a él, que sugiere cada vez más
que él mismo es una máquina pues tanto las operaciones que se creían
reservadas a la mente – a lo que se llamaba la mente – son realizadas, y mucho
mejor, por las máquinas. Eso nos lleva a concluir que el hombre mismo no es
sino una máquina, una máquina deficiente por otra parte debido a una
afectividad de la cual las máquinas artificiales que construimos están
afortunadamente exentas. Y eso, precisamente, asegura la infalibilidad de las
máquinas artificiales, porque no están embarazadas por ninguna afectividad.
Cuando el hombre razona, su
actividad o su afectividad pesan sobre él. Puede falsear ciertas conclusiones,
puede temerlas, puede interpretarlas y, de todos modos, su afectividad
constituye un obstáculo al desarrollo de sus facultades mentales, las cuales
una vez más, triunfan en las máquinas artificiales.
Naturalmente esta visión puede
ser corregida en cierta medida si recordamos que las máquinas artificiales, las
calculadoras que construimos, son sobre todo sensibles a las formas. Me explico
del modo más sencillo: cuando se aborda un lenguaje desconocido, sospechando
además que tales inscripciones representan verdaderamente un lenguaje, si el
lenguaje hipotético está por otra parte escrito en una escritura desconocida,
lo cual redobla la dificultad, ¿cómo proceder? ¿Cómo descifrar una inscripción
que suponemos de origen humano, una inscripción que vehicula un mensaje?
El hombre tiene antenas para este
género de descubrimientos, va naturalmente a buscar en lo que está grabado en
las piedras, va a buscar los motivos que se repiten. Será un primer dato en ese
desierto indescifrable. Hay indicaciones: las primeras indicaciones son las
semejanzas, los signos que se repiten suponen uniones, suponen lazos y procuran
ya un primer dato. Se estudiará al menos la frecuencia de los signos siempre
semejantes. Se estudiará también su posición: ¿dónde están colocados? Se
sospechará también que tienen valor de conjunción, o se sospechará por
proximidad que tal palabra o tal grupo de letras que vuelve con mayor
frecuencia juega el papel de substantivo, o de predicado, o de verbo, y todo
eso sin entender ni una palabra de la inscripción. Pero simplemente en los
trazos que se tienen a la vista, simplemente en función de la disposición de
los signos, se tiene ya cierto número de indicaciones que, al multiplicarse,
nos acercan de la solución.
Es decir que la lectura de una
inscripción en lenguaje desconocido trazada en escritura desconocida no puede
naturalmente ser abordada buscándole sentido, sino primero descubriendo ciertas
formas. Si quieren, el desciframiento se aborda mediante cierto formalismo y
para terminar, si se tiene suerte, si se tienen disposiciones para este tipo de
trabajo, se termina por descubrir o al menos descifrar una o dos palabras, o
una frase cuya coherencia sea quizá garantizada por el contexto, por los
dibujos que acompañan la inscripción, que orientan el sentido mismo del
mensaje. Cuando se haya descifrado una frase o algunas palabras a partir de la
primera lectura, se podrá avanzar y llegar a descifrar los demás, pero todo eso únicamente a partir del dibujo, de
la forma, y no a partir del sentido, es decir que es el soporte, como se
dice en cibernética, es el soporte del
mensaje lo que se considera y no la semántica, es decir la significación.
Y parece que es en este orden
como hay que situar el razonamiento de las máquinas y su pensamiento y la
precisión de su memoria. Se trata de una operación puramente formal, fundada en
contornos, fundada en signos, fundada en soportes y no en un sentido".
(Continuará)