Normal
0
21
false
false
false
MicrosoftInternetExplorer4
/* Style Definitions */
table.MsoNormalTable
{mso-style-name:"Tableau Normal";
mso-tstyle-rowband-size:0;
mso-tstyle-colband-size:0;
mso-style-noshow:yes;
mso-style-parent:"";
mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;
mso-para-margin:0cm;
mso-para-margin-bottom:.0001pt;
mso-pagination:widow-orphan;
font-size:10.0pt;
font-family:"Times New Roman";
mso-ansi-language:#0400;
mso-fareast-language:#0400;
mso-bidi-language:#0400;}
Normal
0
21
false
false
false
MicrosoftInternetExplorer4
/* Style Definitions */
table.MsoNormalTable
{mso-style-name:"Tableau Normal";
mso-tstyle-rowband-size:0;
mso-tstyle-colband-size:0;
mso-style-noshow:yes;
mso-style-parent:"";
mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;
mso-para-margin:0cm;
mso-para-margin-bottom:.0001pt;
mso-pagination:widow-orphan;
font-size:10.0pt;
font-family:"Times New Roman";
mso-ansi-language:#0400;
mso-fareast-language:#0400;
mso-bidi-language:#0400;}
No fue por azar como escogimos
hacer un retiro en un monasterio y especialmente en Timadeuc que conserva un
recuerdo muy vivo del retiro predicado por Zundel en 1973.
La comunidad nos sostuvo con la
oración monástica en que la mayoría de nosotros participamos inclusive durante
el día. El punto central del recogimiento fue la participación en la
celebración de la eucaristía, cada mañana, con la nota especial de la
invitación a todos los asistentes a subir hasta el altar, alrededor de los
monjes.
Era el tiempo fuerte del día. Y
pudimos beneficiarnos de su iglesia, particularmente propicia a la celebración
eucarística por su estructura muy sencilla, construida en el siglo 19.
Los demás momentos muy felices
del retiro fueron los testimonios del P. de Boissière, al que se le debe la
difusión del pensamiento de Mauricio Zundel, cada vez más presente en la
Iglesia de hoy, así como los testimonios del Padre Abad primero sobre su
encuentro personal con Mauricio Zundel, el cual le dijo por tres veces con voz
fuerte: "La alegría, la alegría", añadiendo: "¡Uno no se mira a
sí mismo!", como en el testamento que Pascal llevaba en el forro de su
jubón, y en el que estaba escrito: "¡Alegría, alegría, alegría!"
Quedamos muy impresionados también
por los testimonios personales de cada ejercitante al final del retiro. El
encuentro fue claramente muy positivo. Éramos todos muy diferentes unos de
otros, pero pudimos sentir una verdadera unanimidad escuchando magníficas conferencias
y homilías de Mauricio Zundel y viviendo la fraternidad que las animaba.
El padre abad nos invitó a
Bernardo y a mí a encontrarnos con la comunidad en la sala del capítulo. En ellos
sentimos cómo estaban unidos en la oración durante esos cinco días.
Podemos unir nuestra oración a la
de ellos para que en los meses que vienen se incorporen siete postulantes según
deseo del padre abad.
Final
olvidado del retiro
San Ignacio compuso los Ejercicios espirituales en el siglo 16.
Es evidente que si los compusiera hoy las expresiones no serían las mismas. Si
el dogma cristiano está sometido a nuevos desarrollos en el curso de los
siglos, también lo están necesariamente los ejercicios espirituales.
Un nuevo fundamento podría
expresarse así: el hombre fue creado para hacerse a imagen y semejanza del Dios
Trino, para ser, con muchísimos otros y en relación vital con todos ellos,
miembro del cuerpo místico de Cristo y acceder así a la igualdad con Dios. Así
llega el hombre a vivir con una infinitamente misteriosa, viviendo la vida
misma de Dios, viviendo Su vida eterna, sin comienzo ni fin.
Y la oración final de los
ejercicios, la oración de ofrenda perfecta, deberá incluir la relación con la
Iglesia y no ser ya sólo un encuentro individual con Dios. Deberá expresar el
deseo de ser, cada uno en su lugar, miembro vivo del cuerpo místico, miembro
relacionado vitalmente con todos los demás, so pena de que el hombre deje de
existir, de no ser ya nada ni nadie – pues la relación se manifiesta por medio
de una atención particular de cada instante para los demás seres humanos, comenzando
por los que están más cerca.
Hay ya algo de cristiano
en el deseo de los jóvenes de hoy de participar en inmensas convenciones, a
condición de que tiendan a ser para todos, después de siglos y de milenios, no una muchedumbre en que uno se pierde,
sino un
cuerpo en que uno se encuentra porque ha cesado de ser muchedumbre, porque en
él cada uno se ha hecho persona.
Es como si a lo largo y hasta el
final de la historia, hubiera en la humanidad una oscilación entre "el ser-muchedumbre
de instinto gregario, y el ser-persona en la vocación personificante de cada
uno, para que un día (¿dentro de cuántos siglos o milenios?), bajo el fermento
de la Eucaristía, la muchedumbre se convirtiera en un inmenso cuerpo que reúna
la humanidad entera, cuando cada uno haya aprendido a estar juntos, al mismo
tiempo que a estar solo.
La función de la Eucaristía, la
razón por la cual el Señor la instituyó, es ser el instrumento por excelencia
del devenir de la humanidad entera. Su unión con la Iglesia es consustancial.
Si se suprime ese lazo ya no hay Eucaristía, ya no hay consagración válida.
La iniciativa del retiro de
Timadeuc fue tomada después de la muerte de M. Jackson, y provocó la reunión al
menos virtual de centenares de millones de jóvenes. Nuestra oración debe ver el
final del retiro con el intenso deseo de que un día sea Cristo el que reúna la
humanidad entera y la personifique en su divinización. En adelante la oración
permanente irá en este sentido.
Oración: "Dios del Universo,
¡Dios que sólo puedes ver a cada hombre en su relación con todos los demás al
mismo tiempo que contigo! ¡Dios que deseas ardientemente la igualación
personificante de cada hombre contigo y en el cuerpo místico de Tu Hijo! ¡Mira
con inmensa bondad la humanidad entera, la humanidad de hoy, y muéstrale de
todos modos cómo sólo se puede ser feliz en la pertenencia activa al inmenso
Cuerpo místico de tu Hijo, y cómo la Eucaristía es necesaria para vivir la
incorporación, como operador que está siempre trabajando en la unificación del
género humano! ¡Te lo pedimos por el mismo Jesucristo!"
Cuando se instala en el corazón
del hombre la generosidad del verdadero Amor, inmediatamente se hace miembro
vivo del inmenso cuerpo místico de Cristo!
¡Aprendamos sin cesar el nuevo
nacimiento en que no hay muerte!
En realidad hay tres nacimientos
del hombre, el primero, eterno, según una elección divina desde antes de la
creación del mundo, y este nacimiento o mejor esta elección divina de toda
eternidad sólo se actualiza con nuestro nacimiento sobre la tierra. Y luego, en
tercer lugar, lo que llamamos el nuevo nacimiento, el más importante para
nosotros porque ahí es donde tomamos toda nuestra importancia, y nuestra
infinita grandeza, cuando Jesucristo ha tomado todo el lugar en nuestra vida, ¡cuando
llegamos a ser miembros vivos de Su cuerpo místico en una relación de
interacción con todos Sus otros innumerables miembros!
(A retomar)