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4ª parte de la conferencia sobre
la cibernética.
Si hay posibilidad de ser otra cosa que una máquina, es
en un mundo que no existe todavía y que debemos crear.
Confieso que todo es no es
sorpresa para mí porque me convencí hace mucho tiempo de que el hombre no
existe, que a lo más es una posibilidad pero que, tal como está arrojado a la
existencia es en efecto un producto del universo, una máquina como tantas
otras, un resultado, algo que se soporta y que no puede prevalerse de una
dignidad o de un valor particular.
Hace años y años que hablo del yo
biológico, del yo animal, del yo posesivo que es una secreción glandular, que
es el teclado de todas las aspiraciones instintivas, es decir cósmicas,
animales, vegetales o minerales, y no me sorprende en nada que se considere
actualmente todas las facultades mentales como simple desenvolvimiento de un
automatismo mecánico. En efecto, lo acabo de decir, si el formalismo de los
soportes, las señales eléctricas o las letras de una inscripción o los trazos
de un alfabeto Morse, si los soportes de la afirmación son lo que interesa las
máquinas, si las máquinas trabajan sobre ese formalismo, es seguro que el
hombre funciona igualmente con frecuencia según ese formalismo. Los
calculadores geniales, los calculadores que pueden resolver en un segundo o
realizar sumas, multiplicaciones, sustracciones, divisiones o fraccionamiento
de números, que pueden realizar todo eso en un instante son probablemente
máquinas particularmente sensibles al formalismo y que logran combinaciones
extremamente rápidas sin ningún razonamiento, y yo pienso que la llamada vida intelectual de la inmensa mayoría de los
seres humanos es simplemente un formalismo automático.
Nos quedamos en la superficie de
los signos, no pensamos o, si pensamos, si reaccionamos de manera particular,
no es en virtud de un pensamiento sino en virtud de una afectividad que
protesta ante ciertos obstáculos, que desea obtener otros, que protesta por
motivos instintivos, o que graba con felicidad al contrario, con transportes,
unos resultados que concuerdan con las codicias y los instintos.
Por eso además traté de mostrar
en "Diálogo con la Verdad" que era necesaria una Presencia y que no
bastaba con manipular razonamientos, con manipular formalismos para llegar a la
Verdad. ¡La Verdad está más allá! Si existe una verdad, sólo puede encontrarse
en un diálogo de persona a persona.
Entonces nada de eso me
sorprende. Todo eso confirma lo que siento dese hace mucho tiempo y que no ceso
de repetir de una u otra manera. Nada me parece más natural que admitir, en
efecto, que el hombre no es sino un dato del universo, que sólo es, si quieren,
una máquina embarazada además por la afectividad, es decir por la complicidad
que da o rehúsa al formalismo automático que tiene lugar en ella.
Y de ahí volvemos a la
única cuestión: ¿Hay un hombre posible? Si
digo: "¡Soy solamente una máquina!" todas mis actividades proceden de
mecanismos sin fin ni finalidad. Cuando digo: "Estoy encerrado en mis
mecanismos", cuando digo: "Jamás podré salir de mis mecanismos",
cuando impongo una finalidad a las máquinas que construyo, el fin mismo es
sugerido, me es inclusive impuesto por mis propios mecanismos ya que, por
hipótesis, soy una máquina que no puede salir de sus mecanismos.
Evidentemente ya hay algo
sospechoso en ese "soy solo…" Decir: "Soy solamente…"
supone ya una visión de otra cosa. "Soy solamente…", "Estoy
encerrado en mis mecanismos" supone que la prisión podría ser abierta.
(Continuará).