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5ª parte de la conferencia sobre
la cibernética.
Es perfectamente inútil
tentar de situar a Dios en el universo mecánico. "Nuestros orígenes
cósmicos, nuestros orígenes animales están detrás de nosotros, nuestros
orígenes humanos están adelante. Es pues un error capital querer explicar el
pasado por medio de Dios."
"Entonces, en resumen, el
universo tal como es, es un universo de máquinas. "Nuestros orígenes cósmicos, nuestros orígenes animales están
detrás de nosotros, nuestros orígenes humanos están adelante".
El universo tal como existe no ofrece, ni puede presentar jamás un ser
espiritual en virtud de su dinamismo espontáneo, y el universo tal como existe sólo puede al máximo presentar una
posibilidad de hombre, una esperanza de hombre que sugiere por el hecho
mismo que podemos situarnos ante máquinas, ante las máquinas que somos,
diciéndonos: "Soy solo una máquina", es decir: "En el fondo,
podría ser otra cosa". Si me doy
cuenta de mis límites es que quizás estoy llamado a superarlos.
Tratemos pues de superarlos, y en
la medida en que habiéndolos superado lleguemos a una realidad experimental,
una realidad que se inscriba en nosotros como más real que todos los
mecanismos, como más real que todas las secreciones glandulares, como más real
que todos los llamados imprecisos, en la medida en que estemos situados en una
realidad que modifique esencialmente nuestro punto de vista, nuestra visión del
mundo, nuestro comportamiento, nuestra conducta y todas las decisiones que
puedan proceder de nosotros.
Y desde luego, para decirlo
inmediatamente, es perfectamente inútil
situar a Dios en el mundo material, en el mundo mecánico, en el mundo tal
cual es ¡pues si el hombre no puede encontrar lugar en él, Dios todavía menos! Como
el hombre no puede aparecer como no máquina, como fuente irremplazable de
felicidad, como origen de un espacio donde respira la libertad, como el hombre
sólo puede surgir en ese universo que no existe todavía, con mayor razón Dios
sólo podrá revelarse en ese universo que no existe todavía.
Si queremos referenciar la
divinidad en el mundo tal como existe, la haremos entrar en la mecánica, en la
mecánica, en el formalismo automático de los conceptos que escapan totalmente
además a la vida del espíritu y que no conducen a ninguna especie de progreso
ni de liberación.
Yo hacía notar hace un instante
que para que el Creador cumpla su oficio, para que cumpla la función que se le
asigna, bastaría con que sea el fabricante de los elementos totalmente primitivos,
sin tener además ningún objetivo ya que tales elementos estarían desprovistos
de toda finalidad. Entonces, evidentemente, un Dios concebido de ese modo, un
creador reducido a esa función, ya no significa nada y si se quiere
absolutamente situar y enraizar una divinidad en el mundo prefabricado tal como
se impone a nosotros, hacemos forzosamente de ella un ídolo material impensable
e inútil.
Entonces en el mundo que no
existe todavía, el mundo en que tenemos que enraizarnos por una creación que
sólo puede emanar de nosotros mismos, es donde el verdadero Dios, el Dios del
místico si quieren, podrá situarse, revelarse y encontrarse en una experiencia
incontestable que se pueda verificar además sólo en la medida en que uno mismo
se compromete. Eso puede expresarse en dos palabras: nuestros orígenes cósmicos, nuestros orígenes animales están detrás de
nosotros, nuestros orígenes humanos están adelante, ¡nuestros orígenes
humanos están adelante! Si comprenden esta frasecita, tienen lo esencial del
itinerario, lo esencial de lo recorrido:
"Nuestros orígenes cósmicos,
nuestros orígenes animales están detrás de nosotros, nuestros orígenes humanos
están adelante.
Es, pues, un error que aparece
cada vez con más evidencia frente a todas las conclusiones de la cibernética y
de las disciplinas influenciadas por ella, es
pues un error capital querer explicar por Dios el pasado, quiero decir,
querer explicar por un creador el mundo prefabricado en el cual es imposible la
vida del espíritu, la vida de la mente en el sentido de iniciativa creadora. Dios sólo podrá revelarse en ese universo
que no existe todavía y que sólo existirá cuando existamos nosotros en nuestra
estatura de hombre, cuando existamos nosotros en cuanto no condicionados
por el universo máquina, dándonos por existir un valor ilimitado, un valor
universal que pueda inmediatamente ser reconocido por todos los que se están
buscando a sí mismos y que tienen esperanza de una humanidad que no existe
todavía pero que sigue siendo siempre posible.
Creo que en esta afirmación, que
resulta además pura y simplemente de la experiencia, que nuestros orígenes
animales y cósmicos están detrás de nosotros y nuestros orígenes humanos están adelante,
creo que en este descubrimiento o constatación hay como una línea de separación entre un materialismo de método pues la
cibernética no puede construirse sobre otros datos, y un espiritualismo, es decir un postulado ya que vemos
precisamente que las máquinas son incapaces de ello a menos de dotar las máquinas
de mente, lo que además no me molesta. Si las máquinas se vuelven espirituales,
si las máquinas se convierten en simples posibilidades humanas eso no me va a
molestar.
El hombre –
quiero decir el hombre-espíritu, el hombre-valor, el hombre-dignidad – comienza
a partir del momento en que el ser hasta entonces máquina se toma en manos, se
recrea, escapa al condicionamiento mecánico y hace surgir un universo sin
límites en que los demás descubren un fermento mismo, un fermento de su
dignidad y de su liberación, lo que nos vuelve además a la experiencia capital
que es el encuentro con una Presencia en lo más íntimo de nosotros, como
Agustín la bosqueja en la estrofa bien conocida: "¡Tarde te amé, Belleza
siempre antigua y siempre nueva, tarde te amé! Sin embargo, ¡tú estabas dentro
de mí pero yo estaba afuera y corría sin belleza hacia las bellezas que sin ti
no existirían! Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo".
(Continuará)