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Zundel

27/09/09 – Para Dios, el hombre iguala a Dios.

Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tableau Normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:#0400; mso-fareast-language:#0400; mso-bidi-language:#0400;} La belleza salvará el mundo. Reflexiones de P. Debains. (Continuación de ayer, Balbuceos).

Retoma: "El pensamiento principal que me voy a permitir proponerles, sería que entre los jóvenes que vengan a retiro con nosotros – veremos después cómo es posible que vengan y a qué condiciones (que deberemos cumplir) – algunos puedan sentirse llamados a vivir en comunidad con los monjes durante uno o dos años, después de los cuales podrán escoger entre quedarse en la comunidad de Timadeuc de manera más estable, o irse a otra comunidad por crear para evangelizar en el mundo entero." Y la nueva evangelización se haría a partir de la enseñanza mística de M. Zundel.

Continuación: Durante el retiro reciente, fui testigo de una visita de un grupo de estudiantes de liceo al monasterio. Ya lo había sido antes. Habría que organizar esas visitas, bastante frecuentes quizá. Habría que hacerlo para que la visita deje a los jóvenes el sentimiento de un encuentro, quizá, con la belleza, lo cual no parece suceder por ahora. Sería necesario que fueran ellos también por un momento actores de belleza.

Recuerdo haber visto hace mucho tiempo a un pedagogo y músico que hizp cantar durante 15 minutos un grupo de niños sin estar preparados. Los niños aprendieron a cantar un sencillo kyrie eleison. ¡Éxito completo! Y los niños estuvieron felices. Habría que intentar una experiencia parecida con los grupos que visitan la iglesia del monasterio. Habría que intentar la experiencia con los ejercitantes, capaces de cantar entonces al menos un salmo con los monjes. Un cuarto de hora de ensayo podría bastar para una ejecución casi perfecta. Así los visitantes, o los ejercitantes, podrían ser actores de la belleza del canto monacal.

Al regreso del retiro, parada en la bahía del Monte San Miguel. Sorpresa: en el recinto mismo del área de reposo y de restauración, una sala de cine, una pantalla inmensa en 6 paneles formando medio círculo. ¡Magnífica instalación! Y otra sorpresa: una película en cinemascopio sobre el Monte San Miguel y su entorno histórico y local. Un momento de encuentro con la belleza.

Dentro del monasterio mismo quedaría bien una sala como esa, donde los visitantes (¡y a veces también los monjes!) puedan experimentar, a cada nueva "sesión", la belleza pura a partir de películas grandiosas y de rara calidad.

Durante el retiro escuchamos excelentes grabaciones de Zundel, momentos de emoción con la voz y el sentido de las palabras. (Lo pueden escuchar en el sitio Internet, ¡pero escucharlo juntos añade algo a la emoción!)

Toda visita al monasterio debería tener, al mimo tiempo que la emoción de la belleza de la iglesia y del canto e los monjes, una corta enseñanza sobre el fundamento de todo ejercicio espiritual, sobre el fundamento de toda vida interior "para que crezca en nosotros sin cesar el hombre interior", sobre su enraizamiento en una "visión" cada vez más profunda del sentido de la vida: ¡el hombre creado para ser igual a Dios en una reciprocidad de amor llamada a ser perfecta! Por parte de Dios no hay problema: su amor es siempre perfecto y total para cada una de sus criaturas. Por parte del hombre está en juego todo el aprendizaje del amor verdadero durante el breve paso por la tierra, para la unión nupcial con el Dios Trino en la Iglesia… ¡En la Iglesia, Dios tiene sólo hijos únicos!

El fundamento de los ejercicios espirituales de San Ignacio es demasiado importante. Podemos traducirlo en el día de hoy del modo siguiente:

 

Fundamento: El hombre es creado y salvado para salvar a Dios en su alma.

 

El verdadero Amor no puede aceptar que el ser creado y salvado por él le permanezca inferior.

Así pues Dios ama tanto al hombre que quiso verlo, como a todo miembro el cuerpo místico de Cristo, en igualdad con Él.

El hombre es creado y salvado para entrar en la intimidad divina, para realizar en ella lo mismo que hace que Dios es Dios, para ser así como igual a Dios. "Para Dios, el hombre iguala a Dios".

Porque ahora en el corazón del hombre, el Padre quiere engendrar, gestar y dar nacimiento al Hijo, y el Espíritu quiere brotar, brotar del Padre que hace nacer y del Hijo que nace. Así se vive la semejanza del hombre con el Dios Trino.

¡Admirable e inconmensurable amor de Dios! Si se presta, ¡el hombre es promovido a una grandeza infinita! Dios, el Dios de Jesucristo, el Dios Espíritu, quiere establecer en él su santuario, va a realizar ahora lo que hace que eternamente Él es el Dios Trino. ¡Dios no sabe hacer otra cosa! El corazón del hombre es creado y salvado para ser el paraíso de Dios.

El Cuerpo místico de Cristo, la Iglesia, está llamado a ser el cuerpo de la perfecta esposa en el cual el hombre está llamado a vivir eternamente la perfecta relación nupcial de igualdad con Dios.

En el cuerpo místico de Cristo, cada miembro está vitalmente unido a todos los demás miembros, y cada uno es el cuerpo entero.

El hombre es creado y salvado salvando a Dios en su alma, salvando el proyecto inicial del Dios Trino, el proyecto del perfecto amor que quiere igualar al que crea, llamándolo siempre a la perfecta reciprocidad de amor, so pena de no tener más sentido.

El hombre la realiza la salvación de Dios, la salvación de la felicidad divina, viviendo el don perfecto de sí mismo a imagen y semejanza del don perfecto y eterno de sí mismo vivido en la Trinidad por las personas divinas, ninguna de las cuales tiene su ser sino en la Otra.

El don perfecto de Dios es revelado y manifestado en la muerte de Jesús en la Cruz. No se puede imaginar don más perfecto que el del Hijo de Dios que se hace hombre y se entrega hasta la muerte ignominiosa por amor, un amor revelado tan infinito por su criatura.

 

Oraciones.

Dios nuestro, que amas infinitamente a Tu criatura, Dios que nos amas a cada uno de nosotros con un amor único e infinito y que nos quieres grandes con tu propia grandeza, Dios que sólo nos ves y nos amas en relación con los innumerable miembros de tu cuerpo místico, enséñanos a responder mejor a tu incomprensible amor: ¡Tú eres tan grande! ¡Tú nos quieres tan grandes!

Dios de tan inmensa bondad, ¡acoge nuestra acción de gracias por tanta belleza derramada en la tierra! ¡Haznos cada vez más sensibles a los innumerables reflejos de tu belleza, con un intenso deseo de verte a Ti, que eres la Belleza en persona, fuente de toda belleza terrestre que sólo puede ser un reflejo de la tuya! (Continuará)

 

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