in

Sotamenta.Net

El sitio Internet de nuestra tribu!

Zundel

23-24/09/09 – Valor infinito del Hombre.

Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} Maurice Zundel se dirige a niños, en Lausana, en 1962.

Queridos niños,

Un escritor muy grande llamado André Malraux nos cuenta una escena absolutamente alucinante de la primera guerra mundial: los alemanes frente a los rusos. Los alemanes habían decidido utilizar los gases, gases cuyas nubes llevadas por el viento debían invadir las trincheras rusas y hacer podrir los hombres, pues esos gases terribles tenían la propiedad de extinguir toda vida: la vida de las plantas, la vida de los animales, la vida de los hombres. Y unos químicos habían enviado esos gases y los soldados alemanes esperaban que el efecto se produjera, es decir, que los rusos fueran asesinados por los gases para poder avanzar, invadir sus trincheras y seguir adelante hacia Rusia.

Pasado el momento de espera, cuando los soldados alemanes se acercaron a las trincheras rusas, al ver a los sobrevivientes – pues no habían muerto todos – al ver a esos hombres pudriéndose a su vista, los alemanes sintieron tanta compasión que arrojaron los fusiles, cargaron a los soldados rusos sobre sus hombros y con paso incierto, atravesando una zona donde toda la vegetación se había podrido, trataron de llevar a esos pobres miserables hacia lazaretos, hacia las ambulancias para cuidarlos y salvarlos.

Es un momento formidable, ¿verdad? Soldados que se preparaban a invadir las trincheras enemigas, alemanes que sólo pensaban en destruir a los rusos, de repente olvidan que se trata de rusos y no ven sino hombres, sienten compasión y cansados como están, cargan a esos hombres sobre sus hombros para tratar de salvarlos.

¿Qué fue lo que sucedió? Acaban de descubrir algo extraordinario: ¡acaban de descubrir "al Hombre"! ya no hay rusos ni alemanes, ya no hay franceses ni ingleses, ya no hay negros o amarillos. Hay hombres, y cuando el hombre sufre, cuando está en peligro extremo, uno olvida, olvida que es ruso, inglés, francés, amarillo o negro. Uno ya no piensa sino una sola cosa: que es un hombre.

¿Reconocen en esto algo que les recuerda el Evangelio? Hay en el Evangelio una historia magnífica que debe hacer palpitar el corazón de entusiasmo, es la del Buen Samaritano.

Cuando Nuestro Señor cuenta esta admirable historia, ¿no va en el mismo sentido que la que acabo de contarles? El samaritano era un desconocido, un extranjero, y para los judíos, un enemigo. Pero cuando Nuestro Señor nos presenta al sacerdote y al levita que pasan de largo simulando no haber visto, es para criticar al sacerdote y al levita y decirnos: no hay que hacer diferencias cuando un hombre ha caído al bordo del camino. Hay que acercarse, tener compasión, ayudarle, porque el prójimo es cualquiera que tenga necesidad de nosotros.

¡Así nos hace descubrir al hombre el Evangelio! Justamente, eso es lo que el Evangelio quiere hacernos conocer, ¡el Hombre! Si somos tan malos cristianos, y lo somos, es porque aún no hemos comprendido que el Evangelio quiere hacernos descubrir al Hombre.

Pero ustedes saben que existen miserias más grandes todavía que los gases, miserias más grandes aún que las heridas corporales… Hace poco, una enfermera me hablaba de una de sus enfermas, una mujer anciana, y me decía: "Se está enloqueciendo, va a perder la cabeza. Es horrible! Yo preferiría un cáncer que me destruya viva, más bien que el horror de perder la cabeza". Y es cierto que cuando un hombre ya no tiene el uso de razón, cuando ya no es capaz de dirigir su pensamiento, cuando ya no es sino un manojo de necesidades, comer, beber, dormir, y es incapaz de manejarse, ya no hay hombre, a pesar de la apariencia de su rostro: ya no hay persona.

Existe pues una miseria mayor que la del cuerpo, es la de la mente. Yo conocí una muchacha, quizá de 17, 18 años, que justamente perdía la razón, y era horrible pensar que a esa edad, estaba condenada a vivir toda su vida en la locura. Y una médica de admirable generosidad se conmovió, la tomó en su casa, la cuidó genialmente, y sobre todo, la amó tanto, le dio a la joven un amor tan dedicado y maternal que finalmente la luz entró en el alma de la joven y ella recobró la razón, y se salvó! Eso es admirable!

¿Se les parece eso al Evangelio? ¿Es allá donde el Evangelio nos quiere llevar? ¿Quiere Nuestro Señor enseñarnos justamente que el mayor tesoro que hay en el mundo es el pensamiento, el corazón del hombre? ¡Claro! ¡Eso es!

¿Qué nos dice el Evangelio? Nos dice que el Reino de Dios es una perla, un tesoro escondido. Y ¿dónde está escondido ese tesoro? Nuestro Señor lo dice a la samaritana: está escondido en nuestro corazón. Ahí justamente está escondido el Reino de Dios, como un sol invisible, en nuestro corazón. Y la perla del Reino, la perla que hay que comprar al precio de todos los bienes, la perla del Reino, somos nosotros, nosotros cuando recibimos la luz de Dios y dejamos pasar en nosotros como en un diamante todo el fuego de la Presencia y del Amor de Dios. Escuchen: esto es capital. ¿Para qué están aquí ustedes? Justamente para aprender a conocer al hombre, para creer en el hombre, la cosa más difícil del mundo. Hay montones de gente que dicen que creen en Dios, pero es un Dios falso porque para encontrar al verdadero Dios es necesario creer primero en el hombre, hay que creer que todo pasa en el hombre.

En el hombre es donde está escondido el tesoro del Reino y Jesús vino a salvar ese Reino dentro de nosotros, para eso sufrió y murió, y para eso nos reúne esta mañana y nos está esperando.

Escuchen. Cada vez que les falta bondad, bondad hacia uno de sus camaradas, hacia uno de sus hermanos o hermanas, y más aún hacia su papá o su mamá, están lo más alejados del Evangelio.

Hay un gran pintor llamado Cesanne, un gran pintor. Era todavía niño como ustedes y había en su escuela otro niño flaco, débil, en mal estado y todos los camaradas se aprovechaban de ese pequeño y lo golpeaban. Y Cezanne que era bueno y valiente, defendió al compañerito perseguido, entró en la pelea y lo sacó de las manos de sus camaradas que lo perseguían. Al día siguiente, ese compañerito le llevó a Cezanne un magnífico cesto de manzanas. Y más tarde, cuando Cezanne era ya un gran pintor, pintó una naturaleza muerta como se dice justamente, pintó un compotero lleno de las manzanas más bellas del mundo. Y es uno de los cuadros más hermosos de Cezanne y todos los que conocen la historia de Cezanne piensan que en su memoria es el cesto de manzanas del compañero que él había liberado y que se había transformado para dar lugar a esa obra maestra.

¡Pues eso es el Evangelio! Hay que respetar la vida. Hay que descubrir en nosotros el Tesoro del Reino, la Perla preciosa. Y en la medida en que son buenos y generosos con sus compañeros, en que respetan a sus papás y a sus maestros, en la medida en que a causa de ustedes se sienta que la vida humana tiene valor infinito, en esa medida son cristianos.

Todos tenemos que convertirnos al Evangelio que no conocemos. Pusimos a Dios más allá de las estrellas, así es mucho más cómodo, así nos deja tranquilos! Hay que ponerlo dentro de nosotros, ahí es donde hay que buscarlo, ahí es donde hay que honrarlo y amarlo.

Por eso nos dice Nuestro Señor: "En eso conocerán que son discípulos míos, si se aman los unos a los otros como yo los he amado".  Tratemos pues de comenzar hoy mismo y verán que cada vez que hayan superado un movimiento de crueldad, de cobardía, de mal humor, cada vez que uno de sus compañeros sea más feliz a causa de ustedes, cada vez que sus papás estén felices por su conducta, sentirán ustedes que Dios está muy cerca porque justamente en el rostro de sus padres o de sus camaradas, iluminado de alegría, descubrirán el Rostro que los estaba esperando, el Rostro de amor, el Rostro de luz, el Rostro de Jesús.

 

Comments

No Comments

Leave a Comment

(required)  
(optional)
(required)  
Add
Powered by Community Server (Non-Commercial Edition), by Telligent Systems